
Antes, cuando un amigo fallecía, su nombre quedaba en nuestra agenda o listín telefónico durante largo tiempo, pues no era cosa de estar cambiando de agenda cada vez que se producía una baja. Y como era bastante fastidioso volver a copiarlo todo, las agendas duraban y duraban, y se podía dar el caso de que abrieras por la F y te encontraras a Fulano que se murió hace 5 años. O en la M a Menganita, que ya no está por estos lares desde hace más de 20. Pero, gracias a eso, los recordabas. Decías: Era simpático este hombre. O: Pero que mala… sombra tenía Menganita.
Ahora, con las agendas en los teléfonos y las direcciones en el ordenador, si se muere alguien, le damos a suprimir…. y desaparece. Como si nunca hubiera existido, como si jamás hubiera sido parte de nuestra vida.
Ahora, con las agendas en los teléfonos y las direcciones en el ordenador, si se muere alguien, le damos a suprimir…. y desaparece. Como si nunca hubiera existido, como si jamás hubiera sido parte de nuestra vida.








