Sería a finales de los 90 cuando nos encontramos tres vecinos esperando el ascensor, que no terminaba de bajar. Uno de ellos, llevaba un periódico acabado de comprar y empezó a hojearlo.
Vecino 1 -¡Vaya! Otra vez detenido el alcalde de Marbella.
Yo: Menudo sinvergüenza..
Vecino 2: Pero no puedes imaginarte como ha puesto Marbella.
Yo: Habrá puesto maceticas, pero sigue siendo un sinvergüenza y un asesino.
Vecino 1: ¿Asesino?
Yo: Como eres más joven, quizá no recuerdes lo de la Urbanización Los Ángeles de San Rafael.
Vecino 2: Eso fue culpa del constructor.
Yo: El constructor era él.
Vecino 2: Pues Marbella le ha dado tres veces la mayoría absoluta.
Ante eso, me callo, pues imagino que este vecino fue uno de sus votantes, ya que procedía de esa zona.
Llega el ascensor, la conversación termina y cada uno nos vamos a nuestra casa. Mientras me cambiaba de ropa, empecé a pensar en cómo ciertas mentalidades se contagian. Me explico.
Jesús Gil llevó a Marbella su mentalidad de que el dinero está por encima de todo, que todo vale mientras nos lleve al dinero, a las ganancias, al lujo y la buena vida. Allí, en la Costa del Sol, encontró un campo abonado por años de especulaciones y corrupciones, por lo que el contagio fue inmediato y el GIL, su partido personal, reinó absolutamente porque también la población se había contagiado. Una población que aceptó a la policía matona, que apaleaba inmigrantes y drogadictos en aras de una supuesta "seguridad", una población orgullosa de las grandes mansiones, de las calles adornadas y de la jet set que pululaba por ellas, una población que, como el vecino, disculpaba al artífice de la corrupción porque, en el fondo, deseaba ser parte de ella.
Muchos años han pasado desde aquello, pero ahora vemos como esa mentalidad se ha establecido hasta en el barrio más pobre de nuestras ciudades, el contagio ha llegado a las capas más bajas de la sociedad, que quizá la única forma que tienen de ser corruptos es trapichear con droga. Y lo hacen, porque "los de arriba" les han enseñado que no basta con tener un techo y comer todos los días, sino que puedes tener cantidad de techos y comer gourmet. Y que todo -honradez, decencia, legalidad- absolutamente todo, está supeditado a eso.
En los antiguos catecismos, a esta mentalidad se le llamaba moral laxa. Ahora no sé cómo llamarla.








