17/5/22

Un mundo informatizado

  


      Junta General Ordinaria de la Comunidad de Propietarios. Se discute el presupuesto. Suena una alarma y un vecino sale rápidamente hablándole a su reloj. Nadie se extraña porque todos sabemos que ahora los relojes hablan y escuchan. Sigue el debate. A un vecino le llega un WhatsApp y lo contesta con disimulo, mientras el de al lado aprovecha para mirar su móvil por si le ha llegado algo. Seguimos debatiendo un punto del presupuesto en el que estamos atascados. Se oye otro sonido, pero el destinatario nos aclara que es el aviso de su robot aspirador, que ha dado fin a su trabajo en el piso y vuelve a su base. Mi móvil está en silencio, aunque lo miro de vez en cuando porque en su pantalla tengo la convocatoria de la Junta con el Orden del Día.

      Somos una Comunidad moderna, avanzada y tecnológica, pero llevamos toda la tarde discutiendo si gastamos el dinero en calefacción o en poner espejos en el portal. O sea, como siempre.


9/5/22

Mi dinosaurio

 


      Últimamente tengo muy olvidado mi almanaque de taco, se me acumulan las hojas sin arrancar, no las leo o no me atrae lo que dicen. Sin embargo, hoy, al ir a tirar las hojas arrancadas, reparo en que una de ellas reproduce el célebre microrrelato de Monterroso.

      Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí

     Todos lo conocemos, ¿verdad? Y hemos leído seguramente varias interpretaciones, pues, como se ha dicho muchas veces, un microrrelato siempre exige nuestra colaboración, que pongamos algo de nuestra parte, que lo interpretemos según nuestro criterio. Y como yo no soy excesivamente original, tengo una interpretación muy parecida a la de otras muchas personas.

      Mi dinosaurio, el que está ahí cuando me despierto, es siempre el problema con el que me he acostado, lo que me preocupa o lo que me duele y me hace sufrir. Con el sueño llega el olvido, pero al despertar, allí está el dinosaurio mirándome, esperándome en la semioscuridad de mi dormitorio.


29/4/22

La minifalda


Captura tomada de Bonprix

      

      Esta entrada de En verano - In summer, me ha recordado que hace muchos años, creo que cuando aun no había nacido EL MACASAR, visitaba un blog que no se si sigue, pues hasta he olvidado su nombre y, en una entrada, mantuve con su administradora una discusión absurda, que terminó “como el rosario de la aurora”.

      En esa entrada hablaba de su nostalgia por no haber podido llevar la falda por encima de la rodilla, bailar fuera de las fiestas del pueblo o pasear con el novio cogidos de la mano. Yo le dije que, por esa misma época, yo sí había podido hacer todo eso –y mucho más- sin el menor problema, pues era algo muy normal. Nos enredamos entonces en una discusión que duró varios días, pues ella se empeñaba en sostener que estábamos hablando de distintas épocas y hasta insinuó que yo mentía en mi edad, que aparentaba ser una persona mayor de lo que era. Y yo fui cobarde, pues la discusión terminó sin que me atreviera a decir que de lo que estábamos hablando era de distintos lugares, que no era igual un pueblo de la Castilla profunda que una ciudad sureña y universitaria.

      Afortunadamente, ya no hay esas diferencias y las chicas jóvenes son iguales en todo el país, sea una ciudad, un pueblo o una pequeña aldea. Y, en parte, quizá por eso hay tanta violencia machista, porque ellas han cambiado y ellos no terminan de aceptar ese cambio.


20/4/22

Pregunta

 


 

      Voy a haceros una pregunta sobre algo que a mí me tiene intrigada, por si alguien que me lea es psicólogo, tiene afición a la psicología o es amigo de un psicólogo.

      Veréis. La cosa es muy simple.

      Observo que las personas mayores se preocupan mucho más por lo que les puede ocurrir a los hijos, que los jóvenes por lo que les puede ocurrir a los padres. Me explico.

      Si un joven se desplaza por carretera en viaje de placer o de trabajo, los padres se preocupan, quieren saber cuando sale, cuando llega y si llega bien. Y muchas veces tienen que mantener una auténtica batalla para conseguir enterarse, porque parece ser que mandar al llegar un par de palabras en WhatsApp es tarea demasiado difícil. Sin embargo, se puede dar el caso de que sean los padres, las personas mayores, las que se desplazan, algunas veces conduciendo también, y eso a los hijos nos les causa la menor preocupación. No piden confirmación de salida ni de llegada. Muchas veces ni se acuerdan de que están viajando.

      Mi pregunta por tanto es: ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué esta diferencia? ¿Es que los hijos quieren menos a los padres que los padres a los hijos? No creo que sea así. Tiene que haber algún otro motivo que yo no alcanzo a explicarme.

      Os cedo la palabra, pues.

 

10/4/22

Las que se quedan


Captura tomada de IDEAL

      Siempre he pensado que hay personas que se van y otras que se quedan. Y yo he sido siempre de las que se quedan. Así que he dicho adiós en andenes, aeropuertos, estaciones de autobús y hasta en la puerta de mi casa.

 

      Te he dicho adiós. Adiós. Y me he quedado

       con un muerto a la espalda.

 

      Recordaba esto, de hace muchos años, cuando a finales del mes pasado leía en el periódico la historia de Nadia Bondarchuk, una mujer de 75 años, que se ha quedado casi sola en el barrio Berkovets de Kiev, a un paso de Bucha y sus cadáveres en las calles. Todos los que han podido, se han ido a donde han podido, pero Nadia se ha quedado allí, en su dacha, con sus tres perros y su gato sobresaltados día y noche por el ruido de los disparos, con sus gallinas picoteando en el jardín. Y en ese jardín hay algo más, hay tendederos de los que cuelga a secar ropa militar. Y Nadia dice con toda naturalidad: Los chicos vienen cada día por la mañana, después de pasar la noche combatiendo en el bosque, y me dejan la ropa sucia para que la lave. Algunos también desayunan algo y se duchan. Llegan agotados. Yo me encargo de lavar la ropa, la cuelgo al sol y por la tarde pasan a retirarla. No tengo miedo, no me importa morir hoy o mañana. Así que yo me quedo y, al menos, trato de ser útil a mi país y a mi gente.

      Nadia es de las que se quedan. Sola o casi sola. Con una lavadora, una ducha y el té siempre caliente para quien pueda necesitarlo.  

31/3/22

El tortazo

 


      Se habla mucho estos días del golpe que le ha arreado Will Smith a Chris Rock en plena celebración de los Oscar, a causa de una fea broma que hizo, en la presentación de la ceremonia, sobre la calvicie de su pareja. Y, claro, unos comentarios van a favor y otros en contra, más en contra que a favor. Que si violencia, que si machismo, que si las mujeres no necesitamos que los hombres nos defiendan…

      Pues miren ustedes que casualidad. Allá por la prehistoria, en el mismísimo patio de la Facultad de Derecho, bajo la atenta mirada del Padre Suárez, un chico (de cuyo nombre no puedo acordarme) recibió un golpe semejante de un antiguo novio de esta que escribe, porque el muy osado había criticado unas cosillas mías que, al parecer, le resultaban censurables. Y no fue una torta con la mano abierta como la de Will Smith, que eso casi parece propio de una mujer, sino un soberano directo a la mandíbula, a pesar de que el atacante era bastante más bajo de estatura que el atacado. ¿Y saben que pasó? Pues que esta que escribe, que siempre fue feminista, tiene que reconocer que se sintió muy orgullosa de aquello, pues que se peleen por ti dos hombres y en semejante sitio, arriesgándose a la expulsión de la Universidad, era algo que te hacía subir puntos en el baremo.

      Pasemos un discreto velo sobre la escapada que ambos contendientes iniciaron ipso facto, para que un profesor no los identificara, y también que más tarde arreglaron las cosas entre ellos y se fueron de tapas. Pero el glorioso hecho ahí quedó para la Historia de la UGR. Y para la de esta que escribe, que aun recuerda el tímido beso con que agradeció su caballerosidad al antiguo novio. Beso que, por cierto, fue objeto de otra crítica, esta vez de una amiga, pues “a santo de qué besas a quien ya no es tu novio”. Que tiempos...

 

22/3/22

El olvido

 



      La llaman la enfermedad del olvido como si el olvido fuera algo malo y no lo es. Hablamos del Alzheimer como una enfermedad terrible, pero porque la miramos desde afuera y así vemos como una persona querida se nos va sin irse, se nos muere estando viva. Sin embargo, yo he llegado a la conclusión de que el Alzheimer para los viejos es un regalo del cielo, algo inventado por la Divina Providencia para evitarnos el sufrimiento de ir viendo, poco a poco, como nuestra vida va perdiendo sentido, como pierde su razón de ser y terminamos convertidos sólo en una carga para los que nos rodean. Enfermedades, achaques, limitaciones... La persona con Alzheimer las sufre casi sin enterarse, las sufre físicamente, pero se ahorra el sufrimiento moral. Y cuando llega la muerte, entra en ella también sin miedo, de una forma natural, como mueren las plantas, como mueren los animales. Su ciclo vital ha terminado, no le duele lo que deja ni se pregunta lo que habrá después.

Dedicado a Carme Elías, aunque no me lea.

 

8/3/22

Frase lapidaria. 8M


 

Cartel de ONU Mujeres

 

Me he pasado media vida intentando demostrar que no soy tonta, a pesar de ser mujer, y ahora paso la otra media intentando demostrar que no estoy tonta, a pesar de ser vieja.    

 

3/3/22

Triste, triste Europa...

 



      Arranco hojas atrasadas de mi almanaque de taco y en una de ellas, la del 25 de febrero, encuentro dos citas de dos poetas.

 

      Es bárbara la guerra, es torpe y regresiva, es la vergüenza humana.

      Antonio Machado

      * * *

     Tristes guerras
      si no es amor la empresa.

      Tristes. Tristes.

      Tristes armas
      si no son las palabras.

      Tristes. Tristes.

      Tristes hombres
      si no mueren de amores.

      Tristes. Tristes.

     Miguel Hernández


19/2/22

Juegos de rol

 
 

Foto tomada del diario La República.es

 

      Hace ya tiempo que hablamos aquí de La Desbandá, aquel hecho terrible de nuestra incivil guerra, en el que murieron entre 3.000 y 5.000 personas. Pues bien, leo ahora en IDEAL que un informático de Granada llamado Pablo López, ha ideado un juego de rol basado en este hecho, que se podrá descargar de su cuenta en Itch el 28 de febrero, Día de Andalucía, por cierto.

      Reconozco mi desconocimiento de los juegos de rol y no se como funcionan, pues nunca he jugado a uno, pero lo que sí puedo decir es que simplemente la palabra juego ya me chirría relacionada con una tragedia semejante. Aquello fue un crimen, un asesinato masivo, en el que miles de personas murieron y otros miles sufrieron lo indecible huyendo del terror para caer en un terror mayor. Y la verdad es que dudo mucho que algo así pueda convertirse en un juego, por muy didáctico que su creador lo connsidere.

      Si alguien, más versado en juegos que yo, puede informarme de lo contrario, estoy dispuesta a rectificar.