7/7/20

Epidemias


Jonas Salk (Foto de Wikipedia)


      Hace meses, antes de la pandemia, vi algo por la calle que me impresionó. Delante de mí caminaba una inmigrante americana con una niña de unos 9 o 10 años, que en una de sus piernas mostraba las señales inequívocas de haber sufrido poliomielitis. Y digo que me impresionó, porque me pregunté donde habría crecido esa criatura para no tener acceso a la vacuna, que ha conseguido erradicar la enfermedad en la mayoría de los países.
      Recordé entonces mi infancia, cuando la polio afectaba a tantos niños, cuando era tan corriente verlos arrastrando aquellas piernas delgaditas y paralizadas. Y recordé el miedo que pasé cuando la niña de una vecina, a quien yo había tenido en brazos días antes, amaneció pataleando en su cuna con una sola pierna. Miedo que me lo pasé a solas, pues cuando mis padres me preguntaron alarmados si había estado con ella en esos días previos de la incubación, les dije que no para no asustarlos. Pero cómo me tocaba las piernas al despertarme para ver si las sentía, cómo comprobaba si podía moverlas… Y así hasta que fue pasando el tiempo y me tranquilicé. Hasta la próxima, claro, hasta que hubiera otro caso cerca. O muchos y se dijera que había epidemia de poliomielitis. 
      Pero es que llegaban los veranos y con ellos la tosferina. Menos grave que la polio, pero muy molesta y que también provocaba algunas muertes. Y volvían mis padres a decirme: "No te acerques a Fulanito, que tiene tosferina, no juegues con tus amigas de la calle tal, que hay allí varios casos". Y veías niños revolcándose con la tos, congestionados, rojos como un tomate, vomitando… A algunos los llevaban a la sierra porque se decía que con la altura mejoraban y se les quitaba antes, pero el caso es que seguían tosiendo todo el verano. Otra epidemia para la que no había vacuna ni tratamiento. 
      Y el sarampión, que pasé con 13 años, y las paperas con 17. Con novio y la cara hinchada… 
      Quiero decir con esto que en aquella época convivíamos con las epidemias, sabíamos que periódicamente llegaban y no se podía hacer nada, solo confiar en que no te tocara. 
      Como ahora, ni más ni menos.

29/6/20

Apuntes y reflexiones en la Nueva Normalidad




      ¿Por qué hubo una escalada tan rápida al principio de la pandemia? Porque nos cogió completamente desprevenidos. Y no me refiero a los hospitales, sino a nosotros. Yo fui las primeras semanas al super de enfrente sin mascarilla, allí no había guantes ni gel y, en mi casa, mi mayor desinfectante fue un jabón casero que me regalaron. O sea, que no lo cogí por pura suerte.
* * *

      Me he dado cuenta de que saludo sin palabras, con una sonrisa de boca y ojos. Total, que con mascarilla y gafas de sol… no saludo. Ni doy las gracias cuando me dejan el paso, ni…
* * *

      Durante el confinamiento, mucha gente sacó del armario sus ideas gracias a los memes que nos enviaban en el Whatsapp. Personas que habían aparentado ser de izquierdas durante muchos años, nos sorprendieron con virulentas soflamas de VOX, y amigos, que creíamos descreídos, nos enviaban imágenes y oraciones a todos los santos.
* * *

      Hay personas que se saltan a la torera el virus y las normas, y otras que se pasan de prudentes y cumplidoras. Esta mañana llego a la farmacia y veo a un señor aguantando estoicamente el sol ante la puerta automática. Le pregunto si está en cola, afirma con la cabeza y yo busco la sombra de un árbol cercano. Pasado un rato, que se me hace larguísimo, por fin se abre la puerta, sale un cliente, entra el señor que esperaba y yo ocupo su sitio, lo que me permite ver que la farmacia está vacía, que estaba sólo el cliente que acaba de salir y, como hay tres puestos de farmacéuticos, dos de ellos están desocupados. Así que entro y me dirijo al más distante del señor que me precedía, no sea que se enfade conmigo por no haberle dejado la farmacia solo para él.
* * *

      Viendo la televisión, me pregunto algunas veces si, en las series que están grabando ahora, aparecerán los actores con mascarilla, si la acción discurrirá en tiempos de pandemia o la obviarán. 



Continuará… porque esto también continúa.


20/6/20

Esperanza




DICE LA ESPERANZA: UN DÍA...
Dice la esperanza: Un día
la verás, si bien esperas.
Dice la desesperanza:
Sólo tu amargura es ella.
Late, corazón... No todo
se lo ha tragado la tierra.
A. Machado

      Venimos hablando de si somos mejores o peores que antes y ya sabéis que mi opinión es negativa, que mi experiencia va a el sentido de que las relaciones entre las personas van siendo cada día más distantes, menos afectivas, menos caritativas en el auténtico sentido de la palabra. Pero de vez en cuando surge algo que nos hace confiar en que no todo está perdido, nos hace vislumbrar un rayo de esperanza para seguir creyendo en el ser humano.
      Hoy he hablado con una amiga y me ha dicho que todavía no ha salido desde que empezó la pandemia y que los vecinos se lo resuelven todo. Una le lleva el pan todos los días, otro la compra del supermercado, otra el pescado y la carne, también casi todos los días. Le van a la farmacia, le bajan la basura… Y no es que sean muchedumbre, pues la casa es pequeña, solo tres pisos y el suyo. O sea, que son solo tres familias las que han cargado con la responsabilidad de que ella no tenga que salir a la calle al ser persona de riesgo por su edad. Y lo han hecho por propia iniciativa, sin que ella haya tenido que pedírselo. Fue confinarnos y un vecino joven con el que solo había cruzado las palabras de cortesía al encontrarse en el portal o en el ascensor, subió a su casa a ofrecerse y, desde entonces, cada vez que va en su coche a hacer la compra, le pregunta que quiere y se lo trae.     
      Y así llevan todos más de tres meses. ¿No es admirable? Me dan ganas de vender mi piso y mudarme allí…

11/6/20

Almanaque de taco. Junio, 11



      Hace tiempo que no le presto atención a mi almanaque de taco, quizá porque la urgencia de la actualidad que hemos estado viviendo nos impedía detenernos en sus "pensamientos profundos".  Sin embargo, hoy, al arrancar la hoja, me ha saltado a la vista aquella frase de la Madre Teresa, que tanto dio que hablar -y que discutir- en aquel momento.
      Hay que cambiar las estructuras, pero si no le doy un vaso de leche a este niño AHORA MISMO, se me muere.
      Hablábamos mucho entonces de las estructuras, de que el mundo tenía unas estructuras injustas y había que cambiarlas. Y todo se nos volvía discutir la forma de cambiar esas estructuras para que el mundo fuera más justo. Incluso se llegó a decir que la Caridad impedía ese cambio, que acallábamos nuestra conciencia ejerciendo la Caridad y eso mantenía las estructuras injustas.
      Y entonces llegó la Madre Teresa con su frase a ponernos los pies en el suelo. A decirnos que, mientras nosotros discutíamos, a ella se le morían los niños en los brazos. Que donar leche quizá era Caridad y no Justicia, pero que, mientras llega la Justicia, es necesaria la Caridad. Y que es bastante más fácil sentarnos en una mesa a discutir como arreglar el mundo, que compartir lo que tenemos con los demás. Sea dinero, tiempo, trabajo...
      Viene esto a cuento de que, con esta crisis sanitaria y económica, ha aumentado lo que se ha dado en llamar cruelmente las colas del hambre. Y digo aumentado porque esas colas ya existían pre-pandemia ante Cáritas y los comedores sociales que, casualmente, todos o casi todos están sostenidos por asociaciones ligadas a la Iglesia Católica y atendidos por voluntarios. O sea, Caridad. O sea, AMOR. Que eso significa la palabra Caridad.
      Y ahora vamos y lo discutimos en las Redes sociales...

3/6/20

Saldremos mejores




      Llevamos ya casi tres meses de crisis sanitaria y confinamiento y, a lo largo de este tiempo, hemos oído y leído muchas veces que de esta vamos a salir mejores y más solidarios. Sin embargo, ahora que medio se ve el final del túnel, me temo que la cosa no va por ahí. No estamos saliendo mejores, sino todo lo contrario. Empezando por los políticos (que mejor no entremos en eso), siguiendo por las Redes y terminando por nosotros mismos y los que nos rodean. No se si es que estamos nerviosos, cansados de confinamiento, si es que esta situación nos ha hecho sacar del armario nuestra ideología y nuestros sentimientos ocultos o, sencillamente, que somos cada día peores. Han pasado tres meses y somos peores que hace tres meses.

      Y lo digo con toda la autoridad del mundo, pues en estos días he sufrido una agresión verbal y escrita de un vecino, como nunca pensé que pudiera sufrirla de alguien que se supone educado y hasta intelectual. Lo que me lleva a plantearme –de nuevo- una serie de cosas y hacerme una serie de preguntas.

      Echo la mirada atrás y veo que las mayores agresiones de este tipo se me han dado precisamente rondando o pasados los 80. ¿Significa eso que se deben a mi vulnerabilidad como anciana? ¿O a que estoy sola, sin un hombre que me respalde? ¿Significa que ciertas personas se ensañan, precisamente, amparadas en su impunidad, en mi ausencia de respuesta?  Un amigo joven me dice que no, que es que “la gente” ahora es así, que la vida va en ese sentido. Y yo le contesto que, entonces, no me gusta esta vida, no creo que valga la pena vivirla.

26/5/20

Fiesta confinada

      
      Hoy se celebra en Granada el día de Mariana Pineda. Mejor diría se conmemora, ya que recuerda su muerte a garrote vil en defensa de sus ideales. Pero es que este año tampoco podemos decir que se conmemora, pues no habrá la ceremonia ante su estatua de otros años, a causa de la situación que vivimos. 

      Por ello, un grupo de personas, unas conocidas y otras anónimas, reunidas en la Plataforma Granada Abierta, ha grabado este vídeo con objeto de celebrarlo virtualmente y, al mismo tiempo, reivindicar que este día sea festivo en años venideros.



19/5/20

Del coronavirus, los viejos, el Papa, los bares, la Biblia, Susana y la incoherencia.



      A poco de declararse la pandemia y cuando los hospitales amenazaron con el colapso, empezamos a leer y oír cosas como esta. Pero es que ahora, dos meses y 30.000 muertos después, seguimos leyendo y oyendo lo mismo por activa y por pasiva, incluso con documentos gráficos como este. Y la verdad es que estoy hasta el… moño (que no tengo) de que, día tras día, se cuestione mi derecho a vivir, a seguir viva a pesar de mi edad.
      Y, mirad por donde, el otro día y a través de Unjubilado, aterrizo en el blog de una señora, que atiende al nick “Susana” y que, ante el dilema Viejos vs.Economía, se inclina por la Economía y dice cosas como esta:
      Por cierto, seguirá muriendo gente en España. Más que nada porque es lo normal y los mayores de ochenta años tienen todos los puntos. Han llegado a la esperanza de vida. Que no se mueran de Covid es lo mejor pero se morirán de otra cosa. Es ley de vida. Lo que pasa es que nadie nos lo cuenta”.
      Me sienta el párrafo como un puñetazo en el estómago, pero sigo explorando el blog y viendo que está lleno de citas bíblicas, con lo que empieza ya a no cuadrarme la cosa y se lo digo en un comentario. Observo también que las citas proceden de la Reina-Valera, una traducción de la Biblia de la que ya hemos hablado aquí varias veces y que considero un poco antigua, pero seria y respetable. Nada que objetar, por tanto, pero llego a la conclusión lógica de que la señora Susana profesa la fe de Lutero. Algo también muy respetable, por cierto.
      Como soy curiosa, sigo explorando y veo también que la señora Susana es una convencida antiabortista, lo que tampoco me encaja con el párrafo de marras. ¿Defender la vida del no nacido y cuestionar la del anciano que está vivito y coleando? No parece que eso tenga mucho sentido. Pero cuando mi desconcierto llega al culmen es cuando veo que tiene un blog en el que pone a parir al Papa Francisco y que encabeza diciendo:
      Esta es mi contribución personal a la crítica al llamado Papa Francisco, a través de sus propias declaraciones, con una interpretación basada en las escrituras. Espero que lleguen a la misma conclusión que yo sobre que el Papa legítimo sigue siendo Benedicto XVI y después deberá elegirse otro.
      Y ahí ya me pierdo, pues ¿qué más le da a una protestante que el obispo católico de Roma sea  este o aquel? ¿Y todo un blog dedicado a atacarlo? Acepto que no comparta su ideología, pero me parece mucho esfuerzo para algo que ni le va ni le viene. A no ser, claro está, que como el argentino cumple ya 84 añazos…

Nota al margen: Estas preguntas se las he hecho en un comentario, pero, desgraciadamente, no ha pasado la moderación y nos quedamos sin saber las respuestas.

10/5/20

Daños colaterales de una pandemia






      Ahora que ya empiezan a trabajar las peluquerías, me he acordado de que, cuando llevábamos casi un mes de confinamiento, hablé por teléfono con una amiga, que me contó su “tremendo” problema: No puede ir a la peluquería y ella no sabe hacerse nada, por lo que su pelo ya no aguanta más. Ni el peinado ni el tinte. Yo pienso que ya no es solo cuestión de estética, sino de higiene, pues esa cabeza sin lavar tanto tiempo debe ser algo así como una selva habitada. Pero no se lo digo, por supuesto, y sigo oyendo sus quejas. Que ella siempre había pensado que, si se ponía enferma, la peluquera iría a su casa o, en el peor de los casos, su hija o la limpiadora podrían hacerle un apaño. Pero ahora ni peluquera, ni hija, ni limpiadora… 

      Una vez terminada la conversación, me vino a la memoria el momento en que decidí no tintarme el pelo para cubrir las canas. Durante años, fueron apareciendo, pero como mi pelo era de color claro, no se notaban demasiado e, incluso, quedaban bien. Hasta que ya había más pelo blanco que de mi color y la peluquera empezó a decir que debía tintarme o, al menos, ponerme unas “mechas”. Pero yo no me decidía, pues ¿de que color me teñía? Castaño no, ya que nunca lo había tenido así y me iba a ver rara. ¿Rubio? Ahora hay mejores tintes, más naturales, pero entonces no había más que ese “color tortilla de patatas” que veía en otras y no me gustaba nada. Y en esas estaba cuando la hermana de una amiga enfermó gravemente y fue ingresada en un hospital bastante tiempo. Tenía un tinte en el pelo de un color rojizo muy llamativo y, cuando fueron pasando las semanas y el pelo fue creciendo, le aparecieron las raíces blancas, una franja de varios centímetros que hacía un enorme contraste con lo rojo. Y allí estaba, con la mala cara de quien se está muriendo y aquella cabeza en dos colores, como una bandera. Y, entonces, mirándola en la cama del hospital, tomé la decisión de no tintarme, pues, aunque yo me manejo bien para arreglarme el pelo y no voy a la peluquería más que a cortarlo, el tinte sería obligatorio con más frecuencia y me podría ocurrir lo que a la hermana de mi amiga.

      Y no podéis imaginar la de veces que me he alegrado de aquella decisión. Ese día, sin ir más lejos, hablando con esa amiga, y todo el tiempo que ha pasado desde entonces. Me he alegrado de no tintarme y de saber arreglarme el pelo desde niña., pues malo es que terminemos dependientes para otras cuestiones, pero ¿para eso?


3/5/20

Día de la Cruz






      Hoy es Día de la Cruz en Granada. Un día que se celebra como podéis ver en este álbum tan colorido. Se celebraba, claro, hasta este año que no puede ser. Sin embargo, el Ayuntamiento ha hecho un intento para que no pase desapercibido, a pesar de las circunstancias, y ha organizado un concurso para las cruces que instalen los vecinos en los balcones y en sus casas. Lo que me ha hecho recordar como era este día en mi infancia. 

      Estábamos en plena posguerra, la tradición de las cruces casi se había perdido con los tres años de tragedia y los posteriores de represión, aunque se decía que en ciertas “casas de vecinos” (lo que en otros pagos se les llama corralas) estaban recobrando tímidamente la fiesta levantando una cruz en sus patios y bailando ante ella, a pesar de las prohibiciones de los obispos. Pero mi recuerdo va principalmente a las pequeñas cruces que montábamos los niños en nuestras casas y que visitaban los otros niños e, incluso, padres de nuestros amigos, en un recorrido en el que unos íbamos a la casa de los otros admirando la cruz del vecino o pensando que la nuestra era mejor. 

      Y me acuerdo de la mía, siempre hecha con dos cañas cruzadas y cubiertas de celindas, las celindas que me brindaba el enorme arbusto de nuestro patio, completamente florido por esta época. Recuerdo como las iba colocando sujetas con un hilo, que quedaba escondido entre las flores, y recuerdo como luego buscaba cualquier cosa que a mí me pareciera propia de colocar alrededor, sobre un lecho de pétalos de rosa. Algún platito pequeño de cerámica, estampas, jarrones también pequeños con flores, macetas minúsculas… Todo el año pensando en eso, guardando cosas para la cruz. Hasta los dos trozos de caña había que pensarlo con tiempo y aprovechar cuando se rompiera una escoba… Pero llegaba mayo y allí estaba mi cruz en la mesa del recibidor, a la entrada, para que la chiquillería que la visitaba no incordiara demasiado a mis padres invadiendo la casa y hubiera pétalos de rosa pisoteados hasta el último rincón.


24/4/20

MUFACE y el coronavirus





      Seguramente todos sabéis lo que es MUFACE, pero por si acaso, aquí os dejo un par de enlaces, en los que, con paciencia y un poco de manejo del lenguaje administrativo, quizá lleguéis a tener una idea más o menos clara. Por tanto, me voy a limitar a hablar de su funcionamiento a nivel de usuaria. (En adelante, mutualista

      El mutualista, o sea, esta que escribe, elige una de las compañías aseguradoras de salud con las que MUFACE tiene concierto, elige un médico de atención primaria de esa compañía, procurando que esté cerca, y acude a él provista de su tarjeta sanitaria y su talonario de recetas de MUFACE, de cuya adquisición hablaré al final porque esa es otra historia. Quedamos, por tanto, en que esta que escribe acude a la consulta privada de un médico, que suele estar en su propia casa, explica sus males, coloca sobre su mesa la tarjeta sanitaria de la compañía y el talonario de recetas, el médico escribe las recetas correspondientes, las firma y las sella, pasa la tarjeta por su datáfono, verifica en su ordenador que la reconoce y la mutualista se va a la farmacia. Allí le dispensan los medicamentos y paga el 30% de su importe. Sí, habéis leído bien: el 30% a pesar de sus años. Lo que de un medicamento barato no supone mucho, pero de uno caro puede ser una cantidad importante y no hay límite ni tope alguno.

      Este es el sistema que, en situación normal, funciona pasablemente, pero ¿qué ocurre en una crisis como esta? Pues que el médico de atención primaria cierra su consulta, porque está en su casa y hace lo que le parece bien, y la mutualista se queda sin nadie que le haga las recetas. Pide un medicamento de favor en la farmacia asegurando que más adelante le llevará la receta, pero días después necesita otro y lo pide también, recibiendo ya una respuesta no muy favorable, como es lógico, ya que el farmacéutico no tiene obligación de hacerle ese favor. Pero la pandemia sigue, los medicamentos se agotan, la mutualista empieza a racionarlos, poniendo en riesgo su salud y bienestar. Recurre entonces, a hablar con la compañía y encuentra que la oficina está cerrada y el teléfono remite a la central de Madrid, en donde tras cuatro intentos fallidos, en los que ha tenido que dar todos sus datos una y otra vez, consigue hablar con un operador, que consulta su ordenador y le comunica que, desgraciadamente, TODOS los médicos de atención primaria han cerrado y la única opción que tiene es el hospital (que no está ahora como para estos asuntos) y una clínica en el extremo opuesto de la ciudad, que a la mutualista le obligaría a usar un medio de transporte no recomendable para ella en estos momentos. A estas alturas, la mutualista está ya que muerde, se enfada lo más discretamente que puede y el operador le aconseja que hable con MUFACE, que es la “dueña” de las recetas y a quien le corresponde su gestión. 

      La mutualista se toma un vaso de agua y espera un rato para serenarse antes de intentar el nuevo camino. Tras varios intentos también, consigue hablar con un señor al que explica, por quinta o sexta vez, el problema que le aflige y este, después de una larga discusión en la que defiende a capa y espada a quien le paga, con argumentos bastante absurdos, sugiere a la mutualista dos opciones: La Cruz Roja, que recogerá de su casa el talonario y la tarjeta sanitaria, lo llevará a tres kilómetros para que un médico rellene y firme la receta, irá a la farmacia y traerá el medicamento a casa de la mutualista, cosa que esta rechaza porque, en la situación que estamos, se le cae la cara de vergüenza de utilizar de esa forma a un voluntario de la Cruz Roja para conseguir un medicamento de lo más corriente. La otra opción le parece mejor, aunque gravosa e incierta. Consiste en pagar en la farmacia la totalidad del precio (siempre que el farmacéutico quiera dárselo porque va en contra de la norma de venta con receta) y más adelante, cuando esto termine, reclamar a MUFACE el pago que le corresponde mediante factura emitida por la farmacia. (¿?)

      Y esta es la historia de ese “privilegio” de la sanidad privada. Ese por el cual se le han echado encima a la ministra, que se fue con su coronavirus al hospital que le correspondía como funcionaria. Que no se si a ella, por ser ministra, le funcionará mejor, pero ya veis como le funciona a esta mutualista de a pie que escribe.               

ANEXO. Los talonarios de recetas los consigue el mutualista de dos formas:

a) Acudiendo a la oficina de MUFACE (una sola para toda la ciudad) y armándose de paciencia, porque la gestión puede durar toda la mañana. 

b) Pidiéndolos on line con certificado electrónico. Algo que tienen todos los mutualistas mayores de 80 años, por supuesto.

ACTUALIZACIÓN. (30/04) La cosa va mejorando. Por lo que me han dicho, también falla la obtención de talonarios. La oficina está cerrada y tampoco llegan pidiéndolos on line.


17/4/20

Después




      Cuando somos jóvenes, hablamos mucho de Carpe diem, pero la realidad es que vivimos mirando hacia adelante, de cara al futuro, y solo cuando ese futuro se va acortando, es cuando de verdad vivimos el momento presente. Y el pasado, por supuesto, pero este solo se recuerda, no se vive. Yo llevo ya años diciendo que soy incapaz de hacer planes que vayan más allá de la semana próxima. Y no es que piense que me voy a morir pasado mañana, sino que me es imposible contemplar un futuro más lejano. No me alcanza la vista, supongo…

      Pero ahora el coronavirus nos está obligando a aplazarlo todo. Nada puede ser ahora, todo queda pendiente. ¿Para cuando? La semana próxima no, está claro, y el “más adelante” es una nebulosa. Inevitable, entonces, la sospecha de que, a esta edad, aplazar es renunciar

12/4/20

Domingo de Resurrección


      Es Domingo de Resurrección y no lo parece. Hay silencio en las calles y los niños no van presurosos a la procesión de los “Facundillos” agitando sus campanillas de barro. Aquellas campanas que, cuando yo era niña, no aguantaban toda la mañana sin perder el badajo y quedar mudas.
      Es domingo y es abril. Primavera doliente la de este año. Los árboles brotan, las flores abren, pero la gente muere y se respira el sufrimiento por más que queramos distraerlo con aplausos. Sin embargo, “Abril para vivir”, dice Carlos Cano en esta canción, que ya subí aquí hace años, pero que ha desaparecido, como suele ocurrir con los vídeos de YouTube. Va la repetición y en dos versiones, pues no he conseguido ponerme de acuerdo conmigo misma sobre cual es mejor. La primera, intimista y dedicada a José Afonso, el portugués de los claveles. La segunda, más bullanguera y con un Carlos Cano todavía fuerte, sin la muerte corriéndole por las venas.

3/4/20

Privilegios






      De nuevo, es la más joven de “las tres de la columna” la que da en el clavo. El día 21 de marzo, cuando casi estaba empezando lo que tenemos encima, Alba Carballal publicó una columna que recorté, porque me pareció lo mejor que había leído hasta el momento. La puse encima de un mueble y ahí ha estado desde entonces, ya que nada me ha parecido tan acertado en todos estos días “de angustia y Paracetamol”. 

      Os copio la columna completa, confiando en que no me cobre los derechos de autor.  


TIEMPO DE SILENCIO

      Estos días ha circulado -de la única manera que se puede circular en esta situación, es decir, por las redes sociales- la fotografía de una pancarta, colgada sobre la puerta de una casa, que dice lo siguiente: «La romantización de la cuarentena es un privilegio de clase». Como siempre, la sabiduría popular explica las cosas de forma más certera que nadie. Poder quejarte de tener que teletrabajar mientras cuidas a tus hijos en casa es un privilegio. Hacer ejercicio en tu vivienda es un privilegio. No pasar el aislamiento en soledad es un privilegio, probablemente el mayor de todos. En los tiempos que corren, hasta ver la calle por una ventana al exterior es un privilegio. Los metros cuadrados suficientes para una vida plena, la compañía y el aire puro son tres grandes privilegios que no todo el mundo se puede permitir en estos momentos de angustia y Paracetamol. Pese a ello, casi todos los mensajes de coach de baratillo, casi todas las lecciones morales y casi todas las quejas frívolas surgen del mismo lugar: de los balcones de los afortunados.

      Los clamores de apoyo a la sanidad pública y a quienes se lo están currando más que nadie para que todos salgamos adelante son fabulosos. La cacerolada contra la monarquía, lo reconozco, me sacó una sonrisa. Incluso las canciones, los juegos infantiles y los ligoteos intervecinales tienen su gracia cuando cada día tenemos que inventarnos mil maneras de no volvernos locos. Pero también necesitamos silencio. Silencio para comprender hasta qué punto las diferencias económicas se agudizan cuando todo va mal; para reconocer desde dónde impartimos cátedra, y a quiénes, y de qué modo; silencio para respetar a los que lo tienen más difícil.

26/3/20

Lo peor




      Se dice que situaciones como la de ahora, hacen aflorar lo mejor que hay en las personas, lo más solidario, lo más humano. Pero también aflora lo peor, como este chico de arriba, que ha descubierto como reflotar la economía y el trabajo del país suspendiendo el confinamiento. Porque total, los que están muriendo solo son cuatro viejos….

. . .

      Actualización: 27/03/20  Y sigue....



18/3/20

Frases célebres




Imagen de Wikipedia


      Todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de no ser capaz de estar tranquilamente sentado y solo en una habitación.

    Blaise Pascal 

8/3/20

Escuela Pública/Escuela Privada



Escuelas de Poveda en el Barrio de las Cuevas (Guadix)
1903

      
      Hace más de 40 años, un profesor de la Facultad de Teología, hablando de la Ley de Enseñanza, que estaba entonces en discusión, nos dijo a los alumnos: Jesús envió a sus discípulos a evangelizar, no a enseñar Geografía o Matemáticas”. Y sentada esta premisa, vamos a hablar del tema, ahora en candelero en Andalucía.

      Pero antes, hay que hacer un poco de historia. 

     Todos sabemos que, en la antigüedad, el saber, la cultura, estaba en los monasterios y en la nobleza. Solo ellos sabían leer y escribir, solo ellos tenían acceso a los pocos manuscritos creados en esos monasterios. Con la invención de la imprenta, la cultura se extiende algo más, pero el pueblo llano sigue siendo en su mayoría analfabeto.  Pasa el tiempo y se va avanzando, pero siempre dependiendo del nivel económico, pues los ricos tienen para pagarle profesores a sus hijos, pero los pobres no. Y es cuando empiezan a surgir órdenes y congregaciones religiosas dedicadas a la enseñanza, algunas al servicio de los padres pudientes, pero otras no. Otras entienden que enseñar a leer y escribir, abrir las puertas de la cultura a los pobres, es un servicio a la sociedad y entra dentro de su vocación cristiana. El poder, las instituciones, no llegaban a todos y estos miembros de la Iglesia ejercen un papel supletorio. Y, como muestra, dos casos que conozco bien porque están en mi ciudad.

      En 1880, llega a Granada Don Andrés Manjón para dar clases de Derecho Canónico en la Universidad. Se aloja en la Abadía del Sacromonte y baja a sus clases a lomos de una burra. Pero ocurre que, en sus subidas y bajadas, pasa por el barrio del Sacromonte, que ahora es un sitio turístico, pero entonces era un barrio de cuevas ocupadas casi en su totalidad por familias de etnia gitana y gran pobreza. Pasa D. Andrés y se fija que los niños están todo el día en la calle, que no van a la escuela… por la sencilla razón de que no la hay. Nadie se ha preocupado de que esos niños tengan escuela, pero Manjón lo hace. Funda las Escuelas del Ave María, que no solo acogen a esos niños para enseñarles, sino que les dan a medio día “el potajico”, un plato caliente, que también necesitan. Y llegan las colectas, el recurrir a los vecinos de Granada para sostener aquello. Pero es que, además, Don Andrés aplica un sistema de enseñanza adaptado a unos niños, que ni ellos, ni sus padres, ni sus abuelos han tenido el menor contacto con un libro de texto. Yo recuerdo haber visitado de niña aquella escuela y sentir envidia del mapa de España construido en el suelo del patio, con sus montañas en relieve, sus ríos con agua… En mi colegio del centro había un mapa enrollado, que se colgaba de la pizarra y se llevaba de clase en clase según hiciera falta. Seguro que aquellos niños del Sacromonte y el Albayzín aprendieron Geografía con más facilidad que yo.

      Otro ejemplo. 

      En 1894, llega a Guadix (Granada) Pedro Poveda Castroverde, procedente del seminario de Jaén, atraído por la obra del Padre Manjón y sabiendo que en Guadix hay un problema similar: un barrio de cuevas habitadas por familias de extrema pobreza, que tampoco tienen escuela. En Guadix se ordena sacerdote y funda para ese barrio las Escuelas del Sagrado Corazón, aplicando en ellas los métodos de la Escuela Nueva, igual que las del Ave María. Pero, al parecer, resultaba demasiado avanzado para la burguesía y parte del clero, y tuvo que salir de la Diócesis. Sin embargo, su labor quedó y permanece aun.

      ¿Qué quiero decir con estos dos ejemplos? Pues que ha habido épocas y situaciones en las que la Iglesia -o sus miembros- han tenido que suplir las carencias de la sociedad y, si la educación no llegaba a todos, acercarla a los más desfavorecidos. ¿Qué ahora ya no hace falta? ¿Qué ahora el país está en condiciones de escolarizar a todos los niños? Pues la Iglesia y sus miembros… a otra cosa. Hay muchos países donde aun es necesario y también muchas necesidades de otro tipo que todavía no están cubiertas en el nuestro.

      Y que conste que hablo “desde dentro”, desde mi creencia y mi pertenencia a la Iglesia Católica.    

1/3/20

Rap carnavalero

      Como algunos sabréis, hoy termina el Carnaval de Cádiz y, al menos por aquí, hemos tenido en las televisiones imágenes a porrillo de las agrupaciones “legales”, en el concurso del Teatro Falla, y las comparsas, chirigotas, coros y cuartetos “ilegales”, espontáneamente en la calle o en la gran cabalgata del domingo pasado.
      Pues bien, el otro día, mirando la televisión, se me ocurrió pensar en la semejanza que hay entre estas actuaciones y el rap. Sí, no os extrañéis. Ya se que la música no tiene nada que ver, pero sí la forma de interpretarla, pues tanto en lo uno como en lo otro, la gesticulación, los movimientos de manos, son siempre los mismos. En el carnaval de Cádiz se repiten sea la agrupación que sea, tenga la música que tenga, canten el tema que canten. Y en el rap –y el trap- lo mismo. Tanto si procede del hip-hop, como si se acerca al rock, sus intérpretes mueven las manos de la misma manera, con los mismos gestos. Gestos que, incluso, algunos raperos y aficionados al rap conservan luego cuando, simplemente, hablan.
      Esto despierta mi curiosidad y me pongo a indagar en Google, encontrando que el rap nació en África con la tradición “griot” y esta forma de Carnaval le llegó a Cádiz por su puerto, al mezclarse los cantos africanos con los que llegaban de La Habana y el “alboroto y las palmas de los gaditanos”. Curioso. ¿verdad?
      Y luego salimos con esos tiquismiquis de que si la raza, que si la cultura… Cada día me alegro más de haber nacido en este rincón del mundo, mestizaje de culturas.


19/2/20

Una de la columna




Captura de foto de Alberto Almayer en El Español

      Ya sabía yo que las tres de la columna me iban a dar mucho juego. Ayer, la más joven, Alba Carballal, hablaba del ataque clasista que había sufrido Irene Montero por haber “ocultado” en su currículum oficial que había trabajado de cajera en una cadena de tiendas de electrodomésticos. Y dice así Alba:

      La respuesta de la dirigente de Podemos, recogida en un hilo que ella misma ha publicado en la red social del pájaro azul, está plagada de referencias a sus becas, a sus excelentes calificaciones universitarias e, incluso, al número exacto de matrículas de honor que consiguió a lo largo de su carrera académica. Sin embargo, toda esa información debería sobrar en un sistema democrático pretendidamente avanzado y que lleva a gala la igualdad desde el artículo 1 de su Constitución. Su primer tuit es más que suficiente para evidenciar cual es el verdadero problema: "Parece que a algunos señores les molesta que una cajera de supermercado, hija de un mozo de mudanza y de una maestra de escuela, pueda ser ministra”

      Y yo añado: También sobra la alusión a las profesiones de sus padres, porque eso ni le quita ni le da nada a ella y, en cierto modo, es también tan clasista como el ataque que ha sufrido.  

11/2/20

Almanaque de taco. Febrero, 11






      Termina el día y arranco la hoja del calendario, que me dice que hoy ha sido la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, San Ardano, San Castrense, San Gregorio II, San Pascual I y unos cuantos más. Me dice también que el sol salió en Granada a las 08:08 y se puso a las 18:50. 

      Pero, sobre todo, encuentro en esta hoja el conocido fragmento del poema de Jorge Luis Borges “Milonga del muerto”, que dice así: 

Lo he soñado en esta casa
entre paredes y puertas.
Dios le permite a los hombres
soñar cosas que son ciertas.

      Muchas veces se ha dicho de Borges que concibe los sueños como posibles generadores de los hombres y los acontecimientos. Los buenos y los malos, como en este poema. Para mí, sin embargo, los sueños son deseos. Deseos que algunas veces –pocas- se cumplen. Sueños que algunas veces –como hoy- se hacen realidad.




7/2/20

Una mañana de febrero






      Tengo un amigo que, cuando pasa por un mal momento, rechaza la proximidad de las personas que lo quieren alegando: Necesito mi espacio

      Curiosamente, cuando yo estoy mal, no necesito más espacio, sino todo lo contrario: Necesito que mi espacio se reduzca al círculo de unos brazos rodeándome. 

      Tal día como hoy enterrábamos a mi padre y yo estaba sola en el cementerio. Había gente, sí, pero no cerca de mí y yo sentía como un vacío a mi alrededor. Un helado vacío. Y allí estaba yo, sola, firme, sin una lágrima, pero dando la vida por un brazo que cobijara mis hombros.

      Han pasado 26 años de aquello y aun siento el frío de aquella mañana de febrero en mis hombros desnudos de cariño.  

1/2/20

Tres eran tres






      Cuando nací ya estaba el periódico IDEAL en mi casa, pero no recuerdo en que momento Manuel Alcántara empezó a publicar en él su columna. Muchos años, desde luego. Diariamente, en el lateral derecho de la última página, fijo, sin faltar ni un día, con sus juegos de palabras y su memoria prodigiosa para las citas… o su buen archivo. Había personas que confesaban que empezaban el periódico por el final, por esa columna precisamente. Yo no llegaba a tanto, pero también me gustaba leerlo y creo que me perdí pocas, aunque en los últimos años ya flojeaban porque la edad no perdona a nadie. Pero ahí siguió al pie del cañón, queriendo morir con las botas puestas, y casi lo consigue, pues no mucho tiempo después de desaparecer su columna, leímos la noticia de su muerte el pasado mes de abril.

      Mientras tanto, su espacio permaneció vacío, ocupado solo por esas noticias sin importancia de la última página, y siguió así después de su muerte, como guardándole luto. Hasta que hace pocos meses, lo vimos ocupado por tres chicas, supongo que periodistas, que se van turnando aun no se si de forma fija o aleatoria. Se llaman Alba Carballal, Rosa Belmonte y Rosa Palo, y son muy jóvenes , una de ellas confiesa 27 años. Dos redactan bien y la tercera está aprendiendo y progresa adecuadamente, pero el estilo de las tres es parecido. Las leo con interés y me gustan, pero tengo un problema con ellas.

      Cuando Alcántara citaba a un escritor, yo lo había leído; cuando nombraba un actor, lo había visto en cine o en teatro; si un periodista, sabía en que periódico trabajaba. Todo era familiar, conocido. Pero con estas no. Citan nombres, siempre en inglés, que no se si son escritores, personajes de comic, juegos de consola o series de Netflix. Y me pierdo. Algunas veces no se de que hablan. Me pierdo y me siento fuera de la vida.

      Son millennials y escriben para millennials. Pero me pregunto cuantos de la “Generación Y” leen la última página de un periódico impreso de provincias…


Actualización.

      Esta entrada la escribí hace ya varios meses y, desde entonces, todo ha cambiado. Me he enterado de que dos de ellas no son tan jóvenes, que una habla de un hijo adolescente, al que llama “mi heredero”, y que otra dice que están al caer los 50. Por tanto, de millennials nada. Pero, sobre todo, ha cambiado la columna. Ya no hay tantos nombres en inglés, ya citan personas, libros y películas conocidas y, por haber, ya hay hasta citas clásicas. O sea, que ya me entero de lo que dicen y las sigo perfectamente.

      Lo inmediato es pensar que esto echa por tierra lo escrito anteriormente, que ya no es publicable este post. Sin embargo, no es así y ahora es cuando debo publicarlo, ya que esta evolución demuestra que son inteligentes y saben lo que hacen, saben para quien escriben, quienes son sus lectores. Y, lo que es más de apreciar, han hecho el cambio sin cambiar de estilo. Siguen escribiendo de forma desenfadada y una de ellas sigue colocando los dos puntos como quien le echa de comer a las gallinas. Pero me gustan y no digo que sean lo primero que leo, pero sí es de lo primero, después del vistazo rápido matutino. 

      Alba, Rosa y Rosa: Bienvenidas a mi periódico de cabecera. Seguiré hablando de vosotras. Seguro.    
 

25/1/20

N.S.




      De nuevo otro adiós en las vísperas de Navidad, cuando lo que tocaba era desearnos Felices Pascuas y Próspero Año Nuevo. Y esta vez te ha tocado irte a ti, amiga desde hace 68 años, amiga lejana en el espacio, amiga cercana en el contacto y el cariño. Amiga.

      Otro teléfono que borrar de la agenda, otra dirección que tachar, otras fotos que mirar con nostalgia…

     Queda toda una vida atrás, queda el recuerdo de la última vez que nos vimos hace un par de años, cuando ni nos reconocíamos en nuestra ancianidad. Y queda ahora aquel malísimo poema, escrito en una libreta escolar de hojas cuadriculadas, que me ha costado encontrar. 


             Hoy, Nieves, amiga mía,
              -callada, siempre callada-
              me has pedido que te haga
              una poesía. 
              Yo no se lo que daría
              por poder hacerla buena,
              me da pena
              que haya tanto que decir
              y que no se diga nada.
              Porque tú siempre callada,
              porque yo charla que charla
              sin decir nada en concreto
              y, en secreto, 
              luchando por no decirlo.
              ¡Tantas cosas! ¿Quién recuerda?
              Ya ni cuenta te darías…
              Tantas cosas… Nuestra vida
              resbalando por los días.
              ¿Quién recuerda? No lo intentes,
              que recordar es morir
              poco a poco cada vez
              y ser
              esclava de ese recuerdo.

              Pero bien, me estoy saliendo
              del fin que me proponía,
              que era, sin más y sin menos,
              escribirte una poesía.


      Callada, siempre callada. Para siempre.