Un comentario de Sabius en la entrada anterior, me ha hecho recordar que, cuando en una ocasión mencioné en un grupo de personas que estaba suscrita al periódico impreso, una amiga poco menor que yo se sorprendió y dijo: ¿Recibes el periódico de papel? Eso ya no lo hace nadie. Y cuando yo iba a contestar, otra amiga se adelantó explicando que si es que yo tengo la suscripción en recuerdo de mi padre, que si es por costumbre, que si... O sea, que me disculpaba delante de la otra y del grupo, para que nadie pensara que soy una antigua, una retrógrada fuera de la vida actual.
Pues sí, señores y señoras, yo tengo el periódico de papel, me gusta ese periódico, le encuentro ventajas sobre los periódicos digitales. ¿Cuáles? Un montón. Por ejemplo, la publicidad. En el periódico impreso parece como si los ojos se acostumbraran a no ver los anuncios, quizá porque se quedan quietecitos en donde los han puesto, mientras en los periódicos digitales te persiguen, te asaltan, te tapan la lectura obligándote a cerrarlos una y otra vez. Si es que puedes, pues a veces ocurre que al hacer clic sobre el aspa de la esquina, lo que haces es abrir una página nueva de la que cuesta salir. Incluso en el mejor de los casos y en las publicaciones más serias, te los encuentras entre párrafo y párrafo, haciendo también la lectura muy incómoda.
Otro inconveniente es la desactualización, que las noticias de hoy están mezcladas con las de ayer o con las del año pasado obligándote a buscar la fecha, que muchas veces no está, y te encuentras leyendo lo que en el periódico impreso ya has llevado al contenedor de reciclado.
¿Algo más? Pues sí. Los periódicos de papel suelen tener las secciones más ordenadas, más fijas, de tal forma que nos resulta más fácil ir directos a lo que nos interesa, mientras en los digitales ese orden cambia con frecuencia (si no es todos los días) agotando nuestra paciencia cuando queremos buscar algo concreto.
Si a todo esto añadimos la dificultad de leerlos en el móvil, darle al dedo y pasarnos media docena de páginas de golpe o meternos sin querer en otro periódico, el resultado es un maremágnum muy distinto a la tranquilidad de acomodarnos en nuestro sillón preferido, coger un periódico que huele a papel y a tinta, empezar por la última página si eso nos apetece, ir a la primera cuando nos parece bien y, cuando estamos preparados, entrar en el centro, en las páginas de opinión, para reflexionar sobre las noticias que ya hemos ido conociendo por los distintos medios.
Así que, señoras y señores, esta que firma pagará mientras pueda la suscripción del periódico de su ciudad, que no es el mejor ni el más de su cuerda, pero es de papel impreso y está en su puerta cuando se levanta por la mañana.

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