22/9/14

El futuro





Dos mujeres corriendo en la playa (La carrera) Pablo Picasso

     La “conversación” mantenida con Una mirada en el post anterior sobre el trueque, el intercambio de servicios y habilidades, me ha hecho recordar los planes de futuro que hice en una ocasión y cómo la vida los deshizo sin remedio.

     Tenía una amiga de mi misma edad, muy generosa y servicial, que siempre estaba dispuesta a hacerme favores, a lo que yo correspondía tratando de hacérselos a ella también y, como nuestras habilidades iban en distintos sentidos, nos complementábamos bien: yo le miraba sus “papeles”, le ayudaba en sus gestiones bancarias y administrativas, y ella se ofrecía siempre a echarme una mano cuando una tarea en la casa se ponía complicada o a traerme un dulce que le hubiera salido bien.

     Y así, yo hacía planes para el futuro, para cuando fuéramos mayores (o más mayores de lo que ya éramos) Como ella físicamente estaba mucho mejor que yo, me ayudaría en el trabajo duro de la casa y, como yo estaba mentalmente mejor que ella, le gestionaría todos sus asuntos.
     
     Pero se atravesó en nuestro camino el alemán y todo se fue al traste. ¿Para que hacer planes si la vida los hace por nosotros?  



15/9/14

Los años

    
     A mi madre le gustaba comprar y le gustaban los supermercados. Tenía una memoria prodigiosa para los precios y disfrutaba comprobando que había comprado un artículo unas pesetas más barato que en el super de enfrente. Pero es que, además, volvía siempre muy pronto y diciendo que la gente era muy amable, le daban números para que no esperara y la dejaban pasar en la cola de la caja. Yo estoy ahora ya cercana a la edad que tenía mi madre entonces, pero nadie me da números en el supermercado ni me cede el turno en la caja. Al contrario, si son más rápidos empujando su carro, se me adelantan, aunque para eso tengan que empujarme a mí también. Suelen ser mujeres, pero también he visto hacerlo a algún hombre.

     ¿Qué ha ocurrido en 20 o 25 años para que nuestra sociedad haya cambiado tanto?  ¿Que de ser amable y respetuosa con una persona mayor haya pasado a tirársele al degüello?

     En menos de un año he sufrido dos agresiones de personas de mi entorno que, aparentemente,  no tienen nada que ver, pero que pienso que en el fondo son lo mismo. Creo que, por mi edad y circunstancias, doy una imagen de indefensión, de vulnerabilidad, de tal manera que el agresor se crece porque se sabe impune, sabe que yo no voy a poder responder de la misma forma. Y esto es realmente demoledor. Que predominen los que se ensañan con quien no puede defenderse, evidencia una sociedad enferma, en la que se han perdido los valores, la decencia y la humanidad.


9/9/14

La señal





     Tiene guasa esto… Soy la canciller de hierro, la reina de Europa, el no va más de poder. Todo el mundo obedece mis órdenes, se inclinan ante mí, se rascan el bolsillo cuando yo lo digo y se recortan cuando yo dispongo. Y aquí me tienen, buscando en el suelo la señal que ha colocado el último mindungui de protocolo para situar mis pies. Ni un pasito p’alante, ni un pasito p’atrás: justo ahí. ¡Achtung!

2/9/14

Los artistas





            Mi padre les llamaba “los artistas” y ahí englobaba todos los gremios: albañiles, carpinteros, electricistas, fontaneros, pintores, etc. Todas esas personas que necesitamos de vez en cuando y sin cuya presencia seríamos mucho más felices.
    
      -¿Cuándo viene usted?

     -Mañana a primera hora.

     Y una se queda preguntándose que entenderá este señor por primera hora, pero lo descubre cuando llega a las 12, después de horas esperando.

     -Quizá pueda esta mañana, pero si no, iré después de almorzar.

     O sea, que te deja esperando toda la mañana y a eso de las 2 te preguntas cual será su hora de almorzar, para hacerlo tú y que no te coja en plena faena. Aunque no hay mucho peligro, pues fácilmente lo dejará ya para el día siguiente. Y vuelta a empezar.
  
     Pero lo mejor es cuando te dicen, generosamente, que no te preocupes, que puedes irte a la calle porque te llamarán al móvil un rato antes de venir. Por supuesto. Te vas al super, te llaman, dejas las compras y sales trotando para tu casa, no sea que lleguen antes que tú y te pierdas la ocasión de tu vida. Así que te quedas y ni lo uno ni lo otro, ni llegan ni compras.

     ¡Osú, que arte! (Diría un sevillano) 


26/8/14

Belle


     Para terminar este mes de agosto, tan complicado para algunos de nosotros, os dejo un vídeo que siempre me ha gustado y he visto muchas veces. La obra completa está en YouTube y creo que vale la pena sentarse tranquilamente para disfrutar de ella y de tres voces inigualables. 

NOTRE DAME DE PARIS
Comedia musical. 
Música: Ricardo Cocciante
Texto: Luc Plamondon
Intérpretes en este vídeo (Belle): Garou,  Daniel Lavoie y Patrick Fiori.

19/8/14

19 de agosto


 

Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.

Federico García Lorca (5/6/1898- 19/8/1936)
Poeta en Nueva York. Fragmento de Fábula y rueda de los tres amigos


12/8/14

Don Vicente Enrique y Tarancón






     Sabéis que soy poco aficionada al copy/paste, pero, precisamente ahora, cuando parece que eso se nos va a poner difícil, es cuando traigo aquí un artículo que me ha gustado y que hubiera querido escribir yo. Es más, era una asignatura pendiente recordar en este blog a Tarancón, aquel aguerrido obispo, que cayó ante el paredón de su propia Iglesia.




7/8/14

Sobreviviré



     Gloria Gaynor lleva cantándola 36 años, sola o acompañada de otros, y hasta El dúo dinámico se atrevió a hacer una versión quinceañera de una de las mejores canciones que se han escrito. Se que su letra en inglés no tiene el sentido que yo quiero darle, pero me quedo solo con el título en este largo, cálido -y duro- verano.


26/7/14

Despedida





     Hace ya algún tiempo, hablé aquí de un granadino que siempre me ha gustado más como poeta que en otras facetas suyas. Ahora, este paisano se despide de publicar con un artículo en IDEAL, en el que lleva a cabo algo que ya ha hecho otras veces: incluir un párrafo que, pareciendo en prosa, en realidad es poesía. En estos casos, yo he jugado siempre a separar los versos, tratando de adivinar como él los hubiera dispuesto en el caso de publicarlo como un poema. Y eso mismo he hecho ahora, pero cualquiera de vosotros podréis hacer otra separación, igualmente válida, sin que lleguemos a saber cual es la de su autor.

     Arriba tenéis la imagen del artículo, que podeis ampliar haciendo clic, y aquí lo que yo he visto en ese párrafo.


Llega un día en que se tuerce el camino
y la vida se pone cuesta arriba. 
Un viento desatado nos derriba,
como un perro feroz y repentino.
Ya no puedes tirar de tu indolencia, 
de tu cuerpo rendido, desplomado.
Lo vivido te duele. Es el pasado,
su recuerdo tenaz, su decadencia.

Llega un día en que todo ha sucedido.
La infancia. El amor y la alegría.
La muchacha que tanto nos quería.
Los parientes y amigos que se han ido.
Ya digo que me nubla la razón
lo oscuro de la vida que nos queda;
cuando solo vislumbro la humareda
de aquel fuego que fue mi corazón.

Me miro de perfil en el espejo,
donde he sido tan joven como aquel
que botaba barquitos de papel
y ahora solo se tiene por un viejo.

Pero sigo viviendo, paso a paso.
La vida siempre acaba en un fracaso.



18/7/14

Margot


     Nos llamábamos igual, incluso el diminutivo familiar era el mismo, por lo que, para distinguirnos, nos apodaron como La Grande y La Chica, siendo yo La Grande por llevarle algún año. Decíamos que éramos primas pero el parentesco era lejano, a pesar de lo cual estábamos siempre juntas y fuimos cómplices de innumerables estropicios y travesuras.

     Un día, su familia se trasladó a Madrid para ocupar su padre un gran puesto y cuando, pasado algún tiempo, volvió a Granada, hablaba “fino” y su nombre había cambiado, de ser un nombre castizo y zarzuelero, al que estaba de moda por entonces. Tampoco ya era La Chica, pues había crecido más que yo  y parecía, incluso, mayor que yo. Cuando la tuve enfrente y la miré a los ojos, supe que éramos dos extrañas.

     Hace muchos años que no se de ella, pero al oír este tango siempre me acuerdo de aquella niña que subió a un tren para Madrid y no volvió nunca.

Yo me acuerdo no tenías casi nada pa ponerte
hoy usás ajuar de seda con rositas rococó.
Me revienta tu presencia, pagaría por no verte, 
si hasta el nombre te has cambiado como ha cambiado tu suerte:
ya no sos mi Margarita, ahora te llaman Margot



10/7/14

Nativos digitales






     Diecisiete años, recién aprobada la selectividad, lejano ya el Tuenti y ahora forofo de WhatsApp. Con iPhone, iPad y lo que le echen. Me dice que no le gustan los ordenadores porque “están siempre llenos de virus”, que al de su abuelo le han tenido que cambiar la pantalla porque salía una ventana diciendo que el Windows es falso, pero que en la pantalla nueva le sigue saliendo la misma ventana. Le explico que el Windows no está en la pantalla, sino en ese chisme grande que hay debajo, y que pueden cambiarle cien veces de pantalla y seguirá saliendo lo mismo. Me mira como si le estuviera hablando en chino y atiende el silbidito del WhatsApp.
  

3/7/14

El ascensor de doña Mar




     No se si alguno conocéis el Palacio de Carlos V, que está en el recinto de la Alhambra y gestionado por su Patronato. Para mí fue siempre muy familiar porque durante muchos años cumplí el rito de una visita anual al Museo de Bellas Artes, que se encuentra en su planta superior, para extasiarme ante “mi” Virgen del Lucero de Alonso Cano o sentarme en la banqueta que había delante del célebre cardo de Sánchez Cotán. Pero fue pasando el tiempo, yo cumpliendo años y estas visitas se fueron espaciando a causa de su terrorífica escalera. Sí, he dicho bien, terrorífica, pues los que conocéis mis fotos en Flickr, habéis visto toda clase de escaleras dificultosas, escaleras empinadas, de escalones altos, escaleras de tres tramos como la de la Real Chancillería, escaleras propias de personas que se morían jóvenes, con sus articulaciones y su corazón en perfectas condiciones de uso. Pero la del Carlos V es otra cosa, las supera a todas, la de allí tiene unos escalones que crecen conforme los subes y que bailan cuando los bajas, animándote a rodar por ellos. Y, encima, una balustrada tan alta, ancha y llena siempre de turistas que no hay forma de agarrarse.

     Así que ya hace tiempo que se acabaron las visitas anuales al museo y que vengo perdiéndome todas las exposiciones que hay en la planta superior. Pero, hace un par de años, María del Mar Villafranca, directora del Patronato, empezó a hablar de instalar un ascensor para discapacitados y –por fin- no hace mucho anunció a bombo y platillo su estreno para “poner el monumento y el museo al alcance de todos”.

     Y, como yo soy muy inocente, voy y me lo creo, y hace unos días me encamino a ver una exposición que me interesaba. En principio, llego con mucho ímpetu y me arriesgo a subir las escaleras, pero al terminar de ver la exposición y a la vista de lo mal que me había ido al subir, le pregunto a una azafata donde está el ascensor. Y ahí empieza la aventura digna de Indiana Jones en sus mejores tiempos. Lo primero es que la uniformada chica me dice que el ascensor está reservado a los discapacitados, a lo que le contesto que tener 78 años ya es una discapacidad en esa escalera, así que la chica, muy amable, me acompaña hasta dejarme en manos de un guardia de seguridad al que tiene que dar explicaciones de por qué esta señora, que no va en silla de ruedas, necesita el ascensor. El guardia se queda dudoso, pero al fin transige y me acompaña por todo el Museo de Bellas Artes hasta donde está el ascensor, muy escondido y teniendo que abrir una puerta con su llave como si en vez de un ascensor fuera la cámara del tesoro del mencionado Indiana. Una vez ante él y rodeados de impresionantes muros históricos, llama por el chisme que lleva en la mano a la seguridad de la planta baja, pues parece ser que mientras no lo autoricen abajo el ascensor no sube. Y allí nos ponemos a esperar, él llamando reiteradamente y yo cada vez más apurada del jaleo que había armado con mi petición y deseando volverme atrás y bajar la dichosa escalera aunque sea rodando. Por fin el guardia recibe un toque, llama al ascensor, este sube, nos metemos los dos, llegamos abajo y allí me pone en manos de un señor con aspecto de ser el jefe máximo de la seguridad, que me dice un poco malhumorado que tengo que recorrerme todo el Museo de la Alhambra para llegar a la puerta, ya que estamos en el final de él. O sea, que cuando me vi en la calle me pareció mentira.

     ¿Qué os parece mi aventura? ¿No es absurdo que se gasten un dineral –o nos lo gastemos- en poner el ascensor y luego sea tan complicado usarlo? Pues a mí no me han quedado ganas de volver a meterme en ese lío y, una de dos, o me arriesgo con la escalera, o la Virgen del Lucero, el cardo y las exposiciones se van a quedar esperándome para siempre jamás.