El pasado otoño, fui con dos amigas a una misa en recuerdo de otra, que había muerto meses antes. Se celebró en la parroquia de un barrio muy distante y considerado el más marginal de esta ciudad, por lo que al salir, ya de noche, tratamos de llamar a un taxi para volver a nuestras casas. Era sábado, las ocho y media de la tarde, lloviendo y en un barrio donde muchos taxistas no quieren entrar, así que no había manera de que el taxi llegara. Refugiadas de la lluvia bajo la marquesina de un modesto local de bocadillos, vacío en ese momento, llamábamos a la centralita de los taxis y estaba ocupada o no contestaba. Entonces, asomó a la puerta del local una señora, aparentemente árabe o gitana, que al ver allí tres mujeres ancianas de pie y agarradas a su móvil, sacó diligente sendos sillones, para que, al menos, esperáramos sentadas. Y allí estuvimos hasta que conseguimos el taxi y nos despedimos agradecidas de aquella señora, que tan amable había sido.
Ayer fue el Día de la Cruz, pero el sábado ya estaban las cruces montadas y, al ir al supermercado, me acerqué a la instalada en lo que ahora llaman Centro de Participación Activa para Mayores, antes Centro Cívico y siempre Centro de la Tercera Edad. Di unas vueltas por el patio haciendo fotos, me sentí cansada y busqué donde sentarme un rato, antes de volver a mi casa. A unos pasos, dos señoras muy bien vestidas y enjoyadas, sentadas en sillones, y un tercer sillón vacío. Veo en él mi salvación, me dispongo a sentarme y se me atraviesa un tío grande como un armario y lo menos veinte años menor que yo, que extiende su brazo para cortarme el paso, musita un "perdón" desabrido... y se sienta en el sillón. Y allí me quedo, mirando a los tres estupefacta, y ellos mirándome a mí como pensando: "¿Que querrá esta?"
Y la pregunta del millón es: ¿Dónde imagináis que me gustaría vivir? ¿En donde vivo o en el barrio marginal del otoño pasado? Y a quienes preferiría de vecinos ¿a las tipas enjoyadas y el animal con polo de marca? ¿O a la señora de la bocadillería?

