10/7/26

El Botón de la Junta

Imagen regalada por Gemini

       

      Ha llegado el verano, con sus olas de calor correspondientes al cambio climático que estamos sufriendo desde hace años. Ha llegado el verano y los bloques de viviendas se quedan vacíos porque el que más y el que menos tiene donde irse, tiene segunda vivienda o casa en el pueblo. Y si están jubilados o la segunda vivienda permite ir y venir, en cuanto empiezan las calores, salen de estampida. Se vacían también los pisos de estudiantes cuando acaba el curso y esos otros que no sabemos muy bien quién los ocupa.

      Quedan entonces los viejos y viejas que viven solos, los que tienen cuidadora y los que aún no la necesitan. Y a estos últimos voy a referirme.

      Suelen tener una señora que llega un día por semana a limpiar, a algunos les dejan comidas hechas, otros se cocinan ellos, comen en un bar o compran de los muchos establecimientos de comida para llevar. Y así van tirando mientras el cuerpo aguante. Pero están solos, muchas horas solos, todas las noches solos, y ya hemos sabido de tantos casos en que una persona mayor muere sola, porque nadie se enteró de que enfermó o se cayó. Mueren en su cama, en el cuarto de baño, en mitad de un pasillo, en la cocina o en una terraza. A veces, los vecinos se enteran pronto, otras veces cuando vuelven de vacaciones y notan mal olor. 

      ¿Por qué ocurre esto en un país civilizado, con Servicios Sociales, con sistemas de alarma múltiples? ¿Con el celebrado “Botón Rojo” de la Teleasistencia?

      Pues miren ustedes, ocurre porque en algunas comunidades como la nuestra, el “botón rojo” exige que el viejo/a que lo tiene colgado de su cuello, tenga también dos personas dispuestas a que los llamen a media noche para abrir su puerta. Que tengan sus llaves y estén disponibles, que no se ausenten con frecuencia y que tampoco se vayan de vacaciones. Y eso no es fácil de conseguir. Se necesitan unos hijos muy concienciados, que se turnen para que siempre haya alguno cerca. Y no todos los viejos tienen esa suerte.

      El remedio es muy simple, pero pocas comunidades lo tienen implantado: la custodia de llaves. Que el servicio de Teleasistencia tenga las llaves del usuario y pueda abrir la puerta a la asistencia médica cuando lo necesite o se sospeche que le ha ocurrido algo. Sin eso, la Teleasistencia no sirve más que para recordarle al viejo/a que hay un mundo más allá de su puerta, pero que en ese mundo ya está de más.