2/6/24

Soledad

García Montero con Gioconda Belli en la Huerta de San Vicente  

      Pongo en Google la palabra soledad y me sale de todo. Empezando por la Wikipedia y la definición de la RAE, me sale de todo. Desde consejos/anuncios de psicólogos, a una funeraria o un negocio de venta de neumáticos. Canciones, nombres de mujeres más o menos conocidas, libros, muuuchos psicólogos que nos aconsejan como convivir con la soledad y hasta la Cruz Roja y el Teléfono de la Esperanza.

      Pero sigo con el dedo hacia abajo y me salta a la vista algo sorprendente: Luis García Montero mencionando un poema de José María Pemán, titulado precisamente Soledad y que creo recordar traje aquí hace años.

      El artículo de García Montero es de la pasada Navidad y habla de lo que muchos hablamos por esas fechas: de las ausencias, de las pérdidas. La suya bien grande, ya lo sabemos. Curiosamente, no había leído ese artículo y es raro, pues suelo seguir lo que escribe el paisano. Mi primera intención al leerlo, ha sido guardarlo para una entrada de la próxima Navidad, pero como resulta que a mi edad eso está demasiado lejos y no sé si para entonces estaré yo o estará el blog, mejor lo enlazo ahora, pues lo creo válido en cualquier época del año. Y añado lo que le hubiera contestado si no me diera pereza tener que suscribirme. Algo que escribí hace mucho tiempo.


Porque decir "nosotros"
es nombrar un sueño.


23/5/24

Otro adiós

 


      No hace ni un mes que escribí aquí la despedida a un amigo de muchos años y ahora tengo de nuevo que despedir a otro, a un amigo que empezó siendo virtual, pero que luego hablamos con frecuencia y terminó una tarde sentado en este sillón desde el que ahora escribo. Y me estoy refiriendo a Unjubilado, el amigo Jubi, que se nos ha ido sin pedir permiso, sabiendo que no se lo íbamos a dar.

      Nos queda su última entrada, ese “beso volador” que ahora parece un presagio. Un beso de despedida, que nos envía desde lejos y al que respondemos los que aun seguimos aquí... por el momento.

      Descansa en paz, Emilio. Nos vemos...

 

3/5/24

El papel de un traje


Cartel. Autora: Belén Ortega

      Granada, primeros años 40, plena posguerra. Llega el Día de la Cruz y ni mis amigas ni yo tendremos traje de gitana para ir a las pocas cruces que hay en los patios. Así que nos conformaremos con montar nuestra pequeña cruz de celindas, vestidas como todos los días. Sabemos que hay niñas que sí tienen preciosos trajes de gitana, son niñas de las familias que se enriquecieron cuando el boom de las azucareras, construyeron la Gran Vía, alquilaron los pisos y ahora viven de las rentas, pero nuestro barrio es de clase media, no hay hambre como en otros, pero tampoco lujos. Y un traje de gitana es un lujo asiático en aquel momento, pues, además, con las cartillas de racionamiento solo dan últimamente tela de sábanas y "vichí" de cuadritos para hacer delantales. Ni de lejos un percal rojo con lunares, que era nuestro sueño.

      Pero como la imaginación llega al poder, a alguien se le ocurre hacer un traje de papel. Así como lo digo. De un papel fino que venden en la tienda Costales de Puerta Real, que no es caro y lo hay de todos los colores. Pero, claro, el papel no se puede coser, hay que pegarlo, y la confección del traje no es posible encomendarla a modistas ni costureras, que de papeles y pegamentos no saben nada, así que es la persona más habilidosa de cada familia la que se encarga de confeccionarlo. Y ahí está mi padre, con su arte para todo, dispuesto a que su niña fuera la mejor vestida. Y lo fue. Con la ayuda de los patrones de mi madre, tuve el traje de papel más bonito de todas las amigas. Rojo y con lunares blancos, también pegados. Y volantes, muchos volantes, que disimulaban mi delgadez.
      A estas alturas, tengo que reconocer que mi amiga Quica me hizo la competencia con el traje confeccionado por su hermano Antonio. Sí, aquel Antonio que, muchos años después, se hizo un nombre adornando pasos en Semana Santa. Y el Día de la Cruz allí estábamos todas, unas mejor vestidas que otras, pero tan contentas... y sin movernos demasiado porque el papel no aguantaba mucho.
      Años 40, lutos, escasez, tristeza y trajes de gitana de papel.

Nota.Tengo que advertir que cuando hablo de trajes de gitana me estoy refiriendo a los que luego se han venido a llamar de flamenca y en Sevilla se les llama de faralaes. Sin embargo, en Granada siempre se les llamó de gitana, pues procedían de los que llevaban las mujeres en el Sacromonte.
 

27/4/24

El adiós

 


      El 22 de marzo, Viernes de Dolores para más señas, se me fue otro amigo entrañable, Francisco Gil Craviotto, y he necesitado dejar pasar el tiempo para poder hablar de él. Para recordar cuando le dediqué la primera entrada, cuando le pedí permiso para publicar un artículo suyo, cuando lloramos juntos la pérdida de Nono Carrillo y la de José Antonio Mesa. Ahora ha tocado despedirlo a él y arrastro el dolor de no haber podido hacerlo por circunstancias personales.

      Con él se va el pasado, se cierra el círculo de todos aquellos que, hace muchos, muchos años, éramos jóvenes y teníamos la vida por delante. Todos se han ido. Queda la soledad, queda -Manuel Alcántara dixit- no tener a quien decir: ¿Te acuerdas?

      Descansa en paz, Paco. Allá donde estés florecerán los almendros en los días azules de la infancia.

 

9/4/24

Gelem, gelem

 

      Mi periódico Ideal me ha recordado que ayer fue el Día Internacional del Pueblo Gitano y que los gitanos granadinos lo celebran en el Genil, arrojando al agua pétalos de flores rojas y depositando desde el embarcadero pequeñas velas encendidas que flotan en ella. Es la Ceremonia del Río, se celebra desde el año 2000 y yo acudí los primeros años, porque es muy bonita. Según leo, se desarrolló como es habitual: lectura del Manifiesto Gitano, petición de los deseos por parte de niños y niñas, y la interpretación del himno Gelem, Gelem (Anduve, anduve) por Macarena Fernández. Hubo luego una actuación flamenca, que terminó con la Ceremonia del Agua.

      Recordando hoy que hace unos años -al parecer cinco- pasé cerca de donde se estaba celebrando y oí cantar el himno, he buscado ¡y encontrado! un vídeo de ese día, que voy a compartir con todos. No es la mejor interpretación que he oído ni la mejor de YouTube, pero he elegido esta por su autenticidad y porque me recuerda el día que los escuché a distancia y me detuve a oírlos.

 

30/3/24

Aplausos

 


      Durante esta cuaresma, el periódico IDEAL nos ha estado obsequiando con una colección de láminas titulada Miradas. La Semana Santa de Granada según sus fotógrafos, que me llegaban los jueves puntualmente.

      Creo que fue en la segunda entrega, cuando vino esa imagen que veis arriba, en una reproducción no muy buena al tratarse de la foto de una foto. Antes de nada, tengo que advertir que no soy "semanasantera" en absoluto, es más, en muchas ocasiones me crea problemas como el que ahora voy a exponer.

      La foto, de Luis Javier Quesada, recoge el paso por la calle San Matías del Señor de la Humildad, mas conocido como De la Cañilla, una talla de 1689 atribuida al círculo de los Mora y, si os fijáis, el fotógrafo ha estado acertado en el momento de hacerla, ya que la imagen lo tiene todo, no le falta un detalle. Veamos.

      Un paso valioso, un trono adornado, una calle antigua, la torre asomando, el capataz de la cofradía, la banda de música con cascos de plumas, gente en los balcones y en la calle, niños, colgaduras, cirios encendidos... Por tener, tiene hasta dos guardias civiles con tricornio.

      Se ven también caras sonrientes y manos que aplauden. ¿Que aplauden? En el paso está la imagen de un hombre medio desnudo al que han torturado y van a seguir torturando hasta que muera. Un hombre que nació en Belén, al lado de Jerusalén y a solo 50 km de la ciudad de Gaza. Un judío palestino denunciado por los suyos y torturado por el poder dominante. Trasladado al momento presente, podría ser un palestino en manos de la Shabak o un rehén judío de Hamás.

      ¿Y SE APLAUDE?



21/3/24

Mayte Martín de nuevo


      Antes de que las trompetas y los tambores de Semana Santa invadan las calles y no se oiga otra cosa, quiero compartir con todos los que me visitáis el último álbum de una de mis cantantes “fetiche”: Mayte Martín. Se trata del álbum Tatuajes, que ha lanzado hace unos días y está promocionando en una gira por todo el país. En él, acompañada por Nelsa Baró al piano, Guillermo Prats en el contrabajo y Vicents Soler a cargo de la batería, Mayte versiona "las canciones más bellas del siglo XX", como ella misma las califica. Y lo son, por lo que me resulta difícil elegir una para el vídeo. Es mucha la tentación de Alfonsina y el mar, más aun la de Lucía de Serrat y casi inevitable Ne me quite pass de Jacques Brel

       Sin embargo, resistiendo las tentaciones, me decido por una menos conocida aquí, aunque en Argentina, donde nació, sí tiene un largo recorrido, con intérpretes de la categoría de Susana Rinaldi. Y estoy hablando de Porque vas a venir, un vals criollo compuesto e interpretado en los años 80 por Carmen Guzmán con letra de Amanda Velazco, más conocida como Mandy.

      Y con vosotros, la versión de Mayte Martín, que espero que os guste.


7/3/24

Religión

  


      Siguiendo con el tema del post anterior, supongo que todos sabéis quién es Marie Kondo, esa madre de familia japonesa, que ha convertido el orden en una religión llamada KonMari de la que ella es la suma sacerdotisa. Y como toda religión, la KonMari tiene sus mandamientos, el primero de los cuales es que, para conseguir ese orden supremo, es necesario el minimalismo en todo. En la decoración, los objetos que guardamos... todo. Sin dejar claro si cuadros, libros y objetos artísticos son también cosas inservibles de las que debemos desprendernos rápidamente para alcanzar la armonía y la felicidad.

       Curiosamente, la señora Kondo y su religión han tenido un éxito aplastante. Una legión de conversos la sigue fervorosamente, “minimaliza” su vivienda y se dedica con entusiasmo a doblarlo todo, convirtiendo camisas, pantalones, sábanas y bolsas de plástico en paquetes irreconocibles que, una vez colocados verticalmente estilo libro, corres el riesgo de hacer la cama con paños de cocina o sonarte la nariz con unos calzoncillos.
      Bueno, pues doña Marie ha arremetido ahora contra los hogares españoles que, según ella, incumplen gravemente los mandamientos de su religión acumulando objetos no necesarios. Critica también nuestra costumbre de no quitarnos los zapatos al entrar en una casa y que conservemos la misma decoración en los cambios de temporada. Y, según ella, también nuestras camas tienen exceso de “capas” y deberíamos desechar colchas, sábanas y cobertores. Por último, remata censurando el bidé en los cuartos de baño.
      Ante estas críticas a nuestras casas, lo primero que le diría a la sacerdotisa si me la echara a la cara, es que, puestos a hablar de costumbres, puede ser que su abuela aun camine con pasitos cortos gracias al martirio que sus pies sufrieron de niña para que no crecieran. Que ya es costumbre esa... Y después, quizá terminara recordando lo que le contesté hace años a un albañil que, al vaciar un armario ropero para intervenir en él, me había dicho: Señora, ¿por qué tiene usted tantas cosas? Y yo, que ya había tenido con él ciertos desencuentros, le contesté: Pues porque esta es mi casa y hago en ella lo que me da la gana. ¿Capta el mensaje, doña Marie

21/2/24

Calor de hogar



      Algunas veces digo que me gustaría tener mi casa más limpia y ordenada...pero no mucho. Me explico. Las casas muy perfectas en las que todo está reluciente y no hay nada fuera de su sitio, me parecen como con poca vida, me dan una sensación de frialdad semejante a la de una tienda de muebles o una exposición. No hay vida en ellas, es como si las personas que las habitan estuvieran de paso y no dejaran huella. Yo necesito una casa con periódicos, el móvil y las gafas encima de la mesa, con un libro, una fotografía, una nota escrita en papel sobre un mueble o el folleto del supermercado en la encimera de la cocina. 

      Y necesito también que, cuando alguien me visita, se note luego. Ver que hay algo fuera de su sitio, que el sillón donde se sentó está ligeramente cambiado de postura o la puerta del baño cerrada cuando yo siempre la dejo abierta. Necesito ver la huella de su paso en mi soledad. 

 

12/2/24

El invierno de la sandía


Esto NO es una sandía

 

 


Esto es una bandera  



6/2/24

Una noche de febrero




      Esta noche, tal vez a causa de la conversación con un amigo, he recordado un hecho de mi vida perdido en el tiempo. Me he visto sentada en esa butaquita baja que hay junto a mi cama, llorando a lágrima viva porque un señor de Murcia me había plantado pocos meses antes de la boda, con el ajuar y hasta los cubiertos comprados. Y he visto a mi padre al lado, agachado o de rodillas, a mi altura, hablándome, consolándome y diciéndome que mi vida no acababa allí, que era joven y podría volver a enamorarme. Pero yo lloraba y lloraba, y no se el tiempo que estuvimos así... ni si mi padre tendría agujetas por la postura al día siguiente.

      Muchas veces a lo largo de mi vida, he recordado aquello y he pensado que la relación padre-hija es única, que todos los hombres que son padres deben cuidarla porque no van a tener otra relación mejor en su vida. Y que no van a ser para nadie lo que son para sus hijas.

...

Dedicado a mi padre, que esta noche, a las 4:30, hará treinta años que besé su mano y le dije adiós.



21/1/24

En la Constitución

 


       Hace unos años, escribí aquí de las tres periodistas que habían sustituido al recientemente fallecido Manuel Alcántara en la columna que cierra la última pagina del periódico IDEAL de Granada. Con el paso del tiempo, dos de esas chicas dejaron de escribir en ella, quedando solo Rosa Palo y entrando en escena dos hombres: Pío García y J.R. Alonso de la Torre. Pues bien, este último, cuando se empezó a hablar de la reforma de la Constitución para sustituir la palabra disminuidos por personas con discapacidad, publicó una columna, que guardé porque me había gustado su forma de decir que le daba igual que lo llamaran disminuido o discapacitado, que lo importante no es eso, sino cómo convivimos con la discapacidad o, mejor dicho, cómo los que nos rodean nos hacen convivir con ella. De eso, de los demás, depende cómo nos sentimos, no de que nos llamen de una forma o de otra.

      ¿Que por qué hablo en primera persona? Pues sencillamente porque a mi edad todos hemos visto disminuir nuestras facultades físicas y mentales, todos somos disminuidos o personas con discapacidad. Y lo somos sin carnet, sin ninguna contraprestación, ninguna ventaja. Sin que ni siquiera se nos incluya en esa denominación que ahora cambia.

Pero vayamos al artículo. 

 

Disminuidos

Ideal

28 Dec 2023

J. R. ALONSO DE LA TORRE

      Soy disminuido desde que cumplí 20 días. Bueno, además de disminuido, he sido también minusválido, inválido, impedido, anormal… Incluso me han llegado a calificar, sin acritud y con caridad, como subnormal. Cuando nací, mi brazo derecho estaba un poco amoratado. El ginecólogo recomendó friegas de alcohol hasta que un médico perspicaz diagnosticó gangrena, me llevaron a Madrid con urgencia, me amputaron el brazo derecho casi a la altura del hombro y así pasé a ser constitucionalmente disminuido.

      Mi vida está jalonada de anécdotas tan divertidas como cuando en Normandía, en Pegasus Bridge, un grupo de jóvenes norteamericanos se cuadró ante mí creyendo que era un superviviente del desembarco. Yo respondí al saludo y no les aclaré el entuerto porque me molaba pasar de minusválido a héroe de Normandía en un plis plas. Como toda la vida he tenido un solo brazo y, salvo atarme los zapatos, lo hago todo con él, incluso pelar patatas o el nudo de la corbata, me parece que yo soy normal y que al resto del mundo le sobra un brazo.

      Cuando empezaron a publicarse normas de estilo periodístico sobre el tema, me buscaban las asociaciones de discapacitados y me pedían que las divulgara en los periódicos. Yo lo hacía con mucha solidaridad, pero con poca convicción. En realidad, me da lo mismo cómo me llamen: entre disminuido y discapacitado no sé con qué término quedarme. He asistido a diversas jornadas sobre inclusión y arte dramático y los especialistas me han convencido de que debemos llamarnos diversos o diversos funcionales. Qué quieren que les diga. En verdad, creo que lo que debo hacer es sacudirme la pereza y aprender a atarme los zapatos, que ya va siendo hora.

 

10/1/24

El pandoro



      Esta Navidad, un amigo me ha regalado un pandoro, eso parecido al panettone... pero que no es panettone, según leo en Internet. Ahí leo también lo complicado de su elaboración y, en la letra pequeña del envase, los ingredientes, selectos y caros. Días después, cuando el donante del pandoro me pregunta si me ha gustado, le contesto la verdad, como siempre, y le digo que está bueno, pero no mejor que una simple magdalena de aceite de oliva bien hecha, que se hace en 20 minutos y es mucho más barata. 

      Por el tono de su respuesta, deduzco que se ha puesto las manos en la cabeza y cruzo los dedos para que no pase por ella lo de la miel y el asno.

 

1/1/24

Año Nuevo

 

 

Paz en el mundo y un buen año para todos