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9/5/26

FIP 2026

 

      Termina hoy el XXII Festival Internacional de Poesía de Granada y no quiero que eche el cierre sin celebrarlo como es debido: con un poema.


      De Luis García Montero, Sonata triste para la luna de Granada. En su voz.


25/3/26

De papel

 



      Un comentario de Sabius en la entrada anterior, me ha hecho recordar que, cuando en una ocasión mencioné en un grupo de personas que estaba suscrita al periódico impreso, una amiga poco menor que yo se sorprendió y dijo: ¿Recibes el periódico de papel? Eso ya no lo hace nadie. Y cuando yo iba a contestar, otra amiga se adelantó explicando que si es que yo tengo la suscripción en recuerdo de mi padre, que si es por costumbre, que si... O sea, que me disculpaba delante de la otra y del grupo, para que nadie pensara que soy una antigua, una retrógrada fuera de la vida actual.

       Pues sí, señores y señoras, yo tengo el periódico de papel, me gusta ese periódico, le encuentro ventajas sobre los periódicos digitales. ¿Cuáles? Un montón. Por ejemplo, la publicidad. En el periódico impreso parece como si los ojos se acostumbraran a no ver los anuncios, quizá porque se quedan quietecitos en donde los han puesto, mientras en los periódicos digitales te persiguen, te asaltan, te tapan la lectura obligándote a cerrarlos una y otra vez. Si es que puedes, pues a veces ocurre que al hacer clic sobre el aspa de la esquina, lo que haces es abrir una página nueva de la que cuesta salir. Incluso en el mejor de los casos y en las publicaciones más serias, te los encuentras entre párrafo y párrafo, haciendo también la lectura muy incómoda.

      Otro inconveniente es la desactualización, que las noticias de hoy están mezcladas con las de ayer o con las del año pasado obligándote a buscar la fecha, que muchas veces no está, y te encuentras leyendo lo que en el periódico impreso ya has llevado al contenedor de reciclado. 

      ¿Algo más? Pues sí. Los periódicos de papel suelen tener las secciones más ordenadas, más fijas, de tal forma que nos resulta más fácil ir directos a lo que nos interesa, mientras en los digitales ese orden cambia con frecuencia (si no es todos los días) agotando nuestra paciencia cuando queremos buscar algo concreto.

      Si a todo esto añadimos la dificultad de leerlos en el móvil, darle al dedo y pasarnos media docena de páginas de golpe o meternos sin querer en otro periódico, el resultado es un maremágnum muy distinto a la tranquilidad de acomodarnos en nuestro sillón preferido, coger un periódico que huele a papel y a tinta, empezar por la última página si eso nos apetece, ir a la primera cuando nos parece bien y, cuando estamos preparados, entrar en el centro, en las páginas de opinión, para reflexionar sobre las noticias que ya hemos ido conociendo por los distintos medios.

      Así que, señoras y señores, esta que firma pagará mientras pueda la suscripción del periódico de su ciudad, que no es el mejor ni el más de su cuerda, pero es de papel impreso y está en su puerta cuando se levanta por la mañana.  

16/10/24

El bando de los perdedores

 



      Crecisteis juntas, desde primero de bachillerato erais uña y carne. Teníais la misma edad y la misma estatura, por lo que os colocaban juntas en la fila de pasar lista, unos años ella delante y otros tú según la que hubiera dado un “estirón” durante el verano. Los domingos os turnabais en las casas, tú disfrutabas del bullicio de hermanas y primos en su casa y a ella le gustaba la tranquilidad de la tuya, tus libros y como cocinaba tu madre. La primera adolescencia pasó rápida y llegó el amor. Tú lo estrenaste con aquel francés de Lanjarón y ella con uno de los vecinos de enfrente. Hasta que un día apareció en vuestras vidas aquel muchacho de los ojos verdes. Las dos os quedasteis prendadas de ellos y tú escribiste en la libreta de las tapas rojas:

      Para verte a mi lado dando vueltas a la plaza
      bajo los tilos
      y bajo el frío aire de otoño que hacía mover sus ramas.

            Pero empezó el juego sucio. Las amigas de la pandilla la ayudaban a ella en su conquista y los amigos te ayudaban a ti. Mientras, el dueño de los ojos verdes no parecía decidirse por la una o la otra. Y aquello os enfrentó. Hasta que a ti te sobrepasó la situación y la llamaste para ir a su casa “a hablar”. Llevabas el discurso bien aprendido, lo habías meditado despacio y pensabas decirle: Mira, amiga, vamos a jugar limpio, vamos a dejar que sea él quien elija entre las dos, sin intervención de nadie más, ni siquiera nuestra.

      Lo malo fue que, nada más llegar, ella sacó el álbum de fotos donde estabais juntas, empezasteis a decir: ¿Recuerdas? Y a reír juntas como antes de que llegara el muchacho de los ojos verdes. Y tú te fuiste sin haber dicho nada de lo pensado, te echaste a un lado y le dejaste el campo libre. Algún tiempo después, te dijo que ya eran novios, que se casarían y se irían lejos. Tú estuviste en la boda, conservaste la amistad con ella, pero perdiste al hombre que quizá te hubiera hecho feliz. No sabías entonces que acababas de ingresar en el bando de los perdedores y que permanecerías en él el resto de tu vida, que tu vida sería una sucesión de pérdidas, que todos tus sueños los harían realidad otras personas y todos tus deseos los cumplirían las demás, nunca tú. Que cada vez que tocaras la felicidad con la punta de tus dedos, algo se interpondría para dejarte con las manos vacías.

      Otra perdedora, Elena Martín Vivaldi escribió:

      ¿De que voy a vivir ahora
      si lo he perdido todo?

      Pero Elena siguió viviendo sin nada hasta su final. Y ahora, tú también estás llegando a tu final sola y sin nada. Y sigues perdiendo, también se esfuman tus pequeños sueños de cada día y tus pequeños deseos de cada hora. Estás en el bando de los perdedores y lo estuviste siempre ¿No lo sabías?

      Abres la libreta de las pastas azules, la que sucedió a la libreta de las pastas rojas, y lees:

      No queda nada ya, todo se ha ido,
      nada vendrá porque ya nada espero.
      El tiempo ya se acaba y solo tengo
      mi soledad y un verso en cada mano.
      Mi soledad y un verso. En esta tarde.
 
    

26/8/24

No pensar nunca en la muerte


      Como, en la anterior entrada, hemos hablado abundantemente del tema, he recordado este poema de Manuel Alcántara, que podemos oír de su propia voz y en la de Mayte Martín, autora también de la música.

 

2/8/24

La siesta




      Cuando era niña, la siesta en el verano era sagrada para nosotras. No era obligatorio dormir, pero sí estar en reposo, pues nos decían que beneficiaba nuestra salud y nuestro crecimiento y estaban muy mal miradas las familias que dejaban a sus hijos jugando en la calle o en el patio. Nuestra sospecha era siempre que, detrás de esa preocupación por nuestra salud, estaba el deseo de los mayores de echarse una siestecita tranquila, pero era comprensible si ellos trabajaban y habían madrugado, así que una niña buena como yo comprendía la situación y se tumbaba en la cama turca un par de horas. Y como no tenía ningún sueño, en ese par de horas leía todo lo que tenía a mi alcance, empezando por los cuentos o los libros de Celia y variando mis lecturas conforme aumentaba mi edad.

      En uno de esos veranos me tragué la colección completa de Salgari, en otro la de Verne, en otro le metí mano a la biblioteca de mi abuelo recién llegada a mi casa tras su muerte, incluidos los libros que mi padre me señaló como "no apropiados para mi edad", y en otro me leí las obras completas de García Lorca. Recuerdo que cuando llegué al teatro, cada tarde era una obra. Amor, amor, amor y eternas soledades decía Marianita poco antes de que mi madre se levantara a poner la merienda.

      Pienso ahora lo que contribuyeron a mi cultura aquellas pesadas tardes del verano, aquellas no-siestas de mi infancia y adolescencia. Mi estatura física no se desarrolló tanto como nos decían, pero aquellas lecturas fueron conformando la mujer adulta que luego fui.

 

2/6/24

Soledad

García Montero con Gioconda Belli en la Huerta de San Vicente  

      Pongo en Google la palabra soledad y me sale de todo. Empezando por la Wikipedia y la definición de la RAE, me sale de todo. Desde consejos/anuncios de psicólogos, a una funeraria o un negocio de venta de neumáticos. Canciones, nombres de mujeres más o menos conocidas, libros, muuuchos psicólogos que nos aconsejan como convivir con la soledad y hasta la Cruz Roja y el Teléfono de la Esperanza.

      Pero sigo con el dedo hacia abajo y me salta a la vista algo sorprendente: Luis García Montero mencionando un poema de José María Pemán, titulado precisamente Soledad y que creo recordar traje aquí hace años.

      El artículo de García Montero es de la pasada Navidad y habla de lo que muchos hablamos por esas fechas: de las ausencias, de las pérdidas. La suya bien grande, ya lo sabemos. Curiosamente, no había leído ese artículo y es raro, pues suelo seguir lo que escribe el paisano. Mi primera intención al leerlo, ha sido guardarlo para una entrada de la próxima Navidad, pero como resulta que a mi edad eso está demasiado lejos y no sé si para entonces estaré yo o estará el blog, mejor lo enlazo ahora, pues lo creo válido en cualquier época del año. Y añado lo que le hubiera contestado si no me diera pereza tener que suscribirme. Algo que escribí hace mucho tiempo.


Porque decir "nosotros"
es nombrar un sueño.


2/12/23

Niños

      Ayer empezó diciembre y yo rompí a llorar viendo el telediario. No se si es que, con el mes, entro en “modo sensible” o que las imágenes de niños heridos en Gaza me sobrepasaron, pero el llanto se me vino a los ojos a oleadas, como un río. Y tuve que salir de la habitación huyendo de esas imágenes, que me herían hasta lo más hondo.

      ¿Es que nadie va a parar esto? ¿Es que a nadie le importa? ¿Es que todos vamos preparar nuestra Navidad ignorando lo que allí ocurre? Gaza, Ucrania... Sufrimiento, dolor, muerte... ¿Y nosotros llenando el congelador de marisco?

      Hoy, 2 de diciembre, he tenido todo el día en la memoria un poema que ya publiqué hace tiempo, pero que no me resisto a mostrar de nuevo.


16/10/23

De recuerdo

 



      Según parece, los señores y señoras importantes que acudieron a la III Cumbre de la Comunidad Política Europea se llevaron un buen recuerdo de nuestra ciudad y en su memoria estará la belleza de la Alhambra, el paisaje... y las exquisiteces que les dimos en cenas y almuerzos, que no solo de belleza vive el hombre. Pero es que, además, también se llevaron recuerdos físicos, como el pañuelo que una guía de la Alhambra lucía en su cuello y regaló a doña Úrsula von der Leyen, que le había echado el ojo nada más asomar por allí.

      Hubo otros regalitos más por parte de La Moncloa, como una botella de AOVE muy especial (que al precio que está el normal, a saber lo que costará ese) un abanico artesanal y un libro que es una joya. El libro La Alhambra, obra de Manuel Mateo Pérez, no es la  publicación habitual sobre el monumento de la Sabika, sino que se trata de un libro-cuaderno que introduce al lector en la historia del conjunto monumental desde un punto de vista académico, así como de personalidades tan relevantes como Ibn al Jatib o su discípulo Ibn Zamrak. Cuenta además con bellas ilustraciones de la artista Aixa Portero. Toda una joya singular sobre la Alhambra, que cuida hasta el más mínimo detalle. 

      Destaca su presentación, pues la obra está encuadernada con telas de algodón orgánico teñidas con tintes naturales y papel arte fabricado en Verona, en una de las papeleras más prestigiosas del mundo. La Alhambra, título perteneciente a la editorial Tinta Blanca, fue galardonado con el Premio a los Libros Mejor Editados en España en 2022 por el Ministerio de Cultura y Deporte.

      Pero como si todo esto fuera poco, después nos hemos enterado por el mitin que dio Sánchez en Granada al día siguiente, que también recibieron otro libro ideado por Luis García Montero. Se trata de la traducción del poema de García Lorca Grito hacia Roma, que ha hecho el Instituto Cervantes a cada una de las 24 lenguas oficiales de los países de la Unión Europea, más las lenguas cooficiales de España. Este poema lo escribió el poeta durante su estancia en Nueva York y, como dice Pedro Sánchez en una de las introducciones al libro, García Lorca vivió la crisis de Wall Street de 1929 y sintió la cercanía de una nueva guerra mundial que se preparaba por culpa de los fanatismos y las invitaciones al odio. Por ello, en este poema, Lorca se dirige a Roma, concretamente al Vaticano, al hombre vestido de blanco, para que proteja a las que serán víctimas de lo que está por llegar.  

      El poema es muy largo para copiarlo aquí, pero vale la pena leerlo y os dejo el enlace por si os interesa.

 

1/8/23

Waldo de los Ríos

 

      El 28 de marzo de 1977, Waldo de los Ríos se disparó un tiro en la frente en su casa de Madrid y en su cama, sembrada de fotografías. Era argentino, pero vivía en España desde hacía muchos años y, desde aquí, desarrolló en toda  Europa su carrera de compositor, director de orquesta y pianista. Fue muy criticado por sus "arreglos" de música sinfónica, pero se enriqueció con ellos y era lo que más se le solicitaba.

      Yo lo recuerdo en sus actuaciones en Televisión Española, pero no le presté mucha atención porque lo mío entonces eran los cantautores. Cuando murió ya no estaba Franco, pero su sombra todavía revoloteaba por las instituciones y, en la mayoría de la prensa, no se habló de suicidio, sino de que había muerto en su casa repentinamente. Algún tiempo después, dos amigos suyos, Alberto Cortez y José Fernando Dicenta, se unieron para hacerle un homenaje en forma de canción y oímos El amor desolado en la voz de Alberto Cortez, que puso música a una letra de Dicenta. Seguramente no supimos entonces que, tras esa canción tan romántica, había una historia menos romántica, pero igualmente triste, pues que se quite la vida una persona de 43 años siempre es triste. Eso hay que dejarlo para los mayores de 70 que, según las estadísticas, nos llevamos la palma a la hora de “doblar la servilleta” voluntariamente.


19/7/23

Costumbre de silencio

 



      ¿Por qué ha tenido que correr la vida?

      ¿Por qué ha tenido que pasar el tiempo?

      Pudimos quedarnos quietos

      en aquel minuto eterno,

      en el dulce segundo, amanecido

      de luz y sombra sobre el sentimiento. 


      Pienso en tu voz. Ya va marcando una

      terrible y dura costumbre de silencio.


Granada 1955 


17/5/23

Juan Alfonso García




      Y como no hay dos sin tres, hoy voy a recordar a otra persona que ya no está: Juan Alfonso García.

      Cómo en el caso de Guillén, lo conocí, pero no tuve trato personal con él. Era hermano de una compañera de Teología que un día llegó a clase acompañada por él y me lo presentó. Hablamos un poco y, a partir de ahí, me saludaba cuando nos cruzábamos por la calle. Incluso me parece recordar que alguna vez coincidimos en alguna parte y volvimos a hablar, con gran satisfacción por mi parte, que me sentía orgullosa de conocer a alguien tan notable.

      Por eso hoy -y ya que estamos en racha- quiero recordarlo en su aniversario con este vídeo de una de sus composiciones más conocidas.

      Señor, me cansa la vida.

      Música: Juan Alfonso García

      Letra: Antonio Machado 

     Interpreta: Coro Polifónico de Entenza



5/5/23

Rafael Guillén. En la memoria.

 



 

 

            Gracias, Dios. Hoy lo se.

      Hoy se que lo que llaman eterno, infinito.

      se encierra entre los límites cercanos y sencillos

      de una palabra tuya.

      Una palabra tuya a media voz,

      dejada blandamente, olvidada tal vez, 

      junto al oscuro mar de nuestra carne.

           Hoy se que la Verdad tiene tu nombre.

           ¡Hoy se que todo es cierto cuando pasas!


Del libro Antes de la esperanza (1956)

Del poema Tengo abiertos los brazos.

De Rafael Guillén.


Descansa en paz. 



26/5/22

¡Amor, amor, amor y eternas soledades!

 

Monumento a Mariana Pineda en Granada


ESCENA ÚLTIMA

 

Entran por el foro todas las monjas. Tienen la tristeza reflejada en los rostros. Las NOVICIAS 1.ª y 2.ª están en primer término. SOR CARMEN, digna y traspasada de pena, está cerca de MARIANA. Toda la escena irá adquiriendo hasta el final una gran luz extrañísima de crepúsculo granadino. Luz rosa y verde entra por los arcos, y los cipreses se matizan exquisitamente, hasta parecer piedras preciosas. Del techo desciende una suave luz naranja, que se va intensificando hasta el final.

 

MARIANA

¡Corazón, no me dejes! ¡Silencio! Con un ala,

¿dónde vas? Es preciso que tú también descanses.

Nos espera una larga locura de luceros

que hay detrás de la muerte. ¡Corazón, no desmayes!

CARMEN

¡Olvídate del mundo, preciosa Marianita!

MARIANA

¡Qué lejano lo siento!

CARMEN

¡Ya vienen a buscarte!

MARIANA

¡Pero qué bien entiendo lo que dice esta luz! 

¡Amor, amor, amor y eternas soledades!

 

(Entra el JUEZ por la puerta de la izquierda.)

 

NOVICIA 1.ª 

¡Es el juez!

NOVICIA 2.ª 

¡Se la llevan!

JUEZ

Señora, a sus órdenes;

hay un coche en la puerta.

MARIANA

Mil gracias. Madre Carmen,

salvo a muchas criaturas que llorarán mi muerte.

No olviden a mis hijos.

CARMEN

¡Que la Virgen te ampare!

MARIANA

¡Os doy mi corazón! ¡Dadme un ramo de flores!

En mis últimas horas yo quiero engalanarme.

Quiero sentir la dura caricia de mi anillo

y prenderme en el pelo mi mantilla de encaje.

Amas la libertad por encima de todo,

pero yo soy la misma Libertad. Doy mi sangre,

que es tu sangre y la sangre de todas las criaturas.

¡No se podrá comprar el corazón de nadie!

 

(Una monja le ayuda a ponerse la mantilla. MARIANA se dirige al fondo, gritando.)

 

Ahora sé lo que dicen el ruiseñor y el árbol.

El hombre es un cautivo y no puede librarse.

¡Libertad de lo alto! Libertad verdadera, 

enciende para mí tus estrellas distantes. 

¡Adiós! ¡Secad el llanto!


 (Al JUEZ.) 

¡Vamos pronto!

CARMEN

¡Adiós, hija!

MARIANA

Contad mi triste historia a los niños que pasen.

CARMEN

Porque has amado mucho, Dios te abrirá su puerta.

¡Ay, triste Marianita! ¡Rosa de los rosales!

NOVICIA 1.ª

 (Arrodillándose.)

 

Ya no verán tus ojos las naranjas de luz

que pondrá en los tejados de Granada la tarde.

 

(Fuera empieza un lejano campaneo.)

 

MONJA 1.ª

 (Arrodillándose.)

 

Ni sentirás la dulce brisa de primavera 

pasar de madrugada tocando tus cristales.

NOVICIA 2.ª

 (Arrodillándose y besando la orla del vestido de MARIANA.)

 

¡Clavellina de mayo! ¡Luna de Andalucía!, 

en las altas barandas tu novio está esperándote.

CARMEN

¡Mariana, Marianita, de bello y triste nombre, 

que los niños lamenten tu dolor por la calle!

MARIANA

 (Saliendo.)

 

¡Yo soy la Libertad porque el amor lo quiso! 

¡Pedro! La Libertad, por la cual me dejaste.

¡Yo soy la Libertad, herida por los hombres! 

¡Amor, amor, amor y eternas soledades! 

 


(Un campaneo vivo y solemne invade la escena, y un coro de niños empieza, lejano, el romance. MARIANA se va, saliendo lentamente, apoyada en SOR CARMEN. Todas las demás monjas están arrodilladas. Una luz maravillosa y delirante invade la escena. Al fondo, los niños cantan.)

 

¡Oh, qué día triste en Granada,

que a las piedras hacía llorar,

al ver que Marianita se muere 

en cadalso, por no declarar!

 


(No cesa el campaneo.)

 


(Telón lento.)



FIN DE "MARIANA PINEDA"

F. García Lorca  Granada  8 de enero de 1925