3/12/16

El periplo




     El periplo de los restos mortales de Castro por toda la isla, me está recordando aquel chiste que circulaba en los últimos años del franquismo y que contábamos en voz baja, mirando de reojo a nuestro alrededor.

     Se decía que Franco había decidido retirarse al Pazo, pero que, antes, quería despedirse del pueblo español recorriendo una a una todas las provincias. Y, claro, como el hombre estaba mayor, lo haría a razón de una provincia al año, dos como mucho, para no cansarse. Así que echad cuentas y veréis la esperanza que nos daban de quitarnos de encima al generalísimo de todos los ejércitos…


26/11/16

Fidel




     Hace un par de años, en uno de mis paseos por el parque García Lorca, me encontraba frente a la Casa Museo del poeta haciéndole fotos a las flores del macasar, cuando vi que llegaba una familia de cuatro personas: un señor mayor, dos mujeres más jóvenes y un hombre más o menos de la misma edad que las mujeres. El señor mayor y las mujeres se sentaron en un banco y el otro hombre empezó a pasear con una cámara de vídeo tomando lo que podía: la casa, los gatos, los árboles, etc. Cuando pasó a mi lado se quedó mirando como yo me acercaba a las flores, me saludó muy educadamente y me preguntó que planta era esa. Total, que empecé a hablar del macasar, pasamos a Lorca y el señor mayor se levantó del banco y se sumó a la conversación. Me dijeron que eran cubanos que vivían en Miami desde hacía 50 años, que eran admiradores de Lorca y que habían representado obras suyas en un grupo de aficionados. Y entonces pasaron a un interrogatorio en toda regla o un examen sobre mis conocimientos sobre el poeta. Sabían bastante sobre él, pero querían saber más y, sobre todo, querían ver sobre el terreno lo que habían leído, así que me preguntaron sobre la casa, si estaba igual que entonces, hasta donde llegaba el terreno de la huerta antigua… La pena es que ese día estaba cerrada y se habían quedado sin verla por dentro, pero cuando yo les hablé de la verbena que hacen en verano se les iluminaron los ojos y dijeron que tenían que venir. Mientras tanto, se habían sumado también al grupo las dos mujeres y tuve que repetir algunas de las cosas que había dicho antes, pues ellas también preguntaban y una de ellas decía que era la tercera vez que venía a Granada. Parecían personas de dinero, pues el hotel donde me dijeron que estaban es uno de los más caros de Granada. Además, llevaban ropa muy buena, la cámara de vídeo era superior y  un iPhone el móvil en el que el más joven buscó este blog cuando le hablé del post Cómo canta una ciudad.

     Como ya se hacía tarde, salimos del parque juntos, me preguntaron por un buen restaurante cercano y nos despedimos. Mientras volvía a mi casa, pensaba en aquellas personas y su historia, en que, por la edad de algunas de ellas, habrían nacido ya en Miami o llegarían muy niños, me resultó triste que se decían cubanos pero nunca habían visto su país y me di cuenta de que había conocido otra cara de aquella revolución cubana, que tanto nos ilusionó al principio y tanto nos desilusionó después. Como todas las revoluciones, por supuesto.

     Hoy, con la muerte de Fidel Castro, he estado recordando tanto aquellos días en que el Comandante y el Che bajaron de Sierra Maestra, como también a esta familia que conocí frente a la casa de donde García Lorca salió un verano para no volver.


20/11/16

Cuán gritan esos malditos...





     En la anterior entrada, a un comentario de Anarkasis en el que hablaba de los cantantes que se han cansado de susurrarnos, yo contesté:

     -Y nos dejan a los gritones.

     Y así es. Los cantantes ahora no cantan, gritan, se desgañitan y lo ponen de relieve con sus gestos, demostrándonos que si no estallan en mil pedazos del esfuerzo es porque están muy entrenados. Probad a quitarle el sonido al televisor cuando ellos –y ellas- están en un escenario o plató y veréis como se encoge el estómago de ver lo mal que lo están pasando, como destrozan sus cuerdas vocales, sus pulmones revientan y sus caras van a llenarse de arrugas en dos días por la gesticulación. Y yo me pregunto: ¿Eso es cantar?

     Estamos ahora llorando a Leonard Cohen, que susurraba, y hace poco hemos hablado de Bob Dylan, que tampoco es que fuerce mucho su voz, pero ambos cantaban, sí, cantaban y nos llegaron al alma con sus canciones. Los cantantes actuales los admiran, los veneran… pero no los imitan.


12/11/16

Leonard Cohen



Hay días que tendríamos que borrar del calendario.

Gana Trump y se nos muere Leonard Cohen. 


6/11/16

Alfonsina



     Este verano, ordenando unos papeles, encontré un folio con la letra de la canción Alfonsina y el mar, de Ariel Ramírez y Félix Luna. Está escrita por mí, a mano, con la caligrafía apresurada de copiar avanzando y retrocediendo la cinta en el cassete, pero con el “oficio” de muchas horas de transcripciones de clases y conferencias. Por entonces, ya sabía que esa Alfonsina de la canción era Alfonsina Storni, la poeta que se suicidó en Mar del Plata, pero no teníamos entonces la facilidad de Internet y fue mucho tiempo después cuando pude leer el poema que dio origen a esta canción, el poema que Alfonsina escribe en la soledad de la habitación de un hotel y que envía por correo al periódico La Nación antes de encaminar sus pasos, en la oscuridad de la noche, hacia el mar donde sepulta el sinsentido de toda una vida. Una vida de tan solo 46 años, pero que le venía pesando desde su inicio.     

              Dientes de flores, cofia de rocío,
              manos de hierbas, tú, nodriza fina,
              tenme puestas las sábanas terrosas
              y el edredón de musgos escardados.

              Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
              Ponme una lámpara a la cabecera,
              una constelación, la que te guste,
              todas son buenas; bájala un poquito.

              Déjame sola: oyes romper los brotes,
              te acuna un pie celeste desde arriba
              y un pájaro te traza unos compases

              para que olvides. Gracias... Ah, un encargo,
              si él llama nuevamente por teléfono
              le dices que no insista, que he salido...  

     Puntos suspensivos.


28/10/16

Niña de la guerra





     Me contaban mis padres que cuando era muy pequeña y alguien me ponía delante de una imagen y me decía como era costumbre: Pídele pan al Señor, yo, muy dispuesta, pronunciaba en mi media lengua: Pan y amón (jamón) Y todos se reían mucho porque el jamón era por entonces más bien escaso.

     Está claro que siempre le he pedido a la vida lo que no estaba dispuesta a dar…..


20/10/16

La mancha




     Hace unos días, me saltó a la vista en el periódico la esquela de un señor cuyos apellidos me sonaban. Al principio no caía, pero poco a poco empecé a recordar algo que me ocurrió hace muchos, muchos años.

     Empecé a salir con un chico que me gustaba. Era inteligente, culto, educado, atractivo físicamente… vamos, un mirlo blanco, el novio que toda madre desea para su hija y el novio que toda hija espera. En la segunda o tercera tarde que pasamos juntos, me cayó en la blusa una pequeña mancha que apenas se notaba, ya que estaba en un sitio poco visible. A la siguiente ocasión que nos vimos, nada más sentarnos en el bar, el futuro novio apartó mi chaqueta y buscó donde se había producido la mancha y, no viéndola, me dijo:

     -Menos mal que has lavado la blusa, pues si llega a estar hoy la mancha no hubiera salido más contigo, ya que eso indicaría que eres descuidada.

     A lo que yo le contesté:

     -La que no sale más con alguien tan retorcido soy yo. Buenas tardes.

     Me levanté y me fui.

     Como a estas alturas de la historia habréis supuesto, el de la mancha y el de la esquela eran el mismo hombre y, en todo este tiempo, tantos y tantos años, solo lo había recordado una vez. Cuando leí el relato de Pardo Bazán, El encaje roto, y pensé: De buena me libré entonces.
      

11/10/16

Alepo



Foto de Ahmeer Alhalbi (AFP) en EL PAÍS

     
     Como sabéis, no acostumbro a subir aquí noticias de actualidad, pues creo a mis visitantes lo suficientemente informados como para que yo pueda aportar algo, pero anoche leí una noticia que me dejó KO y quiero comentarla con vosotros. 

     Parece ser que, como hay gente pa tó (El Guerra dixit), hay quien se dedica a indagar lo que buscamos en Internet mientras está sucediendo algo señalado y la noche del mano a mano de Clinton con Trump, Google echaba humo con los usamericanos que buscaban Lepo y ¿Qué es Lepo? O sea, que habían oído en el debate mencionar Alepo y no sabían que es, ni donde está y ni siquiera como se escribe. 

     Sin comentarios por mi parte, pero esperando los vuestros… cuando dejéis de llorar.

6/10/16

Lo que va de ayer a hoy





     Me encuentro una amiga, más o menos de mi edad, que me cuenta que ha pasado unos días en un balneario cercano al que yo iba con mis padres cuando era muy joven. Hablamos de su estancia allí y se me ocurre preguntarle qué se hace en ese sitio a nuestra edad, pues lo que yo recuerdo de las últimas veces que estuve allí es que nuestro plan consistía en pasar las mañanas en la piscina, las tardes paseando en grupo y ligando* lo que se podía, y las noches en la sala de fiestas con la misma intención. 

     Entonces ella, con sentido del humor, me contesta: 

Pues mira, si dejamos aparte la sala de fiestas, que ya no está, el resto es aproximadamente lo mismo. Mañanas en la piscina si te has levantado medio bien y si el agua está caliente, y tardes paseando con sobrinos y sobrinos nietos. Lo mismo… ya ves que no hay diferencia.  Y el mismo fresco por las noches que cuando íbamos en moto desde aquí a la sala de fiestas y volvíamos a las cuatro de la mañana helados al pasar por Dúrcal. Igual, prácticamente igual, como si no hubiera pasado el tiempo... 


* Se advierte al público que el verbo ligar tenía entonces un sentido más inocente del que tiene ahora. Vayamos a historias…

28/9/16

El desafío





     Allá por mi prehistoria, cuando tenía 14 o 15 años, se me metió entre ceja y ceja subir a la Alhambra sola, de noche y en invierno. No a la Alhambra en sí, que estaría cerrada a esas horas, sino al bosque por el que se pasa para llegar. Era algo así como una aventura, un desafío para mí misma y estuve pensándolo un tiempo hasta que encontré el momento adecuado. Dije en mi casa que me quedaba en el colegio hasta más tarde para preparar una función y a las 7:30,  cuando salíamos, (atención al dato enseñantes y padres actuales), con mi uniforme negro de cuello blanco, mi abriguito negro encima, calcetines altos y zapatos “Gorila”,  salgo corriendo hacía la Cuesta de Gomérez. Subo la cuesta, Puerta de las Granadas, paseo central, giro a la izquierda y me encuentro ante el Pilar de Carlos V. Allí me siento en el poyete y disfruto casi en completa oscuridad de haber conseguido mi objetivo. Pero hete aquí (entonces los libros decían eso, no os extrañéis) repito, hete aquí que aparece un guarda y se me queda mirando a la entrada del pilar, no se acerca, pero sigue sin quitarme ojo y, como la aventura había culminado satisfactoriamente, veo que ha llegado el momento de hacer mutis por el foro y me voy escapada cuesta abajo.

     Aventurera que era una en aquellos tiempos. Aventurera y romántica, que el paseo tenía más de eso que de otra cosa. 

18/9/16

El espejo y la Alhambra Especial





     Hoy me he mirado al espejo y me he visto vieja. Más que ayer, que anteayer, que la semana pasada. He visto las comisuras de mis labios hacia abajo, la seriedad en mis ojos, la tristeza en mis ojos, la soledad en mis ojos. Pero también la aceptación en mis ojos que han visto ya muchos adioses, muchas pérdidas, muchas soledades y muchos silencios. 

     Luego me ido al frigorífico, he sacado cuatro botellas de cerveza Alhambra Especial de tercio, las he abierto y las he ido tirando una a una por el fregadero. Despacio, mirando como la espuma se iba por el desagüe. Y he metido los envases en la bolsa del cristal para reciclar. 

     ¿Qué tienen que ver las Alhambra Especial con el espejo? Nada de particular, son cosas de vieja nada más. Así que no me hagáis caso y pasad de largo por esta entrada, que hoy tampoco va a tener comentarios.

8/9/16

Las víctimas de la guerra




Fotografía en IDEAL de Ramón L. Pérez

     Por hablar seriamente en el mes de julio de aquella tragedia en forma de guerra fratricida que asoló nuestro país, hemos pasado por alto la otra guerra mucho menos cruenta que se desarrolla en nuestras costas verano tras verano. Menos trágica, nada cruenta, pero que también deja sus víctimas. 

     Y estoy hablando de la ya conocida Guerra de las Sombrillas, este año con algunas novedades, ya que, en vez de requisarlas, el Ayuntamiento de Almuñécar se ha limitado a precintarlas a modo de advertencia. Sí, habéis leído bien, precintarlas. ¿Qué como se precinta una sombrilla? No me preguntéis porque no lo he visto, pero en este sur tenemos mucha imaginación y, como ya sabéis que todo es posible en Granada, y Almuñécar está dentro de la provincia, seguro que han inventado un método efectivo que probablemente se patentará en años venideros. 

     Quedamos entonces en que la sombrilla, abandonada en la playa a horas tempranas para coger sitio, se precinta como aviso de que después llegará su retirada y con ella una multa de 30 eurillos, que no son ninguna tontería en estos tiempos de crisis. Y, claro, el personal no está por la labor y decide que alguien se tiene que quedar guardando la sombrilla, pero resulta que la madre de familia tiene que hacer la compra y preparar la comida, el padre de familia ir a por el periódico y los churros, los niños están durmiendo a esas horas y, ¿quién queda?  Pues el abuelo/a que llevaron a la playa por la sencilla razón de que no había con quien dejarlo/a y, mira por donde, va a servir para algo. Así que a bajar al ser de día la sombrilla, el abuelo/a y un sillón para sentarlo/a, pues si lo sientan en la arena luego no hay quien lo levante. Y allí tenemos al abuelo/a dando cabezadas frente al mar, horas y horas sentado en un sillón que se le clava en salva sea la parte, achicharrado/a con el resol y acordándose de lo a gusto que estaría  en el apartamento viendo la tele. O en su casa de Graná con los colegas de banco. Que esa es otra.