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25/3/26

De papel

 



      Un comentario de Sabius en la entrada anterior, me ha hecho recordar que, cuando en una ocasión mencioné en un grupo de personas que estaba suscrita al periódico impreso, una amiga poco menor que yo se sorprendió y dijo: ¿Recibes el periódico de papel? Eso ya no lo hace nadie. Y cuando yo iba a contestar, otra amiga se adelantó explicando que si es que yo tengo la suscripción en recuerdo de mi padre, que si es por costumbre, que si... O sea, que me disculpaba delante de la otra y del grupo, para que nadie pensara que soy una antigua, una retrógrada fuera de la vida actual.

       Pues sí, señores y señoras, yo tengo el periódico de papel, me gusta ese periódico, le encuentro ventajas sobre los periódicos digitales. ¿Cuáles? Un montón. Por ejemplo, la publicidad. En el periódico impreso parece como si los ojos se acostumbraran a no ver los anuncios, quizá porque se quedan quietecitos en donde los han puesto, mientras en los periódicos digitales te persiguen, te asaltan, te tapan la lectura obligándote a cerrarlos una y otra vez. Si es que puedes, pues a veces ocurre que al hacer clic sobre el aspa de la esquina, lo que haces es abrir una página nueva de la que cuesta salir. Incluso en el mejor de los casos y en las publicaciones más serias, te los encuentras entre párrafo y párrafo, haciendo también la lectura muy incómoda.

      Otro inconveniente es la desactualización, que las noticias de hoy están mezcladas con las de ayer o con las del año pasado obligándote a buscar la fecha, que muchas veces no está, y te encuentras leyendo lo que en el periódico impreso ya has llevado al contenedor de reciclado. 

      ¿Algo más? Pues sí. Los periódicos de papel suelen tener las secciones más ordenadas, más fijas, de tal forma que nos resulta más fácil ir directos a lo que nos interesa, mientras en los digitales ese orden cambia con frecuencia (si no es todos los días) agotando nuestra paciencia cuando queremos buscar algo concreto.

      Si a todo esto añadimos la dificultad de leerlos en el móvil, darle al dedo y pasarnos media docena de páginas de golpe o meternos sin querer en otro periódico, el resultado es un maremágnum muy distinto a la tranquilidad de acomodarnos en nuestro sillón preferido, coger un periódico que huele a papel y a tinta, empezar por la última página si eso nos apetece, ir a la primera cuando nos parece bien y, cuando estamos preparados, entrar en el centro, en las páginas de opinión, para reflexionar sobre las noticias que ya hemos ido conociendo por los distintos medios.

      Así que, señoras y señores, esta que firma pagará mientras pueda la suscripción del periódico de su ciudad, que no es el mejor ni el más de su cuerda, pero es de papel impreso y está en su puerta cuando se levanta por la mañana.  

25/12/24

Rostros de Navidad

 


Para Dios, tú no eres un número, sino un rostro. Sí, Cristo no mira números, sino rostros. 

Homilía del Papa Francisco en Nochebuena 2023.


      Elías Alcalde, Delegado Diocesano de Misiones de Granada, en su habitual publicación de Navidad, recoge estas palabras del Papa y nos dice:

      El rostro de Jesús, pobre desde el pesebre hasta el supremo empobrecimiento de la cruz, continúa reflejado en los rostros de todos los que sufren en la historia, esperando nuestro servicio: 'Lo que hagáis a mis hermanos, a mí me lo hacéis'. 

      Y, a continuación, resume esas personas sufrientes en siete “rostros”: El Pobre, el Enfermo, el Inmigrante, el Preso, el Adicto, el Parado y el Anciano. Nos describe la situación y las necesidades de estas personas y lo que deberíamos hacer por ellos los que nos llamamos cristianos, para terminar diciendo:

      Siete rostros, multiplicables por setenta veces siete, nos pueden acercar a vivir el misterio de la Navidad más evangélicamente, en continuo amor gratuito a los “pobres de Cristo”, como los apellidaba San Juan de Dios.

2/8/24

La siesta




      Cuando era niña, la siesta en el verano era sagrada para nosotras. No era obligatorio dormir, pero sí estar en reposo, pues nos decían que beneficiaba nuestra salud y nuestro crecimiento y estaban muy mal miradas las familias que dejaban a sus hijos jugando en la calle o en el patio. Nuestra sospecha era siempre que, detrás de esa preocupación por nuestra salud, estaba el deseo de los mayores de echarse una siestecita tranquila, pero era comprensible si ellos trabajaban y habían madrugado, así que una niña buena como yo comprendía la situación y se tumbaba en la cama turca un par de horas. Y como no tenía ningún sueño, en ese par de horas leía todo lo que tenía a mi alcance, empezando por los cuentos o los libros de Celia y variando mis lecturas conforme aumentaba mi edad.

      En uno de esos veranos me tragué la colección completa de Salgari, en otro la de Verne, en otro le metí mano a la biblioteca de mi abuelo recién llegada a mi casa tras su muerte, incluidos los libros que mi padre me señaló como "no apropiados para mi edad", y en otro me leí las obras completas de García Lorca. Recuerdo que cuando llegué al teatro, cada tarde era una obra. Amor, amor, amor y eternas soledades decía Marianita poco antes de que mi madre se levantara a poner la merienda.

      Pienso ahora lo que contribuyeron a mi cultura aquellas pesadas tardes del verano, aquellas no-siestas de mi infancia y adolescencia. Mi estatura física no se desarrolló tanto como nos decían, pero aquellas lecturas fueron conformando la mujer adulta que luego fui.

 

19/7/24

Carolyn Richmond


Foto tomada de Wikipedia


      Desde que abrieron al público el Alcázar del Genil y se estableció allí la Fundación Francisco Ayala, me gustó visitarlo y no solo por la belleza de su parte árabe, sino por el ambiente de los alrededores, del pequeño jardín, del patio de los naranjos. La tranquilidad, la paz que allí encontraba, la ausencia casi total de visitantes me atraía y me empujaba a ir con frecuencia. Está relativamente cerca de mi casa y solo un poco más allá del super donde compraba, así que dejaba el carro de la compra en el super y allí que me iba a pasar un rato hasta que se me echaba el tiempo encima y tenía que volver.
      Un día, leí en la prensa que habían traído las cenizas de Francisco Ayala para enterrarlas bajo un limonero y, como yo no distingo entre un limonero y un naranjo si son pequeños y no tienen fruto, la siguiente vez que fui entré en la oficina a preguntar donde estaba y también a enterarme si permitían hacer fotos. Me preguntaron ellos para que quería las fotos y les dije la verdad: para tenerlo localizado, para subirlas a Flickr y quizá publicar una entrada en mi blog. Entonces, me dieron una tarjeta con la dirección de correo del centro y me pidieron que les enviara las fotos y el enlace al blog, cosa hice pasados unos días.
      Entré en el patio de los naranjos, hice mis fotos, pero luego me detuve un rato ante el arbolito que tenía bajo sus raíces las cenizas de Ayala sin la menor lápida ni referencia. Estando allí, sola ante el limonero, vi que se asomaba al patio Carolyn Richmond, la viuda del escritor, y se quedaba mirándome. Me volví y nuestras miradas se cruzaron. Me sonrió y en sus ojos vi agrado, complicidad y me atrevería a decir que agradecimiento. Le sonreí yo también, se fue sin decir nada y un poco después me fui yo también.
      Pasó un tiempo, hubo una exposición no recuerdo de que, fui a verla y proveché para hacer mi recorrido de siempre y mi visita al limonero. Antes de irme descansé un poco en un banco de la entrada y entonces apareció de nuevo Carolyn, que cruzaba desde la casa a la oficina. Me vio, creo que me reconoció, se detuvo y volvió a sonreírme como la primera vez, le devolví el gesto y nos despedimos con la mano.
      Hace tiempo que no voy por allí, pues lo que antes estaba cerca, ahora está lejos, pero al parecer ella tampoco ha ido, ya que hace unos días se supo que había muerto en Madrid tras una enfermedad de años.

      Pienso ahora que pude hablar con ella, que incluso pudimos llegar a ser amigas, que podría tener ahora fotos de las dos juntas, pero nada de eso ocurrió. Y no me importa, porque aquellas miradas cómplices que cruzamos son suficiente como para que ahora pueda decir: Descansa en paz, Carolyn, y ahora que tus cenizas han venido a unirse a las del hombre que amaste y acompañaste, ten por seguro que haré lo imposible para visitaros a los dos en el limonero que ya debe haber crecido y dar sombra.

2/6/24

Soledad

García Montero con Gioconda Belli en la Huerta de San Vicente  

      Pongo en Google la palabra soledad y me sale de todo. Empezando por la Wikipedia y la definición de la RAE, me sale de todo. Desde consejos/anuncios de psicólogos, a una funeraria o un negocio de venta de neumáticos. Canciones, nombres de mujeres más o menos conocidas, libros, muuuchos psicólogos que nos aconsejan como convivir con la soledad y hasta la Cruz Roja y el Teléfono de la Esperanza.

      Pero sigo con el dedo hacia abajo y me salta a la vista algo sorprendente: Luis García Montero mencionando un poema de José María Pemán, titulado precisamente Soledad y que creo recordar traje aquí hace años.

      El artículo de García Montero es de la pasada Navidad y habla de lo que muchos hablamos por esas fechas: de las ausencias, de las pérdidas. La suya bien grande, ya lo sabemos. Curiosamente, no había leído ese artículo y es raro, pues suelo seguir lo que escribe el paisano. Mi primera intención al leerlo, ha sido guardarlo para una entrada de la próxima Navidad, pero como resulta que a mi edad eso está demasiado lejos y no sé si para entonces estaré yo o estará el blog, mejor lo enlazo ahora, pues lo creo válido en cualquier época del año. Y añado lo que le hubiera contestado si no me diera pereza tener que suscribirme. Algo que escribí hace mucho tiempo.


Porque decir "nosotros"
es nombrar un sueño.


9/5/22

Mi dinosaurio

 


      Últimamente tengo muy olvidado mi almanaque de taco, se me acumulan las hojas sin arrancar, no las leo o no me atrae lo que dicen. Sin embargo, hoy, al ir a tirar las hojas arrancadas, reparo en que una de ellas reproduce el célebre microrrelato de Monterroso.

      Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí

     Todos lo conocemos, ¿verdad? Y hemos leído seguramente varias interpretaciones, pues, como se ha dicho muchas veces, un microrrelato siempre exige nuestra colaboración, que pongamos algo de nuestra parte, que lo interpretemos según nuestro criterio. Y como yo no soy excesivamente original, tengo una interpretación muy parecida a la de otras muchas personas.

      Mi dinosaurio, el que está ahí cuando me despierto, es siempre el problema con el que me he acostado, lo que me preocupa o lo que me duele y me hace sufrir. Con el sueño llega el olvido, pero al despertar, allí está el dinosaurio mirándome, esperándome en la semioscuridad de mi dormitorio.


3/3/22

Triste, triste Europa...

 



      Arranco hojas atrasadas de mi almanaque de taco y en una de ellas, la del 25 de febrero, encuentro dos citas de dos poetas.

 

      Es bárbara la guerra, es torpe y regresiva, es la vergüenza humana.

      Antonio Machado

      * * *

     Tristes guerras
      si no es amor la empresa.

      Tristes. Tristes.

      Tristes armas
      si no son las palabras.

      Tristes. Tristes.

      Tristes hombres
      si no mueren de amores.

      Tristes. Tristes.

     Miguel Hernández


4/4/21

Oración al Creador

 



      Hoy los cristianos celebramos el Domingo de Resurrección, pero pienso que no hay que ser creyente para estar de acuerdo con estas palabras, con las que el Papa Francisco termina su encíclica FRATELLI TUTTI y que veo muy apropiadas para el día.

 

Señor y Padre de la Humanidad,

que creaste a todos los seres humanos con la misma dignidad,

infunde en nuestros corazones un espíritu fraternal.

Inspíranos un sueño de reencuentro, de diálogo, de justicia y de paz.

Impúlsanos a crear sociedades más sanas

y un mundo más digno,

sin hambre, sin pobreza, sin violencia, sin guerras.

Que nuestro corazón se abra

a todos los pueblos y naciones de la tierra,

para reconocer el bien y la belleza

que sembraste en cada uno,

para estrechar lazos de unidad, de proyectos comunes,

de esperanzas compartidas.

Amén.

 

29/11/20

Ángel Ganivet

 



      Hoy hace 122 años que murió Ángel Ganivet en Riga, en las frías aguas del río Dviná, y en marzo hizo 95 de que lo enterraran en esa tumba que veis ahí arriba y por la que se pasa nada más entrar al cementerio. Al cementerio de San José, en Granada

      Viendo su biografía en Wikipedia, se podría decir que fue un hombre que se suicidó dos veces y lo enterraron dos veces, pero leyendo la más completa de la Real Academia de la Historia, podemos conocer mejor al escritor, poeta, ensayista, filósofo, diplomático… y muchas cosas más. Una de ellas, quizá la más profunda: granadino. Nunca dejó de pensar en su tierra, en “Granada, la bella”,  nunca dejó de dolerle lo que no le gustaba de ella ni dejó de imaginar una Granada distinta de la que iba naciendo al paso de los años. En Granada está su cuna, un molino, y en la Colina de la Sabika, su tumba, casi siempre con flores. ¿De quien? No se sabe.

      Al morir mi abuelo paterno, allá por los años 50, llegó a mi casa su biblioteca con casi toda la obra de Ganivet y un par de libros sobre él. En uno de ellos, se habla de su fatalismo como origen remoto del suicidio, pero también de que poco antes le habían diagnosticado una parálisis progresiva y de que ese mismo día llegaba a Riga la mujer con quien había tenido dos hijos, una niña que había muerto con dos meses y Tristán, que acompañaba a su madre. Pero Ángel Ganivet no los esperó, se fue antes de verlos. ¿Por qué? Solo él lo supo.

3/4/20

Privilegios






      De nuevo, es la más joven de “las tres de la columna” la que da en el clavo. El día 21 de marzo, cuando casi estaba empezando lo que tenemos encima, Alba Carballal publicó una columna que recorté, porque me pareció lo mejor que había leído hasta el momento. La puse encima de un mueble y ahí ha estado desde entonces, ya que nada me ha parecido tan acertado en todos estos días “de angustia y Paracetamol”. 

      Os copio la columna completa, confiando en que no me cobre los derechos de autor.  


TIEMPO DE SILENCIO

      Estos días ha circulado -de la única manera que se puede circular en esta situación, es decir, por las redes sociales- la fotografía de una pancarta, colgada sobre la puerta de una casa, que dice lo siguiente: «La romantización de la cuarentena es un privilegio de clase». Como siempre, la sabiduría popular explica las cosas de forma más certera que nadie. Poder quejarte de tener que teletrabajar mientras cuidas a tus hijos en casa es un privilegio. Hacer ejercicio en tu vivienda es un privilegio. No pasar el aislamiento en soledad es un privilegio, probablemente el mayor de todos. En los tiempos que corren, hasta ver la calle por una ventana al exterior es un privilegio. Los metros cuadrados suficientes para una vida plena, la compañía y el aire puro son tres grandes privilegios que no todo el mundo se puede permitir en estos momentos de angustia y Paracetamol. Pese a ello, casi todos los mensajes de coach de baratillo, casi todas las lecciones morales y casi todas las quejas frívolas surgen del mismo lugar: de los balcones de los afortunados.

      Los clamores de apoyo a la sanidad pública y a quienes se lo están currando más que nadie para que todos salgamos adelante son fabulosos. La cacerolada contra la monarquía, lo reconozco, me sacó una sonrisa. Incluso las canciones, los juegos infantiles y los ligoteos intervecinales tienen su gracia cuando cada día tenemos que inventarnos mil maneras de no volvernos locos. Pero también necesitamos silencio. Silencio para comprender hasta qué punto las diferencias económicas se agudizan cuando todo va mal; para reconocer desde dónde impartimos cátedra, y a quiénes, y de qué modo; silencio para respetar a los que lo tienen más difícil.

1/3/20

Rap carnavalero

      Como algunos sabréis, hoy termina el Carnaval de Cádiz y, al menos por aquí, hemos tenido en las televisiones imágenes a porrillo de las agrupaciones “legales”, en el concurso del Teatro Falla, y las comparsas, chirigotas, coros y cuartetos “ilegales”, espontáneamente en la calle o en la gran cabalgata del domingo pasado.
      Pues bien, el otro día, mirando la televisión, se me ocurrió pensar en la semejanza que hay entre estas actuaciones y el rap. Sí, no os extrañéis. Ya se que la música no tiene nada que ver, pero sí la forma de interpretarla, pues tanto en lo uno como en lo otro, la gesticulación, los movimientos de manos, son siempre los mismos. En el carnaval de Cádiz se repiten sea la agrupación que sea, tenga la música que tenga, canten el tema que canten. Y en el rap –y el trap- lo mismo. Tanto si procede del hip-hop, como si se acerca al rock, sus intérpretes mueven las manos de la misma manera, con los mismos gestos. Gestos que, incluso, algunos raperos y aficionados al rap conservan luego cuando, simplemente, hablan.
      Esto despierta mi curiosidad y me pongo a indagar en Google, encontrando que el rap nació en África con la tradición “griot” y esta forma de Carnaval le llegó a Cádiz por su puerto, al mezclarse los cantos africanos con los que llegaban de La Habana y el “alboroto y las palmas de los gaditanos”. Curioso. ¿verdad?
      Y luego salimos con esos tiquismiquis de que si la raza, que si la cultura… Cada día me alegro más de haber nacido en este rincón del mundo, mestizaje de culturas.


19/2/20

Una de la columna




Captura de foto de Alberto Almayer en El Español

      Ya sabía yo que las tres de la columna me iban a dar mucho juego. Ayer, la más joven, Alba Carballal, hablaba del ataque clasista que había sufrido Irene Montero por haber “ocultado” en su currículum oficial que había trabajado de cajera en una cadena de tiendas de electrodomésticos. Y dice así Alba:

      La respuesta de la dirigente de Podemos, recogida en un hilo que ella misma ha publicado en la red social del pájaro azul, está plagada de referencias a sus becas, a sus excelentes calificaciones universitarias e, incluso, al número exacto de matrículas de honor que consiguió a lo largo de su carrera académica. Sin embargo, toda esa información debería sobrar en un sistema democrático pretendidamente avanzado y que lleva a gala la igualdad desde el artículo 1 de su Constitución. Su primer tuit es más que suficiente para evidenciar cual es el verdadero problema: "Parece que a algunos señores les molesta que una cajera de supermercado, hija de un mozo de mudanza y de una maestra de escuela, pueda ser ministra”

      Y yo añado: También sobra la alusión a las profesiones de sus padres, porque eso ni le quita ni le da nada a ella y, en cierto modo, es también tan clasista como el ataque que ha sufrido.  

1/2/20

Tres eran tres






      Cuando nací ya estaba el periódico IDEAL en mi casa, pero no recuerdo en que momento Manuel Alcántara empezó a publicar en él su columna. Muchos años, desde luego. Diariamente, en el lateral derecho de la última página, fijo, sin faltar ni un día, con sus juegos de palabras y su memoria prodigiosa para las citas… o su buen archivo. Había personas que confesaban que empezaban el periódico por el final, por esa columna precisamente. Yo no llegaba a tanto, pero también me gustaba leerlo y creo que me perdí pocas, aunque en los últimos años ya flojeaban porque la edad no perdona a nadie. Pero ahí siguió al pie del cañón, queriendo morir con las botas puestas, y casi lo consigue, pues no mucho tiempo después de desaparecer su columna, leímos la noticia de su muerte el pasado mes de abril.

      Mientras tanto, su espacio permaneció vacío, ocupado solo por esas noticias sin importancia de la última página, y siguió así después de su muerte, como guardándole luto. Hasta que hace pocos meses, lo vimos ocupado por tres chicas, supongo que periodistas, que se van turnando aun no se si de forma fija o aleatoria. Se llaman Alba Carballal, Rosa Belmonte y Rosa Palo, y son muy jóvenes , una de ellas confiesa 27 años. Dos redactan bien y la tercera está aprendiendo y progresa adecuadamente, pero el estilo de las tres es parecido. Las leo con interés y me gustan, pero tengo un problema con ellas.

      Cuando Alcántara citaba a un escritor, yo lo había leído; cuando nombraba un actor, lo había visto en cine o en teatro; si un periodista, sabía en que periódico trabajaba. Todo era familiar, conocido. Pero con estas no. Citan nombres, siempre en inglés, que no se si son escritores, personajes de comic, juegos de consola o series de Netflix. Y me pierdo. Algunas veces no se de que hablan. Me pierdo y me siento fuera de la vida.

      Son millennials y escriben para millennials. Pero me pregunto cuantos de la “Generación Y” leen la última página de un periódico impreso de provincias…


Actualización.

      Esta entrada la escribí hace ya varios meses y, desde entonces, todo ha cambiado. Me he enterado de que dos de ellas no son tan jóvenes, que una habla de un hijo adolescente, al que llama “mi heredero”, y que otra dice que están al caer los 50. Por tanto, de millennials nada. Pero, sobre todo, ha cambiado la columna. Ya no hay tantos nombres en inglés, ya citan personas, libros y películas conocidas y, por haber, ya hay hasta citas clásicas. O sea, que ya me entero de lo que dicen y las sigo perfectamente.

      Lo inmediato es pensar que esto echa por tierra lo escrito anteriormente, que ya no es publicable este post. Sin embargo, no es así y ahora es cuando debo publicarlo, ya que esta evolución demuestra que son inteligentes y saben lo que hacen, saben para quien escriben, quienes son sus lectores. Y, lo que es más de apreciar, han hecho el cambio sin cambiar de estilo. Siguen escribiendo de forma desenfadada y una de ellas sigue colocando los dos puntos como quien le echa de comer a las gallinas. Pero me gustan y no digo que sean lo primero que leo, pero sí es de lo primero, después del vistazo rápido matutino. 

      Alba, Rosa y Rosa: Bienvenidas a mi periódico de cabecera. Seguiré hablando de vosotras. Seguro.    
 

6/1/19

Los Reyes Magos






Llegaron ya
los Reyes y eran tres:
Melchor, Gaspar
y el negro Baltasar

      Como bien ha dicho el amigo unjubilado, no sabemos si eran tres o media docena, ni siquiera sabemos si existieron realmente o fueron unas figuras simbólicas con las que el evangelista nos quiso transmitir un mensaje. Lo que sí sabemos es que esta tradición hace felices a los niños y a ella nos apuntamos también los mayores intercambiando regalos.
      Por eso hoy, de la mano de esos Magos, la Academia de Buenas Letras de Granada nos ofrece un puñado de libros interesantes, que podemos descargar sin problemas con la SGAE

16/8/18

Dióscoro Galindo





      Interrumpo las entradas musicales de Agosto para traer aquí un artículo, que me parece muy interesante, recién publicado en el Blog de Cultura de la Junta de Andalucía. Lo firma un amigo, Alfredo Gómez Rubio, y habla de Dióscoro Galindo, el maestro asesinado junto a García Lorca hace ahora 82 años, precisamente en estos días se cumplen.

      Clareaba el día en aquella mañana de mediados de agosto. Era el momento designado para reanudar lo que se estaba convirtiendo en una triste rutina de muerte. Siempre igual… y siempre distinta, porque los protagonistas, en número variable, jamás eran los mismos. En esa mañana, se trataba de cuatro varones: unos hombres armados los hicieron subir a empujones al cajón de un camión para recorrer una distancia corta, la que separaba La Colonia (1) de algún lugar indeterminado entre el Barranco de Víznar y Fuente Grande.



18/2/18

Machado, Trump y una otitis



     Mis padres me contaban que fui una niña muy buena, que no lloraba nunca. Solo, a poco de nacer, cogí una otitis y berreé durante varios días (y noches, que es peor). Ahora, por los mismos días pero muchas décadas después, vuelve la otitis y compadezco a aquella criaturica y aquellos jóvenes recién estrenados como padres. 

     Y como, en estas condiciones, una no da para mucho, me limito a copiar un artículo que he leído hoy en IDEAL y que me ha gustado. Lo firma Alejandro Pedregosa y se titula

MACHADO VS TRUMP

     Me ocurrió el martes pasado. Iba yo paseando mis pensamientos por la calle cuando de pronto me encontré rodeado por un grupo de niños con uniforme escolar. Me estaba echando mano al bolsillo para comprar la papeleta de turno cuando una niña, algo ruborizada, tomó la iniciativa y me tendió un papel enrollado. “Queremos regalarle un poema”, me dijo. Quedé atónito. “Es por San Valentín”, me aclaró. Les agradecí mucho el regalo y les propuse que leyéramos juntos el poema. Hubo revuelo de risas y achuchones, hasta que finalmente nos sentamos en un banco de la Carrera de la Virgen. Supuse que se trataría de un acceso juvenil de romanticismo (y estaba dispuesto a alabarlo fuera cual fuera su calidad), pero para mi asombro los chavales se descolgaron con un delicado poema de Antonio Machado, concretamente aquel que empieza: Soñé que tú me llevabas/ por una blanca vereda… Estuvimos un rato hablando de Machado y les recité algunos poemas que llevaba en la memoria: Era un niño que soñaba/ un caballo de cartón… Cuando nos despedimos todos estábamos de acuerdo en que habíamos compartido algo importante. Algo parecido a una emoción. 
     Ese mismo día, muy lejos de la Carrera de la Virgen (en una ciudad pequeña del estado de Florida), un chaval llamado Nikolas Cruz entró, escopeta en mano, en su antiguo colegio y celebró su particular San Valentín asesinando a diecisiete personas y dejando malheridas a otra decena larga. Sabemos sin género de dudas (mientras los familiares entierran a sus muertos), que no va a ser el último caso y que en los próximos meses más gente va a morir en los colegios americanos por arma de fuego. A lo mejor a usted (como a mí) le parece aterrador que un adolescente de diecinueve años guarde en su casa un arsenal, pero es que ni usted ni yo entendemos de esto un carajo. Lo inteligente, lo adecuado, es precisamente lo contrario, que todos los chavales acudan al instituto con sus propias armas, para así poder defenderse en caso de asalto. Y es que para muchos estadounidenses la libertad se cifra precisamente en la posibilidad de tener un arma de autodefensa que, según te haya sentado el batido o la hamburguesa, se puede convertir en arma de ataque, porque total, también hay algo libérrimo y personalísimo en saltarle los plomos al vecino de enfrente. 
     Dice Trump que la cosa no es para tanto. A lo mejor si el asesino hubiera sido negro sí ponía el grito en el cielo (en su cielo de rubios, lechosos y cristianos, claro está) Los problemas del mundo son complicados, pero la vida por lo general es muy simple. Se trata de darle a los chavales un poema o un arma. Elegir entre Antonio Machado o Trump. A lo mejor  usted y yo lo tenemos claro, pero ¿sabe cual es nuestro problema? Que usted y yo en el mundo que se avecina, empezamos a ser minoría.  
   

19/10/17

Cumpleaños







     Casi se me acaba el día sin felicitar a este Macasar, que ha cumplido hoy nueve añitos nada menos. 

♫ ♫ ¡¡¡ Y que cumplas muchos más !!! ♫ ♫♫



24/6/17

Escuchar


     Decía un amigo que se fue, que él era charlatán, pero también “escuchatán”. Y eso es menos frecuente de lo que parece, pues muchas veces confundimos oír con escuchar, oímos a quien tenemos enfrente o al otro lado del teléfono, pero no lo escuchamos, no nos abrimos a la total comunicación con esa persona. Y no basta con que entendamos el significado de las palabras, pues muchas veces “significamos más de lo que decimos” (U. A. del Campo)

     Y fue Séneca, el filósofo cordobés, el que nada menos que en el año 65, expresó muy bien esta necesidad de ser escuchados.


¿Quién está siempre dispuesto a escucharnos en este mundo? ¿A quien se puede decir: aquí estoy? ¡Mira mi desnudez, mira aquí las heridas, el sufrimiento secreto, la desilusión, los temores, el dolor, el desagrado indecible, el miedo, la soledad! ¡Escúchame por un día, una hora solamente, un momento, para que yo no perezca en el horror del salvaje aislamiento! ¡Oh, Dios, no hay ninguno que me escuche!…