Joan Carles March Cerdà es profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP), pertenece al Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada (IBIG) y es miembro del Ciber de Epidemiología y Salud Pública. Escribe con frecuencia en IDEAL y siempre con sensatez y mucha humanidad. El viernes pasado publicó un artículo que no puedo copiar aquí por ser demasiado largo, pero que voy a intentar poner los párrafos más sobresalientes, porque pienso que puede ser útil en emergencias de cualquier tipo. El artículo se titula Granada tiembla y nosotros también: cómo convivir con el miedo mientras continúan las réplicas y empieza diciendo:
La sucesión de movimientos sísmicos nos mantiene a miles de granadinos en alerta. Saber qué hacer, evitar los bulos y entender las reacciones de nuestro cuerpo puede ayudarnos a recuperar una sensación de seguridad que el terremoto ha puesto a prueba.
Granada lleva horas mirando al suelo. Después del terremoto de esta última mañana, los movimientos sísmicos y las réplicas han mantenido a muchas personas pendientes de cualquier vibración, cualquier ruido y, sobre todo, de la pantalla del teléfono. En muchos hogares se repite la misma pregunta: «¿Volverá a temblar?».
Es una pregunta comprensible. También es una pregunta para la que nadie puede ofrecer una respuesta exacta.
Y quizá esa sea una de las partes más difíciles de gestionar después de un terremoto: la incertidumbre.
Pasa entonces a enumerar la información y los consejos que nos dan los expertos respecto a lo que hacer en un terremoto y en las réplicas que lo sigan. Y, a continuación nos dice:
La otra réplica: la que ocurre dentro de nuestra cabeza
Hay un fenómeno del que se habla menos.
Después de varios movimientos sísmicos, el cerebro puede quedarse esperando el siguiente.
Una puerta que vibra. Un camión pesado que pasa por la calle. Una ventana que se mueve. El ruido de un mueble. Y de repente aparece la sensación: «Está temblando otra vez». El organismo permanece en modo vigilancia.
Podemos notar palpitaciones, temblores, tensión muscular, sudoración, respiración acelerada, mareo, irritabilidad, dificultad para concentrarnos o una necesidad constante de comprobar las noticias. También puede aparecer insomnio.
Algunas personas tendrán miedo de quedarse solas. Otras no querrán dormir en su vivienda. Algunas se despertarán sobresaltadas ante cualquier ruido.
Todo ello puede formar parte de una reacción normal después de una experiencia que nuestro cerebro ha interpretado como una amenaza.
Tener miedo después de un terremoto no significa estar enfermo.
Significa que nuestro sistema de alarma está haciendo su trabajo. Lo importante es observar cómo evoluciona.
No necesitamos vivir pegados al móvil
En una situación de incertidumbre, buscar información puede hacernos sentir más seguros.
El problema aparece cuando la información se convierte en vigilancia permanente. Sin darnos cuenta, podemos estar alimentando precisamente aquello que queremos reducir: la sensación permanente de peligro.
Estos días conviene seleccionar fuentes fiables y limitar el consumo continuo de información.
Partiendo de esto, nos previene contra los bulos.
El terremoto también puede convertirse en un problema de salud pública cuando llegan los bulos.
Compartir información falsa no es una acción inocente. Puede provocar que algunas personas abandonen viviendas seguras, se desplacen innecesariamente, saturen servicios de emergencia o pasen noches enteras sin dormir.
En una emergencia, informar también es cuidar. Antes de reenviar un mensaje deberíamos preguntarnos tres cosas: ¿quién lo dice?, ¿de dónde procede la información? y ¿puede comprobarse en una fuente oficial o científica?
Si no podemos responderlas, quizá sea mejor no compartirlo.
Hay que cuidar especialmente a quienes tienen más miedo
No todos vivimos un terremoto de la misma manera.
Un niño puede interpretar una réplica de forma diferente a un adulto.
Una persona mayor que vive sola puede sentirse especialmente vulnerable.
Alguien con discapacidad puede preocuparse por cómo abandonar un edificio si fuera necesario.
Y quien ha sufrido daños importantes en su vivienda puede sentir que ha perdido algo más que paredes: ha perdido su lugar seguro.
Por eso estos días también deberíamos mirar alrededor.
Preguntar a un vecino mayor si necesita algo. Llamar a familiares que viven solos. Comprobar cómo están los niños. Ayudar a quien tenga dificultades para desplazarse. Acompañar a quien tenga miedo de volver a casa.
La respuesta ante una emergencia no depende solamente de los servicios de emergencia. También depende de la comunidad.
En el siguiente apartado habla de como gestionar este tema con los niños y aconseja darles seguridad pero sin mentirles, sin decirles que no ocurrirá más.
Pasa entonces a lo que él titula Convertir el miedo en preparación. Es decir, pequeñas cosas como tener una linterna a mano, los medicamentos que tomamos, revisar la casa por lo que puede caerse, etc. Y resume:
No parece gran cosa. Pero la preparación tiene un efecto psicológico importante: transforma una amenaza difusa en una serie de acciones concretas. No podemos controlar el terremoto. Sí podemos controlar parte de nuestra respuesta.
A continuación aborda el post-terremoto, a cuando parece que la tierra se ha tranquilizado.
Durante los primeros días puede ser normal estar más nervioso, dormir peor, sobresaltarse con facilidad o pensar repetidamente en lo sucedido.
La preocupación aparece cuando estas reacciones no disminuyen progresivamente o interfieren de manera importante en nuestra vida cotidiana.
Si una persona mantiene un miedo intenso, sufre crisis frecuentes de ansiedad, no consigue dormir durante un periodo prolongado, evita salir de casa o entrar en una vivienda que ha sido declarada segura, no puede trabajar o estudiar con normalidad o los síntomas empeoran con el paso del tiempo, puede ser conveniente pedir ayuda profesional.
No hay que esperar a encontrarse completamente desbordado.
La salud mental también forma parte de la respuesta ante una emergencia.
El último apartado va dirigido tanto a los granadinos como a las autoridades.
Granada no puede evitar que tiemble la tierra
Los terremotos forman parte de la realidad geológica de Granada. No podemos elegir cuándo se producirá el próximo movimiento.
Pero sí podemos decidir cómo afrontarlo.
Con edificios seguros.
Con servicios de emergencia preparados.
Con información científica accesible.
Con ciudadanos que sepan cómo actuar.
Con vecinos que se preocupen por sus vecinos.
Y con una sociedad capaz de distinguir entre información y rumor.
Quizá estos días nos estén dejando una enseñanza que va más allá del terremoto.
La tierra puede temblar durante unos segundos. La sensación de inseguridad puede durar mucho más.
Por eso también tenemos que cuidar esa segunda parte de la emergencia: el miedo, el sueño, la incertidumbre, la sobreinformación y la necesidad de sentirnos acompañados.
Granada no puede predecir cuándo volverá a temblar.
Pero puede conseguir algo que sí está en sus manos: que la próxima vez nos encuentre mejor preparados, mejor informados y menos solos.


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