3/2/26

Otro recuerdo de la Navidad




Imagen de Pixabay

      Me cuenta mi amiga, la de la residencia, que la cena de Nochevieja estuvo muy bien, que el menú consistió en entremeses variados, consomé con huevo, ensaladilla rusa de gambas, bacalao con tomate y un postre de chocolate.
      Y yo me pregunto si en esa residencia necesitan plazas libres, pues si yo ceno así...no amanezco.
 

22 comentarios:

  1. Lo único que les va quedando a los chicos de las residencias es el apetito. Es lo que más les conecta con la vida.
    Saludos.

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    1. Eso parece, pues la comida en la residencia es uno de los principales temas de nuestras conversaciones.

      https://el-macasar.blogspot.com/2023/11/todo-hecho.html?m=1

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    2. Tu entrada del 20 de noviembre del 23.
      Ese día también cascó otro viejo que nos hizo un tiempo la puñeta.
      En efecto, nada peor para el deterioro mental que no ejercitar la memoria. Y las pequeñas tareas de cada día son un buen ejercicio. Por ejemplo: ir al súper sin lista de las cosas que necesitamos.

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    3. Ese día, pero no ese año... Afortunadamente, desapareció antes.

      Pues mira, yo voy a la compra con lista, pero es que he ido siempre, desde que era joven. Antes en papel, ahora en el móvil.

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    4. También hago la compra con la consabida chuleta; se pierde menos tiempo y se evita que algún producto se quede en la recámara de la memoria.

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    5. Es así y algunas veces te dejas algo... El otro día quería comprar coliflor, pero había delante de las coliflores una señora que parecía estar meditando profundamente si llevarla o no llevarla, así que me fui a las patatas para ver si, mientras, la señora se decidía y ocurrió lo que tenía que ocurrir, que me vine a mí casa sin la coliflor.

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    6. Yo hago la compra con una lista que preparo concienzudamente. Y una vez comprado lo necesario, hago la compra de lo que no es necesario, pero que son pequeños caprichos. En mi vida en pareja, llevábamos dos carritos para no discutir e íbamos por caminos diferentes en la inmensidad del Carrefour. Por supuesto, las chuminadas eran cosa mía. Un abrazo.

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    7. Yo no soy tan ordenada y hay veces que doy muchas vueltas, quizá porque los supermercados que tengo cerca son pequeños y puede ocurrir como lo anterior, que no puedo acercarme a unos artículos, me voy a otro lado, vuelvo... o no vuelvo. En estos supermercados, no se puede establecer una ruta, pues muchas veces no puedes pasar por un pasillo porque están reponiendo o porque se han juntado dos carros y ya no pasa un tercero. Antes compraba en otro más grande donde la compra era más fácil, pero lo tengo más lejos y ya no puede ser, así que toca amoldarse a lo que hay.

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  2. Qué fortaleza tendrán las señoras y señores residentes...

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    1. Y el caso es que ella nunca ha sido de mucho comer y ha estado siempre delgada. Ahora hace tiempo que no nos vemos por residir en ciudades muy distantes, pero creo que sigue igual.

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    2. Pues, mira por dónde, ayer terminó una huelga de hambre de 25 días, un señor de 68 años de una residencia pública de Colmenar Viejo, Madrid; protestaba por la mala calidad de la comida y la arbitrariedad en la cantidad y reparto de las raciones. Tras hacer multiples reclamaciones, su huelga de hambre (a base de agua y café) ha coseguido que la Fiscalía se implique y haya una inspección minuciosa de ese centro.

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    3. Esta residencia de la que hablo es privada, pero no de las más caras. Es de unas monjas, cosa rara ya, pues aunque haya residencias de instituciones religiosas, ya están atendidas por personal contratado, pues las monjas, si alguna queda, están para que las cuiden a ellas. Sin embargo, esta parece que la gestionan ellas mismas y, por lo que dice mi amiga, está muy bien en todos los sentidos.

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    4. Que una residencia de personas mayores sea privada no garantiza que las prestaciones sean mejores. En Huesca, las quejas han sido siempre contra las residencias de gestión privada, que las dos únicas públicas existentes tienen muy buena fama y el único problema es que no hay plazas libres en ellas.

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    5. Por supuesto que no. Yo he conocido residencias privadas carísimas que no me han gustado nada, aunque sí conozco una, también muy cara, que me parece la mejor de las que he visitado. Aquí, totalmente públicas hay pocas, más bien hay plazas concertadas en las privadas y no he oído quejas de ellas, pues supongo que todos los residentes tienen que estar en las mismas condiciones, sean de plazas concertadas o no.

      Lo que sí es un problema grave es la escasez de plazas que estén al alcance de las personas de bajos ingresos, por lo que las listas de espera son indignantes. Y aquí se va a agravar ese problema con el cierre previsto de la residencia de las Hermanitas de los Pobres, una de las mejores que conozco, pero que ellas ya no pueden sostener porque, al envejecer o morir las monjas y tener que contratar personal que las sustituya, es imposible mantenerla cobrando solo un porcentaje de la pensión de los alojados, que si es una pensión no contributiva, eso no cubre ni el desayuno. Tienen muchas voluntarias y voluntarios que ayudan lo que pueden, pero eso no basta y ya han ido cerrando en otras ciudades y la de aquí está en venta.

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    6. Hoy en día, y teniendo en cuenta la configuración de la pirámide demográfica, la demanda de residencias públicas para personas mayores no hace sino poner el foco en una realidad social por la que se ha pasado de puntillas: las personas viven más años pero ello no implica que todas alcancen una edad avanzada en condiciones para valerse por sí mismas. Y como no todas las pensiones de jubilación permiten a las personas acogerse a una residencia de mucho coste, qué menos que darles la oportunidad de vivir en un centro de gestión pública. ¿No lo merecen, acaso, quienes, con su esfuerzo, han ayudado a levantar el país?

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    7. Esa es la teoría, pero falla por dos sitios. Por un lado, las administraciones no están por la labor de gastar dinero en los viejos, porque su voto no durará mucho tiempo, pero es que, además, la mayoría de las personas mayores preferiríamos seguir en nuestra casa hasta el final y, para eso, también hacen falta ayudas, que no las hay porque ya sabemos cómo va lo de la Ley de Dependencia. ¿La razón? Pues la misma que en lo anterior: que los viejos no interesamos como votantes.

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    8. Mi madre pasó sus últimos años en una residencia, debido a su enfermedad. La primera a la que fue, cuando se le detectó el maldito Alzheimer, era privada, que fue la solución más rápida ante el deterioro de la situación y estaba bastante bien, la costeamos entre los hermanos, pues la pensión de mi padre no podía llegar ni por asomo. Durante unos pocos años, mi padre gestionó el traslado de mi madre a una residencia pública y al final lo consiguió. Y mi impresión era que la calidad era similar, desde luego las comidas eran ricas, aunque mi madre comía poco. Un abrazo.

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    9. En este momento, pocas pensiones dan para pagar una residencia privada buena, pues los precios alcanzan a los 3.000 o, incluso en Madrid, 4.000€. Las hay algo más baratas, pero es raro encontrar una como la de esta amiga y corres el peligro de tropezarte con un chiringuito de los que un día salen en la prensa por sus deficiencias o por algo peor.

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  3. Todo depende de las cantidades, de cómo de grandes sean ls platos ;) Dicen que no hay dinero para la Ley de Dependencia y las residencias públicas no dan abasto, pero siempre se tira con bala hacia lo privado. Sufrimos el desinterés de los políticos por defender los intereses españoles (y me refiero a los de todos los partidos) pero a algunos solo les preocupa Gaza y Trump. No salimos a la calle por lo que realmente debería importarnos y así nos va.

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    1. A ver... Esto no va de Gaza ni de Trump, sino de que, en este país y en la mayoría de los países desarrollados, la población envejece, cada vez tardamos más en morirnos y los medios para atendernos en nuestros años finales no crecen en la misma proporción. Las residencias privadas están cubriendo en parte la necesidad de asistencia de personas con demencias o de las que prefieren pasar esos últimos años sin tener que ocuparse de nada, pero este sistema falla por el precio y porque no hay una vigilancia de estas residencias por parte de las administraciones y muchas de ellas no reúnen las condiciones adecuadas. Y todo falla también porque la sociedad vive cada vez más el carpe diem, vive como si no hubiera un mañana, como si la vejez fuera algo evitable con gimnasio y comida "sana". Esta mentalidad es la que está creando el problema y haciendo que los gobiernos no se planteen en serio como resolverlo. No hay demanda por parte de la sociedad, no hay conciencia de la necesidad.

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  4. Tal vez algún día nos toque pasar por el aro, lo cual no quisiera porque el aro es siempre una imposición de los domadores. Y el domador en este caso es nuestra propia edad y luego los secundarios ayudantes.

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    1. Se ve que a los presentes nos preocupa este tema, pues empezamos por alabar lo bien alimentados que están en la residencia de mi amiga y hemos terminado diciendo que por muy bien que se coma en esa residencia... mejor que espere. Y no solo por los domadores adjuntos, sino por lo que supone de perder las raíces, casi siempre hundidas en el ambiente que hemos creado a lo largo de mucha vida, para cambiarlo por algo muy parecido a un hotel de paso. Bueno para unas vacaciones, pero no para un aparcamiento definitivo.

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