Cuando el gobierno acordó la "legalización" de casi medio millón de inmigrantes, muchos dijimos que ya era hora. Entre ellos, J.R. Alonso, uno de los tres columnistas de la última página de mi periódico. Él decía que el senegalés que sacaba a pasear a su vecino en silla de ruedas ya no sería un esclavo, sino un trabajador con todos sus derechos. Y sí, todos nos alegramos de eso profundamente, pero ¿que es lo que pasa? Pues que cuando el pensionista de la silla de ruedas dé de alta al senegalés en la Seguridad Social, se encontrará con que tendrá que pagar más a la SS que lo que le paga a él y, sumando lo uno y lo otro, la pensión no le alcanza. Con lo cual, el senegalés se quedará sin esos euros, que le daban para un bocadillo de atún y una coca cola a medio día, y el pensionista de la silla de ruedas pasará a ver la calle desde su ventana y a prescindir del rato de conversación con alguien que había terminado por ser amigo.


Me ha gustado el artículo sobre tu columnista (el de febrero de 2024). En realidad, más que la palabra es su sentido, el que cada cual le da cuando la pronuncia o en el contexto en el que se utiliza.
ResponderEliminarEn cuanto al senegalés o a la dominicana o al argelino o a la marroquí que salen adelante en esos trabajos que rechazan las/los patrios, estamos siempre en las mismas: se sale de un charquico y a chapotear en el siguiente.
Una opción sería que el senegalés, legalizado y con experiencia en personas de poca movilidad, acuda a la Trabajadora Social del Centro X para saber qué le exigen para poder hacer el trabajo que ya realizaba, pero dentro de una plantilla organizada. Lo mismo, la persona en silla de ruedas, contactar con la Trabajadora Social para conocer la disponibilidad que hay en atención a personas en sus circunstancias. La Cruz Roja y los Centros de Salud se ocupan de casos como el del señor sin movilidad.
Las soluciones que apuntas hay veces que funcionan, pero en la mayoría de los casos no, pues ya sabemos como va lo de la Ley de la Dependencia. La mejor solución que yo he visto en un caso así, la protagonizó también un senegalés que, cuando su "cliente" no pudo seguir pagándole, él siguió yendo a sacarlo cuando podía y se conformaba con que lo invitara a un café o un refresco.
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