26/5/20

Fiesta confinada

      
      Hoy se celebra en Granada el día de Mariana Pineda. Mejor diría se conmemora, ya que recuerda su muerte a garrote vil en defensa de sus ideales. Pero es que este año tampoco podemos decir que se conmemora, pues no habrá la ceremonia ante su estatua de otros años, a causa de la situación que vivimos. 

      Por ello, un grupo de personas, unas conocidas y otras anónimas, reunidas en la Plataforma Granada Abierta, ha grabado este vídeo con objeto de celebrarlo virtualmente y, al mismo tiempo, reivindicar que este día sea festivo en años venideros.



19/5/20

Del coronavirus, los viejos, el Papa, los bares, la Biblia, Susana y la incoherencia.



      A poco de declararse la pandemia y cuando los hospitales amenazaron con el colapso, empezamos a leer y oír cosas como esta. Pero es que ahora, dos meses y 30.000 muertos después, seguimos leyendo y oyendo lo mismo por activa y por pasiva, incluso con documentos gráficos como este. Y la verdad es que estoy hasta el… moño (que no tengo) de que, día tras día, se cuestione mi derecho a vivir, a seguir viva a pesar de mi edad.
      Y, mirad por donde, el otro día y a través de Unjubilado, aterrizo en el blog de una señora, que atiende al nick “Susana” y que, ante el dilema Viejos vs.Economía, se inclina por la Economía y dice cosas como esta:
      Por cierto, seguirá muriendo gente en España. Más que nada porque es lo normal y los mayores de ochenta años tienen todos los puntos. Han llegado a la esperanza de vida. Que no se mueran de Covid es lo mejor pero se morirán de otra cosa. Es ley de vida. Lo que pasa es que nadie nos lo cuenta”.
      Me sienta el párrafo como un puñetazo en el estómago, pero sigo explorando el blog y viendo que está lleno de citas bíblicas, con lo que empieza ya a no cuadrarme la cosa y se lo digo en un comentario. Observo también que las citas proceden de la Reina-Valera, una traducción de la Biblia de la que ya hemos hablado aquí varias veces y que considero un poco antigua, pero seria y respetable. Nada que objetar, por tanto, pero llego a la conclusión lógica de que la señora Susana profesa la fe de Lutero. Algo también muy respetable, por cierto.
      Como soy curiosa, sigo explorando y veo también que la señora Susana es una convencida antiabortista, lo que tampoco me encaja con el párrafo de marras. ¿Defender la vida del no nacido y cuestionar la del anciano que está vivito y coleando? No parece que eso tenga mucho sentido. Pero cuando mi desconcierto llega al culmen es cuando veo que tiene un blog en el que pone a parir al Papa Francisco y que encabeza diciendo:
      Esta es mi contribución personal a la crítica al llamado Papa Francisco, a través de sus propias declaraciones, con una interpretación basada en las escrituras. Espero que lleguen a la misma conclusión que yo sobre que el Papa legítimo sigue siendo Benedicto XVI y después deberá elegirse otro.
      Y ahí ya me pierdo, pues ¿qué más le da a una protestante que el obispo católico de Roma sea  este o aquel? ¿Y todo un blog dedicado a atacarlo? Acepto que no comparta su ideología, pero me parece mucho esfuerzo para algo que ni le va ni le viene. A no ser, claro está, que como el argentino cumple ya 84 añazos…

Nota al margen: Estas preguntas se las he hecho en un comentario, pero, desgraciadamente, no ha pasado la moderación y nos quedamos sin saber las respuestas.

10/5/20

Daños colaterales de una pandemia






      Ahora que ya empiezan a trabajar las peluquerías, me he acordado de que, cuando llevábamos casi un mes de confinamiento, hablé por teléfono con una amiga, que me contó su “tremendo” problema: No puede ir a la peluquería y ella no sabe hacerse nada, por lo que su pelo ya no aguanta más. Ni el peinado ni el tinte. Yo pienso que ya no es solo cuestión de estética, sino de higiene, pues esa cabeza sin lavar tanto tiempo debe ser algo así como una selva habitada. Pero no se lo digo, por supuesto, y sigo oyendo sus quejas. Que ella siempre había pensado que, si se ponía enferma, la peluquera iría a su casa o, en el peor de los casos, su hija o la limpiadora podrían hacerle un apaño. Pero ahora ni peluquera, ni hija, ni limpiadora… 

      Una vez terminada la conversación, me vino a la memoria el momento en que decidí no tintarme el pelo para cubrir las canas. Durante años, fueron apareciendo, pero como mi pelo era de color claro, no se notaban demasiado e, incluso, quedaban bien. Hasta que ya había más pelo blanco que de mi color y la peluquera empezó a decir que debía tintarme o, al menos, ponerme unas “mechas”. Pero yo no me decidía, pues ¿de que color me teñía? Castaño no, ya que nunca lo había tenido así y me iba a ver rara. ¿Rubio? Ahora hay mejores tintes, más naturales, pero entonces no había más que ese “color tortilla de patatas” que veía en otras y no me gustaba nada. Y en esas estaba cuando la hermana de una amiga enfermó gravemente y fue ingresada en un hospital bastante tiempo. Tenía un tinte en el pelo de un color rojizo muy llamativo y, cuando fueron pasando las semanas y el pelo fue creciendo, le aparecieron las raíces blancas, una franja de varios centímetros que hacía un enorme contraste con lo rojo. Y allí estaba, con la mala cara de quien se está muriendo y aquella cabeza en dos colores, como una bandera. Y, entonces, mirándola en la cama del hospital, tomé la decisión de no tintarme, pues, aunque yo me manejo bien para arreglarme el pelo y no voy a la peluquería más que a cortarlo, el tinte sería obligatorio con más frecuencia y me podría ocurrir lo que a la hermana de mi amiga.

      Y no podéis imaginar la de veces que me he alegrado de aquella decisión. Ese día, sin ir más lejos, hablando con esa amiga, y todo el tiempo que ha pasado desde entonces. Me he alegrado de no tintarme y de saber arreglarme el pelo desde niña., pues malo es que terminemos dependientes para otras cuestiones, pero ¿para eso?


3/5/20

Día de la Cruz






      Hoy es Día de la Cruz en Granada. Un día que se celebra como podéis ver en este álbum tan colorido. Se celebraba, claro, hasta este año que no puede ser. Sin embargo, el Ayuntamiento ha hecho un intento para que no pase desapercibido, a pesar de las circunstancias, y ha organizado un concurso para las cruces que instalen los vecinos en los balcones y en sus casas. Lo que me ha hecho recordar como era este día en mi infancia. 

      Estábamos en plena posguerra, la tradición de las cruces casi se había perdido con los tres años de tragedia y los posteriores de represión, aunque se decía que en ciertas “casas de vecinos” (lo que en otros pagos se les llama corralas) estaban recobrando tímidamente la fiesta levantando una cruz en sus patios y bailando ante ella, a pesar de las prohibiciones de los obispos. Pero mi recuerdo va principalmente a las pequeñas cruces que montábamos los niños en nuestras casas y que visitaban los otros niños e, incluso, padres de nuestros amigos, en un recorrido en el que unos íbamos a la casa de los otros admirando la cruz del vecino o pensando que la nuestra era mejor. 

      Y me acuerdo de la mía, siempre hecha con dos cañas cruzadas y cubiertas de celindas, las celindas que me brindaba el enorme arbusto de nuestro patio, completamente florido por esta época. Recuerdo como las iba colocando sujetas con un hilo, que quedaba escondido entre las flores, y recuerdo como luego buscaba cualquier cosa que a mí me pareciera propia de colocar alrededor, sobre un lecho de pétalos de rosa. Algún platito pequeño de cerámica, estampas, jarrones también pequeños con flores, macetas minúsculas… Todo el año pensando en eso, guardando cosas para la cruz. Hasta los dos trozos de caña había que pensarlo con tiempo y aprovechar cuando se rompiera una escoba… Pero llegaba mayo y allí estaba mi cruz en la mesa del recibidor, a la entrada, para que la chiquillería que la visitaba no incordiara demasiado a mis padres invadiendo la casa y hubiera pétalos de rosa pisoteados hasta el último rincón.


24/4/20

MUFACE y el coronavirus





      Seguramente todos sabéis lo que es MUFACE, pero por si acaso, aquí os dejo un par de enlaces, en los que, con paciencia y un poco de manejo del lenguaje administrativo, quizá lleguéis a tener una idea más o menos clara. Por tanto, me voy a limitar a hablar de su funcionamiento a nivel de usuaria. (En adelante, mutualista

      El mutualista, o sea, esta que escribe, elige una de las compañías aseguradoras de salud con las que MUFACE tiene concierto, elige un médico de atención primaria de esa compañía, procurando que esté cerca, y acude a él provista de su tarjeta sanitaria y su talonario de recetas de MUFACE, de cuya adquisición hablaré al final porque esa es otra historia. Quedamos, por tanto, en que esta que escribe acude a la consulta privada de un médico, que suele estar en su propia casa, explica sus males, coloca sobre su mesa la tarjeta sanitaria de la compañía y el talonario de recetas, el médico escribe las recetas correspondientes, las firma y las sella, pasa la tarjeta por su datáfono, verifica en su ordenador que la reconoce y la mutualista se va a la farmacia. Allí le dispensan los medicamentos y paga el 30% de su importe. Sí, habéis leído bien: el 30% a pesar de sus años. Lo que de un medicamento barato no supone mucho, pero de uno caro puede ser una cantidad importante y no hay límite ni tope alguno.

      Este es el sistema que, en situación normal, funciona pasablemente, pero ¿qué ocurre en una crisis como esta? Pues que el médico de atención primaria cierra su consulta, porque está en su casa y hace lo que le parece bien, y la mutualista se queda sin nadie que le haga las recetas. Pide un medicamento de favor en la farmacia asegurando que más adelante le llevará la receta, pero días después necesita otro y lo pide también, recibiendo ya una respuesta no muy favorable, como es lógico, ya que el farmacéutico no tiene obligación de hacerle ese favor. Pero la pandemia sigue, los medicamentos se agotan, la mutualista empieza a racionarlos, poniendo en riesgo su salud y bienestar. Recurre entonces, a hablar con la compañía y encuentra que la oficina está cerrada y el teléfono remite a la central de Madrid, en donde tras cuatro intentos fallidos, en los que ha tenido que dar todos sus datos una y otra vez, consigue hablar con un operador, que consulta su ordenador y le comunica que, desgraciadamente, TODOS los médicos de atención primaria han cerrado y la única opción que tiene es el hospital (que no está ahora como para estos asuntos) y una clínica en el extremo opuesto de la ciudad, que a la mutualista le obligaría a usar un medio de transporte no recomendable para ella en estos momentos. A estas alturas, la mutualista está ya que muerde, se enfada lo más discretamente que puede y el operador le aconseja que hable con MUFACE, que es la “dueña” de las recetas y a quien le corresponde su gestión. 

      La mutualista se toma un vaso de agua y espera un rato para serenarse antes de intentar el nuevo camino. Tras varios intentos también, consigue hablar con un señor al que explica, por quinta o sexta vez, el problema que le aflige y este, después de una larga discusión en la que defiende a capa y espada a quien le paga, con argumentos bastante absurdos, sugiere a la mutualista dos opciones: La Cruz Roja, que recogerá de su casa el talonario y la tarjeta sanitaria, lo llevará a tres kilómetros para que un médico rellene y firme la receta, irá a la farmacia y traerá el medicamento a casa de la mutualista, cosa que esta rechaza porque, en la situación que estamos, se le cae la cara de vergüenza de utilizar de esa forma a un voluntario de la Cruz Roja para conseguir un medicamento de lo más corriente. La otra opción le parece mejor, aunque gravosa e incierta. Consiste en pagar en la farmacia la totalidad del precio (siempre que el farmacéutico quiera dárselo porque va en contra de la norma de venta con receta) y más adelante, cuando esto termine, reclamar a MUFACE el pago que le corresponde mediante factura emitida por la farmacia. (¿?)

      Y esta es la historia de ese “privilegio” de la sanidad privada. Ese por el cual se le han echado encima a la ministra, que se fue con su coronavirus al hospital que le correspondía como funcionaria. Que no se si a ella, por ser ministra, le funcionará mejor, pero ya veis como le funciona a esta mutualista de a pie que escribe.               

ANEXO. Los talonarios de recetas los consigue el mutualista de dos formas:

a) Acudiendo a la oficina de MUFACE (una sola para toda la ciudad) y armándose de paciencia, porque la gestión puede durar toda la mañana. 

b) Pidiéndolos on line con certificado electrónico. Algo que tienen todos los mutualistas mayores de 80 años, por supuesto.

ACTUALIZACIÓN. (30/04) La cosa va mejorando. Por lo que me han dicho, también falla la obtención de talonarios. La oficina está cerrada y tampoco llegan pidiéndolos on line.


17/4/20

Después




      Cuando somos jóvenes, hablamos mucho de Carpe diem, pero la realidad es que vivimos mirando hacia adelante, de cara al futuro, y solo cuando ese futuro se va acortando, es cuando de verdad vivimos el momento presente. Y el pasado, por supuesto, pero este solo se recuerda, no se vive. Yo llevo ya años diciendo que soy incapaz de hacer planes que vayan más allá de la semana próxima. Y no es que piense que me voy a morir pasado mañana, sino que me es imposible contemplar un futuro más lejano. No me alcanza la vista, supongo…

      Pero ahora el coronavirus nos está obligando a aplazarlo todo. Nada puede ser ahora, todo queda pendiente. ¿Para cuando? La semana próxima no, está claro, y el “más adelante” es una nebulosa. Inevitable, entonces, la sospecha de que, a esta edad, aplazar es renunciar

12/4/20

Domingo de Resurrección


      Es Domingo de Resurrección y no lo parece. Hay silencio en las calles y los niños no van presurosos a la procesión de los “Facundillos” agitando sus campanillas de barro. Aquellas campanas que, cuando yo era niña, no aguantaban toda la mañana sin perder el badajo y quedar mudas.
      Es domingo y es abril. Primavera doliente la de este año. Los árboles brotan, las flores abren, pero la gente muere y se respira el sufrimiento por más que queramos distraerlo con aplausos. Sin embargo, “Abril para vivir”, dice Carlos Cano en esta canción, que ya subí aquí hace años, pero que ha desaparecido, como suele ocurrir con los vídeos de YouTube. Va la repetición y en dos versiones, pues no he conseguido ponerme de acuerdo conmigo misma sobre cual es mejor. La primera, intimista y dedicada a José Afonso, el portugués de los claveles. La segunda, más bullanguera y con un Carlos Cano todavía fuerte, sin la muerte corriéndole por las venas.

3/4/20

Privilegios






      De nuevo, es la más joven de “las tres de la columna” la que da en el clavo. El día 21 de marzo, cuando casi estaba empezando lo que tenemos encima, Alba Carballal publicó una columna que recorté, porque me pareció lo mejor que había leído hasta el momento. La puse encima de un mueble y ahí ha estado desde entonces, ya que nada me ha parecido tan acertado en todos estos días “de angustia y Paracetamol”. 

      Os copio la columna completa, confiando en que no me cobre los derechos de autor.  


TIEMPO DE SILENCIO

      Estos días ha circulado -de la única manera que se puede circular en esta situación, es decir, por las redes sociales- la fotografía de una pancarta, colgada sobre la puerta de una casa, que dice lo siguiente: «La romantización de la cuarentena es un privilegio de clase». Como siempre, la sabiduría popular explica las cosas de forma más certera que nadie. Poder quejarte de tener que teletrabajar mientras cuidas a tus hijos en casa es un privilegio. Hacer ejercicio en tu vivienda es un privilegio. No pasar el aislamiento en soledad es un privilegio, probablemente el mayor de todos. En los tiempos que corren, hasta ver la calle por una ventana al exterior es un privilegio. Los metros cuadrados suficientes para una vida plena, la compañía y el aire puro son tres grandes privilegios que no todo el mundo se puede permitir en estos momentos de angustia y Paracetamol. Pese a ello, casi todos los mensajes de coach de baratillo, casi todas las lecciones morales y casi todas las quejas frívolas surgen del mismo lugar: de los balcones de los afortunados.

      Los clamores de apoyo a la sanidad pública y a quienes se lo están currando más que nadie para que todos salgamos adelante son fabulosos. La cacerolada contra la monarquía, lo reconozco, me sacó una sonrisa. Incluso las canciones, los juegos infantiles y los ligoteos intervecinales tienen su gracia cuando cada día tenemos que inventarnos mil maneras de no volvernos locos. Pero también necesitamos silencio. Silencio para comprender hasta qué punto las diferencias económicas se agudizan cuando todo va mal; para reconocer desde dónde impartimos cátedra, y a quiénes, y de qué modo; silencio para respetar a los que lo tienen más difícil.

26/3/20

Lo peor




      Se dice que situaciones como la de ahora, hacen aflorar lo mejor que hay en las personas, lo más solidario, lo más humano. Pero también aflora lo peor, como este chico de arriba, que ha descubierto como reflotar la economía y el trabajo del país suspendiendo el confinamiento. Porque total, los que están muriendo solo son cuatro viejos….

. . .

      Actualización: 27/03/20  Y sigue....



18/3/20

Frases célebres




Imagen de Wikipedia


      Todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de no ser capaz de estar tranquilamente sentado y solo en una habitación.

    Blaise Pascal 

8/3/20

Escuela Pública/Escuela Privada



Escuelas de Poveda en el Barrio de las Cuevas (Guadix)
1903

      
      Hace más de 40 años, un profesor de la Facultad de Teología, hablando de la Ley de Enseñanza, que estaba entonces en discusión, nos dijo a los alumnos: Jesús envió a sus discípulos a evangelizar, no a enseñar Geografía o Matemáticas”. Y sentada esta premisa, vamos a hablar del tema, ahora en candelero en Andalucía.

      Pero antes, hay que hacer un poco de historia. 

     Todos sabemos que, en la antigüedad, el saber, la cultura, estaba en los monasterios y en la nobleza. Solo ellos sabían leer y escribir, solo ellos tenían acceso a los pocos manuscritos creados en esos monasterios. Con la invención de la imprenta, la cultura se extiende algo más, pero el pueblo llano sigue siendo en su mayoría analfabeto.  Pasa el tiempo y se va avanzando, pero siempre dependiendo del nivel económico, pues los ricos tienen para pagarle profesores a sus hijos, pero los pobres no. Y es cuando empiezan a surgir órdenes y congregaciones religiosas dedicadas a la enseñanza, algunas al servicio de los padres pudientes, pero otras no. Otras entienden que enseñar a leer y escribir, abrir las puertas de la cultura a los pobres, es un servicio a la sociedad y entra dentro de su vocación cristiana. El poder, las instituciones, no llegaban a todos y estos miembros de la Iglesia ejercen un papel supletorio. Y, como muestra, dos casos que conozco bien porque están en mi ciudad.

      En 1880, llega a Granada Don Andrés Manjón para dar clases de Derecho Canónico en la Universidad. Se aloja en la Abadía del Sacromonte y baja a sus clases a lomos de una burra. Pero ocurre que, en sus subidas y bajadas, pasa por el barrio del Sacromonte, que ahora es un sitio turístico, pero entonces era un barrio de cuevas ocupadas casi en su totalidad por familias de etnia gitana y gran pobreza. Pasa D. Andrés y se fija que los niños están todo el día en la calle, que no van a la escuela… por la sencilla razón de que no la hay. Nadie se ha preocupado de que esos niños tengan escuela, pero Manjón lo hace. Funda las Escuelas del Ave María, que no solo acogen a esos niños para enseñarles, sino que les dan a medio día “el potajico”, un plato caliente, que también necesitan. Y llegan las colectas, el recurrir a los vecinos de Granada para sostener aquello. Pero es que, además, Don Andrés aplica un sistema de enseñanza adaptado a unos niños, que ni ellos, ni sus padres, ni sus abuelos han tenido el menor contacto con un libro de texto. Yo recuerdo haber visitado de niña aquella escuela y sentir envidia del mapa de España construido en el suelo del patio, con sus montañas en relieve, sus ríos con agua… En mi colegio del centro había un mapa enrollado, que se colgaba de la pizarra y se llevaba de clase en clase según hiciera falta. Seguro que aquellos niños del Sacromonte y el Albayzín aprendieron Geografía con más facilidad que yo.

      Otro ejemplo. 

      En 1894, llega a Guadix (Granada) Pedro Poveda Castroverde, procedente del seminario de Jaén, atraído por la obra del Padre Manjón y sabiendo que en Guadix hay un problema similar: un barrio de cuevas habitadas por familias de extrema pobreza, que tampoco tienen escuela. En Guadix se ordena sacerdote y funda para ese barrio las Escuelas del Sagrado Corazón, aplicando en ellas los métodos de la Escuela Nueva, igual que las del Ave María. Pero, al parecer, resultaba demasiado avanzado para la burguesía y parte del clero, y tuvo que salir de la Diócesis. Sin embargo, su labor quedó y permanece aun.

      ¿Qué quiero decir con estos dos ejemplos? Pues que ha habido épocas y situaciones en las que la Iglesia -o sus miembros- han tenido que suplir las carencias de la sociedad y, si la educación no llegaba a todos, acercarla a los más desfavorecidos. ¿Qué ahora ya no hace falta? ¿Qué ahora el país está en condiciones de escolarizar a todos los niños? Pues la Iglesia y sus miembros… a otra cosa. Hay muchos países donde aun es necesario y también muchas necesidades de otro tipo que todavía no están cubiertas en el nuestro.

      Y que conste que hablo “desde dentro”, desde mi creencia y mi pertenencia a la Iglesia Católica.    

1/3/20

Rap carnavalero

      Como algunos sabréis, hoy termina el Carnaval de Cádiz y, al menos por aquí, hemos tenido en las televisiones imágenes a porrillo de las agrupaciones “legales”, en el concurso del Teatro Falla, y las comparsas, chirigotas, coros y cuartetos “ilegales”, espontáneamente en la calle o en la gran cabalgata del domingo pasado.
      Pues bien, el otro día, mirando la televisión, se me ocurrió pensar en la semejanza que hay entre estas actuaciones y el rap. Sí, no os extrañéis. Ya se que la música no tiene nada que ver, pero sí la forma de interpretarla, pues tanto en lo uno como en lo otro, la gesticulación, los movimientos de manos, son siempre los mismos. En el carnaval de Cádiz se repiten sea la agrupación que sea, tenga la música que tenga, canten el tema que canten. Y en el rap –y el trap- lo mismo. Tanto si procede del hip-hop, como si se acerca al rock, sus intérpretes mueven las manos de la misma manera, con los mismos gestos. Gestos que, incluso, algunos raperos y aficionados al rap conservan luego cuando, simplemente, hablan.
      Esto despierta mi curiosidad y me pongo a indagar en Google, encontrando que el rap nació en África con la tradición “griot” y esta forma de Carnaval le llegó a Cádiz por su puerto, al mezclarse los cantos africanos con los que llegaban de La Habana y el “alboroto y las palmas de los gaditanos”. Curioso. ¿verdad?
      Y luego salimos con esos tiquismiquis de que si la raza, que si la cultura… Cada día me alegro más de haber nacido en este rincón del mundo, mestizaje de culturas.