10/12/18

Hablaron las urnas





      Como todos sabéis, hace unos días votamos en Andalucía un nuevo Parlamento autonómico y el resultado ha sido sorprendente. Sorprendentemente malo para los que lo hemos sufrido como un puntapié en el estómago. VOX, un partido de ultraderecha, de mensaje racista, homófobo, xenófobo y machista donde los haya, ha obtenido nada menos que 12 escaños. Y aquí estamos, tratando de digerir este resultado y preocupados por lo que pueda suponer en la política de la Junta de Andalucía.

      Pero, por si esto fuera poco, ahora estamos viendo algo que nos da más miedo aún. Se están llenando nuestras calles de manifestaciones y protestas “contra el resultado de las elecciones”. Chicas y chicos jóvenes, que se autodefinen como “antifascistas” y que quieren… la verdad es que no se lo que quieren. A ver, chicos, que yo me aclare.

      ¿Sabéis bien lo que estáis haciendo? ¿No os dais cuenta de que esto ya ocurrió en el 36 del pasado siglo? Por si no lo sabéis, os lo cuento.

      Había un gobierno republicano legal y democrático, fruto de unas elecciones legales y democráticas, pero un militar gallego al que no le sentaba bien el clima de Canarias, se pasó esas elecciones por el forro, decidió que ese gobierno no le gustaba… y se vino a la Península para cambiarlo. Ya habréis oído algo de lo que vino después: Tres años de sangrienta guerra civil, miles y miles de muertos, un país destrozado y cuarenta años de dictadura no menos sangrienta. Que esta que escribe la vivió enterita, por cierto.

      Así que un poco de Historia, hijos míos. Y una mejor definición de lo que es fascismo y antifascismo, dictadura y democracia. ¿O no os tocó este tema en la Selectividad?  

30/11/18

Carmencica





      En la época que yo la recuerdo, era ya una mujer muy mayor, una viejecita menuda, con su pelo blanco recogido en un “roete” y siempre vestida de negro. Vivía en un pueblo de los que se comunicaban con la ciudad por aquella red de tranvías que, lamentablemente, dejamos perder, y mi madre me contaba que en la más inmediata posguerra, cuando en la ciudad faltaba de todo, había sido de aquellas mujeres que llegaban desde los pueblos con un gallo, un conejo, una docena de huevos o cualquier cosa que se pudiera vender, para lo cual se bajaban del tranvía varios kilómetros antes de llegar y entraban en la ciudad por los caminos de la Vega, tratando de evitar que en el fielato les requisaran su mercancía o tuvieran que pagar por ella.

      Ya desaparecidos los fielatos y hasta las cartillas de racionamiento, encontramos a Carmencica con un puesto de chuches en su pueblo y teniendo que venir a Granada a comprar lo que en él vendía, pero el tranvía era caro para su pobre economía y compensaba el gasto del billete trayendo algo que vender. Ya no eran las gallinas o los huevos que se podían comprar en Granada, sino cosas que seguían siendo difíciles de encontrar, como una perdiz recién cazada o un manojo de espárragos trigueros. Pero esto también se le puso complicado cuando empezó a subir el nivel de vida y decía: “El que caza una perdiz se la come y la que rebusca espárragos los quiere para su familia”.  Sin embargo, Carmencica no se arredraba, tenía que costearse el viaje y nos traía a sus clientes… flores del campo. Ramilletes de flores silvestres muy bonitas, pero que no duraban nada puestas en agua. Y mi madre se las compraba, porque Carmencica estaba cada vez más vieja y, al llegar, se sentaba y pedía un vaso de agua. Solo eso, nunca aceptaba nada más ni recibir dinero sin darnos algo a cambio. Ella venía a vender, no a pedir limosna. Hasta que un día dejó de venir y alguien nos dijo que había muerto. Se acabaron las flores silvestres en el jarrón del cuarto de estar y pasó al recuerdo aquel último manojo de espárragos que ella misma había rebuscado para nosotros.

 

21/11/18

Tacones






      En la calle y subiendo unas escaleras pavimentadas con empedrado granadino, me cruzo con una chica que, con sus altos tacones, baja por ellas agarrada a la barandilla y con tanta dificultad que hasta su acompañante tiene que ayudarle porque amenaza con caer rodando. Vamos, que yo a su lado, con mis años y mis achaques, soy una grácil bailarina.

      Y me pregunto como es posible que alguien renuncie a su agilidad de joven por llevar unos tacones, que ni siquiera le sentaban bien porque se le veía más tacón que pierna.  

11/11/18

Otro artículo






      Otro artículo interesante que he leído, pero que no voy a transcribir completo, ya que, al ser su autor un profesor de Secundaria jubilado, va encaminado preferentemente a la educación de los menores. Pero, aun así, creo que podemos sacar provecho de él los no menores y hasta los que peinamos abundantes canas.

      El artículo se titula ES DIFÍCIL VIVIR SIN AUTOESTIMA y su autor es Juan Santaella que, como digo, fue profesor y durante doce años desempeñó cargos en la Junta de Andalucía, siempre relacionados con la Educación, volviendo luego a su cátedra en la que se jubiló. Desde entonces y como podéis ver en esta entrevista, sigue cooperando en la enseñanza, ahora ya “por libre” en un centro penitenciario, en la Cruz Roja… o donde se presente. Publica también todos los jueves una columna en IDEAL de Granada y ahí es donde he encontrado estas reflexiones sobre la autoestima, de la que dice: …favorece la autonomía personal; permite aceptar las críticas sin deprimirse y no se envanece con los halagos; facilita la libertad, sin dependencias ni esclavitudes; nos hace capaces de perdonarnos a nosotros mismos y poder perdonar a los demás…

      Por ello, recomienda a los profesores que fomenten y estimulen la autoestima en sus alumnos creyendo en ellos, aceptándolos como son, porque Para que los jóvenes crean en ellos y en sus posibilidades, es necesario que vean esa fe previa en sus educadores.  Y añade como ejemplo este caso que sí voy a transcribir completo. 

Jack Kornfield, en su libro “La sabiduría del corazón”, nos habla de un caso impresionante. Una profesora de Historia de un centro de secundaria, que conocía la importancia de la autoestima, escribió en la pizarra los nombres de sus 27 alumnos, les pidió que copiasen la lista y que escribiesen junto a cada nombre alguna cosa que les gustase de ese compañero. El día de vacaciones de Navidad, les entregó a todos los alumnos una hoja individualizada, con su nombre, donde aparecían pegadas las veintiséis cosas buenas que sus compañeros habían escrito de él. Años más tarde, la profesora recibió la llamada de la madre de uno de ellos, Robert, comunicándole que su hijo había muerto en la Guerra del Golfo. Acudió al entierro junto a otros muchos compañeros. Al final del funeral, la madre sacó un trozo de papel gastado y le dijo: “Esta es una de las pocas cosas que encontraron en el bolsillo de Robert cuando los militares recuperaron su cuerpo”. Otra antigua alumna abrió su bolso y sacó una hoja cuidadosamente plegada y confesó que siempre la llevaba con ella. Un tercer exalumno confesó que su hoja estaba enmarcada y colgada en la cocina de su casa. Otro contó que su papel fue el más importante de los textos que se leyeron en su boda. El reconocimiento de las bondades del otro había operado un milagro: Transformó el corazón de los estudiantes. 

      Y añade como resumen Juan SantaellaPara ser personas seguras, no basta con el esfuerzo, es necesario la compasión y el apoyo de los demás, sobre todo de los que más valoramos y queremos. 

28/10/18

Un artículo






      Ayer se publicó en IDEAL de Granada un artículo que me gustaría haberos enlazado, para no tener que copiar palabra a palabra, pero no he conseguido encontrarlo en la Web, a pesar de que, aunque este periódico no tiene digitalmente en abierto la sección de Opinión, otros de esa misma cadena sí la tienen y hay veces que ofrecen el mismo contenido. Pero como no aparece por el momento… a copiar tocan.

      SAN ROMERO DE AMÉRICA
      José Mª Castillo

      El próximo domingo, 28 de octubre, a las 6 de la tarde, se celebrará una misa, en la Parroquia de la Sagrada Familia, para recordar y –en cuanto es posible- hacer presente y actual en nuestras propias vidas la memoria de los mártires de El Salvador. Hablo de mártires relativamente recientes. Mártires que dieron su vida por defender a las gentes más amenazadas y peor tratadas en los duros años de la guerra que azotó el país más pequeño territorialmente de América. Esto ocurrió en los años que transcurrieron desde 1980 a 1992. 
      Como es sabido, el más importante de este grupo de personas heroicas, fue el arzobispo de San Salvador, ya canonizado, San Romero de América. Antes que al arzobispo Romero, asesinaron al jesuita Rutilio Grande. Párroco de El Paisnal, un pueblo pequeño que vivía del trabajo en el campo. Este buen cura fue asesinado (a balazos) por haber defendido a los campesinos frente a las injusticias que con ellos cometían a diario los dueños de aquellas tierras. Y por último, la masacre más brutal de seis jesuitas que trabajaban en la UCA (Universidad Centroamericana) de San Salvador. Además, fusilaron también a dos mujeres, que trabajaban en la Universidad y presenciaron el crimen. Cinco de los jesuitas mártires eran españoles. Y entre ellos destacaba el reconocido profesor Ignacio Ellacuría, rector de la Universidad. 
      El motivo por el que se cometió este crimen masivo y atroz fue la idea-eje, que ya intuyó el P. Rutilio Grande: cuando el pueblo sencillo sufre los efectos mortales del hambre y la miseria, la solución no es la “limosna”, sino que es apremiante llegar a la “justicia”, hacer “justicia” y dar a cada ciudadano lo que “en justicia” le pertenece. 
      Insisto en el tema de la “justicia”. Vivir de la “caridad” o de la “limosna” es humillante. Vivir de “lo que me dan”, eso es una vergüenza por la que nadie quiere pasar. Pero es que en El Salvador ocurrieron, en los años 70 y 80 del siglo pasado, cosas que da miedo recordarlas. Cuando mataron a los jesuitas de la UCA, me pidieron que yo fuera a ayudar en el vacío que dejaron aquellos profesores-mártires en la Universidad. Estuve yendo y viniendo 17 años. Y supe, de cerca, cosas que nunca hubiera querido oír.
      El país entero era de unas cuantas familias, muy pocas. Los potentados que lo manipulaban todo y eran dueños de todo. Y esto es lo que denunciaron el arzobispo Romero y el rector de la UCA, el P. Ellacuría. Se cometieron barbaridades como, por ejemplo, en una noche, el ejército mató (sic) a todos los habitantes de El Mozote, una aldea en la que vivían unas 400 personas. Solo escapó viva una mujer. Por otra parte, el arzobispo Romero sabía que “se manipulaba” en la valija diplomática su correspondencia con el Papa. Y lo que se sabe con certeza es que la masacre de la UCA se hizo con permiso de las máximas autoridades del país. 
      Así funciona este mundo. Cosa que es posible por causa del miedo que nos tapa la boca cuando pensamos que habría que denunciar y protestar. El mundo está como está porque somos demasiados los que, por miedo, nos quedamos con la boca cerrada y los brazos cruzados. 
 

19/10/18

Cumpleblog







      El año pasado casi se me olvida el cumpleaños de este Macasar y creo que algún año se me ha pasado. Pero este no. Me acordé esta mañana nada más encender el ordenador, quizá por ser número redondo o tal vez porque -él y yo- vamos para abajo y, en vez de ser un año más, es bastante probable que sea un año menos. Por eso, he querido cumplir con el rito de visitar al Profe y ahora subir algo en recuerdo de los dos: del blog, que nació un 19 de octubre de hace 10 años, y de Carlos Portillo, que hoy hace 11 que no está con nosotros.

14/10/18

Real como la vida misma




Mujeres en la terraza de un café. (E. Degas)


      Tres señoras mayores en la cafetería.

      Dice una: Yo creo que esto es el fin del mundo. Terremotos, inundaciones… padres que matan a sus hijos, hijos que matan a sus padres…

      Otra dice: Quizá es que ahora tenemos más información.

      La tercera calla porque no sabe que decir.

      (Y porque, si habla, le da la tos)

30/9/18

Último domingo de Septiembre





 
      Hoy es un día grande en Granada, pues sale la procesión de la Patrona, la Virgen de las Angustias, y con ese motivo se instala muy cerca de su iglesia una feria de frutos de otoño y de las típicas “tortah de la Vihen” (dialecto granaíno).

      Pero no voy a hablar de la Patrona ni tampoco de esa feria, sino de un poema de José Carlos Gallardo, a quien ya conocéis los visitantes de este blog y del que a final del mes que entra se cumplirán diez años de su muerte. Pertenece al libro Hombre Caído, escrito muy joven durante una larga estancia hospitalaria, y el poema que vamos a leer, probablemente, en la fiesta de hoy, en la del Corpus o en otra menor, ya que se titula FIESTA OÍDA. Oída desde el hospital, ese hospital donde un hombre en una cama tiene los brazos fuera de la vida, como dice en otro poema. 

      FIESTA OÍDA

         Muy lejos de esta noche ríen los cohetes.
      Tan lejos, que los oigo.
      La fiesta es tan lejana que la siento. 
      Las muchachas, oscuras, en túneles de hombres;
      tan distantes, que yo las veo, 
      casi las palpo: “aquí, el amor; aquí, la vida”.
         Y ya las tiento: “aquí es una muchacha
      crecida para esta fiesta”. 

         ¡La fiesta!
         ¡Aquí está la fiesta, brillante!
         El ruido está pegado a las fachadas,
      cuatro hombres tiran de la gente
      y la reparten como cuatro ríos. 

         ¡La gente!
         Aquí viene la gente con las caras
      cubiertas de sonrisas, 
      con la fiesta en las manos, 
      haciendo y deshaciendo gestos, risas, 
      pisándose la voz.
      Hay quien trae su lujuria en vez de una sonrisa. 
      (En los labios se llevan muchas cosas, 
      desde besos hasta mujeres muertas)

         Pero es la fiesta.
         ¡Aquí está la lujuria!
         Tan lejos como estaba, y aquí está. 

         Tan solo como estaba; tan enfermo, y ya tan lejos…

         He de cerrar después todas las puertas
      que han aprendido sangres y pañuelos. 
         Recoger corazones de la calle
      antes de que los pisen.
         Y oír después mi soledad desde allí,
      desde la fiesta,
                                de tan lejos como estaba, amigos,
      ¡con la de cosas
      que llevaba en los labios!... 



22/9/18

Tuiteando


 


      Como podéis ver, eso de ahí arriba es un tuit, en el que he borrado el autor porque en el colegio me enseñaron que se dice el pecado, pero no el pecador. Y pecado –y gordo- es este tuit.

      Vamos a ver, señor tuitero: ¿Solo la hija de un rey tiene la vida resuelta? ¿La de un millonario no? ¿Qué me dice de la hija de Don Amancio? ¿Y la del señor Roig (si es que la tiene)? Eso por no salirnos de lo local, que, si traspasamos las fronteras, por ahí anda brujuleando hace tiempo una tal Paris Hilton, que hace muchas cosas, pero pelear, lo que se llama pelear por las habichuelas, me parece que no mucho.

      Por favor, seamos serios. Si queremos criticar o rechazar algo, hagámoslo con argumentos sólidos y verdaderos, porque con chuminás como esta lo único que conseguiremos es el efecto contrario. Carmen, la hija del tuitero, tendrá que “pelear cada cosa que consiga”, pero no porque no sea hija de un rey, que eso es algo que le ocurre a bastantes personas, sino porque si todas las visiones de la vida que reciba de su padre son como esta… va lista la criatura.