18/1/10

El patio


Hace 35 años abandoné con pena mi casa de toda la vida. No era una gran casa, no era como las casas de patio andaluzas, con el patio en medio y una galería alrededor en el piso de arriba. En mi casa sólo había un patio, detrás, pero tenía un arriate con árboles y plantas, cosa que los patios típicos no tienen.

Delante, a la entrada por la calle, estaba el portón, un pequeño portal y la puerta de cristales que daba paso y luz al recibidor. Y, al fondo del recibidor, el patio, que tenía las tapias cubiertas de yedra, un celindo enorme cuyas ramas, en primavera, se vencían hasta el suelo por el peso de la flor y un albaricoquero con albaricoques, en cuyas ramas se enredaba un falso miraguano de flores pequeñitas y olorosas, que más de una vez lucí en el pelo en el Festival de Música y Danza. Había también un níspero grande, y otro que yo sembré con un hueso del primero y que ya me sobrepasaba en estatura. Y en el centro, rodeando el aljibe, macetas de aspidistras (o pilistras, como se les llamaba)

En la posguerra, cuando un huevo era un artículo de lujo, en el patio había un pequeño gallinero de tela metálica, con cuatro o cinco gallinas y un gallo, que se alimentaban con las sobras de la comida y un guiso de pieles de patata y salvado. Las gallinas tenían nombre y, si alguna vez se sacrificaba alguna, a mí me mandaban a casa de la abuela. Luego, me decían que se había muerto, pero yo miraba con sospecha el arroz que me estaba comiendo....

Cuando algún tiempo después firmamos la escritura de venta, la compradora me dijo: Tiene Vd. que ir a ver como hemos dejado la casa. Construímos parte del patio y, en el resto, hemos quitado la tierra, los árboles y las plantas para que no haya bichos

Si las miradas mataran, aquella señora se hubiera quedado tiesa en el despacho del notario.


Durante estos 35 años he pasado muchas veces por la puerta, he visto el portón siempre cerrado (la inseguridad, ya se sabe) y hasta en alguna ocasión me he sentado en el bar de enfrente para espiar si, al entrar alguien, podía ver la puerta de dentro.

Ahora la casa está cerrada, pues se ha vendido para edificar. En este momento quizá ya no exista.

Si esta noche sueño con gallinas, con albaricoques y flores de celindo. Si oigo el silbido de alguien que me llama desde la calle, si me veo bajando las escaleras de dos en dos, si siento el roce de la pared del portal mientras dejo que me roben un beso....

....será que este blog se ha convertido en magdalena.

Comentado en Comentaristas Dispersas cualquier día de cualquier año.

19 comentarios:

  1. Creo que casi todos podemos construir un recuerdo así con la casa que alguna vez dejamos en el pasado.
    Algunas imagenes se fijan más que otras: el dibujo de unas baldosas, las columnas de una galería, el perfil de unas cenefas o la luminosidad de un patio bajo un parral.
    Irrecuperables, esas casas son recontruídas en nuestra mente cada vez que algo nos hace pensar en ellas y sin duda, la ausencia de quienes ya no están, nos hace brotar lágrimas.

    Si pensamos en términos de comodidad, quizá no resistirían la comparación... pero la nostalgía es una buen acicate para ponerlas a la cabeza de los lugares donde querriamos volver.

    ResponderEliminar
  2. Para mí esta casa, además, es la casa, ya que no he vivido en otra. Aunque nací en la de mis abuelos, no la recuerdo por habernos mudado a esa cuando tenía tres años. Por tanto, todos mis recuerdos de infancia y juventud están ligados a ella.

    ResponderEliminar
  3. El post, Senior Citizen, rezuma ese aire nostálgico que a mí me encanta. Bellísimo.
    Rigoletto

    ResponderEliminar
  4. Pero la nostalgia no es ya lo que era.... (Simone Signoret dixit)

    Gracias por la visita y por el elogio, Rigoletto. Se ve que es un caballero al que no le duelen prendas.

    ResponderEliminar
  5. Me he mudado muchísimas veces (mi padre era infante de Marina) y, aunque recuerdo casi todas las casas, no tengo un recuerdo de "la casa", como el tuyo, de ninguna de ellas.
    Pero si recuerdo, con la misma intensidad, la casa de mis abuelos en Entre Ríos,donde pasábamos los veranos hasta que terminé el secundario.

    ResponderEliminar
  6. Senior citizen19/1/10 10:22

    Como ha dicho Sofocador, todos necesitamos un referente, un lugar al que anclar nuestros recuerdos. Para tí, nirene, que tantos cambios has tenido, puede que la casa de tus abuelos fuera ese referente, ya que era una casa a la que siempre se volvía, que nunca se abandonaba del todo.

    ResponderEliminar
  7. Los patios de las viejas casas, esos refugios contra el calro, con su sombra siempre refrescante, dcon el olor a tierra y plantas...

    Es algo que siempre he envidiado, no haber tenido patio; por eso, en mi infancia (y en toda mi vida) he diasfrutado los patios de familiare, amigos y cualquiera que haya podido disfrutar. Y sobre todo en mi infancia eran lugares misteriosos y propicios para la aventura.

    Entiendo tu dolor por la pérdida del patio, y más aún habiendo sido "tu casa".

    Abrazos.

    ResponderEliminar
  8. Senior citizen19/1/10 21:16

    En este patio no había mucho espacio para la aventura, pero sí era un refugio contra el calor en verano. A la caída del sol refrescaba con la manguera la hiedra de las tapias, el suelo y las plantas, creando así un "microclima" para sentarme a leer en una hamaca de madera y lona.

    Nada que ver con las tardes de ahora bajo el rum-rum del aire acondicionado. El progreso.

    ResponderEliminar
  9. Qué pena tener que dejar un lugar como este... tal como lo describes, tenía que ser precioso.

    ResponderEliminar
  10. Escribió Khalil Gibran: "El recuerdo es una hoja de otoño que murmura por un instante al viento, y luego ya no se la escucha más" Eso es lo que me parece su escrito,una hoja de otoño murmurando al viento entre la añoranza y la nostalgia, entre lo que fue y ya no volverá a ser porque ese viento se llevó no sólo la hoja, también el patio,los árboles y las plantas mientras usted vivía en otro patio y con otras compañías. Quizá fabricando otros sueños.

    ResponderEliminar
  11. Senior citizen20/1/10 21:55

    Tal vez lo he idealizado un poco, pues hablo de como era durante mi infancia y adolescencia y esa época siempre se recuerda con nostalgia. Podría decir que es la única época de la que guardo buen recuerdo.

    ResponderEliminar
  12. El patio es ese corazón en donde late lo mejor de la vida en cualquier casa rural de nuetra Andalucía.
    Si hay algo propio de esta tierra, además del olivo, la siesta y la buena tapa, es ese patio lleno de macetas, colores, plantas y agua por doquier. Un lugar en donde encontrar el resfrecante merecido que -casi siempre- el verano nos intenta reprimir.

    Una evocación muy sentida.

    ResponderEliminar
  13. Tuve la ventaja de vivir una época en la que esos paraísos estaban a cinco minutos de Puerta Real.

    ResponderEliminar
  14. Me ha encantado, Senior. Supongo que la nostalgia que acompaña a los buenos momentos es más nostalgia.
    No tuve patios en las casas en las que habité (varias), pero tuve, por poco tiempo, la casa de mis abuelos en la aldea (pueblo muy pequeño) y tenían una huerta inmensa de la que salían frutas buenísimas, cerezas, peras, manzanas...
    Y tuve, en alquiler, un patio que sólo tenía una parra, me harté de barrer hojas, flor y hormigas; y cuando al fin empezaron a asomar los primeros frutos..., se acabó mi tiempo de trabajo y marché. Esto fue en Andalucía, claro.
    Precioso post.
    Un besote.

    ResponderEliminar
  15. Senior citizen23/1/10 01:28

    Gracias, Mafalda. No sabía que habías estado alguna vez destinada por estas tierras tan lejanas de la tuya.

    ResponderEliminar
  16. Por todo lo dicho, he evitado entrar en "la piecita del fondo".

    ResponderEliminar
  17. Senior citizen26/2/10 16:51

    Me temo que yo seguiré viéndola desde el exterior... hasta que desaparezca.

    ResponderEliminar
  18. Comprendo tu pena cuando te dijeron las reformas que habían hecho, imposible imaginar que alguien por propia voluntad se deshaga de un patio lleno de flores y árboles.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo de construir es explicable porque era una familia grandísima y necesitarían más habitaciones, pero lo de quitar las plantas en la parte que quedara no tiene perdón.

      Eliminar