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27/1/26

Comunicación vs. Narrativa

 



      Hace unos días, en el blog LA TINAJA DE DIÓGENES, su administrador, Cayetano, planteaba la razón por la que escribimos y hubo opiniones diversas, como diversos somos sus visitantes. Yo escribí textualmente: Para mí, escribir es comunicarme y no me vale si no tengo respuesta. Por eso, no he entendido nunca un blog cerrado a los comentarios ni un bloguero/a que no contesta a quien comenta.

       Más tarde, estuve recordando lo que ocurrió hace años cuando un amigo, escritor de narrativa, inició un blog a modo de experiencia y los amigos nos encontramos con la sorpresa de que eliminaba los comentarios que contradecían las ideas que él había expresado. Le pregunté por qué hacía aquello y me contestó con toda convicción que él no podía permitir que en un sitio bajo su nombre hubiera opiniones con las que no estaba de acuerdo. 

      Y es que él estaba acostumbrado a expresarse a través de los personajes de sus novelas y a no saber si quién las leía estaba de acuerdo o no con aquello. Sabía que sus libros se vendían, pero en realidad no llegaba a saber si al lector le habían gustado ni tampoco si su ideología coincidía con la de sus personajes. Por supuesto que tenía críticas, reseñas en medios de comunicación, pero un crítico se limita a opinar sobre la calidad -a su juicio- de esa obra, pero no entra a discutir la ideología de los personajes ni a expresar la propia.

      Y esa es la diferencia con un blog. El blog es comunicación, la narrativa no. Es más, durante siglos, la prensa tuvo más de narrativa que de comunicación, ya que, quitando las consabidas Cartas al Director, poco intercambio de opiniones había. Solo si en una ciudad había dos periódicos, podían darse debates entre los periodistas de uno y de otro, pero pocas veces intervenían los lectores. En este momento, eso ya ha cambiado con la prensa digital, abierta a las opiniones de quien la lee y se registra, pero la narrativa sigue igual, sigue el autor desconociendo si el lector comparte su ideología o estrelló el libro en el suelo mientras recordaba a su madre. A la madre del autor del libro, por supuesto. 

18/4/23

Los gatos


Captura tomada en la web de Shein

      

       Varias veces he dicho que mi relación con los animales empieza y termina en los gusanicos de seda, pero es una verdad a medias, más bien habría que añadir amigable a la relación, pues con otros animales no me fue nada bien. Estaba claro que lo de las “mascotas” no era lo mío, pues nunca quise tener perros ni gatos, a pesar de lo cual me vi criando cuatro gatitos recién nacidos, como ya apunté en el blog de Una mirada

      Tendría 6 o 7 años, cuando jugando con las amigas en un solar frente a mi casa, oímos maullidos entre unos matorrales, nos acercamos… y allí estaban: cuatro gatitos, que a mí me parecieron feísimos y que alguien había tirado para deshacerse de ellos, pues no tardarían en morir a la intemperie y sin alimento ni agua. Teníamos que volver a nuestras casas y yo volví a la mía, pero no estaba tranquila, no paraba de acordarme de los gatos muriéndose de frío y de hambre, así que cogí una caja de zapatos, fui a por ellos y los escondí en la carbonera, imaginando lo que diría mi madre cuando los viera. Que fue pronto, pues los dichosos gatos seguían maullando sin parar. Y allí empezó mi calvario. Buscar el biberón de los muñecos, conseguir que mi madre me diera un poco de leche y tratar de que los gatos bebieran de aquel biberón. Algo beberían, pues al final se callaron y se durmieron entre los trapos que yo había colocado a modo de cama.

      Pero al día siguiente otra vez lo mismo, los gatos maullando y yo con el biberón, esta vez de unos polvos que se llamaban Pelargón y que me dio una vecina, pues, según decía, era mejor que la leche para los recién nacidos. Tuve que cambiarles la cama porque olía a rayos y aquellos animalitos sin pelo y con los ojos cerrados me daban cada vez más asco. Pero ¿qué podía hacer? No podía tirarlos donde los encontré porque morirían y seguir con ellos se me hacía insoportable a medida que pasaban los días. Supongo que mis padres adivinaron mi dilema y como, además, estarían también hartos de gatos, decidieron que había que darlos en adopción. Y ahí me tenéis de casa en casa preguntando a los vecinos si querían un gato. Pero no, nadie los quería, estábamos en plena posguerra y dedicar la leche a un gato era quitársela a sus hijos. Y seguí con ellos cada vez más angustiada. Hasta que un día, mi padre volvió de la oficina muy contento porque un compañero que vivía en el campo le había dicho que cuatro gatitos le vendrían muy bien para ahuyentar a los ratones y que leche tenía de sobra con las cabras, así que mi padre metió los gatos en una caja al día siguiente y se los llevó. A mí me resultó aquello un poco sospechoso, pero como me sentía tan aliviada, preferí no pensar en ello y pasar página. Y jamás le pregunté a mi padre que destino tuvieron los gatos.

19/5/20

Del coronavirus, los viejos, el Papa, los bares, la Biblia, Susana y la incoherencia.



      A poco de declararse la pandemia y cuando los hospitales amenazaron con el colapso, empezamos a leer y oír cosas como esta. Pero es que ahora, dos meses y 30.000 muertos después, seguimos leyendo y oyendo lo mismo por activa y por pasiva, incluso con documentos gráficos como este. Y la verdad es que estoy hasta el… moño (que no tengo) de que, día tras día, se cuestione mi derecho a vivir, a seguir viva a pesar de mi edad.
      Y, mirad por donde, el otro día y a través de Unjubilado, aterrizo en el blog de una señora, que atiende al nick “Susana” y que, ante el dilema Viejos vs.Economía, se inclina por la Economía y dice cosas como esta:
      Por cierto, seguirá muriendo gente en España. Más que nada porque es lo normal y los mayores de ochenta años tienen todos los puntos. Han llegado a la esperanza de vida. Que no se mueran de Covid es lo mejor pero se morirán de otra cosa. Es ley de vida. Lo que pasa es que nadie nos lo cuenta”.
      Me sienta el párrafo como un puñetazo en el estómago, pero sigo explorando el blog y viendo que está lleno de citas bíblicas, con lo que empieza ya a no cuadrarme la cosa y se lo digo en un comentario. Observo también que las citas proceden de la Reina-Valera, una traducción de la Biblia de la que ya hemos hablado aquí varias veces y que considero un poco antigua, pero seria y respetable. Nada que objetar, por tanto, pero llego a la conclusión lógica de que la señora Susana profesa la fe de Lutero. Algo también muy respetable, por cierto.
      Como soy curiosa, sigo explorando y veo también que la señora Susana es una convencida antiabortista, lo que tampoco me encaja con el párrafo de marras. ¿Defender la vida del no nacido y cuestionar la del anciano que está vivito y coleando? No parece que eso tenga mucho sentido. Pero cuando mi desconcierto llega al culmen es cuando veo que tiene un blog en el que pone a parir al Papa Francisco y que encabeza diciendo:
      Esta es mi contribución personal a la crítica al llamado Papa Francisco, a través de sus propias declaraciones, con una interpretación basada en las escrituras. Espero que lleguen a la misma conclusión que yo sobre que el Papa legítimo sigue siendo Benedicto XVI y después deberá elegirse otro.
      Y ahí ya me pierdo, pues ¿qué más le da a una protestante que el obispo católico de Roma sea  este o aquel? ¿Y todo un blog dedicado a atacarlo? Acepto que no comparta su ideología, pero me parece mucho esfuerzo para algo que ni le va ni le viene. A no ser, claro está, que como el argentino cumple ya 84 añazos…

Nota al margen: Estas preguntas se las he hecho en un comentario, pero, desgraciadamente, no ha pasado la moderación y nos quedamos sin saber las respuestas.

19/1/11

Caminos





Nuestra vida es una sucesión de pequeñas decisiones que luego tienen grandes consecuencias, pero que en el momento de tomarlas no lo sabemos, no calculamos a donde nos pueden llevar.

Hace un par de meses dejé este comentario en el sitio de una bloguera que me había visitado por primera vez. Yo suelo comentar a bote pronto, sin meditarlo demasiado, por lo que salí rápidamente y volví a mis ocupaciones.

Sin embargo, horas después, regresé y copié el comentario porque me di cuenta de que había expresado una experiencia vital y muy presente en mí ahora por diversas circunstancias.

En la recta final de mi vida he llegado a la conclusión de que pocas veces a lo largo de ella he tomado grandes decisiones, pocas veces he elegido entre dos caminos distintos. Pero esos caminos estaban ahí aunque yo no los viera, estaban esperándome tras una simple vereda, tras un pequeño seto que yo aparté al caminar pensando que era algo circunstancial, sin importancia.
* * *
Con mi agradecimiento a Nirene que me ha cedido esta magnífica foto.


18/1/10

El patio


Hace 35 años abandoné con pena mi casa de toda la vida. No era una gran casa, no era como las casas de patio andaluzas, con el patio en medio y una galería alrededor en el piso de arriba. En mi casa sólo había un patio, detrás, pero tenía un arriate con árboles y plantas, cosa que los patios típicos no tienen.

Delante, a la entrada por la calle, estaba el portón, un pequeño portal y la puerta de cristales que daba paso y luz al recibidor. Y, al fondo del recibidor, el patio, que tenía las tapias cubiertas de yedra, un celindo enorme cuyas ramas, en primavera, se vencían hasta el suelo por el peso de la flor y un albaricoquero con albaricoques, en cuyas ramas se enredaba un falso miraguano de flores pequeñitas y olorosas, que más de una vez lucí en el pelo en el Festival de Música y Danza. Había también un níspero grande, y otro que yo sembré con un hueso del primero y que ya me sobrepasaba en estatura. Y en el centro, rodeando el aljibe, macetas de aspidistras (o pilistras, como se les llamaba)

En la posguerra, cuando un huevo era un artículo de lujo, en el patio había un pequeño gallinero de tela metálica, con cuatro o cinco gallinas y un gallo, que se alimentaban con las sobras de la comida y un guiso de pieles de patata y salvado. Las gallinas tenían nombre y, si alguna vez se sacrificaba alguna, a mí me mandaban a casa de la abuela. Luego, me decían que se había muerto, pero yo miraba con sospecha el arroz que me estaba comiendo....

Cuando algún tiempo después firmamos la escritura de venta, la compradora me dijo: Tiene Vd. que ir a ver como hemos dejado la casa. Construímos parte del patio y, en el resto, hemos quitado la tierra, los árboles y las plantas para que no haya bichos

Si las miradas mataran, aquella señora se hubiera quedado tiesa en el despacho del notario.


Durante estos 35 años he pasado muchas veces por la puerta, he visto el portón siempre cerrado (la inseguridad, ya se sabe) y hasta en alguna ocasión me he sentado en el bar de enfrente para espiar si, al entrar alguien, podía ver la puerta de dentro.

Ahora la casa está cerrada, pues se ha vendido para edificar. En este momento quizá ya no exista.

Si esta noche sueño con gallinas, con albaricoques y flores de celindo. Si oigo el silbido de alguien que me llama desde la calle, si me veo bajando las escaleras de dos en dos, si siento el roce de la pared del portal mientras dejo que me roben un beso....

....será que este blog se ha convertido en magdalena.

Comentado en Comentaristas Dispersas cualquier día de cualquier año.

23/2/09

Autorreferencia


Me gustaría también contar mi 23F, pero no puedo. O mejor no quiero, porque quizá me hiciera perder mi anonimato. Alguien de mi entorno que pasara por aquí, podría decir: "Pero si esta es"... Y adiós Senior citizen.(Con lo que me está gustando esta especie de virginidad que supone el seudónimo)


Solo diré que aquella tarde-noche la pasé en la calle. Tenía conciencia de que estaba viviendo historia y no quería perdérmela. No quería que lo que estaba pasando...y lo que podía pasar, me cogiera enfrente del televisor o de la radio. Necesitaba ser parte activa, contribuir de alguna forma a que aquel esperpento del pistolero vestido de verde terminara siendo lo que fue: un anacronismo indigno de un país civilizado.

Comentado en Cambalache el 23-2-2007. Recogido por el Profe Portillo en Nómadas y repetido al año siguiente de nuevo en Cambalache.

(No se le puede sacar más provecho a un comentario....)





Un vídeo muy visto pero que no debemos olvidar.