30/10/25

De un aniversario y un río

 

      No hace ni una semana de que compartí un vídeo divertido, con todo el deseo de buscar una relajación y un alivio a la tensión continua que sufrimos todos en el momento presente, pero mira por donde, llega el 29 con el aniversario de la Dana, recordamos la tragedia, nos indignamos por como se gestionó entonces y como se sigue gestionando ahora... y vuelve la tensión. 

      Tensión y dolor que, en este vídeo, también se traducen en música y que no me he resistido a publicar. 

      El Grupo Talía para evadirnos,  Alejandro y María Laura para recordarnos lo ocurrido con El río no tiene la culpa. Dulcemente, pero con verdades que desgarran el alma.


25/10/25

Un vídeo terminando Octubre

 

      Tenía pensados dos o tres temas serios y transcendentales, con los que seguir machacando la conciencia de mis lectores, y también tengo escritas batallitas nostálgicas varias, pero el otro día me tropecé con este vídeo que me hizo sonreír y, cómo estamos en fin de semana, quiero compartir la sonrisa con todos, pues bastantes “seriedades” tenemos ya diariamente.

      Por lo que he leído, se trata de la canción que llevó Estonia a Eurovisión, se titula Espresso macchiato, es de Tommy Cash y el vídeo corresponde a un arreglo del compositor Alejandro Vivas, interpretado por la Orquesta Metropolitana de Madrid y el Coro Talía en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, bajo la dirección de Silvia Sanz Torre.

      Que lo disfrutéis y buen finde para todos.

 

15/10/25

La vivienda

 



      Todos los días estamos leyendo y oyendo que la vivienda se está convirtiendo en algo no asequible para muchas personas. Ni en régimen de alquiler ni como compra. Y la explicación es bien simple. El salario mínimo es de 1.184 euros brutos y con eso no se puede comprar o alquilar una vivienda y comer al mismo tiempo. En una pareja que trabajen los dos, tienen que dedicar el sueldo de uno al alquiler o la hipoteca y vivir con el del otro. Pero ¿y si hay hijos? ¿Puede una familia con hijos pequeños vivir con el salario mínimo? ¿Y si es una familia monoparental? ¿Y una pareja de pensionistas con la pensión mínima o la no contributiva? ¿Y el que no tiene trabajo? ¿Y los inmigrantes?

      El gobierno y algunas administraciones están tomando medidas, pero hasta el momento ninguna da resultado, pues el precio de la vivienda sigue subiendo y subiendo sin parar. Y seguirá mientras este asunto no se enfoque desde la ética personal.

      La vivienda es un bien necesario, no es algo de lo que se pueda prescindir y, como bien necesario, es un derecho recogido en la Constitución. Por tanto, quienes cooperan a esa subida escandalosa están cometiendo un delito que debería penarse. Pero yo voy más allá. No solo están cometiendo un delito, sino que están actuando en contra de la moral, de la ética. Desde la ética, la vivienda no puede ser un negocio, no se puede especular con ella. Y eso hay que decirlo claro. Quizá se puede especular con una vivienda de vacaciones, pero no con la habitual de una ciudad, un barrio o un pueblo del cinturón desde donde se desplazan los que trabajan en la ciudad. 

      Así que ya va siendo hora de que levanten la voz los moralistas, filósofos y sociólogos y apelen a la conciencia personal. Empezando por la Iglesia, claro está. Sus moralistas tienen que decirnos que no es lícito ni es cristiano contribuir a que la vivienda se convierta en un lujo al alcance solo de los más pudientes. Y ya están tardando.