8/5/21

La cuesta


Cuesta arriba


Cuesta abajo

     

      En Granada hay una calle que se llama Recogidas y que es el camino más habitual para ir de mi casa al centro, a Puerta Real (en nuestro idioma Puertaral) Se llama así porque antiguamente estuvo ahí el Beaterio de Santa María Egipciaca, donde internaron a Mariana Pineda antes de llevarla al patíbulo. Este convento, fundado en 1594 por el arzobispo Pedro de Castro, acogía a prostitutas con el fin de ayudarlas a cambiar de vida, por lo que también se conocía como Beaterio de las "recogidas" (o “arrecogías”, como las nombra Martín Recuerda en su obra “Las arrecogías del beaterio de Santa María Egipciaca”) y, al parecer, en tiempos de Mariana Pineda, acogía también a presas políticas.

      Como digo, es una calle muy céntrica, muy comercial, llena de tiendas y, en tiempos normales, muy concurrida por jóvenes, que forman corrillos en las puertas de las tiendas, obligándote a sortearlos o a pedir permiso para pasar. Yo he conocido esta calle más estrecha y más corta, pues luego la ensancharon y la prolongaron por lo que entonces era todavía Vega, hasta desembocar en el Camino de Ronda. Y esta calle, desde la mitad más o menos, tiene una suave pendiente, que no la notas más que a partir de cierta edad. Yo recuerdo subirla con mi padre y decirme: Amaina el paso que entramos en la cuesta... Y yo reírme en mi interior porque no notaba ninguna cuesta. Pero, claro, en mi interior, que un padre merece respeto.

      Pasan muchos años, la subo por primera vez con ese amigo joven -al que menciono con frecuencia, pero que, por desgracia, nos lee muy poco últimamente- y llega el momento en que tengo que decirle: No me corras, que vamos en cuesta…  Él se descojona de risa (sin ningún respeto) y yo le digo lo que a Una mirada en la entrada anterior: Ya la notarás, ya. Es solo cuestión de tiempo y de vivir lo suficiente.

 

28/4/21

Los semáforos




      Seguro que muchos de vosotros odiáis los semáforos. Os retrasan, os impacientan y algún “taco” habréis soltado ante ellos, tanto cuando vais en coche como andando. ¿A que sí?

      Sin embargo yo, como peatona, los adoro, estoy enamorada de los semáforos. ¿Por qué? Os preguntaréis, con comprensible extrañeza. Pues por algo muy simple: porque me sirven de pretexto para detenerme y así descanso, recobro el aliento y puedo seguir tirando de este cuerpo que cada día pesa más. Y no porque esté más gorda, que conste, todo lo contrario, me mantengo –más o menos- en mi peso.

      Para este menester, también sirven los escaparates, pero donde esté un semáforo de minuto y medio en rojo, que se quite el escaparate de un estanco. Ni punto de comparación…


20/4/21

Veinte años

        Siempre hablamos aquí de las pérdidas y no hace mucho también de los sueños, por lo que he recordado una de las canciones más nostálgicas que he oído en los últimos años. Se trata de una canción muy antigua, una habanera cubana de 1935, que ha tenido muchas versiones desde entonces, hasta que cruzó el charco y aterrizó en uno de esos grupos de habaneras que abundan en el Levante español, concretamente en el que cantaba y componía Cástor Pérez Diz, el padre de Silvia Pérez Cruz, a quien tuvimos el gustazo de oír interpretando la canción de Leonard Cohen con letra de García Lorca, Pequeño vals vienés.

      Y es ella, Silvia, la que canta ahora con su padre esta habanera. Una Silvia muy joven con un padre que ya no está.

 

 

      Pero resulta que hay una versión de un trío muy especial, que “se ha hecho viral en la Red”, pero que, a pesar de eso, a mí me gusta mucho y no me resisto a subirlo por si alguno de los que venís por aquí no lo conocéis. Con vosotros, Isaac y Nora (y su padre también)

 

12/4/21

Mejor sin nosotros




      Me encuentro a la hija de un antiguo amigo, le pregunto por su padre y me cuenta, con un punto de contrariedad en la voz, que desde que murió su madre está muy desanimado, que no quiere salir y que, si lo sacan a comer un sábado, está deseando volver a su casa. Luego, aumenta la irritación en su voz cuando me dice que nada le interesa, que la televisión no le gusta, no quiere ordenador y ni siquiera toca el móvil que le regalaron, por lo que pasa el día sentado en su sillón, sin hacer nada y mirando no se sabe donde. Y concluye diciendo: Creo que lo único que quiere es morirse…

      Entonces, yo le contesto:

      -Probablemente. Él sabe que vosotros, sus hijos, no lo necesitáis ya, que tenéis vuestras vidas plenas, tenéis pareja, hijos, una profesión… Trabajó mucho para que eso fuera así, pero ahora ve que ya no os hace falta para nada y que solo es un engorro, alguien que hay que acompañar al médico y hacer equilibrios con el horario para llevarlo a vacunar. En su lucidez, sabe que cuando muera lo lloraréis porque es vuestro padre y lo queréis, pero es consciente de que, en el fondo, estaréis mejor sin él. Por eso quiere morirse, porque su vida ya ha perdido sentido, ya no tiene razón de ser.

      Por la noche, hablo con una compañera del colegio que vive en otra ciudad y me cuenta lo inútil que se siente desde que empezó la pandemia. Antes, reunía a sus nietos en su casa los fines de semana, era una paliza cuidar de todos y darles de comer, pero le gustaba ver como sus hijos disfrutaban de un poco de libertad para ir a un espectáculo o un museo y, por otra parte, los nietos trataban unos con otros, hacían una piña entre ellos y estaban deseando que llegara el finde para jugar con los primos en casa de la abuela. El domingo por la tarde, cuando los recogían sus padres, estaba reventada, pero satisfecha de haber sido útil a sus hijos y sus nietos.

      Pero llega la pandemia, ella es anciana, de mucho riesgo por las enfermedades que ha padecido y padece, y como es lógico, los hijos la protegen no apareciendo por su casa más que para hacerle algún recado o llevarle la compra. Y los nietos… nada, pues es difícil controlar que no abracen a la abuela. Pasa un mes, otro, un año, ve que sus hijos han resuelto sus salidas de otra forma y que los nietos están distanciándose entre ellos, que ya los primos no son tan amigos y otros ocupan su lugar. Y ella se siente inútil, vacía, su vida ha perdido también su razón de ser. ¿Desea la muerte? No lo se, pero la veo abatida como nunca la vi e insinúa algo parecido a lo de antes: que se siente una carga para sus hijos y que estarían mejor sin ella.

4/4/21

Oración al Creador

 



      Hoy los cristianos celebramos el Domingo de Resurrección, pero pienso que no hay que ser creyente para estar de acuerdo con estas palabras, con las que el Papa Francisco termina su encíclica FRATELLI TUTTI y que veo muy apropiadas para el día.

 

Señor y Padre de la Humanidad,

que creaste a todos los seres humanos con la misma dignidad,

infunde en nuestros corazones un espíritu fraternal.

Inspíranos un sueño de reencuentro, de diálogo, de justicia y de paz.

Impúlsanos a crear sociedades más sanas

y un mundo más digno,

sin hambre, sin pobreza, sin violencia, sin guerras.

Que nuestro corazón se abra

a todos los pueblos y naciones de la tierra,

para reconocer el bien y la belleza

que sembraste en cada uno,

para estrechar lazos de unidad, de proyectos comunes,

de esperanzas compartidas.

Amén.

 

27/3/21

Mujeres en Resistencia



      En 1998 descubrí la historia de Ngawang Sangdrol, religiosa tibetana que se rebeló contra la ocupación de su país. Mis investigaciones posteriores me revelaron la lucha oculta de las monjas tibetanas, en segundo plano dentro de su comunidad, pero protagonistas de la protesta en aquellos años. Hasta el año 2001, visité más de cincuenta conventos para dar luz a su existencia, sus demandas sociales y su compromiso político.

      Así comienza Pierre-Ives Ginet, la presentación de los paneles que la Alianza Francesa pasea de país en país y que ahora podemos ver en el patio del Ayuntamiento de Granada, coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer. Son el exponente de una serie de reportajes que este fotoperiodista realizó en 21 países y que ponen de relieve “diversas iniciativas de mujeres a favor de la paz, la libertad, la justicia, la supervivencia, la igualdad y el desarrollo sostenible”. Añade también en cada región por la que pasa la exposición, cuatro ejemplos de mujeres que cumplen estos requisitos y que, aquí en Granada, son la joven decana del Colegio Notarial, una “Madre coraje”, una poeta y una futbolista.


Más fotos en Flickr.


17/3/21

Y los sueños, sueños son




      Esta maldita pandemia nos ha truncado hasta los sueños. Esas cosas que soñamos con realizar y a las que nunca les llega la hora, pero que están ahí, esperando la ocasión. Aunque esa ocasión no se presente y aunque sospechemos que nunca se presentará.

      Ahora no. Ahora no cabe soñar, porque la realidad anula todo futuro y porque es imposible hacer planes –ni siquiera soñados- de un día para otro.

      Hace muchos años, casi en otra vida, allá por el 54 del pasado siglo, una semi-adolescente escribió:

 

Sin sueños me he quedado

y quizá para siempre.

¿Quién sabe?

¿Podré elevar de nuevo mi castillo interior?

Creí que el caudal de mis sueños nunca habría de agotarse

y mira,

mira como me he quedado esta tarde:

sentada en la ventana sin saber que soñar

ni que sentir.


¡Que sabría aquella adolescente de lo que es perder los sueños!...

 

8/3/21

Día de la Mujer




      Hace unos días, me encontré en la calle a una conocida de mi barrio, que es un poco más joven que yo. Nos saludamos, nos preguntamos por la salud y nos pusimos a hablar de lo que todos hablamos últimamente. Me llamó la atención entonces que hablaba en plural -encerrados, salimos poco, tenemos miedo- cuando se que vive sola. El marido murió hace unos años, no tuvieron hijos y tiene poca familia cercana. Tanto me extrañó que, incluso, hablara de nuestro piso, que le pregunté si tenía alguna acompañante o cuidadora y me contestó que no, que seguía con la misma chica que iba un día en semana a limpiarle el piso, que está bien todavía y no necesita más.

      Cuando nos separamos, me fui para mi casa pensando en ese extraño plural y llegué a la conclusión de que se debía a la costumbre de cuando vivía su marido y siempre hablaba así. Ella era una de esas mujeres casadas que no tienen una vida propia. Su vida es la de su marido, sus amistades las de su marido, sus salidas son con él, hasta la compra la hacen juntos. Y claro, hablan en plural. No hay un yo personal, no hay persona.

      Afortunadamente, ya vemos menos mujeres así. Ahora, aunque tengan pareja e hijos, tienen también sus propias amistades, salen con amigas, comen algunas veces con ellas y hasta puede ser que se permitan algún viajecito juntas en fin de semana. Y, como trabajan, también se reúnen con compañeras y compañeros para un cumpleaños o cualquier celebración. Tienen una vida propia, aficiones propias, que intentan compartir con su pareja, pero si no las comparte, las desarrollan por su cuenta. Tienen vida, su vida, personal e intransferible. Son personas. Seres humanos únicos, con su propia identidad.

      Hoy, Día de la Mujer, celebremos este cambio y deseemos que pronto no quede ninguna mujer hablando en plural, viviendo sin ser ella misma.

 

1/3/21

28 de febrero en pandemia


      Hoy es el Día de Andalucía, mejor dicho, lo ha sido, porque ya está acabando y, cuando se publique esto, ya será 1 de marzo. Los nacionalistas andaluces se inclinan por el 4 de diciembre para esta fiesta, pero yo prefiero quedarme con el día oficial, no por ser oficial, sino porque el 4D fue un día triste, un día en el que murió un joven, y no creo que la muerte de una persona sea motivo de celebración, por muy mártir por la causa que se le considere. Puede conmemorarse, pero no celebrarse. Por eso prefiero el 28F, porque entonces votamos en referéndum el Acceso a la autonomía de Andalucía por la vía del art. 151 y, para los que tuvimos el voto prohibido durante tantos años, votar siempre es una fiesta.

      Y en este 28F de pandemia, he leído de todo, desde los habituales mítines de los políticos al también habitual examen pormenorizado de por qué votamos ese día y que votamos. Pero lo que más me ha gustado ha sido este artículo de un autor desconocido para mí, un profesor vasco que pasó quince meses en Córdoba hace muchos años y que dice esto de Andalucía y los andaluces   


ANDALUCÍA, MILA ESKER!

JESÚS PRIETO MENDAZA Antropólogo y profesor

IDEAL. 27 Feb 2021


Era un joven de veinte años cuando me tocó cumplir con el servicio militar obligatorio en Andalucía, a muchos kilómetros de distancia de mi tierra alavesa. Eran los tiempos de la ‘mili’ y esa circunstancia fue la que me llevó, desde marzo de 1978 hasta abril de 1979, al Regimiento de Infantería Motorizada La Reina II de la hermosa y sultana Córdoba. Aquellos años, en los que las carreteras y el ferrocarril no eran lo que hoy son, mis posibilidades de venir los fines de semana a Vitoria eran tan solo un ejercicio de ciencia-ficción. Únicamente lo intenté una vez, en el viejo Wolksvagen escarabajo del fallecido periodista Antonio Herrero, para mí el alférez Herrero, cuyo padre residía en Vitoria y dirigía la Agencia Europa Press. A pesar de la gentileza de mi chofer, aquel fue un viaje agotador por aquellas carreteras nacionales de la época que tan genialmente describiera Moncho Alpuente en su canción ‘Adelante hombre del 600’. Realmente aquel fin de semana, no tuve tiempo sino de dar un beso a mis padres y, sin quitarme el traje militar de ‘paseo’, dormir un poco antes de regresar en tren. Aquello me disuadió de intentarlo de nuevo. Así que salvo en dos ocasiones, la preceptiva Navidad y unos días de verano, pasé quince meses de mi vida irremediablemente unido a una tierra a la que aprendí a querer y, sobre todo, a respetar profundamente.

El hecho de que ‘el vasco’ no pudiera viajar los sábados a su casa, lejos de sumirme en la soledad o el desarraigo, propició una oleada de solidaridad en aquella 10º compañía. Mis compañeros me invitaban los fines de semana a sus casas: «¿Cómo ‘te vá a quedá’ aquí solo, niño? ¡Vente ‘pal’ pueblo, a nuestra casa, que son ferias!». Así es como gracias a la generosidad de decenas de compañeros y de sus familias, conocí las ferias, la Semana Santa, los festivales flamencos, las tabernas, los pueblos, las playas, las sierras y, sobre todo, a las gentes de esa maravillosa tierra. Las sevillanas, ‘las soleás’, las seguidillas, el olor a jazmín o dama de noche, la pipirrana o la ‘pringá de manteca colorá’, acompañadas por un vino amontillado, pasaron a formar parte de mi acervo cultural y de mi corazón.

Pero eran años difíciles, sin duda la llamada transición española no fue fácil, muchos eran quienes se oponían a que la democracia se instalara en el país, y para ello exigían su cuota de sangre: por un lado los grupos afines al franquismo o a la ultraderecha; por otro bandas de extrema izquierda, como los GRAPO y finalmente una banda, ETA, que decidió aumentar su crueldad, exponencialmente, intentando no la pretendida liberación del País Vasco, sino una involución que nos hiciera volver a los esquemas de acción represión del pasado. Así las cosas, aquel joven cabo de Infantería, tan agradecido por la generosidad de Andalucía, se comenzó a ver interpelado por un hecho terrible, cual era que desde mi tierra se devolviera todo el bien que yo recibía con ingratitud y maldad. Cuando me encontraba disfrutando de la hospitalidad de un pueblo, de una familia, ocurría que su alegría se veía oscurecida por una noticia terrible; un hijo, un hermano, un primo, un vecino, casi siempre un joven, había sido asesinado, allí «en el norte».

Aquellas gentes que a mí me daban todo, recibían a cambio cadáveres de andaluces en un ataúd de madera. Su desgarro era mi desgarro y, en numerosas ocasiones mi vergüenza. Aun así, nunca, nadie, me reprochó nada, su generosidad jamás fue menoscabada por este hecho y ‘el vasco’ siguió gozando de la amistad y la fraternidad de las tierras del sur. Años más tarde, muchos empresarios, jueces, profesores, funcionarios, sindicalistas, trabajadores, concejales y un largo etcétera se vieron obligados a abandonar mi tierra vasca; en unos casos para no ser asesinados y en otros, consumado ya el crimen, para criar a sus familias lejos del epicentro del odio. De nuevo Andalucía se convirtió en tierra de acogida para muchos de mis paisanos. Cuanto he pensado en este hecho cuando, hace poco más de una década, todavía funcionaban aquellos negros mecanismos de ingratitud interterritorial.

Han pasado más de cuatro décadas desde entonces, se pueden contar con los dedos de una mano los años en los que no he podido volver a mi querida Andalucía, pero aun siento la necesidad de mostrar mi agradecimiento a una tierra con la que siento que parte de mi identidad está todavía en deuda. Tan solo espero que Andalucía siga progresando, avances impresionantes de los que he sido testigo, y que sus gentes sigan haciendo de la acogida parte de su divisa, pues no hay tarjeta de presentación mejor. Que el día de Andalucía, de este 2021 todavía marcado por la incertidumbre, alumbre un futuro mejor para esa tierra, que como escribió Blas Infante y reza en vuestro himno «…la bandera blanca y verde, vuelve tras siglos de guerra, a decir paz y esperanza, bajo el sol de nuestra tierra/ Andaluces levantaos, pedid tierra y libertad, sea por Andalucía libre, España y la humanidad».

Gracias Andalucía, gracias con cuarenta años de retraso, gracias por todo lo que me diste. Mila esker, bihotzez!


24/2/21

Por fin, la vacuna



      Hay muchas personas mayores, muchísimas, que son independientes, a pesar de su edad, porque se desenvuelven en un círculo muy pequeño, un espacio de barrio muy reducido, pero que cubre sus necesidades. Supermercado, centro de salud, farmacia, iglesia y banco para cobrar la pensión a final de mes. Eso es todo. Todo lo tienen cerca de su casa y no necesitan nada más. Saben que hay vida más allá de su barrio, pero esa vida ya no es la suya, a ellas les basta con poder seguir viviendo sin depender de nadie, sabiéndose personas con una vida propia. Limitada, sí, pero la suya. Son independientes, siguen siendo personas. Están vivas.
      Pero ahora llega la vacunación de la Covid, les dicen que tienen que ir a las 20:30, ya de noche, a un Centro de Salud que está a 6 km de su casa… y el mundo se les cae encima. Si tienen hijos, se encargarán de resolverles el problema, pero ¿y si no los tienen o están lejos? No saben donde está ese Centro, no saben siquiera los medios de transporte que pueden utilizar, tienen miedo hasta de subir a ellos y también al contagio y, si recurren a un taxi como mal menor, la pensión se les quedará tiritando este mes.
      Me pregunto, entonces, si la vacunación no se podría haber organizado de otra forma y me dicen que esta, la de todos los mayores de 80 en el mismo centro, es más "operativa". ¿Operativa para quién? Que se lo pregunten a la persona de 87 años, que se ve obligada a salir del pequeño círculo en que se desarrolla su vida desde hace mucho, mucho tiempo. Y que no sabe siquiera como lo va a hacer. Casi prefiere quedarse sin vacunar… y que sea lo que Dios quiera.
      Se me dice también que se trata de vacunar la mayor cantidad de personas en el menor tiempo posible, porque una semana de retraso puede significar vidas que se pierden, pero yo digo que también pueden estar en juego las vidas de esas personas, que se van a quedar descolgadas quizá por algo tan simple como no poder -o no saber- cómo desplazarse hasta donde las han citado.


18/2/21

Los almendros ausentes




      Hace seis años, como escribí en los comentarios de esta entrada, los almendros eran los grandes ausentes en mi vida. En Granada no los hay y cuando pasaba por el Valle de Lecrín era siempre verano y ya estarían las almendras para cogerlas, así que el esplendor de los almendros floridos me era desconocido, hasta el punto de que tuve que pedir prestada la foto de la cabecera.

      Por fin, unos años después y gracias al amigo que me llevó, pude conocerlos “en persona”. De cerca, en Salobreña, con ese derroche de la foto de arriba y, de lejos, me extasié ante las distintas tonalidades de sus flores, que pintan de blanco y rosa el Valle. Todo un espectáculo, os lo aseguro.

      Pero este año, de nuevo los almendros estarán ausentes por los confinamientos. En la costa tienen que estar floridos hace tiempo y me han dicho que el Valle de Lecrín es ya ese espectáculo que este año nos perderemos todos.


11/2/21

El sello (Continuación)





      Esta mañana, le he oído esta conversación a dos señores de pelo blanco, que estaban parados en una esquina.

 

-Si es que a los mayores nos tienen en el punto de mira y, a las primeras de cambio… fuera. Ni medicinas, ni UCI… Nada.

-Como que, si pudieran, nos quitaban las pensiones.

-Calla, calla, no les des ideas.

 

      Esto es lo que está matando a los viejos. No la falta de medicinas ni de UCI, sino la desesperanza, el miedo...