12/4/11

Juan Gutiérrez Padial






Recientemente, la Academia de Buenas Letras de Granada le ha rendido homenaje al poeta Juan Gutiérrez Padial por haberse cumplido el pasado Febrero 100 años de su nacimiento en el pueblo granadino de Lanjarón.

Juan Gutiérrez Padial pertenece al grupo de poetas que por los años 50 y 60 animaron en Granada la gris vida cultural de la época. Fue profesor en la abadía del Sacromonte y por entonces se integró en el grupo Veleta al Sur. Publicó su primer libro –Salterio gitano- en 1948, y no volvió a publicar hasta diez años después cuando aparece A contratierra, escrito en prosa. Le sigue luego Debajo del silencio (1966) terminando sus publicaciones con Sombra penúltima (1980) y Bajo la sombra del estro (1983)

De él dijo Carlos Muñiz en su libro 6 poetas granadinos posteriores a García Lorca:

Es cura, sí, no os asustéis. Lo encontraréis en el huerto plantando unos tomates. Por la mañana ha cantado en el coro de la catedral. Ahora, a la caída de la tarde, sigue con la salmodia de los surcos, riega, planta, recoge…../ No es raro, pues, que entre col y col, antífona y antífona, salten los otros versos, los suyos, la voz rajada y grave de quien sabe de dolores y bajamares parturientas. Pertenece a esa larga lista de clérigos trovadores, tan incomprendidos en vida, tan rumiados tras la muerte.

Y más recientemente, Antonio Sánchez Trigueros en IDEAL:

Poeta dominador de la técnica y materialidad del verso, poeta del romance luminoso, de magistrales sonetos, del verso libre y del poema en prosa, del poema breve y del poema de largo aliento…

Pero mejor veamos unos poemas suyos.


SOLEDAD

El mar y yo. ¡Siempre solos!
Tierra, atrás. Cielo, delante.
Diez caracolas de espuma
por la frente. Por la sangre
la ausencia… ¡siempre la ausencia!

Se me deshoja la tarde
entre los dedos. No hay rosas
ni esperanzas. Llama el aire
una, dos, tres….¡cuantas veces!
Nadie le responde, nadie.

El mar y yo. Siempre solos.
Me abrasa la voz. Me arden
las horas. Todo me quema
la soledad de la tarde.

El mar y yo. Siempre el mar
y yo para adivinarte.

DEBAJO DEL SILENCIO

Hablar contigo. De mí,
Contigo, callar… ¡Silencio!
Dejar tiempo a la palabra.

Por el agua –claro espejo-
las voces suenan -¿a qué?
a olvido y polvo.
Silencio
de mí, contigo, hecho carne.
Repique de nada. Viento
de nada. En el corazón
dolor de nada. Mis dedos
de nada, llenos de sangre.
Yo, de ti –de nada- ciego.

¿Me encontrarás por encima
o por debajo del tiempo?
Se va… ¿Quién sabe por donde!

Para salir a tu encuentro
hablar contigo, de ti.
Contigo, de mí, silencio.

DEL AMOR Y LA PALABRA

Hablo porque me escuece la palabra
y la certeza de saberme hermano.
Agria tengo la voz, rota, la mano
de santiguar preguntas: ¿No hay quien abra

una estela de tierra en la macabra
sonrisa de los muertos? ¿Será en vano
gritar a lo divino por lo humano?
Mi lengua es una gubia que me labra

palabras de dolor, de amor, de huida,
de silencios, de lágrimas, de lodo…
Busco a tientas en mí, nombres y nombres

hasta llenar el libro de la Vida
y en mis brazos pretendo atarlo todo
por la hermandad de Dios y de los hombres.

3/4/11

Un macasar en el camino





Ya conocéis mi fijación por el macasar. Este blog lleva ese nombre y mi galería de Flickr recibe todos los años la nueva cosecha de fotos allá por Enero. Después de una ardua tarea de investigación creo que ya tengo localizadas la mayoría de las plantas que hay en Granada y próximamente pienso geosituarlas en una especie de mapa del macasar, algo así como la ruta de la seda que lo trajo a Granada.

Como digo ahí al lado, todos estos macasares están en jardines antiguos, siendo reliquia de unas épocas en las que no primaban las plantas de gran volumen y crecimiento rápido que se siembran ahora. Así, hay ejemplares en el recinto del Hospital Real, en el jardín de entrada al cementerio de San José, en el Hospital del Refugio, en los Jardinillos del Salón y en la Huerta de San Vicente.

Sin embargo, esta Navidad encontré una planta en un sitio inesperado, en la mediana de una casi-carretera con un tráfico infernal rozándola todo el día. ¿De donde ha salido esa planta? Allí todo es nuevo, todo está recién construido, y un macasar no crece de la noche a la mañana. La deducción es fácil pero también sorprendente.

Toda esa zona estaba llena de huertas que cayeron ante la picota del progreso y en una de esas huertas estaría el macasar. Cuando estaban construyendo esa vía y los edificios colindantes alguien -que merece pasar a la historia- vio la planta, la reconoció y quizá modificó el proyecto para conservarla en su sitio. No es el lugar ideal para una planta así, pero al menos no ha muerto gracias a una persona desconocida que tuvo la sensibilidad suficiente para respetarla.

1/4/11

Maldad gratuita





Hace tiempo que dejé de creer en los Reyes Magos, que asumí sin problemas que los caramelos de fresa no tienen fresa y los recuerdos de París están fabricados en Taiwan. Pero hay algo que no conseguiré entender por muchos años que viva: la maldad gratuita. Hacer daño a sabiendas y sin sacar ningún beneficio de ello.

¿Se puede disfrutar del sufrimiento ajeno? ¿Compensa, quizá, del sufrimiento propio? Que alguien me lo explique, por favor.

27/3/11

Carteles rotos (Epílogo del anterior)



Sopló un viento de furia y agitó los carteles
-palabras de esperanza en balcones abiertos-
La tarde estaba oscura, la noche fue cayendo,
llegó un viento de guerra y amaneció despacio
la triste, gris, mañana de los carteles rotos.


Este intento de poema lo perpetré la mañana del día 20 de Marzo de 2003, cuando amanecimos metidos en una guerra que no habíamos querido. Aquella noche llovió, hizo viento y muchos de los carteles que había en los balcones se rompieron. Sirve ahora para expresar la mala conciencia de no haber colgado nuestros carteles para protestar de la guerra en Libia. En estos años hemos roto los carteles, el viento de la vida ha arrastrado el sueño que entonces defendimos de que un mundo mejor era posible.

Firmamos armisticios con la vida y decimos que es paz lo que es solo renuncia y cobardía.

20/3/11

La batalla de los carteles





En el 2003, un señor bajito y con bigote nos metió en una guerra absurda. (Cualquier parecido con otro señor bajito y con bigote más antiguo es pura coincidencia) Pero a lo que iba. Que ese señor antes de dejarse la melena se reunió en las Azores con dos señores muy importantes y, con tal de que le echaran el brazo por el hombro, acogió con todo entusiasmo la idea de buscar en un país remoto unas armas que no existían. Protestamos, firmamos manifiestos, salimos a la calle masivamente, llenamos nuestros balcones de carteles de plástico con el NO A LA GUERRA y nuestras solapas de chapitas blancas y negras, pero no sirvió de nada y en la madrugada del día 20 de Marzo cayeron bombas allá por donde Adán y Eva se comieron una manzana.

Esta triste historia todos la conocemos, pues durante muchos días los telediarios y los periódicos nos trajeron noticias de grandes bombardeos y batallas. Pero de lo que voy a hablar aquí es de mi pequeña e incruenta Batalla De Los Carteles.

Cuando la entrada en la guerra ya parecía irremediable, leí en el periódico que una asociación pacifista repartía carteles para colgarlos en los balcones y allá que me fui a por uno con la idea de que fuera algo puramente testimonial: un solo cartel en un solo balcón y durante un solo día.

Colgué mi cartel con trabajo, ya que no había forma de sujetarlo a los ladrillos de la fachada y bajé a la calle a ver como había quedado. Cuando miraba, un vecino mal encarado me dijo: ¿Tienes permiso para eso? Yo le contesté que era algo temporal, que al día siguiente lo quitaba. Subí a la casa y sonaba el teléfono. Era una vecina que me puso a parir diciendo que yo no podía colocar eso en “su” fachada. Discutimos, le dije que era mi balcón y también mi fachada, y tuve que colgarle el teléfono porque ya me estaba insultando. Cuando volví esa noche a mi casa encontré en el buzón un anónimo que me decía: Quita ese cartel del balcón o te arrepentirás. ¡Toma ya amenazas!

¿Qué hubierais hecho vosotros? Me imagino que lo que hice yo. Volver a la asociación, traerme carteles para todos los balcones y comprar una chapa para la solapa. Y ahí me tenéis lidiando día tras día con unos carteles que no querían quedarse quietos. Ocurrió que fueron días de lluvias y vientos con los que todas las mañanas amanecían mis carteles del revés y enredados en la baranda, y yo poniéndome como una sopa para intentar sujetarlos con cinta de embalar.

Mientras, seguían las protestas de los vecinos. Seguían los anónimos en el buzón, la misma señora siguió insultándome y una concejala del PP subía cuatro pisos andando con tal de no entrar conmigo en el ascensor. También la chapita de la solapa dio sus problemas, pues una amiga me dijo al verla: ¡Ave María Purísima! ¿qué llevas ahí puesto?, en el super un señor mayor estuvo a punto de pegarme y hasta el médico al que fui a por recetas me dijo que para entrar en su casa tenía que quitarme aquello.

No recuerdo exactamente cuando renuncié a mis signos externos del rechazo a la guerra, pero supongo que sería cuando terminaron los bombardeos. Pero sí sé que el tiempo se me hizo eterno, por la guerra y por mi batalla particular. Pasados meses, un amigo al que se lo conté me dijo: ¡A quien se le ocurre hacer eso en un barrio que tiene en todas las elecciones una mayoría aplastante del PP!


15/3/11

Festival de Tango 2011



Dibujo de Enrique Bonet en La Opinión de Granada



Tato (Horacio) Rébora es una institución en Granada a donde llegó en 1980 y se hizo cargo de un pequeño local –La Tertulia- que en poco tiempo convirtió en un referente de la cultura granadina y lugar de encuentro de poetas, músicos, actores, periodistas y cuantas personas se interesan por la cultura. Conciertos, recitales, lecturas de libros y una escuela de tango han encontrado sitio en tan poco espacio físico como el del local de la calle López Mezquita.

Había salido de su Córdoba (Argentina) por pies, huyendo de los militares de la dictadura que lo esperaban en la puerta de su casa y, tras un tiempo en Suecia donde confiesa que se aburrió como una ostra, terminó en Granada en la que se siente un granadino más y así lo consideramos los granadinos.

No mucho después de su llegada, en 1988, organiza el primer Festival Internacional de Tango de Granada, que este año cumple su 23 edición dedicado a Enrique Morente, gran aficionado y amigo íntimo de Tato con el que compartió muchos trasnoches en La Tertulia.

Dice Zifra que el tango sabe esperar, pero en Granada solo espera un año hasta la siguiente edición.

9/3/11

De mayores y menores



No hace mucho descubrí que estoy agregada en una página llamada Blogs de Mayores. Así, con ese eufemismo. No blogs de viejos ni de la tercera edad: blogs de mayores. Como si la edad fuera algo así como un ascenso. Con 20 años una es menor y con 70 mayor. Menudo lujo…

No estoy en contra de mi inclusión en ese blog, pues bastante trabajo se han dado en meterme, pero quiero dejar claro que yo no lo he pedido, que yo no elegí esa etiqueta. Nunca me gustaron los encasillamientos, las cosas de hombres o de mujeres, de jóvenes o de viejos. No me gustan las paridades, los cupos, las discriminaciones positivas o negativas.

Yo tengo un montón de años y tengo un blog, pero esos son hechos que no tienen nada que ver el uno con el otro. Si mi blog es malo lo será sin la disculpa de que ya he pasado el límite en que se considera que una puede estar lúcida, y si es bueno no quiero que lo sea partiendo de ese hecho. Soy poco competitiva, pero si hay que entrar en competición, que sea en igualdad de condiciones, no subiendo o bajando el listón por razón de la edad.
Yo puedo ser Senior citizen, pero mi blog es simplemente EL MACASAR.

28/2/11

28 de Febrero



El año pasado, tan día como hoy, conmemorando el Día de Andalucía, alguien dejó anónimamente el enlace a este vídeo, en el que se reivindica una vez más el restablecimiento del Reino de Granada, un tema en el que no me atrevería a definirme, ya que si bien ese Reino fue una realidad histórica hasta no hace mucho tiempo, también es verdad que la Historia rara vez vuelve atrás y en este momento parece imprudente un cambio en la configuración del mapa andaluz, precisamente cuando se levantan voces que cuestionan la igualdad entre las autonomías.

Se perdió la ocasión de recobrar el Reino de Granada cuando, a la hora de diseñar el mapa autónómico, se pensaba que Andalucía era demasiado grande y se sopesó la idea de dividirla en Occidental y Oriental, correspondiendo esta aproximadamente con el Reino en su última etapa, por lo que su capital hubiera sido Granada. Pero esa ocasión pasó y ahora veo un poco utópico este planteamiento.

Pero veamos el vídeo, que está bien hecho, es interesante y va acompañado de la canción Europa, de Globus, con una letra un tanto discutible.






23/2/11

23-F





Decíamos ayer.....


16/2/11

Pinocho



No sé si recordáis el cuento de Pinocho de Carlo Collodi, el de verdad, no las versiones que se han hecho luego para el cine. Era un cuento largo, con mucho texto y algunos dibujos, como estábamos acostumbrados los niños de antes. En él hay un momento en que Geppetto renuncia a su desayuno para dejarle al muñeco-niño que se coma tres peras. Pero Pinocho exige que se las monde y deja las pieles y los corazones. Geppetto lo toma con paciencia y espera hasta que Pinocho, que sigue teniendo hambre, termina por comérselo todo.

Yo leí este cuento en la posguerra, cuando a los niños nos decían que las raspas de las sardinas en aceite eran buenas para los huesos y nos hacían crecer, a fin de que nos las comiéramos enteras, sin dejar ni las escamas.

Pienso ahora que en esta España nuestra nos hemos pasado unos años despreciando las pieles de las peras y las raspas de las sardinas, pero ahora toca de nuevo aprovechar lo que tenemos y no desperdiciar nada. ¿No os parece?


Ilustraciones: J.Viñals para Las aventuras de Pinocho Editorial Juventud S.A. 1941

8/2/11

Ernesto Corazón de León





No se como llegué a su blog, Testigo, pero en seguida me engancharon sus posts profundos, trabajados y siempre interesantes. Empezamos a comentarnos y pronto supe de su mal estado de salud, pronto llegaron sus alarmantes ausencias, a la vuelta de las cuales nos contaba que había salido por un pelo de una nueva faena de su corazón. Hasta que un mal día, el 28 de Enero, ese corazón dijo hasta aquí he llegado y nos lo arrebató.

Dice Manuel Alcántara que hay personas que se mueren y otras que se “nos” mueren. Ernesto era de estas, de las que nos dejan un vacío difícil de llenar. Cuando inicié mi vida virtual en los blogs hace años, parecía que de la Red solo iba a recibir cosas positivas, que estaba llena de todo lo que a mí me faltaba: juventud, alegría... vida. Pero luego he encontrado las mismas pérdidas que en la vida real, personas a las que quieres y un día se te van de una forma o de otra. Ya van siendo muchas las veces que mis lágrimas caen sobre el teclado, que tengo que hacer un esfuerzo para comentar festivamente en un blog o en una galería de fotos, ya van siendo demasiados los blogs que debo eliminar de mis marcadores, que me resisto a eliminarlos y ahí quedan detenidos, gritándome su silencio. O activos, pero sin que ya tenga nada que ver con ellos.

Descansa en paz, Ernesto, testigo de los más altos sueños, fedatario de un mundo mejor. Te vamos a echar de menos, ya lo estamos haciendo.

1/2/11

San Cecilio





Todo es posible en Granada, incluso que su patrón no haya existido nunca. Me explico. Hoy celebra la iglesia el día de San Cecilio, patrón de Granada, pero ocurre que hay grandes dudas acerca de la existencia de este supuesto varón apostólico al que se atribuye la evangelización de la romana Ilíberis antecesora de esta ciudad.

El 25 de Marzo de 1588, al derribar la torre de la Mezquita Mayor también llamada Torre Turpiana, apareció una caja de plomo cerrada y recubierta de betún que contenía entre otras reliquias un pergamino escrito en árabe, castellano y latín. En este pergamino se habla de una profecía del evangelista San Juan acerca del fin del mundo, al parecer traducida al castellano por un árabe cristiano llamado Cecilio, obispo de Granada, que añadió un comentario en su lengua. Se completa con la declaración en latín de un sacerdote que relata como San Cecilio a las puertas de la muerte le confió esta caja con todo su contenido para que la ocultara de los árabes en lugar seguro.

Redondo, ¿verdad? Pues no acaba ahí la cosa.

En Febrero de 1595, unos buscadores de tesoros que removían ruinas en la colina de Valparaíso, encuentran una lámina de plomo escrita en árabe que habla del martirio de San Mesitón en tiempos del emperador Nerón. Lloviendo ya sobre mojado, el arzobispo de la ciudad, D. Pedro de Castro, se lanza con entusiasmo a excavar y van apareciendo sucesivamente hasta 22 libros escritos en láminas de plomo que narran el martirio de San Cecilio, sus discípulos San Setentrio y Patricio y el resto de santos varones que integran el martirologio granadino del s.I.

Pedro de Castro se las promete muy felices, pero hay voces disidentes, como la del sabio orientalista Benito Arias Montano, que no ven claro este asunto y la polémica discurre a lo largo del siglo XVII, hasta que en 1682 el papa Inocencio XI declara falsos y heréticos los libros plúmbeos “no solo por contener doctrinas opuestas a la Sagrada Escritura y usos de la Iglesia, sino también por los resabios de mahometismo y reminiscencias del Corán” (Baldomero Macías Rosendo)

Hasta aquí la Historia, pero lo que nos interesa ahora es por qué se montó este tinglado de falsos libros y pergaminos en los que, incluso, quizá se inventó la figura de San Cecilio.

Pues muy sencillo. Por aquella época, los moriscos granadinos cuyos antepasados se convirtieron al cristianismo forzados por el Cardenal Cisneros, se veían perseguidos, postergados y examinada con lupa su “limpieza de sangre”, por lo que temiendo ser expulsados de la tierra que fue suya durante generaciones, concibieron este montaje en el que personajes de origen árabe estaban implicados en el nacimiento de la iglesia cristiana en Granada. O sea, que a cristianos antiguos no los ganaba nadie.

Lo que nos lleva directamente a que hoy los granadinos suben las siete cuestas hasta la Abadía del Sacromonte para dar culto al santo y comer habas verdes, bacalao y tortas salaíllas. La relación de San Cecilio con las habas, el bacalao, las tortas y la tortilla del Sacromonte necesitaría de un profundo estudio que ya desborda los límites de este artículo.


Dedicado a Ernesto, cuyo estudio sobre los moriscos quedará como ejemplo de rigurosidad y buen hacer en la Red.