7/8/19

Rien ne va plus ?


      Tengo que reconocer que este blog ha ido perdiendo interés progresivamente. Consecuencia de ello es la, también progresiva, pérdida de visitantes. Y no me refiero a las estadísticas, que eso nunca me ha importado, pues no me importa quien entra en mi casa, mira los cuadros y se va sin saludar, sino los que vienen, leen y nos dicen lo que opinan de lo que han leído.  Quizá ha pasado el tiempo de los blogs y ahora sea el de las redes sociales. O, más seguro, que ha pasado mi tiempo, que los años van que vuelan y nos dejan su huella.
      Por ello, voy a tomarme unas vacaciones de verano, mientras pienso que hago con él. Agradezco vuestra presencia, vuestro apoyo, a los que habéis permanecido fieles con vuestras visitas, pero no quiero “obligaros” a comentar en algo que no tiene el menor interés.
      Buen Agosto para todos. Nos vemos en Septiembre. O no.

29/7/19

Un mundo nuevo

 

      No hace mucho, hablando con el director de un banco, salió a relucir su futuro, el futuro en general de todos los bancos. Me decía que uno de los más importantes está suprimiendo las cajas, lo que antes llamábamos “la ventanilla”, para terminar con toda la gestión de recibos, de reintegro en efectivo, etc. y que solo se use el cajero para estas gestiones. Pero es que añadía que los cajeros también están destinados a desaparecer a corto plazo, a medida que se deje de usar el dinero físico y todas las operaciones se realicen en la Banca Digital. Que este proceso es inevitable e imparable. Yo, entonces, le dije: Sí. Reconozco que las cosas tienen que ir por ahí, pero vais demasiado de prisa, porque estáis excluyendo a toda mi generación, así que lo apropiado sería esperar a que nos vayamos muriendo.
      Y es que tengo amigos y amigas de mi edad, incluso con 10 años menos, que no tienen ordenador ni smartphone, la tarjeta bancaria les es desconocida y el cajero es un sitio donde duermen los sin techo. Por tanto, estas personas están incapacitadas para utilizar los servicios de esos bancos del futuro, quedan excluidas de ellos. Su incapacidad puede ser física, que sus cansadas neuronas no den más de sí, o puede ser psicológica: el miedo a lo nuevo, la dificultad de aprendizaje, el temor de no ser capaz… Y no estoy hablando de enfermos o dementes, sino de personas que todavía son independientes y se manejan bien en el mundo donde han vivido. Pero no en un mundo nuevo. Esa es la cuestión.
      Es la cuestión y el problema, ya que convierte a estos ancianos en dependientes antes de tiempo, los hace depender de personas de su entorno, cuando ellos están aun en condiciones de ir a un banco cercano, ponerse en la cola con su libreta y su DNI, realizar las operaciones necesarias tratando con un empleado y llevarse a su casa la pensión. Los hay con hijos que pueden –y quieren- desempeñar esta tarea, pero también hay otros que no los tienen o no cuentan con ellos y pasan a depender de otras personas, que pueden ser muy buenas y muy santas... pero otras veces no lo son y los despluman. Lo estamos viendo todos los días en los medios.
      Concluyendo. ¿Es lícito que se deje en esta situación a un colectivo tan numeroso? Pertenecen a una sociedad, que han ayudado a sostener, han pagado y pagan sus impuestos, y tienen, por tanto, derecho a recibir de ella unos servicios. Si la banca privada es un negocio y ya no le interesan como clientes, ¿no sería el momento de tener una banca pública que anteponga el servicio al negocio?
      

21/7/19

Hace 50 años





      Y yo estaba allí. No en la luna, por supuesto. Ni en Cabo Cañaveral, ni en Fresnedillas. Estaba en el cuarto de estar de la casa antigua, mirando un televisor en blanco y negro, que emitía unas imágenes borrosas de algo que se suponía era el suelo lunar y algo que -se suponía- era la escalera de la nave espacial, por donde –supuestamente- debería bajar el primer hombre que iba a pisar la luna. De fondo, la voz de Jesús Hermida hablaba y hablaba, distrayendo la espera.

      Pasaba el tiempo y la imagen no variaba. De vez en cuando, parecía que algo se movía en la escalera, que un pie asomaba… pero no. Seguíamos pendientes de la pantalla, me temo que más de uno (o una) con ganas de irse a dormir, pero ¿quién se perdía aquel acontecimiento histórico? Por fin, ya bien tarde, todo se precipitó, pesadas botas bajaron por la escalera a saltos, la voz de Jesús Hermida temblaba de emoción, nos inclinamos hacia adelante tratando de ver algo en las borrosas imágenes y el acontecimiento histórico se produjo ante nuestros ojos. Apagamos el televisor y nos fuimos a dormir, conscientes de haber sido testigos de algo que no se repetiría y que, por designio de los dioses (y del presidente Kennedy, que no pudo verlo), le había sido concedido a nuestra generación.

      Han pasado 50 años. Armstrong está muerto, Hermida también y todos los que conmigo veían la televisión aquella noche se fueron hace mucho tiempo. La Humanidad dio un gran paso, pero yo me asomo hoy a la terraza, miro al cielo y me parece que sigo en aquel cuarto de estar, con aquellas personas y aquellas imágenes grises en un televisor Philips de 23 pulgadas.       

13/7/19

Cosa de hombres



San José. Círculo de Mantínez Montañés
Niño Jesús atribuido a Torcuato Ruiz del Peral
Iglesia Parroquial de Dílar (Granada)

      Todos sabéis que muchas veces me quejo de como son los jóvenes ahora, muy distintos de como éramos antes y, en algunos aspectos, peores. Sin embargo, hay algunas cosas en las que se ha mejorado y una de las que más me gustan es ver por la calle a un hombre joven con un niño en brazos o en un cochecito, incluso un bebé de meses, que no se tiene derecho, acunado en brazos. Es algo que siempre me quedo mirando con agrado. Diréis que es muy normal, que son sus hijos y es natural que los lleven en brazos. Y lo es, lo más natural del mundo… pero no siempre ha sido así. 

      Cuando yo era niña, era raro que un hombre llevara a sus hijos en brazos. Como mucho, podía llevarlos en los hombros, pero de ahí no pasaba, pues se consideraba que no era “propio de hombres”. Por lo que me contaron, mi padre sí me llevó, pero es que mi padre fue siempre distinto y hasta criticaba a un primo suyo que, siendo padre de varios hijos, jamás los cogía ni los besaba. Para él, eso era cosa de la madre que los había parido. Lo suyo era mantenerlos, pero no tener con ellos el menor gesto de cariño o ternura, pues eso podían interpretarlo como debilidad y perdería autoridad sobre ellos.

      Estoy hablando de hace muchos años, pero algo más reciente, entre 30 y 40, es la anécdota que le oí a una conocida. Me hablaba de que cuando se iban al apartamento de la costa, el marido se bajaba a la playa por la mañana con el hijo mayor, pero ella se quedaba haciendo la comida y, encima, con el pequeño, de poco más de un año, incordiando y pidiendo calle. Yo, extrañada, le dije:

-¿Y por qué no se lleva también al pequeño?

-Pues porque hay que llevarlo en brazos y a mi marido eso le da vergüenza, dice que no es cosa de hombres. El otro se lo lleva, a regañadientes, porque ya tiene cinco años y va andando, pero ni siquiera lo coge de la mano y un día me lo va a atropellar un coche al cruzar la carretera. 

      Literal y sin comentarios.
      

3/7/19

La sonrisa




      Prácticamente no veo la televisión, solo algún telediario y poco más, pero hoy, en las noticias andaluzas, he visto algo que me ha llegado al alma. 

      Es el habitual vídeo de la llegada de subsaharianos en pateras a nuestras costas. Noche cerrada, foco de la cámara, una larga procesión de personas envueltas en las también habituales mantas rojas y ayudadas por los voluntarios de la Cruz Roja. Muchas mujeres y muchos niños, caras de cansancio, andar vacilante tras horas de travesía. En primer plano, un niño de poco más de un año en brazos de una chica joven de Cruz Roja. Tranquilo, confiado. Lo han separado de su madre, que quizá vaya detrás, pero no tiene miedo. De pronto, vuelve la cara hacia la chica que lo lleva, la mira con unos ojos enormes… y le sonríe con la risa más bonita que he visto en mi vida.

Bienvenido Mamadou, Mor, Abdul… Ojalá no te borremos esa sonrisa.

25/6/19

¡Ya!



Captura de un vídeo publicado en IDEAL de Granada

      Tras veinte años desde que se proyectó, doce y pico de obras, cuatro sin conexión ferroviaria, más de año y medio de pruebas… y siete ministros de Fomento, que nos tomaron el pelo durante todo ese tiempo, hoy ha llegado el AVE a Granada. La ciudad, por cierto, con el monumento más visitado de España.

      Solo una sombra en tan glorioso día: Para ir a Madrid o venir de allí, hay que pasar por Málaga. Lo que demuestra que esos siete ministros y los otros tantos presidentes de gobierno, no saben que la línea recta es la más corta entre dos puntos.

20/6/19

Cruces (De cruzar)






      Avanzo -por mi derecha- en una acera tan estrecha que se cruzan dos personas con dificultad. En sentido contrario –y por su izquierda- se me acerca una señora no muy joven, pero lo bastante como para ser mi hija. Al llegar a mi altura, me arrimo todo lo que puedo a la pared (recordad: mi derecha) para evitar que tenga que bajarse a la calzada, pero ella hace lo mismo (recordad: su izquierda) intentando que la que se baje sea yo. Me detengo, la miro a la cara y le sonrío, como diciendo: ¿Y tú de que vas? Ella baja los ojos, pasa por donde tenía que haber pasado desde el principio y se va sin decir nada. 

      Prueba superada. Hasta la próxima.
  

10/6/19

Imagen y sonido




      Tengo una amiga, más joven que yo, que nunca lee prensa, ni en papel, ni digital, ya que no tiene ordenador ni tampoco ningún dispositivo con Internet. Por tanto, la información le llega solo de la televisión y la radio.
      Bueno, pues el otro día me sorprendió con una pregunta, en cierto modo, divertida. Resulta que, cuando hablan de los “barones” de los partidos, ella pensaba que era con V, o sea, varones, los hombres de ese partido. Y, claro, hay ciertas cosas que no le cuadran bajo esa perspectiva.
      Esto parece un chiste, pero no lo es. Es la consecuencia de una sociedad mutilada, en la que muchas personas están prescindiendo de la palabra escrita, sobre todo en lo relacionado con la información. Si esto ocurre con las personas mayores, que vienen de una tradición de lo escrito, no quiero ni pensar en lo que va a pasar con los niños y los jóvenes. ¿Serán capaces de leer o escribir algo más que los 280 caracteres de una red social?

1/6/19

La pobre María




      Se llamaba María Izquierdo y mis recuerdos más antiguos de ella son los de una anciana de carácter no muy agradable, que visitaba con frecuencia mi casa y que yo rehuía besar porque me dejaba la cara llena de saliva y tenía un lunar con pelos que me pinchaban. Pero mi padre decía: “Tienes que besarla porque la pobre María está muy sola y te quiere como a una nieta”. Y yo aguantaba estoica sus besuqueos para luego escapar al baño a lavarme la cara. María era soltera, sin familia, y había sido modista o bordadora de cierto prestigio, lo que le había permitido comprar la casa en la que vivía y, en ese momento, ya jubilada, vivir de ella, puesto que tenía alquilado el bajo a un matrimonio con el que se llevaba fatal. No se –o no recuerdo- de donde le venía a mi padre esa amistad tan despareja, una mujer anciana con un hombre que no llegaría entonces a los 40 años y que no era pariente suyo ni de lejos, pero el caso es que esa mujer estaba en nuestras vidas desde siempre, desde mi siempre, al menos.

      Como digo, nos visitaba con frecuencia, unas veces a contarnos sus problemas con los inquilinos y otras a consultar con mi padre sus papeles del banco, sus recibos, etc. Pero lo malo era que siempre llegaba a la hora de almorzar y, según ella, ya comida, por lo que ni quería comer con nosotros ni tampoco podíamos ponernos a comer estando ella sentada a la mesa. Y así recuerdo a mi padre mirando el reloj porque se quedaba sin la cabezada de después de almorzar y a mi madre asomándose a la cocina para comprobar que el arroz se estaba pasando. Recuerdo también como mi padre decía algunas veces: “Volveré más tarde porque tengo que pasar por casa de María”. Y también como, cuando hacía mal tiempo o estaba enferma, nos llegaba su emisario, el hijo de un vecino, al que daría una propina por avisar a mi padre de que lo necesitaba “con urgencia”. Luego mi padre volvía malhumorado porque lo había llamado para una tontería, pero se consolaba diciendo: "La pobre María solo quería ver una cara amiga"…

      Pasó el tiempo, María siguió envejeciendo y, aprovechando que el inquilino había dejado el bajo, vendió la casa a cambio de una renta vitalicia y se fue a una residencia. Mi madre respiró aliviada porque se terminaban las visitas intempestivas y el arroz pasado. Mi padre creo que también, ya que se veía libre de algunas responsabilidades, aunque la residencia le quedara más lejos para sus visitas y estas sujetas a horarios. Y yo me quedé prácticamente igual, ya que había que visitarla allí y llevarle pasteles los domingos, para que "la pobre María no se sienta tan sola entre gente extraña”. Pero para entonces, yo era ya lo suficientemente mayor como para pensar en lo triste que habría sido dejar su casa y saber que había un señor deseando que muriera para quedarse con ella por el menor precio posible. Y empecé a mirarla de otra forma.

      Un día, llamaron a mi padre de la residencia comunicando que había muerto y su entierro no lo recuerdo porque seguramente no me llevaron. Pero lo que sí recuerdo es que, días después, nos llegó por correo un sobre con la dirección profusamente escrita a mano por ella y que contenía todo lo que tenía nuestro: Fotos, principalmente mías, un recordatorio de mi primera comunión, alguna esquela familiar recortada del periódico… Con esto venía una tarjeta de visita en la que se lee con dificultad su deseo de devolvernos lo que sabía no se iba a poder llevar al otro mundo y no quería que “rodara”. Es decir, que sabiendo su muerte cercana, había dispuesto sobre y sello con el encargo en la residencia de que lo echaran al buzón cuando ya no estuviera. Y entonces la lloré. Me llegó al alma aquel cuidado por preservar lo relacionado con nosotros y la lloré como la nieta adoptiva que en su imaginación yo era. Mentiría si dijera que la quería, pero conservo bien guardado el pañuelo de mi primera comunión, que ella bordó con mis iniciales, y la tarjeta con su despedida.  

      Ahora, cuando, por mi edad y circunstancias, me estoy pareciendo mucho a ella, pienso en la suerte que tuvo de ser la pobre María para una familia que, sin hacer grandes cosas por ella, incluso sin sentir demasiado cariño, supo paliar su soledad y suavizar los duros años de su vejez. 


26/5/19

No nos lo dicen... afortunadamente.




      De nuevo votamos hoy. En unas comunidades tienen tres urnas, en otras  cuatro y hasta cinco en Canarias, pero en Andalucía solo dos: para el Parlamento Europeo y el Ayuntamiento. Y en este, la gente se queja de “fragmentación”, de que son 18 los partidos que presentan sus candidatos animándonos a que los votemos. Lo que me recuerda cuando, en las primeras elecciones después de morir Franco, la señora mayor que acompañaba a una amiga le dijo mirando el televisor en campaña electoral: Esto es un lío con tanto político… Que nos digan de una vez a quien tenemos que votar y acabamos antes.

      Pues nada, amigos, como nadie os ha dicho claramente a quien tenéis que votar, ejerced vuestro derecho de votar a quien os de la gana. Pero votad. No os quedéis en casa ni os vayáis de finde. El país os necesita. (Esto suena a proclama rancia, pero es una verdad como un templo)

20/5/19

El Universo Lorca




      Hoy traigo aquí una web que inició su andadura en Marzo y que no hace muchos días fue presentada en el Instituto Cervantes de Madrid. Se trata de la nueva página donde los visitantes podrán encontrar todo lo relacionado con Federico García Lorca y su obra, tanto lo de ayer, como lo de hoy. Para mí, y sin haberla explorado aun del todo, la aportación mayor respecto a otras es la lista de personas que estuvieron relacionadas con el poeta, entre las cuales hay algunas que yo alcancé a conocer.

      Con ustedes, UNIVERSO LORCA  


12/5/19

La mesa






      El mes pasado, leyendo en IDEAL esta entrevista con Magis Iglesias, con motivo de su libro “Fuimos nosotras”, recordé una anécdota que me ocurrió hace tiempo, como 23 o 24 años.

      Por entonces y a través de un amigo, conocí la existencia de una gestora de inversiones recién instalada y, en un rasgo de arrojo del que ahora me admiro, me decidí a invertir allí unos pequeños ahorros. Las gestoras de inversiones no eran bancos entonces y esta estaba en un piso, al que llegué sola, con toda mi osadía… y un poco de canguelo, para que lo voy a negar.  Pero la primera impresión fue buena. El chico al que me había recomendado mi amigo era amable, entendido, profesional, y me inspiró confianza, por lo que, días después, firmé allí mi primer contrato de un fondo de inversión.

      Tanto en la primera entrevista como en esta segunda, me había recibido en una salita con unos sillones y su mesa baja habitual y, cuando llegó el momento de la firma, levanté el bolígrafo y le dije:

      -Aquí no vienen muchas mujeres ¿Verdad?

      Se quedó un poco desconcertado y me contestó:

      -Buuueno… Vienen algunas acompañando a sus maridos, pero creo que sola eres la primera. ¿Cómo lo sabes?

      -Pues, sencillamente, porque en esta mesa no se puede firmar con falda.

      Y así era. Yo llevaba pantalón y no hubo problema, pero en una mesa así, para poder escribir hay que abrirse de piernas (sin dobles sentidos, por favor)

      Algún tiempo después, cambiaron la decoración y tuvimos una mesa como es debido, en la que poder leer un documento o firmar sin posturas forzadas, fuera vestida como se me antojara, pero este detalle tan tonto me confirmó, una vez más, lo complicado que era moverse una mujer en un mundo de hombres.