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26/6/26

Cincuenta y cuatro años atrás

 


      Ha temblado la tierra en Venezuela y, cada vez que hay un terremoto de este calibre, sobre todo si es en América del sur, yo revivo la mañana del 23 de diciembre de 1972, cuando un terremoto asoló Managua.  Y recuerdo como se presentó en mi casa bien temprano un amigo venezolano acompañado de dos chicos nicaragüenses. El venezolano era Jorge Alvarado, estudiante claretiano en la Facultad de Teología, y los nicaragüenses creo que estudiantes también.

      Llegaron a mi casa buscando un teléfono para organizar un punto de encuentro donde pudieran informarse los procedentes de ese país que se encontraban en Granada. Y allí estuvieron parte de la mañana, Jorge al teléfono llamando a un sitio y a otro, y los nicaragüenses conmigo en la mesa de camilla. Venían todos ateridos, con el mal cuerpo de una noche que acabó pronto y de mala manera, por lo que mi madre hizo café para que desayunaran. Mientras, yo los miraba pensando que, en ese momento, no sabían si tenían familia o se habían quedado solos, pues los dos me dijeron que sus casas estaban en la zona más destruida, donde la devastación era mayor. 

      Por fin, Jorge consiguió montar el punto de encuentro en la Casa de América y para allá se fueron los tres. Por la tarde, fui por si se podía ayudar en algo y vi que estaban recogiendo donativos y que se había desplazado hasta allí un equipo de extracción de sangre.

      De esto hace 54 años, no sé nada de Jorge Alvarado, que volvió a su país poco después, no recuerdo siquiera el nombre de los nicaragüenses, pero hoy, viendo las imágenes de destrucción en Venezuela, he revivido una vez más aquella fría mañana de diciembre. Víspera de Navidad para más señas. 

 

4/5/26

De otoño a primavera




      El pasado otoño, fui con dos amigas a una misa en recuerdo de otra, que había muerto meses antes. Se celebró en la parroquia de un barrio muy distante y considerado el más marginal de esta ciudad, por lo que al salir, ya de noche, tratamos de llamar a un taxi para volver a nuestras casas. Era sábado, las ocho y media de la tarde, lloviendo y en un barrio donde muchos taxistas no quieren entrar, así que no había manera de que el taxi llegara. Refugiadas de la lluvia bajo la marquesina de un modesto local de bocadillos, vacío en ese momento, llamábamos a la centralita de los taxis y estaba ocupada o no contestaba. Entonces, asomó a la puerta del local una señora, aparentemente árabe o gitana, que al ver allí tres mujeres ancianas de pie y agarradas a su móvil, sacó diligente sendos sillones, para que, al menos, esperáramos sentadas. Y allí estuvimos hasta que conseguimos el taxi y nos despedimos agradecidas de aquella señora, que tan amable había sido. 

      Ayer fue el Día de la Cruz, pero el sábado ya estaban las cruces montadas y, al ir al supermercado, me acerqué a la instalada en lo que ahora llaman Centro de Participación Activa para Mayores, antes Centro Cívico y siempre Centro de la Tercera Edad. Di unas vueltas por el patio haciendo fotos, me sentí cansada y busqué donde sentarme un rato, antes de volver a mi casa. A unos pasos, dos señoras muy bien vestidas y enjoyadas, sentadas en sillones, y un tercer sillón vacío. Veo en él mi salvación, me dispongo a sentarme y se me atraviesa un tío grande como un armario y lo menos veinte años menor que yo, que extiende su brazo para cortarme el paso, musita un "perdón" desabrido... y se sienta en el sillón. Y allí me quedo, mirando a los tres estupefacta, y ellos mirándome a mí como pensando: "¿Que querrá esta?"

      Y la pregunta del millón es: ¿Dónde imagináis que me gustaría vivir? ¿En donde vivo o en el barrio marginal del otoño pasado? Y a quienes preferiría de vecinos ¿a las tipas enjoyadas y el animal con polo de marca? ¿O a la señora de la bocadillería?  

10/4/26

El llanto contenido


      No sé si os pasado alguna vez. El miércoles recibí la noticia de que había muerto una persona muy querida, a la que conocí cuando tenía 14 o 15 años y ahora se ha ido con 64. No lloré entonces, no lloré ayer en su entierro, pero hoy, esta mañana, he roto a llorar de improviso oyendo a Silvia Pérez Cruz en este vídeo.

      Perdonadme dos vídeos seguidos, pero a mi edad una es ya puro sentimiento.



Por ti, amiga, hija de una amiga. Por tu sonrisa y por mi llanto.
 

3/2/26

Otro recuerdo de la Navidad




Imagen de Pixabay

      Me cuenta mi amiga, la de la residencia, que la cena de Nochevieja estuvo muy bien, que el menú consistió en entremeses variados, consomé con huevo, ensaladilla rusa de gambas, bacalao con tomate y un postre de chocolate.
      Y yo me pregunto si en esa residencia necesitan plazas libres, pues si yo ceno así...no amanezco.
 

27/1/26

Comunicación vs. Narrativa

 



      Hace unos días, en el blog LA TINAJA DE DIÓGENES, su administrador, Cayetano, planteaba la razón por la que escribimos y hubo opiniones diversas, como diversos somos sus visitantes. Yo escribí textualmente: Para mí, escribir es comunicarme y no me vale si no tengo respuesta. Por eso, no he entendido nunca un blog cerrado a los comentarios ni un bloguero/a que no contesta a quien comenta.

       Más tarde, estuve recordando lo que ocurrió hace años cuando un amigo, escritor de narrativa, inició un blog a modo de experiencia y los amigos nos encontramos con la sorpresa de que eliminaba los comentarios que contradecían las ideas que él había expresado. Le pregunté por qué hacía aquello y me contestó con toda convicción que él no podía permitir que en un sitio bajo su nombre hubiera opiniones con las que no estaba de acuerdo. 

      Y es que él estaba acostumbrado a expresarse a través de los personajes de sus novelas y a no saber si quién las leía estaba de acuerdo o no con aquello. Sabía que sus libros se vendían, pero en realidad no llegaba a saber si al lector le habían gustado ni tampoco si su ideología coincidía con la de sus personajes. Por supuesto que tenía críticas, reseñas en medios de comunicación, pero un crítico se limita a opinar sobre la calidad -a su juicio- de esa obra, pero no entra a discutir la ideología de los personajes ni a expresar la propia.

      Y esa es la diferencia con un blog. El blog es comunicación, la narrativa no. Es más, durante siglos, la prensa tuvo más de narrativa que de comunicación, ya que, quitando las consabidas Cartas al Director, poco intercambio de opiniones había. Solo si en una ciudad había dos periódicos, podían darse debates entre los periodistas de uno y de otro, pero pocas veces intervenían los lectores. En este momento, eso ya ha cambiado con la prensa digital, abierta a las opiniones de quien la lee y se registra, pero la narrativa sigue igual, sigue el autor desconociendo si el lector comparte su ideología o estrelló el libro en el suelo mientras recordaba a su madre. A la madre del autor del libro, por supuesto. 

2/12/25

Ariel Schiller

 


      A Ariel Schiller -un judío del Antiguo Testamento y un granadino con casa en Jerusalén, como él se definía- lo conocí en las celebraciones de la Eucaristía que teníamos los domingos con el teólogo José María Castillo en el Centro Padre Suárez de los jesuitas. Eran unas misas con unos asistentes de lo más variado, desde miembros de Comunidades Cristianas Populares hasta sacerdotes casados, desde extranjeros de paso por Granada hasta casos tan excepcionales como el de Ariel, que asistía acompañando a su pareja Encarnación Varela. Y digo pareja, por la costumbre ahora de hablar así, pues Ariel y Encarnita se habían casado tres veces nada menos. Primeramente, una boda civil en una isla del Mediterráneo, no recuerdo si Creta o Chipre, después otra en Jerusalén por el rito judío y, por último, el matrimonio católico en la pequeña capilla de la Facultad de Teología de Granada.

      Y allí estaban los dos todos los domingos porque, al unir sus vidas, habían acordado que cuando estaban en Israel, ella lo acompañaría a la sinagoga y, en Granada, él acudiría con ella a misa. Y, claro, no había mejor sitio para ellos que aquellas celebraciones tan heterogéneas, presididas, además, por el jesuita que testificó su boda. 

      Ariel Schiller nació en Argentina de una familia alemana que había huido de la persecución nazi, de adulto se trasladó a Israel y, siendo profesor de la Universidad de Jerusalén, tuvo que escapar de Israel por su oposición a la política de asentamientos en Palestina que llevaba a cabo el gobierno. En su periplo por Europa, llegó a Granada, se puso en contacto con el departamento de Estudios Semíticos de la Facultad de Letras de la UGR, allí estaba Encarnita como profesora... y llegaron las tres bodas. Las bodas y aquellos domingos en el Centro Suárez, en los que Ariel intervenía como uno más, a requerimiento muchas veces del propio Castillo que, al tocar algún tema del Antiguo Testamento, decía: Corrígeme, Ariel. Y él, tan respetuoso siempre, nos pedía permiso y aportaba sus conocimientos desde un punto de vista distinto, con el que enriquecía el coloquio en que participábamos todos. Terminada la celebración, muchas veces nos tomábamos unas cervezas en algún bar de la vecina calle Elvira, donde Ariel miraba con recelo la tacita de caldo que ponían de tapa y nos advertía de que si el caldo era de caracoles no contáramos con él.

      Aquellas Eucaristías de los domingos terminaron cuando las autoridades eclesiásticas iniciaron la persecución de los profesores de la Facultad de Teología, suspendieron  la docencia de José María Castillo y Juan Antonio Estrada y le sacaron tarjeta roja a otros muchos, que unos salieron de Granada, otros de la Compañía y otros dijeron adiós para no volver, dando fin a la mejor época de la mejor facultad del país y una de las mejores de Europa.

      A pesar de esto, seguí en contacto con Encarnita y Ariel gracias a las conferencias en el Centro Cultural Dari de la Institución Teresiana, a donde Ariel acudió varias veces a hablarnos siempre de temas interesantes y oportunos, como aquel día en pleno fragor de la intifada. Un día que he recordado muchas veces desde el principio de la masacre de Gaza, igual que estoy recordando a Ariel y preguntándome qué habrá sido de él después de la muerte de su imprescindible Encarnita y si no la habrá seguido hacia donde puedan continuar juntos.

28/9/25

La torta de Proust

 



      Últimamente, parece que se me conjuran las cosas para que eche la vista atrás y recuerde a personas que un día estuvieron en mi vida, luego las circunstancias nos separaron y, al final, se fueron definitivamente.

      Hoy ha salido en procesión la Patrona, la Virgen de las Angustias y, aunque la fiesta por antonomasia es el Corpus, en estos días también hay ciertos festejos y una feria de frutos de otoño y tortas de cabello de ángel, la tradicional torta de la Virgen. En granaíno clásico:"tortalavíhen". 

      Por circunstancias diversas, hacía tiempo que no la compraba, más que nada porque siempre son muy grandes y, aunque congele, me amenaza con llegar a Navidad. Sin embargo, este año han traído unas más pequeñas en el supermercado que frecuento y he caído en la tentación de comprar una torta de medio kilo, que no llegará a Navidad, pero está dando para bastantes desayunos. Y a lo que voy. Al llegar a mi casa y mirar el tique, me pareció un poco cara y protesté interiormente por el envase de cartón, que añadía precio y residuos, pero cuando le di la vuelta a la caja, vi ese anagrama y olvidé el precio, pues se trata de la empresa que tienen las Aldeas SOS para dar trabajo a jóvenes discapacitados que se han criado en los hogares de esa ONG. 



      En recuerdo y como homenaje póstumo a Juan Bautista Belda Becerra, "El Pacificador" de Suárez en la Transición y fundador en España de las Aldeas SOS. Para mí y mi grupo de amigas, simplemente “el Bauti”, un chico de Jaén que estudiaba Derecho en los lejanos años 50.  

16/9/25

Del Padre Coloma, Miguel Pereyra y un colegio en Chamartín



Colegio Nuestra Señora del Recuerdo. Fotografía autor desconocido. 
Hacia 1880. Museo del Prado. Madrid
 

      Si a alguno os suena el Padre Coloma, sabréis que fue un jesuita, periodista y escritor,  un tanto polémico y un mucho sacerdote de su época. En la mía, cuando estaba en el colegio, se seguía hablando de él y de sus obras en los colegios religiosos, pero mis teresianas eran muy modernas, algunas nostálgicas de la Institución Libre de Enseñanza, y lo consideraban algo perteneciente al pasado. Por ello, no recuerdo haber leído nada de él, ni siquiera su obra cumbre, Pequeñeces, en la que aparece el poema de otro jesuita, el P. Julio Alarcón. dedicado a la Virgen del Recuerdo, la que da nombre a ese colegio histórico que los hijos de san Ignacio tienen en Madrid y que empieza así:


      Dulcísimo recuerdo de mi vida, 

      bendice a los que vamos a partir...

      ¡Oh Virgen del Recuerdo dolorida,

      recibe Tú mi adiós de despedida,

      ¡y acuérdate de mí! 

 

      Bueno, pues por circunstancias que no vienen al caso, hace unos días he estado recordando como conocí ese colegio allá por los 60, con motivo de visitar a un querido amigo, Miguel Pereyra Etcheverría, por entonces jesuita y que pocos años antes había quedado tetrapléjico en un accidente de tráfico sucedido en Granada. Recuerdo perfectamente la tarde tan buena que pasé en su compañía, recuerdo que fui en taxi porque no tenía ni idea de donde estaba ese colegio y que también volví en taxi al hotel, donde me esperaban mis padres para cenar, con las caras un poco largas porque a mí se me fue el santo al cielo en la visita y era bastante tarde. Sin embargo, no tengo el menor recuerdo de ese colegio, quizá porque llegué nerviosa por la entrevista y me fui nerviosa por lo que me había retrasado. Pero nada, como si no hubiera visto nunca lo que ahora estoy viendo en fotos.


      Tú en pago, Madre, cuando llegue el plazo

      de alzar el vuelo al celestial confín,

      estrechándome a ti con dulce abrazo,

      no me apartes jamás de tu regazo.

      ¡No me apartes de ti!.

 

      La vida... Una vida larga como la mía. Y el recuerdo de los que se fueron antes. 

 

19/6/25

Otro Corpus Christi

 

Captura de YouTube

      En Granada hoy es el Día del Corpus, la fiesta central de nuestra feria, que empezó el sábado con los fuegos artificiales inaugurando el ferial de casetas, columpios, trajes de gitana y sevillanas rocieras a todo volumen.

      Según contamos siempre a quien quiere oírnos, fue Isabel la Católica la que instituyó esta fiesta y le dijo a los granadinos de entonces que se divirtieran como locos, cosa que muchos cumplen con verdadera devoción histórica. Hace unos años, se eliminó la festividad en todo el país y la Iglesia también trasladó la festividad litúrgica al domingo, pero a Granada, Sevilla y Toledo se les respetó la tradición y seguimos celebrando la fiesta como siempre, así que hoy ha procesionado la Custodia que, según parece, se inició con un espejo de la propia reina y se ha ido modificando a lo largo de los siglos hasta ser lo que vemos ahora.
      La procesión la ha transmitido una cadena local por su canal de YouTube, por lo que se ha podido ver en todo el mundo y hay comentarios muy curiosos de granadinos que la han seguido desde Nueva Zelanda, Japón, un ignorado punto de Oceanía y hasta desde África (que está ahí al lado, pero con un Internet más dificultoso) Sin embargo, yo solo he visto en el móvil la salida de la Catedral, a pesar de lo cual no he podido evitar acordarme de la última vez que vi la procesión completa y con quien la vi.

      Hace muchos años, mi amiga M.A. y yo salíamos este día, pero solo a ver pasar la Custodia desde un punto en sombra y por encima de las cabezas de los que estaban delante. Luego, buscábamos una terraza para tomarnos unas cervezas y, si estaba todo lleno, lo más fácil es que termináramos en el barrio. Pero aquel año fue distinto. Yo sabía que unos días después mi amiga iba a ingresar en una residencia porque su enfermedad ya no le permitía seguir viviendo sola. Ella no lo sabía aún, pero yo sí. Sabía que iba a ser el último año que ella vería la procesión en la calle y quise que la viera completa. Salimos más temprano, busqué un sitio donde pudiéramos estar a la sombra y en primera fila, y nos colocamos dispuestas a una larga espera. Pero mi amiga empezó a cansarse, no entendía por qué teníamos que estar allí tanto rato y no hacer como otros años, yo intenté que aguantara, más que nada porque ya nos había ido rodeando la gente y resultaba difícil salir de allí, pero ella seguía protestando y, en cuanto pasó la Custodia, nos fuimos en busca de las cervezas.

      Hoy, cuando yo tampoco veo ya la procesión del Corpus en la calle, he recordado aquello, he recordado a aquella amiga y a todos los que, unos años en un sitio y otros en otro, estuvieron conmigo en esta fiesta y ya no están en ninguna parte.
      ¿Recordáis? En Granada todo ocurre en el Corpus. Escribió Luis Rosales
      Todo.

 

28/3/25

Walter y Laura

 

      Ya sabéis que, en mis paseos por la Red, me encuentro con cosas que me resultan interesantes o simplemente curiosas que, algunas veces, me gusta compartirlas con los que tenéis la atención de leerme. 

      Y hoy os voy a hablar de Walter y Laura, una pareja de argentinos que emigraron hace unos años a España, concretamente a Granada y, que en su canal de YouTube, GPS Inmigrantes, hablan de su experiencia, aconsejando a las personas que han emigrado o están en proyecto de emigrar sobre las dificultades que ellos han ido superando, sobre los pros y contras de la emigración a otro país, sobre lo bueno y lo malo que tiene una situación así. De camino, muestran Granada, hablan de la ciudad donde viven, recorren sus monumentos, algunos pueblos de la provincia y hasta se desplazan a otros países por cuestiones familiares, que ellos mismos os contarán en sus vídeos. 

      Para mí, tan partidaria de la inmigración, de la riqueza cultural que los inmigrantes nos aportan, ha resultado emocionante ver mi ciudad a través de los ojos de Laura y Walter, pasearme por sus calles de su mano, ahora que tan poco paseo ya por ella. Sus vídeos me han servido también para apreciar cosas que me parecían normales y he visto como para otros no lo son. Y me he alegrado, me he alegrado muchísimo de que hayamos podido dar a esta pareja y sus hijos algo de lo que deseaban cuando decidieron hacer la maleta en su país y venir a esta pequeña ciudad del sur de Europa.

      Desde aquí, deseo lo mejor a Walter y Laura, deseo que jamás se arrepientan de haber elegido Granada como su residencia y que algún día tengan nietos granadinos a los que muestren estos vídeos para que sepan como fue su llegada, las dificultades primeras, los escalones que fueron subiendo a fuerza de tesón y trabajo. Yo me quedo con el deslumbramiento en los ojos de Laura al contemplar la belleza de esta ciudad, que es la mía y, ahora, la de ellos.

¡Bienvenidos! 

   

25/12/24

Rostros de Navidad

 


Para Dios, tú no eres un número, sino un rostro. Sí, Cristo no mira números, sino rostros. 

Homilía del Papa Francisco en Nochebuena 2023.


      Elías Alcalde, Delegado Diocesano de Misiones de Granada, en su habitual publicación de Navidad, recoge estas palabras del Papa y nos dice:

      El rostro de Jesús, pobre desde el pesebre hasta el supremo empobrecimiento de la cruz, continúa reflejado en los rostros de todos los que sufren en la historia, esperando nuestro servicio: 'Lo que hagáis a mis hermanos, a mí me lo hacéis'. 

      Y, a continuación, resume esas personas sufrientes en siete “rostros”: El Pobre, el Enfermo, el Inmigrante, el Preso, el Adicto, el Parado y el Anciano. Nos describe la situación y las necesidades de estas personas y lo que deberíamos hacer por ellos los que nos llamamos cristianos, para terminar diciendo:

      Siete rostros, multiplicables por setenta veces siete, nos pueden acercar a vivir el misterio de la Navidad más evangélicamente, en continuo amor gratuito a los “pobres de Cristo”, como los apellidaba San Juan de Dios.

16/10/24

El bando de los perdedores

 



      Crecisteis juntas, desde primero de bachillerato erais uña y carne. Teníais la misma edad y la misma estatura, por lo que os colocaban juntas en la fila de pasar lista, unos años ella delante y otros tú según la que hubiera dado un “estirón” durante el verano. Los domingos os turnabais en las casas, tú disfrutabas del bullicio de hermanas y primos en su casa y a ella le gustaba la tranquilidad de la tuya, tus libros y como cocinaba tu madre. La primera adolescencia pasó rápida y llegó el amor. Tú lo estrenaste con aquel francés de Lanjarón y ella con uno de los vecinos de enfrente. Hasta que un día apareció en vuestras vidas aquel muchacho de los ojos verdes. Las dos os quedasteis prendadas de ellos y tú escribiste en la libreta de las tapas rojas:

      Para verte a mi lado dando vueltas a la plaza
      bajo los tilos
      y bajo el frío aire de otoño que hacía mover sus ramas.

            Pero empezó el juego sucio. Las amigas de la pandilla la ayudaban a ella en su conquista y los amigos te ayudaban a ti. Mientras, el dueño de los ojos verdes no parecía decidirse por la una o la otra. Y aquello os enfrentó. Hasta que a ti te sobrepasó la situación y la llamaste para ir a su casa “a hablar”. Llevabas el discurso bien aprendido, lo habías meditado despacio y pensabas decirle: Mira, amiga, vamos a jugar limpio, vamos a dejar que sea él quien elija entre las dos, sin intervención de nadie más, ni siquiera nuestra.

      Lo malo fue que, nada más llegar, ella sacó el álbum de fotos donde estabais juntas, empezasteis a decir: ¿Recuerdas? Y a reír juntas como antes de que llegara el muchacho de los ojos verdes. Y tú te fuiste sin haber dicho nada de lo pensado, te echaste a un lado y le dejaste el campo libre. Algún tiempo después, te dijo que ya eran novios, que se casarían y se irían lejos. Tú estuviste en la boda, conservaste la amistad con ella, pero perdiste al hombre que quizá te hubiera hecho feliz. No sabías entonces que acababas de ingresar en el bando de los perdedores y que permanecerías en él el resto de tu vida, que tu vida sería una sucesión de pérdidas, que todos tus sueños los harían realidad otras personas y todos tus deseos los cumplirían las demás, nunca tú. Que cada vez que tocaras la felicidad con la punta de tus dedos, algo se interpondría para dejarte con las manos vacías.

      Otra perdedora, Elena Martín Vivaldi escribió:

      ¿De que voy a vivir ahora
      si lo he perdido todo?

      Pero Elena siguió viviendo sin nada hasta su final. Y ahora, tú también estás llegando a tu final sola y sin nada. Y sigues perdiendo, también se esfuman tus pequeños sueños de cada día y tus pequeños deseos de cada hora. Estás en el bando de los perdedores y lo estuviste siempre ¿No lo sabías?

      Abres la libreta de las pastas azules, la que sucedió a la libreta de las pastas rojas, y lees:

      No queda nada ya, todo se ha ido,
      nada vendrá porque ya nada espero.
      El tiempo ya se acaba y solo tengo
      mi soledad y un verso en cada mano.
      Mi soledad y un verso. En esta tarde.
 
    

23/5/24

Otro adiós

 


      No hace ni un mes que escribí aquí la despedida a un amigo de muchos años y ahora tengo de nuevo que despedir a otro, a un amigo que empezó siendo virtual, pero que luego hablamos con frecuencia y terminó una tarde sentado en este sillón desde el que ahora escribo. Y me estoy refiriendo a Unjubilado, el amigo Jubi, que se nos ha ido sin pedir permiso, sabiendo que no se lo íbamos a dar.

      Nos queda su última entrada, ese “beso volador” que ahora parece un presagio. Un beso de despedida, que nos envía desde lejos y al que respondemos los que aun seguimos aquí... por el momento.

      Descansa en paz, Emilio. Nos vemos...

 

27/4/24

El adiós

 


      El 22 de marzo, Viernes de Dolores para más señas, se me fue otro amigo entrañable, Francisco Gil Craviotto, y he necesitado dejar pasar el tiempo para poder hablar de él. Para recordar cuando le dediqué la primera entrada, cuando le pedí permiso para publicar un artículo suyo, cuando lloramos juntos la pérdida de Nono Carrillo y la de José Antonio Mesa. Ahora ha tocado despedirlo a él y arrastro el dolor de no haber podido hacerlo por circunstancias personales.

      Con él se va el pasado, se cierra el círculo de todos aquellos que, hace muchos, muchos años, éramos jóvenes y teníamos la vida por delante. Todos se han ido. Queda la soledad, queda -Manuel Alcántara dixit- no tener a quien decir: ¿Te acuerdas?

      Descansa en paz, Paco. Allá donde estés florecerán los almendros en los días azules de la infancia.

 

9/4/24

Gelem, gelem

 

      Mi periódico Ideal me ha recordado que ayer fue el Día Internacional del Pueblo Gitano y que los gitanos granadinos lo celebran en el Genil, arrojando al agua pétalos de flores rojas y depositando desde el embarcadero pequeñas velas encendidas que flotan en ella. Es la Ceremonia del Río, se celebra desde el año 2000 y yo acudí los primeros años, porque es muy bonita. Según leo, se desarrolló como es habitual: lectura del Manifiesto Gitano, petición de los deseos por parte de niños y niñas, y la interpretación del himno Gelem, Gelem (Anduve, anduve) por Macarena Fernández. Hubo luego una actuación flamenca, que terminó con la Ceremonia del Agua.

      Recordando hoy que hace unos años -al parecer cinco- pasé cerca de donde se estaba celebrando y oí cantar el himno, he buscado ¡y encontrado! un vídeo de ese día, que voy a compartir con todos. No es la mejor interpretación que he oído ni la mejor de YouTube, pero he elegido esta por su autenticidad y porque me recuerda el día que los escuché a distancia y me detuve a oírlos.

 

21/2/24

Calor de hogar



      Algunas veces digo que me gustaría tener mi casa más limpia y ordenada...pero no mucho. Me explico. Las casas muy perfectas en las que todo está reluciente y no hay nada fuera de su sitio, me parecen como con poca vida, me dan una sensación de frialdad semejante a la de una tienda de muebles o una exposición. No hay vida en ellas, es como si las personas que las habitan estuvieran de paso y no dejaran huella. Yo necesito una casa con periódicos, el móvil y las gafas encima de la mesa, con un libro, una fotografía, una nota escrita en papel sobre un mueble o el folleto del supermercado en la encimera de la cocina. 

      Y necesito también que, cuando alguien me visita, se note luego. Ver que hay algo fuera de su sitio, que el sillón donde se sentó está ligeramente cambiado de postura o la puerta del baño cerrada cuando yo siempre la dejo abierta. Necesito ver la huella de su paso en mi soledad. 

 

12/2/24

El invierno de la sandía


Esto NO es una sandía

 

 


Esto es una bandera  



10/1/24

El pandoro



      Esta Navidad, un amigo me ha regalado un pandoro, eso parecido al panettone... pero que no es panettone, según leo en Internet. Ahí leo también lo complicado de su elaboración y, en la letra pequeña del envase, los ingredientes, selectos y caros. Días después, cuando el donante del pandoro me pregunta si me ha gustado, le contesto la verdad, como siempre, y le digo que está bueno, pero no mejor que una simple magdalena de aceite de oliva bien hecha, que se hace en 20 minutos y es mucho más barata. 

      Por el tono de su respuesta, deduzco que se ha puesto las manos en la cabeza y cruzo los dedos para que no pase por ella lo de la miel y el asno.