21/7/17

El Botón Rojo


Foto de la Red. Junta de Andalucía


     Las administraciones, la Cruz Roja y alguna empresa particular suministran a los mayores que viven solos el conocido Botón Rojo, que se supone los ayudará en las incidencias que pueden presentarse repentinamente, pero que, en realidad, la principal función que cumple es la de paliar la soledad de sus horas, para oír de tarde en tarde una voz humana que los llama por su nombre y les hace recordar que siguen vivos. Es alguien al otro lado del teléfono que les da compañía, seguridad y confianza en que, si lo necesita, estará ahí, que pulsarán el botón rojo y todo será posible.

     Pero resulta que me llega al móvil un vídeo con motivo de uno de esos “Día del amigo” que celebran los países o las ciudades. Es el clásico vídeo de gatitos y va acompañado de la edulcorada canción de Roberto Carlos que reclama un millón de amigos. Sin embargo, sobrescrito en gatitos y perritos, hay un texto que dice cosas importantes, que habla de que el amigo es alguien que comprende, que escucha, que ahuyenta soledades, alguien en quien apoyarte, con quien puedes contar, que sabes que está ahí y lo estará siempre. O sea, el Botón Rojo.

     Y mientras sigue sonando en mi móvil la voz de Roberto Carlos, pienso que yo no quiero un millón de amigos, quiero solo uno (o dos, o tres…), pero que sean mi Botón Rojo y yo sea el Botón Rojo para ellos. Porque eso, solo eso y precisamente eso, es la AMISTAD.
   

17/7/17

El carro verde





     Otro sábado y otra vez esos dos artículos que siempre me faltan a pesar de haber hecho la compra a mitad de semana. Y otro supermercado, también cercano pero más pequeño, tanto que no hay espacio para encadenar los carros y quien lo lleva lo deja donde puede. Llego a la caja con mis dos artículos en la mano y me encuentro con una señora que protesta porque le ha desaparecido el carro, “un carro verde” repite una y otra vez. Acude el encargado y la otra cajera dice que ella ha visto a doña Menganita irse con un carro verde hace un minuto. El encargado sale corriendo y la alcanza en la frutería de al lado, habla con ella, le saca los artículos, le da el carro verde a su dueña y vuelve al supermercado diciendo a gritos:
    
                                  ¡¡Los mayores nos van a volver locos!!

     Yo le digo:

     -Oiga, que yo soy mayor y no le he hecho nada…

     Se lo digo riendo, pero en el fondo no me ha hecho ninguna gracia.


10/7/17

Una broma





     En Granada, como a continuación del Corpus llega el Festival Internacional de Música y Danza, las iluminaciones de las fiestas las dejan hasta que acaba el Festival para que los guiris y los visitantes nacionales vean la ciudad adornada.

     Bueno, pues yo este año no he salido en todo el Corpus porque el calor africano no me invitaba a fiestas y, por tanto, no he visto las iluminaciones, las bombillicas de colores que quedan tan vistosas en las calles, así que el domingo me dispongo a cubrir el expediente y que no se diga que yo no he visto este año lo que he pagado con mis impuestos. Venzo la pereza que me da vestirme a una hora en que lo que me apetece es cenar y ponerme cómoda frente a mi ordenador, camino hacia el centro, espero a que el alcalde encienda las bombillicas porque con esto de las dos horas que tenemos de propina “anochece muy tarde”, y me paseo cámara en ristre por calles y plazas. En una plaza, concretamente Bib-Rambla, me para una familia compuesta por dos hombres de unos cincuenta años, una mujer y un niño, uno de los hombres me pregunta por la catedral y se desarrolla este diálogo:

         -La catedral está por aquí, ¿verdad?

         -Sí, entre por esa calle estrecha y la tiene enfrente.

         -¿Qué calle?

         -Esa de ahí

         -¿Esa estrecha?

         -Sí, esa estrecha.

         -¿Cuál?

     Y de pronto, todos se echan a reír y me dicen:

         -¡¡Lo sabemos!! Era una broma… ¡¡Ja, ja, ja!!….

     Y yo le digo al que tengo más cerca echando mano a la cámara:

         -Pues gracias por la broma. Me voy a quedar con su cara de recuerdo.

     Se la enfoco, pero no me da tiempo de disparar porque, de no usarla hacía rato, había entrado en reposo y él, mientras tanto, se alejaba acompañado de los demás. Un poco menos rientes, por cierto.

30/6/17

El progreso





     No hace mucho, me he enterado por sus protagonistas de algo que ocurrió cerca de mi casa hace más de 30 años y que entonces conocí solo a medias.

     Por entonces, una pareja joven y con hijos pequeños, había abierto una tienda entrampándose hasta los ojos, pero, a poco de abrir y cuando iban a entregar un encargo, una moto se los llevó por delante causándoles graves lesiones. Resultado: ellos ingresados y la tienda cerrada con el género perecedero amenazando con estropearse. Pero no, los de las tiendas vecinas abrieron la tienda, expusieron el género en la puerta y lo vendieron todo, llevándoles al hospital un sobre con lo obtenido para que las pérdidas no fueran tantas.

     Han pasado los años, ellos siguen en su tienda pero otras han cambiado, los dueños se jubilaron o murieron, hay otros negocios en su lugar y ahora, recordando aquello, nos preguntamos si en este momento podría ocurrir algo así, llegando a la triste conclusión de que no, que ahora no sería posible porque la relación que hay entre ellos, entre los comerciantes de la calle, ya no es la misma. Mejores negocios, más modernos, mejor decorados, pero ¿hemos progresado en todo?

24/6/17

Escuchar


     Decía un amigo que se fue, que él era charlatán, pero también “escuchatán”. Y eso es menos frecuente de lo que parece, pues muchas veces confundimos oír con escuchar, oímos a quien tenemos enfrente o al otro lado del teléfono, pero no lo escuchamos, no nos abrimos a la total comunicación con esa persona. Y no basta con que entendamos el significado de las palabras, pues muchas veces “significamos más de lo que decimos” (U. A. del Campo)

     Y fue Séneca, el filósofo cordobés, el que nada menos que en el año 65, expresó muy bien esta necesidad de ser escuchados.


¿Quién está siempre dispuesto a escucharnos en este mundo? ¿A quien se puede decir: aquí estoy? ¡Mira mi desnudez, mira aquí las heridas, el sufrimiento secreto, la desilusión, los temores, el dolor, el desagrado indecible, el miedo, la soledad! ¡Escúchame por un día, una hora solamente, un momento, para que yo no perezca en el horror del salvaje aislamiento! ¡Oh, Dios, no hay ninguno que me escuche!… 

15/6/17

En edad de esquela



Macasar en el Cementerio de San José de Granada

      
      Comento con un amigo la muerte de otro y me dice:

     -Es que estamos ya todos en edad de esquela…

     Pero es que poco después me enfrento a la realidad de una persona joven que está enferma y con mal pronóstico. ¿Y que ocurre? Pues que me siento como si estuviera usurpando un sitio en la vida que ya no me corresponde, siento que me miran como diciendo:

     -Te tocaba a ti, no a él.

6/6/17

Ida Vitale




Foto EFE

     Conocí la poesía de Ida Vitale hace muchos años y, sinceramente, no me gustó. La encontraba fría, como demasiado “intelectual” en el peor sentido de la palabra, una poesía como los últimos escritos de Juan Ramón Jiménez, de quien fue amiga. Y la olvidé, solo me quedó en la memoria su nombre. Pero ocurre que este año se le ha concedido en mi ciudad el Premio de Poesía Federico García Lorca y, con ese motivo, he leído algo de lo que hay suyo en Internet y he encontrado unos poemas que me han gustado y que quiero compartir algunos de ellos con vosotros.

                    REUNIÓN

                    Érase un bosque de palabras,
                    una emboscada lluvia de palabras,
                    una vociferante o tácita
                    convención de palabras, 
                    un musgo delicioso susurrante,
                    un estrépito tenue, 
                    un oral arcoiris
                    de posibles oh leves leves disidencias leves,
                    érase el pro y el contra,
                    el sí y el no,
                    multiplicados árboles
                    con voz en cada una de sus hojas.
                    Ya nunca más, diríase,
                    el silencio.

                    FORTUNA

                    Por años, disfrutar del error
                    y de su enmienda,
                    haber podido hablar, caminar libre,
                    no existir mutilada,
                    no entrar o sí en iglesias,
                    leer, oír la música querida,
                    ser en la noche un ser como en el día.

                    No ser casada en un negocio,
                    medida en cabras,
                    sufrir gobierno de parientes
                    o legal lapidación.
                    No desfilar ya nunca
                    y no admitir palabras
                    que pongan en la sangre
                    limaduras de hierro.
                    Descubrir por ti misma
                    otro ser no previsto
                    en el puente de la mirada.

                    Ser humano y mujer, ni más ni menos.

         

26/5/17

Proporción




Aquí tenéis una imagen tomada del periódico IDEAL de Granada, en la que os invito a hacer clic y aumentarla. Podréis  ver entonces el texto y sacar vuestras propias conclusiones.
  

14/5/17

Un poema para un domingo de primavera





     Nunca me ha gustado la poesía traducida y, como mis conocimientos de idiomas no dan para mucho, me he limitado a leer a los poetas que han escrito en nuestra lengua, pero, hace unos meses, Google me llevó por casualidad hasta un poema que me atrapó desde el principio.  Un poema de un autor que solo conocía de nombre y cuyo traductor me era totalmente desconocido.

     Se trata de Elegía para mi padre de Mark Strand, traducido por René Higuera, que debe ser un poeta tan grande como el primero, ya que los versos discurren tan fluidos como si hubieran sido escritos originariamente en castellano.

     He intentado traer aquí el poema completo, pero aun a dos columnas sobrepasaba el espacio habitual de este blog, así que mejor os aconsejo que sigáis el enlace y disfrutéis de él como he disfrutado yo varias veces desde que lo descubrí.