Ha temblado la tierra en Venezuela y, cada vez que hay un terremoto de este calibre, sobre todo si es en América del sur, yo revivo la mañana del 23 de diciembre de 1972, cuando un terremoto asoló Managua. Y recuerdo como se presentó en mi casa bien temprano un amigo venezolano acompañado de dos chicos nicaragüenses. El venezolano era Jorge Alvarado, estudiante claretiano en la Facultad de Teología, y los nicaragüenses creo que estudiantes también.
Llegaron a mi casa buscando un teléfono para organizar un punto de encuentro donde pudieran informarse los procedentes de ese país que se encontraban en Granada. Y allí estuvieron parte de la mañana, Jorge al teléfono llamando a un sitio y a otro, y los nicaragüenses conmigo en la mesa de camilla. Venían todos ateridos, con el mal cuerpo de una noche que acabó pronto y de mala manera, por lo que mi madre hizo café para que desayunaran. Mientras, yo los miraba pensando que, en ese momento, no sabían si tenían familia o se habían quedado solos, pues los dos me dijeron que sus casas estaban en la zona más destruida, donde la devastación era mayor.
Por fin, Jorge consiguió montar el punto de encuentro en la Casa de América y para allá se fueron los tres. Por la tarde, fui por si se podía ayudar en algo y vi que estaban recogiendo donativos y que se había desplazado hasta allí un equipo de extracción de sangre.
De esto hace 54 años, no sé nada de Jorge Alvarado, que volvió a su país poco después, no recuerdo siquiera el nombre de los nicaragüenses, pero hoy, viendo las imágenes de destrucción en Venezuela, he revivido una vez más aquella fría mañana de diciembre. Víspera de Navidad para más señas.


Para febrero de 1967 mi hermano Eduardo estaba en Colombia. Vivía en la capital y se hospedaba en el hotel Tequendama. Iba con el dueño de la empresa y se dedicaban a la importación de café.
ResponderEliminarPor lo poco que sé, pues esta historia la explicó no más de tres veces y ya no la volvió a repetir, de madrugada el jefe le picó a la puerta de la habitación. Mi hermano alarmado le preguntó que quería y le contestó que tenía que vestirse inmediatamente. Mi hermano le hizo caso y bajaron a toda prisa, a lo que según parece era una plaza grande, frente al hotel.
No le dió explicaciones. A la media hora escasa se produjo un terremoto. El hotel no se vino abajo, pero fincas aledañas si lo hicieron.
Mi hermano le preguntó como sabía aquello con antelación y por lo que parece el jefe le contestó que era Rosacruz y que le habían avisado telepaticamente.
Ni quito, ni pongo. Mi hermano hace unos años que murió. Sé que desde aquel día se metio en esa organización, desconocida por muchísimas personas, pero no sé mucho más.
Había oído hablar de esa organización, pero no sé exactamente lo que es. Lo que sí sé es que los animales presienten los terremotos, los perros ladran sin saber por qué antes de haber uno y las gallinas se inquietan. Incluso, yo misma los he presentido algunas veces. Me he despertado a media noche sobresaltada, me he preguntado que pasa y cuando me dispongo a seguir durmiendo porque no pasa nada... ¡zumba! El terremoto.
EliminarNo puedo decir lo que es porque no sale en ningún libro de Antropología religiosa; ni en fenomenología de las religiones; ni se le puede considerar una religión, sino mas bien algo así como un grupo, internacional, pero grupo, ya que no tiene libro y es semejante organizativamente a los masones.
EliminarEn fin, poco puedo decir.
Yo he mirado en la Wikipedia y habla algo del esoterismo, pero como es un tema que no me interesa, no he seguido.
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