Ya sabéis que brujuleo de vez en cuando por YouTube y
encuentro cosas que me gustan o que me llaman la atención. Me refiero a
canciones que no conozco o que conocí y he olvidado, canciones antiguas en
versiones modernas, como esa Veinte años que ya oímos, o canciones recientes
que aquí no nos llegan por otros caminos, porque no es la música que aquí suele
oírse. Y una de esas canciones es la que me he tropezado recientemente y que me
ha llamado la atención por dos motivos.
El primero es que se trata de una canción pachanguera, pero
muy digna, está bien construida, hasta la letra tiene su aquel, y me gusta por
su alegría, por sus trompetas, por ese calor que los americanos le imprimen a
su música, por esos pasos de cumbia tan bien dados por una cantante de la que
no se esperaba eso. La canción desprende autenticidad, espontaneidad, sangre caliente
que corre por unas venas y se convierte en música.
Pero es que también me llama la atención algo que quizá en
otro momento me hubiera pasado desapercibido: el gentío, la muchedumbre. Los
cientos, miles de personas tal vez, escuchando, bailando, disfrutando. La vista
se pierde y se sigue adivinando personas en movimiento.
Nunca he estado en un concierto de este tipo, en mis tiempos
eso no existía. (Mejor digo cuando era joven, pues mis tiempos son todos hasta
que me muera) Pero es que, además, no creo que me hubiera apetecido algo así.
¿Oír música de pie, con griterío, bailando, cantando, sin casi oír a quien
canta en el escenario? Ni pensarlo. Diría que yo he pagado para tener un
asiento y oír a un/a cantante, no al público. Y sin embargo ahora, cuando he
visto este vídeo, he sentido como nostalgia y he rogado en mi interior porque
algún día podamos ver de nuevo estos conciertos. Ver como van a ellos otras
personas, no yo, por supuesto, pero que sean posibles.
Hasta ahí escribí cuando descubrí la canción hace meses, pero resulta
que, como no se entiende bien la letra porque la cantante aparta el micro para
que se oiga al público, la busco ahora en Google y me encuentro con que esta canción
no tiene nada de alegre, porque habla de una chica joven enamorada de un tipo
que se la pega todas las noches jugando a enamorar, pero que lo quiere aunque le hace mal. De hecho, sigo buscando y el vídeo más antiguo que encuentro,
que parece el “oficial” porque está en VEVO, es francamente triste y hasta
insinúa maltrato físico.
¿Qué ha pasado? Pues que hay dos versiones de la canción, que
Natalia Lafourcade la estrenó como triste, pero luego le metió ritmo de cumbia,
trompetas, multitudes… y, como he leído en un comentario en YouTube, “una nos
hace bailar y otra llorar”. ¿Bailar y llorar con la misma letra? Pues sí, ya
que termina diciendo: Te perderás dentro de mis recuerdos por haberme hecho
llorar. O sea,
A tomar viento, muchacho, y… ¡¡Cumbia pa mí!!
No recuerdo haber estado nunca en un concierto tan multitudinario.
ResponderEliminarYo estoy segura de no haber estado, pues he ido a muy pocos conciertos de este tipo de música y siempre ha sido en locales cerrados.
EliminarHermoso Veinte años, la otra no me delira. Tampoco he ido a conciertos, soy más intimista. En algún bar o teatro me gusta más, saboreo en silencio o casi las canciones. Tarde fría y desapacible por aquí. Un abrazo grandote.
ResponderEliminarPor supuesto que me gusta "Veinte años" y por eso le dediqué una entrada, pues expresa una nostalgia que seguramente hemos vivido todos en alguna ocasión. Pero también me gusta esta y en sus dos versiones, la triste y la alegre.
EliminarHay conciertos donde no llama el estar quieto y sentado. Depende de la música. En mi caso, a los que acudo, lo que llama es el movimiento y, cuando se instala el cansancio, buscar un rincón y acomodarse en el suelo.
ResponderEliminarLa música que traes, me suena, aunque no es un género que me atrape especialmente.
buscar un rincón y acomodarse en el suelo. Por eso, estos conciertos son para los jóvenes, ya que los mayores nos sentamos en el suelo y luego hace falta una grúa para levantarnos...
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