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10/7/26

El Botón de la Junta

Imagen regalada por Gemini

       

      Ha llegado el verano, con sus olas de calor correspondientes al cambio climático que estamos sufriendo desde hace años. Ha llegado el verano y los bloques de viviendas se quedan vacíos porque el que más y el que menos tiene donde irse, tiene segunda vivienda o casa en el pueblo. Y si están jubilados o la segunda vivienda permite ir y venir, en cuanto empiezan las calores, salen de estampida. Se vacían también los pisos de estudiantes cuando acaba el curso y esos otros que no sabemos muy bien quién los ocupa.

      Quedan entonces los viejos y viejas que viven solos, los que tienen cuidadora y los que aún no la necesitan. Y a estos últimos voy a referirme.

      Suelen tener una señora que llega un día por semana a limpiar, a algunos les dejan comidas hechas, otros se cocinan ellos, comen en un bar o compran de los muchos establecimientos de comida para llevar. Y así van tirando mientras el cuerpo aguante. Pero están solos, muchas horas solos, todas las noches solos, y ya hemos sabido de tantos casos en que una persona mayor muere sola, porque nadie se enteró de que enfermó o se cayó. Mueren en su cama, en el cuarto de baño, en mitad de un pasillo, en la cocina o en una terraza. A veces, los vecinos se enteran pronto, otras veces cuando vuelven de vacaciones y notan mal olor. 

      ¿Por qué ocurre esto en un país civilizado, con Servicios Sociales, con sistemas de alarma múltiples? ¿Con el celebrado “Botón Rojo” de la Teleasistencia?

      Pues miren ustedes, ocurre porque en algunas comunidades como la nuestra, el “botón rojo” exige que el viejo/a que lo tiene colgado de su cuello, tenga también dos personas dispuestas a que los llamen a media noche para abrir su puerta. Que tengan sus llaves y estén disponibles, que no se ausenten con frecuencia y que tampoco se vayan de vacaciones. Y eso no es fácil de conseguir. Se necesitan unos hijos muy concienciados, que se turnen para que siempre haya alguno cerca. Y no todos los viejos tienen esa suerte.

      El remedio es muy simple, pero pocas comunidades lo tienen implantado: la custodia de llaves. Que el servicio de Teleasistencia tenga las llaves del usuario y pueda abrir la puerta a la asistencia médica cuando lo necesite o se sospeche que le ha ocurrido algo. Sin eso, la Teleasistencia no sirve más que para recordarle al viejo/a que hay un mundo más allá de su puerta, pero que en ese mundo ya está de más. 

  

26/6/26

Cincuenta y cuatro años atrás

 


      Ha temblado la tierra en Venezuela y, cada vez que hay un terremoto de este calibre, sobre todo si es en América del sur, yo revivo la mañana del 23 de diciembre de 1972, cuando un terremoto asoló Managua.  Y recuerdo como se presentó en mi casa bien temprano un amigo venezolano acompañado de dos chicos nicaragüenses. El venezolano era Jorge Alvarado, estudiante claretiano en la Facultad de Teología, y los nicaragüenses creo que estudiantes también.

      Llegaron a mi casa buscando un teléfono para organizar un punto de encuentro donde pudieran informarse los procedentes de ese país que se encontraban en Granada. Y allí estuvieron parte de la mañana, Jorge al teléfono llamando a un sitio y a otro, y los nicaragüenses conmigo en la mesa de camilla. Venían todos ateridos, con el mal cuerpo de una noche que acabó pronto y de mala manera, por lo que mi madre hizo café para que desayunaran. Mientras, yo los miraba pensando que, en ese momento, no sabían si tenían familia o se habían quedado solos, pues los dos me dijeron que sus casas estaban en la zona más destruida, donde la devastación era mayor. 

      Por fin, Jorge consiguió montar el punto de encuentro en la Casa de América y para allá se fueron los tres. Por la tarde, fui por si se podía ayudar en algo y vi que estaban recogiendo donativos y que se había desplazado hasta allí un equipo de extracción de sangre.

      De esto hace 54 años, no sé nada de Jorge Alvarado, que volvió a su país poco después, no recuerdo siquiera el nombre de los nicaragüenses, pero hoy, viendo las imágenes de destrucción en Venezuela, he revivido una vez más aquella fría mañana de diciembre. Víspera de Navidad para más señas. 

 

10/4/26

El llanto contenido


      No sé si os pasado alguna vez. El miércoles recibí la noticia de que había muerto una persona muy querida, a la que conocí cuando tenía 14 o 15 años y ahora se ha ido con 64. No lloré entonces, no lloré ayer en su entierro, pero hoy, esta mañana, he roto a llorar de improviso oyendo a Silvia Pérez Cruz en este vídeo.

      Perdonadme dos vídeos seguidos, pero a mi edad una es ya puro sentimiento.



Por ti, amiga, hija de una amiga. Por tu sonrisa y por mi llanto.
 

5/4/26

Razón de vivir


      Hoy es Domingo de Resurrección y lo que iría bien es oír aquí el Aleluya de Händel o, incluso, el de Leonard Cohen, pero resulta que no es eso lo que hay en el vídeo de abajo, sino una canción argentina que también habla de amor y esperanza. Y como ya la traje a este blog hace años en la voz de su autor, Víctor Heredia, podemos oírla ahora interpretada por una envejecida y enferma Mercedes Sosa poco antes de morir.  La acompaña Lila Downs, en el álbum Cantora de 2009.

 

1/1/26

Año Nuevo

 

 PAZ, FRATERNIDAD Y JUSTICIA EN EL MUNDO

Y UN BUEN AÑO PARA TODOS

 




 

2/12/25

Ariel Schiller

 


      A Ariel Schiller -un judío del Antiguo Testamento y un granadino con casa en Jerusalén, como él se definía- lo conocí en las celebraciones de la Eucaristía que teníamos los domingos con el teólogo José María Castillo en el Centro Padre Suárez de los jesuitas. Eran unas misas con unos asistentes de lo más variado, desde miembros de Comunidades Cristianas Populares hasta sacerdotes casados, desde extranjeros de paso por Granada hasta casos tan excepcionales como el de Ariel, que asistía acompañando a su pareja Encarnación Varela. Y digo pareja, por la costumbre ahora de hablar así, pues Ariel y Encarnita se habían casado tres veces nada menos. Primeramente, una boda civil en una isla del Mediterráneo, no recuerdo si Creta o Chipre, después otra en Jerusalén por el rito judío y, por último, el matrimonio católico en la pequeña capilla de la Facultad de Teología de Granada.

      Y allí estaban los dos todos los domingos porque, al unir sus vidas, habían acordado que cuando estaban en Israel, ella lo acompañaría a la sinagoga y, en Granada, él acudiría con ella a misa. Y, claro, no había mejor sitio para ellos que aquellas celebraciones tan heterogéneas, presididas, además, por el jesuita que testificó su boda. 

      Ariel Schiller nació en Argentina de una familia alemana que había huido de la persecución nazi, de adulto se trasladó a Israel y, siendo profesor de la Universidad de Jerusalén, tuvo que escapar de Israel por su oposición a la política de asentamientos en Palestina que llevaba a cabo el gobierno. En su periplo por Europa, llegó a Granada, se puso en contacto con el departamento de Estudios Semíticos de la Facultad de Letras de la UGR, allí estaba Encarnita como profesora... y llegaron las tres bodas. Las bodas y aquellos domingos en el Centro Suárez, en los que Ariel intervenía como uno más, a requerimiento muchas veces del propio Castillo que, al tocar algún tema del Antiguo Testamento, decía: Corrígeme, Ariel. Y él, tan respetuoso siempre, nos pedía permiso y aportaba sus conocimientos desde un punto de vista distinto, con el que enriquecía el coloquio en que participábamos todos. Terminada la celebración, muchas veces nos tomábamos unas cervezas en algún bar de la vecina calle Elvira, donde Ariel miraba con recelo la tacita de caldo que ponían de tapa y nos advertía de que si el caldo era de caracoles no contáramos con él.

      Aquellas Eucaristías de los domingos terminaron cuando las autoridades eclesiásticas iniciaron la persecución de los profesores de la Facultad de Teología, suspendieron  la docencia de José María Castillo y Juan Antonio Estrada y le sacaron tarjeta roja a otros muchos, que unos salieron de Granada, otros de la Compañía y otros dijeron adiós para no volver, dando fin a la mejor época de la mejor facultad del país y una de las mejores de Europa.

      A pesar de esto, seguí en contacto con Encarnita y Ariel gracias a las conferencias en el Centro Cultural Dari de la Institución Teresiana, a donde Ariel acudió varias veces a hablarnos siempre de temas interesantes y oportunos, como aquel día en pleno fragor de la intifada. Un día que he recordado muchas veces desde el principio de la masacre de Gaza, igual que estoy recordando a Ariel y preguntándome qué habrá sido de él después de la muerte de su imprescindible Encarnita y si no la habrá seguido hacia donde puedan continuar juntos.

30/10/25

De un aniversario y un río

 

      No hace ni una semana de que compartí un vídeo divertido, con todo el deseo de buscar una relajación y un alivio a la tensión continua que sufrimos todos en el momento presente, pero mira por donde, llega el 29 con el aniversario de la Dana, recordamos la tragedia, nos indignamos por como se gestionó entonces y como se sigue gestionando ahora... y vuelve la tensión. 

      Tensión y dolor que, en este vídeo, también se traducen en música y que no me he resistido a publicar. 

      El Grupo Talía para evadirnos,  Alejandro y María Laura para recordarnos lo ocurrido con El río no tiene la culpa. Dulcemente, pero con verdades que desgarran el alma.


28/9/25

La torta de Proust

 



      Últimamente, parece que se me conjuran las cosas para que eche la vista atrás y recuerde a personas que un día estuvieron en mi vida, luego las circunstancias nos separaron y, al final, se fueron definitivamente.

      Hoy ha salido en procesión la Patrona, la Virgen de las Angustias y, aunque la fiesta por antonomasia es el Corpus, en estos días también hay ciertos festejos y una feria de frutos de otoño y tortas de cabello de ángel, la tradicional torta de la Virgen. En granaíno clásico:"tortalavíhen". 

      Por circunstancias diversas, hacía tiempo que no la compraba, más que nada porque siempre son muy grandes y, aunque congele, me amenaza con llegar a Navidad. Sin embargo, este año han traído unas más pequeñas en el supermercado que frecuento y he caído en la tentación de comprar una torta de medio kilo, que no llegará a Navidad, pero está dando para bastantes desayunos. Y a lo que voy. Al llegar a mi casa y mirar el tique, me pareció un poco cara y protesté interiormente por el envase de cartón, que añadía precio y residuos, pero cuando le di la vuelta a la caja, vi ese anagrama y olvidé el precio, pues se trata de la empresa que tienen las Aldeas SOS para dar trabajo a jóvenes discapacitados que se han criado en los hogares de esa ONG. 



      En recuerdo y como homenaje póstumo a Juan Bautista Belda Becerra, "El Pacificador" de Suárez en la Transición y fundador en España de las Aldeas SOS. Para mí y mi grupo de amigas, simplemente “el Bauti”, un chico de Jaén que estudiaba Derecho en los lejanos años 50.  

16/9/25

Del Padre Coloma, Miguel Pereyra y un colegio en Chamartín



Colegio Nuestra Señora del Recuerdo. Fotografía autor desconocido. 
Hacia 1880. Museo del Prado. Madrid
 

      Si a alguno os suena el Padre Coloma, sabréis que fue un jesuita, periodista y escritor,  un tanto polémico y un mucho sacerdote de su época. En la mía, cuando estaba en el colegio, se seguía hablando de él y de sus obras en los colegios religiosos, pero mis teresianas eran muy modernas, algunas nostálgicas de la Institución Libre de Enseñanza, y lo consideraban algo perteneciente al pasado. Por ello, no recuerdo haber leído nada de él, ni siquiera su obra cumbre, Pequeñeces, en la que aparece el poema de otro jesuita, el P. Julio Alarcón. dedicado a la Virgen del Recuerdo, la que da nombre a ese colegio histórico que los hijos de san Ignacio tienen en Madrid y que empieza así:


      Dulcísimo recuerdo de mi vida, 

      bendice a los que vamos a partir...

      ¡Oh Virgen del Recuerdo dolorida,

      recibe Tú mi adiós de despedida,

      ¡y acuérdate de mí! 

 

      Bueno, pues por circunstancias que no vienen al caso, hace unos días he estado recordando como conocí ese colegio allá por los 60, con motivo de visitar a un querido amigo, Miguel Pereyra Etcheverría, por entonces jesuita y que pocos años antes había quedado tetrapléjico en un accidente de tráfico sucedido en Granada. Recuerdo perfectamente la tarde tan buena que pasé en su compañía, recuerdo que fui en taxi porque no tenía ni idea de donde estaba ese colegio y que también volví en taxi al hotel, donde me esperaban mis padres para cenar, con las caras un poco largas porque a mí se me fue el santo al cielo en la visita y era bastante tarde. Sin embargo, no tengo el menor recuerdo de ese colegio, quizá porque llegué nerviosa por la entrevista y me fui nerviosa por lo que me había retrasado. Pero nada, como si no hubiera visto nunca lo que ahora estoy viendo en fotos.


      Tú en pago, Madre, cuando llegue el plazo

      de alzar el vuelo al celestial confín,

      estrechándome a ti con dulce abrazo,

      no me apartes jamás de tu regazo.

      ¡No me apartes de ti!.

 

      La vida... Una vida larga como la mía. Y el recuerdo de los que se fueron antes. 

 

21/7/25

Vivir para contarlo


Antiguo Banco Central de Granada


      Por un percance sufrido con una tarjeta bancaria, he estado recordando los problemas que había antiguamente con el dinero del banco y que ahora nos resultan increíbles. 

      Y he recordado que, en los años 50, cuando íbamos unos días a Lanjarón para que mi madre tomara las aguas, había allí un señor que era el banco y que llevaba los bolsillos abultados de papeles y billetes, porque su trabajo era recoger los cheques de los veraneantes y venir todos los días a Granada a cobrarlos en los diversos bancos, para que sus clientes en Lanjarón dispusieran de efectivo.

      Y no acaba aquí la cosa porque algo más tarde, ya en los 60, viajaba con mis padres a Madrid y había que llevar encima todo lo que se suponía íbamos a gastar, hotel incluido, por lo que mi padre repartía los billetes entre los tres y tanto mi madre como yo éramos depositarias de una cantidad muy respetable, que nos mantenía inquietas todo el trayecto, las 12 horas nocturnas del tren Express de Renfe. Pero es que al llegar a Madrid, mi padre cogía todo el dinero y lo llevaba a una tienda de material de topografía y dibujo de la que era cliente y donde le hacían el favor de guardárselo en la caja fuerte, para evitarnos el llevarlo encima toda la estancia o dejarlo en el hotel, que tampoco era muy seguro.

      Unos años después, los bancos crearon los llamados Cheques de viaje, unos cheques al portador, que podías cobrar en el banco de Madrid, cosa que era un poco más cómoda y segura que llevar el dinero en efectivo, pero tampoco mucho. Y todo esto, porque la cuenta de un banco en Granada estaba solo en Granada y solo en ese banco, ni siquiera en la central de Madrid.

      ¿A que resulta increíble eso ahora? Pues aquí tenéis una persona que lo ha vivido. 

30/6/25

La niña que lloraba en las películas de Charlot


Captura de YouTube

      De niña, mis padres me hablaban de los cómicos que ellos habían visto antes de la guerra, en aquellas películas mudas que ya no se proyectaban porque lo que el público quería ver era cine sonoro. Pero, sobre todo, me hablaban de Charlot y cuando, por fin, proyectaron en un cine La quimera del oro, en seguida me llevaron a verla con toda la ilusión de que yo pudiera disfrutar de lo que ellos habían disfrutado y reírme con lo que ellos se habían reído. Pero su gozo en un pozo porque yo, en vez de reírme, me puse a llorar en la escena en que Charlot se come su zapato educadamente, con tenedor y cuchillo. Para mí, aquello no era cómico, sino triste, era un señor con hambre, que la aplacaba con algo imposible y asqueroso. Y así seguí. Me llevaron a otras películas suyas y también lloraba con aquel hombre delgadito y pequeño, que se enamoraba de una florista ciega y siempre salía perdiendo en todo. No encontraba su lado cómico, no lo encontré nunca mientras fui niña.

      Pasaron los años, Charlot fue Charlie Chaplin y vimos películas suyas que no eran cómicas, pero, sobre todo, cuando murió Franco, pudimos ver El gran dictador, lo vimos jugando con  el globo terráqueo y casi nos aprendimos de memoria el  discurso final del hombre insignificante y perdedor con el que lloraba la niña que yo fui.

      Hoy, esta vieja que soy ahora también siente ganas de llorar cuando un dictador de cara naranja, henchido de poder y soberbia, vuelve a jugar con el mundo y los seres que lo poblamos. 


19/6/25

Otro Corpus Christi

 

Captura de YouTube

      En Granada hoy es el Día del Corpus, la fiesta central de nuestra feria, que empezó el sábado con los fuegos artificiales inaugurando el ferial de casetas, columpios, trajes de gitana y sevillanas rocieras a todo volumen.

      Según contamos siempre a quien quiere oírnos, fue Isabel la Católica la que instituyó esta fiesta y le dijo a los granadinos de entonces que se divirtieran como locos, cosa que muchos cumplen con verdadera devoción histórica. Hace unos años, se eliminó la festividad en todo el país y la Iglesia también trasladó la festividad litúrgica al domingo, pero a Granada, Sevilla y Toledo se les respetó la tradición y seguimos celebrando la fiesta como siempre, así que hoy ha procesionado la Custodia que, según parece, se inició con un espejo de la propia reina y se ha ido modificando a lo largo de los siglos hasta ser lo que vemos ahora.
      La procesión la ha transmitido una cadena local por su canal de YouTube, por lo que se ha podido ver en todo el mundo y hay comentarios muy curiosos de granadinos que la han seguido desde Nueva Zelanda, Japón, un ignorado punto de Oceanía y hasta desde África (que está ahí al lado, pero con un Internet más dificultoso) Sin embargo, yo solo he visto en el móvil la salida de la Catedral, a pesar de lo cual no he podido evitar acordarme de la última vez que vi la procesión completa y con quien la vi.

      Hace muchos años, mi amiga M.A. y yo salíamos este día, pero solo a ver pasar la Custodia desde un punto en sombra y por encima de las cabezas de los que estaban delante. Luego, buscábamos una terraza para tomarnos unas cervezas y, si estaba todo lleno, lo más fácil es que termináramos en el barrio. Pero aquel año fue distinto. Yo sabía que unos días después mi amiga iba a ingresar en una residencia porque su enfermedad ya no le permitía seguir viviendo sola. Ella no lo sabía aún, pero yo sí. Sabía que iba a ser el último año que ella vería la procesión en la calle y quise que la viera completa. Salimos más temprano, busqué un sitio donde pudiéramos estar a la sombra y en primera fila, y nos colocamos dispuestas a una larga espera. Pero mi amiga empezó a cansarse, no entendía por qué teníamos que estar allí tanto rato y no hacer como otros años, yo intenté que aguantara, más que nada porque ya nos había ido rodeando la gente y resultaba difícil salir de allí, pero ella seguía protestando y, en cuanto pasó la Custodia, nos fuimos en busca de las cervezas.

      Hoy, cuando yo tampoco veo ya la procesión del Corpus en la calle, he recordado aquello, he recordado a aquella amiga y a todos los que, unos años en un sitio y otros en otro, estuvieron conmigo en esta fiesta y ya no están en ninguna parte.
      ¿Recordáis? En Granada todo ocurre en el Corpus. Escribió Luis Rosales
      Todo.

 

8/4/25

Aquella posguerra



       Mi abuela materna murió cuando yo tenía 10 años y, por tanto, fue antes de eso cuando mi madre me enviaba algunas tardes a su casa para que ella me diera la merienda: una esquina de pan de la que sacaba la miga, echaba aceite y azúcar en el hueco y volvía a colocar la miga, que se empapaba de aceite y azúcar. Una merienda gourmet que pocas niñas tenían y que yo tampoco podía disfrutar todos los días, solo en contadas ocasiones.

      Cualquier niño que lea lo anterior supongo que no entenderá nada o que pensará que aquella niña de los años cuarenta era tremendamente pobre. No sabrá que el panadero traía a mi casa un pan oscuro y con sospechosas briznas en su interior, que el aceite comprado con las cartillas de racionamiento era de oliva, pero también oscuro, ácido y dejando posos en la botella, y que la azúcar, adquirida de la misma forma, había que guardarla para endulzar el desayuno y no podía "malgastarse" en caprichos semejantes para que llegara a fin de mes. 

      Pero ¡oh suerte del destino! Mi abuelo era contable en una fábrica de harinas y eso le daba acceso a un saco de harina blanca, que cambiaba al panadero, previa discutida gestión, por una determinada cantidad de piezas de pan maravillosamente blanco. Pero es que también y de forma para mí desconocida, el aceite de casa de mis abuelos, aunque también escaso, era otro mucho mejor, de un color más claro y transparente, menos fuerte, menos picante. Una delicia al alcance de pocas personas.

      Curiosamente, aquel pan “negro” de entonces era el codiciado integral de ahora y aquel despreciado aceite es el AOVE con Denominación de Origen, que una marca denomina "Amarga y pica", las señas de identidad de la aceituna picual de nuestra comarca Los Montes. Y, curiosamente también, algunas veces traía el panadero unos bollos de pan de maíz, amarillos al estar el grano con cáscara, que a mí me gustaban más que el pan blanco de mi abuela. Y que no he vuelto a probar, ya que ahora el pan de maíz no es amarillo y sabe igual que el de trigo.

 

27/2/25

La Gala

 

      Pasó ya, hace bastantes días, la gala de los Premios Goya y a los que no fuimos invitados ni tuvimos la paciencia de ver las cuatro horas en directo de TVE, nos queda ahora verla a trocitos, encontrarnos vídeos por aquí y por allá, vídeos de los momentos culminantes, de las entregas de los premios, de los discursos más o menos acertados, de los números musicales, etc.

      Y con la alegría que me caracteriza últimamente, de todo lo que he visto hasta el momento he seleccionado el vídeo en el que unas chicas que, por cierto, no conocía, adaptan la canción de Rosana Si tú no estás aquí a la enumeración de los profesionales del cine que se fueron a lo largo de este año. Desde la estrella más deslumbrante al montador desconocido. Una larga lista.

      Y como el año pasado Silvia Pérez Cruz y Salvador Sobral dedicaron también este recuerdo a los cineastas que fundieron en negro, adaptando la conocida canción de Manuel Alejandro, y ocurre que me gusta más esa grabación que la de este año, la añado aquí y así serán dos por el precio de una.

      Son largos los vídeos y no es obligatorio verlos, pero me parecen un buen homenaje a quienes dedicaron su vida a la “Fábrica de los sueños” 


1/1/25

La Navidad de los viejos

 



      31 de diciembre a media mañana. En la puerta del supermercado charlan dos mujeres mayores.

      -¿Donde vas a cenar esta noche?

      -En mi casa.

      -¿Sola?

      -Sí, mis hijos cenan en las suyas.

      -¿No te vas con alguno de ellos?

      -Pues no, porque lo celebran con los amigos y yo no pinto nada en eso.

      La miro y veo brillar en sus ojos las lágrimas contenidas. Se despide de la amiga y se va apresurada, como si quisiera llegar pronto a su casa para dar rienda suelta al dolor que lleva dentro.

      Más tarde, ya en mi casa, oigo en el móvil el largo mensaje de voz en el que una amiga muy distante me cuenta, una vez más, que "va a morirse" sin ver en Navidad a uno de sus hijos que, desde que se casó hace muchos años, pasa siempre la Navidad con la familia de su mujer. Y repite: "No hay turnos, siempre es lo mismo, y yo me voy a morir sin verlo un año sentado en mi mesa en Navidad".

      La llamo porque a mí se me dan mal los mensajes de voz, pero no me coge el teléfono, no sé si porque no lo ha oído o porque no tiene ganas de hablar. Le escribo entonces un mensaje y evito desearle una noche feliz. 

      Aún más tarde, ya cerca de la cena, felicito por WhatsApp a otra amiga, suponiendo que está en casa de su hermano como todos los años, pero me contesta, también con un mensaje de voz, diciendo que no está con su familia, que su hermano ya no conduce y ella no se atreve a depender de los taxis en una noche así para ir a su casa. Y se despide advirtiéndome de que ya ha cenado y se está acostando. O sea, que no la llame. 

      Mientras voy a la cocina a por mi cena, pienso si los sobrinos que se reúnen en casa de su hermano tampoco conducen. Y pienso también que ella tampoco ha pronunciado la palabra feliz.

      31 de diciembre, 12 de la noche. Empieza un nuevo año y yo os deseo, más que nada, que jamás conozcáis la soledad de estas viejas, la soledad de tantas personas mayores que ni siquiera pueden volcar su tristeza en un blog. 


4/12/24

4D

 

      El día 4 de diciembre de 1977, un miembro de la Policía Armada no identificado (o encubierto por una Transición aún vacilante), asesinó en Málaga a Manuel José García Caparrós, que participaba en una manifestación multitudinaria y pacífica a favor de la autonomía de Andalucía. Su injusta muerte a los 19 años,  exacerbó  el andalucismo y, poco más de dos años después, votamos un referéndum que reconoció la autonomía por la vía del Artículo 151 de la Constitución, el de las llamadas comunidades "históricas".

      Años después, Antonio Martínez Ares, el carnavalero de Cádiz, pero también el autor de canciones como La vida en gris, compone Era un 4 de diciembre, pasodoble con el que gana el primer premio de agrupaciones su comparsa Los Piratas en el Carnaval de 1998.

      Por último y más recientemente, Rocío Márquez graba una versión, menos bullanguera pero más flamenca, que es la que traigo hoy para conmemorar el día.

 

6/11/24

La Nube de Valencia

 


      En la noche del 18 al 19 de octubre de 1973, una gran riada arrasó La Rábita, una pequeña localidad de la costa granadina, pedanía del municipio de Albuñol. Aun ahora, tanto tiempo después, no se sabe exactamente la cifra de víctimas, pues entonces se dijo que eran cuarenta los muertos y otros tantos desaparecidos, aunque luego se ha simplificado la cifra en “ciencuentaytantos”, como también los vecinos de La Rábita y Albuñol han simplificado aquel trágico suceso llamándolo “La Nube”, con esa costumbre tan granadina y andaluza de definir las cosas grandes con palabras pequeñas, las cosas importantes con palabras sin importancia. (Semejante a llamar al puente de Dúrcal, atribuido a Eiffel, "El Puente de Lata"...)

      Lo llamemos como lo llamemos, aquello fue una gran tragedia, pues, para un pueblo que entonces tenía poco más de 1.400 habitantes, supuso perder una parte importante de su población. Sin embargo, estando todavía bajo la dictadura de Franco, en la que este tipo de cosas se silenciaban, se difundió muy poco y el país no pudo conmocionarse como lo estamos ahora con lo sucedido en Valencia.

      Pero vayamos a Valencia

      Ha pasado una semana y seguimos en shock, seguimos sin terminar de creernos lo ocurrido, pero vemos como todos, desde los famosos hasta la última clienta del super, estamos convertidos en expertos y absolutamente seguros de lo que se debería haber hecho para evitar las víctimas y paliar los daños. Sin embargo, yo pienso que no es el momento, que solo cuando no quede ni un desaparecido por encontrar, cuando todos los vecinos de esos pueblos tengan agua, luz y alimentos, cuando estén bien alojados los que han perdido su casa, entonces habrá llegado la hora de sentarse gobierno y administraciones, recopilar datos de cómo murieron las víctimas, donde estaban, que hacían, que circunstancias se daban en su entorno, que información habían recibido, etc. y confrontar estos datos con los de la AEMET. Afortunadamente, ahora tenemos medios, tenemos ordenadores, tenemos la IA... Metamos los datos en las máquinas y que ellas, sin condicionamientos, sin inclinaciones políticas, sin ideas preconcebidas, nos enseñen a manejar situaciones así, que -seguro- van a ser cada vez más frecuentes. 

16/10/24

El bando de los perdedores

 



      Crecisteis juntas, desde primero de bachillerato erais uña y carne. Teníais la misma edad y la misma estatura, por lo que os colocaban juntas en la fila de pasar lista, unos años ella delante y otros tú según la que hubiera dado un “estirón” durante el verano. Los domingos os turnabais en las casas, tú disfrutabas del bullicio de hermanas y primos en su casa y a ella le gustaba la tranquilidad de la tuya, tus libros y como cocinaba tu madre. La primera adolescencia pasó rápida y llegó el amor. Tú lo estrenaste con aquel francés de Lanjarón y ella con uno de los vecinos de enfrente. Hasta que un día apareció en vuestras vidas aquel muchacho de los ojos verdes. Las dos os quedasteis prendadas de ellos y tú escribiste en la libreta de las tapas rojas:

      Para verte a mi lado dando vueltas a la plaza
      bajo los tilos
      y bajo el frío aire de otoño que hacía mover sus ramas.

            Pero empezó el juego sucio. Las amigas de la pandilla la ayudaban a ella en su conquista y los amigos te ayudaban a ti. Mientras, el dueño de los ojos verdes no parecía decidirse por la una o la otra. Y aquello os enfrentó. Hasta que a ti te sobrepasó la situación y la llamaste para ir a su casa “a hablar”. Llevabas el discurso bien aprendido, lo habías meditado despacio y pensabas decirle: Mira, amiga, vamos a jugar limpio, vamos a dejar que sea él quien elija entre las dos, sin intervención de nadie más, ni siquiera nuestra.

      Lo malo fue que, nada más llegar, ella sacó el álbum de fotos donde estabais juntas, empezasteis a decir: ¿Recuerdas? Y a reír juntas como antes de que llegara el muchacho de los ojos verdes. Y tú te fuiste sin haber dicho nada de lo pensado, te echaste a un lado y le dejaste el campo libre. Algún tiempo después, te dijo que ya eran novios, que se casarían y se irían lejos. Tú estuviste en la boda, conservaste la amistad con ella, pero perdiste al hombre que quizá te hubiera hecho feliz. No sabías entonces que acababas de ingresar en el bando de los perdedores y que permanecerías en él el resto de tu vida, que tu vida sería una sucesión de pérdidas, que todos tus sueños los harían realidad otras personas y todos tus deseos los cumplirían las demás, nunca tú. Que cada vez que tocaras la felicidad con la punta de tus dedos, algo se interpondría para dejarte con las manos vacías.

      Otra perdedora, Elena Martín Vivaldi escribió:

      ¿De que voy a vivir ahora
      si lo he perdido todo?

      Pero Elena siguió viviendo sin nada hasta su final. Y ahora, tú también estás llegando a tu final sola y sin nada. Y sigues perdiendo, también se esfuman tus pequeños sueños de cada día y tus pequeños deseos de cada hora. Estás en el bando de los perdedores y lo estuviste siempre ¿No lo sabías?

      Abres la libreta de las pastas azules, la que sucedió a la libreta de las pastas rojas, y lees:

      No queda nada ya, todo se ha ido,
      nada vendrá porque ya nada espero.
      El tiempo ya se acaba y solo tengo
      mi soledad y un verso en cada mano.
      Mi soledad y un verso. En esta tarde.