19/5/26

Un colegio en San Antón




      Una foto en el blog de Tot Barcelona me ha servido de magdalena para recordar mi colegio. Pero antes de meterme en faena, os anticipo algo por lo que me vais a etiquetar: estudié en un colegio privado. Pero por una razón muy simple, porque era el más cercano, tanto que podía ir sola. Y, ante la comodidad de que no hubiera que llevar y traer a la niña del colegio, supongo que mi padre se apretó el cinturón y me matriculó allí. Cosa que nunca he agradecido lo suficiente, pues recibí una educación muy distinta de la que hubiera tenido en cualquier otro colegio, ya que allí me libré de las fotos del Caudillo y José Antonio y de cantar el Cara al sol en el recreo, pero también me libré de las monjas de otros colegios, pues mis profesoras "son monjas, pero no son monjas", como les decía a mis amigas del barrio. Me explico. 
 
      El colegio en el que me matriculó mi padre pertenecía a la Institución Teresiana, que, en aquel momento, era un Instituto Secular por imperativo de Pío XXII, pero más tarde consiguió volver a ser lo que Pedro Poveda, su fundador, quiso: Asociación de Laicos. Por ello, era un colegio religioso, pero sin monjas, con unas profesoras que vestían un poco "rancias", pero sin hábitos. Y, lo mejor, unas profesoras que se habían formado antes de la guerra, alguna en la Institución Libre de Enseñanza, y no simpatizaban mucho con el Régimen imperante. Lo ocultaban para que no les cerraran el colegio, pero se les notaba. Ocurría, además, que había dos clases de colegios privados: el Sagrado Corazón y la Compañía de María, colegios caros y donde estaban las "niñas bien", la alta burguesía, y varios colegios más baratos para la clase media, entre los que se podía situar el mío.
 
      Estaba alojado en una casa antigua, de techos altos y sin calefacción, por lo que pasábamos un frío que nos hacía dar saltos en el recreo para entrar en calor y frotarnos las manos para que no saliera disparado el lápiz al escribir. Nuestros pupitres eran de madera con un cajón, cuya superficie raspábamos, cada una el suyo, con una cuchilla de afeitar, en una competición de quien lo tenía más limpio e impecable. Y había una pizarra, sí, pero también mapas enrollables, uno de España y otro de Europa, que circulaban de un aula a otra, según donde hacían falta. Llegaba la profesora de Geografía y te decía: Ve a por el mapa de España, que está en 3°. Y tenías que llamar a la puerta de aquella clase, disculparte por la interrupción, pedir el mapa y llevártelo, dando las gracias. Si es que no te decía la profesora que se lo habían llevado a 5° y tenías que repetir el proceso. Y, mientras, en tu clase esperando para poder mostrarnos por donde caía el Ebro. Había alguna niña que tenía un valiosísimo Atlas, pero el mío había pertenecido a un hermano de mi padre, era anterior a la guerra mundial y, aunque podía situar el Sena y hasta el Danubio, ciertas fronteras europeas eran un rompecabezas.

      ¿Que más os cuento de mi colegio? Pues que albergaba también una residencia universitaria, más tarde Colegio Mayor, que tenía un jardín que luego mutiló la ampliación del Mayor, que muchos años después y durante mucho tiempo lo frecuenté para las actividades culturales del Centro Cultural Dari y que ahora está cerrado de forma indefinida, esperando una rehabilitación que no llega, por ser un edificio catalogado y necesitar múltiples permisos.

      Y que la estancia allí la recuerdo como una de las mejores épocas de mi vida.
 

18 comentarios:

  1. Pues te librarte de una buena: formar filas en plan militar, cantos patrióticos y misas obligadas, "pro fes" falangistas y ultraortodoxos con adoctrinamiento en los principios del nacionalcatolicismo, malos tratos...
    Me alegro por ti.
    Saludos.

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    1. De lo que no me libré fue de la asignatura "Patria", que impartían las de la Sección Femenina. Estaba en el plan de estudios e incluía los bailes regionales, pero en mi curso éramos tan negadas para eso, que nos pasamos todo el Bachillerato con el "Fandango de Baza" sin llegar a bailarlo medianamente bien. Ahora, eso sí, en la clase de "Labores", que también estaba en el plan de estudios, hacíamos de todo menos coser, pues las teresianas decían que lo que teníamos que hacer era estudiar para tener un trabajo y no depender del marido.

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  2. Haber ido a un colegio privado no es ningún demérito, yo mismo fui a uno y por el mismo motivo, la cercanía. Cuando nos mudamos de casa, resultó que el cole estaba a la vuelta de la esquina literalmente. Era asequible y tampoco tenían el carácter elitista de ahora. Un ejemplo, los hijos de los porteros de casa, acudían al mismo centro. Recuerdo que se basaba en una cooperativa, gestionada por los propios profesores. Mis hermanos mayores si estuvieron en colegios públicos, pero no recuerdo que les obligaran a cantar canciones patriotas. De hecho, mi padre no lo hubiera consentido. Eso sí, contaban que daban una asignatura llamada FEN formación del espíritu nacional, pero bastaba con saltar el potro para aprobarla ¿Por qué? Pues porque la impartía el profesor de Gimnasia, al que estos rollos le aburrían, así que los exámenes se hacían junto con las respuestas, todos aprobaban. Y si eras bueno en gimnasia, te subía un punto, jajaja. Ya con catorce años o así, pasé al Instituto. Ambos, cole e instituto me dejaron buenos recuerdos. Abrazo.

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    1. No podemos comparar, porque tú hablas de una época muy posterior. En la mía, en los colegios que se llamaban entonces "nacionales", se cantaba el "Cara al sol" en el recreo, aunque no sé si con la mano alzada, pues solo lo oía cuando pasaba por alguno a esa hora.
      Del mío, podría contar un montón de anécdotas que lo favorecen. Pongo un ejemplo. En los colegios de monjas que he mencionado, había un cupo de alumnas gratuitas, pero tenían otro uniforme, salían a otro recreo y, como es lógico, todas las que estudiaron de esa forma, salieron "rebotadas" y odiando la religión. En el mío era distinto. No había gratuitas, pero una compañera me confió que ella no pagaba porque era huérfana, porque a su padre lo mataron por "rojo". Yo me extrañé de aquello, ya que a primeros de mes nos ponían sobre el pupitre un sobre con el recibo, que luego llevábamos a Secretaría con el dinero que metían nuestros padres, se lo dije a la compañera y me contestó: "Mi sobre está vacío y yo no llevo nada a Secretaría. Solo algunas veces mi madre mete una nota dando las gracias". Supe así que había otras muchas niñas que tampoco pagaban por las circunstancias de su familia, pero no supe quiénes eran. Las teresianas lo hacían de esta forma, para que esas niñas no se distinguieran de las demás, no se sintieran disminuidas. Me pareció un gesto muy bonito y no lo he olvidado.

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  3. Tuve como aula el vagón de un tranvía. Tuve y tuvimos. Un guardapolvo blanco que por arte del tintero se volvía de lamparones azules y unos compañeros que como yo, intentaban aprender a escribir con plumilla. No estaban las clases separadas, y sí había una cruz y Franco junto José Antonio. Poca cosa más. Un mapar enorme de España con sus regiones y una pizarra más blanca que negra, pues los borradores eran viejos y no hacían su función.
    No recuerdo malos maestros, sólo que los tiempos no eran buenos.
    Un abrazo

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    1. Gracias por citar el blog ¡.

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    2. Ahora que la mencionas, mi pizarra era portable, estaba sujeta a un artilugio con patas, de manera que, cuando escribías, había que agarrarla de un lado porque se movía. Y los borradores no estaban viejos, sino que eran trapos, algo así como una bayeta. Y allí encima, sobre ella, se colgaba el mapa. Todo portable, todo como para salir corriendo de un bombardeo...
      Había tres clases de primera enseñanza: Párvulos, Preparación de Ingreso e Ingreso, y luego, los siete cursos de Bachillerato. En los tres primeros, se salía a las 6, pero en Bachillerato a las siete y media, porque había una hora de Estudio, de preparar las clases del día siguiente. Total, que llegabas a tu casa a las ocho de la noche por poco que te entretuvieras. Todo el día en el colegio, con el pequeño descanso de una y media a tres para comer. En tu casa, que el colegio no tenía comedor.

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  4. Yo no tuve la suerte inmensa de estar en un colegio progresista -de aquel tiempo- como dices. Yo viví nueve interminables años en un colegio de curas sádicos y frustrados con malos tratos, humillaciones e incultura por parte suya. Eran los hermanos Maristas de Zaragoza. Solo hubo un cura joven, el hermano Carlos, del que guardo un excelente recuerdo. Era vasco y nos hablaba con afecto. Cuando se fue, le escribí y me contestó a la carta. ¡Cómo me gustaría haberla conservado! Rezábamos el rosario todos los días. Era sombrío, triste, violento y burdo. Llegué allí con siete años. Antes había estado en unas monjitas de la caridad de las que guardo un buen recuerdo. Con ellas cantábamos el Cara al solo con el brazo en alto. Nos encantaba ese momento y pugnábamos por ser quien llevara la bandera. A los niños les gustan los símbolos y las canciones aunque nosotros no sabíamos qué significaba aquella. Saludos.

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    1. No sé si conoces "El florido pensil", de Andrés Sopeña, que también se ha representado en teatro y hasta creo que hay una película. Yo vi la obra aquí y no reconocía las situaciones que describe. Por otra parte, también he oído relatos como el tuyo de niñas que estuvieron en colegios de monjas. Ambas cosas coinciden en que son un poco posteriores, por lo que pienso que quizá, en mi caso, se dio eso que menciono: que mis profesoras estaban formadas antes de la guerra, no ya con las consignas de la dictadura. Habría que saber la opinión de alguna alumna posterior a mí. A ver si aparece Pilar Flores...

      Lo que sí sé es que este colegio lo cerraron hace muchos años, pues en realidad, parece ser que la idea de Pedro Poveda no era tener colegios, sino lo que se decía de: "No escuelas cristianas, sino cristianos en las escuelas" Y así están las teresianas en este momento, trabajando en centros educativos de todos los niveles, desde la Infantil a la Universidad, en centros públicos y concertados, sin diferencia con otros enseñantes. De puertas adentro, tienen sus reglas y su compromiso con la Institución, pero fuera son seglares como las demás. En este sentido, mi experiencia es la de una pareja de mi familia que, hace unos 40 años, tuvo a sus hijos en una escuela pública de la que era directora una teresiana y, aunque ellos no son creyentes, me hablaban muy bien de esta directora y estuvieron muy conformes con la enseñanza que sus hijos recibían allí.

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  5. Me siento aludida, amiga. Pues claro que también tengo recuerdos de las Teresianas, pero no son tan positivos como los tuyos. Es cierto que nuestras profesoras no eran monjas, no llevaban hábito, pero casi lo parecían. Recuerdo que nos daban la vara con la religión, las misas, las confesiones, el pecado y la pureza como si lo fueran. Se ve que con los años despareció esa hornada de mujeres mas liberales y llegaron las de devoción mariana y misa diaria! Que paliza nos daban.
    Con algunas si que aprendí en el bachillerato muchísimas cosas muy interesantes. Con otras , no tanto. Pero lo que me fastidiaba de verdad era el control de nuestras vidas y lo poco que tardaban en ir contarles a nuestros padres la barrabasada que habías hecho o el desahogo que habías tenido en un momento de debilidad. Cuando eres adolescente, esas cosas son importantes.
    Pero lo pase bien porque mis amigas de entonces, todavía son mis amigas. Y eso es muy importante.

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    1. Pues no tienen nada que ver tus recuerdos con los míos. Por más que hago memoria, no recuerdo que tuviéramos misa en el colegio más que en celebraciones importantes, que nos íbamos al Ángel Custodio porque la capilla del colegio era muy pequeña y no daba más que para rezar el rosario con algunas de pie al llegar por la tarde. Ese era el único acto religioso que teníamos. También de vez en cuando, llegaba un cura a confesar y nos avisaban para que fuera a la capilla la que quisiera. Nada más. Ninguna teresiana sabía si tú ibas a misa el domingo o te quedabas en tu casa, si confesabas o no lo hacías. No había imposición en ese sentido. Y en cuanto a que se "chivaran" a nuestros padres de lo que hacíamos allí, la verdad es que no sé como iban a hacerlo, pues yo creo que mis padres no pusieron un pie en el colegio desde el día que me matricularon por primera vez, pues luego iba yo misma a matricularme al empezar el curso. Mis padres no sabían de mi vida en el colegio más que lo que yo contaba o lo que reflejaban las notas. Precisamente, yo he pensado muchas veces que ahora implican mucho más a los padres tanto en centros públicos como privados, que hay reuniones de padres, hay contacto con el tutor o los profesores, cosas que entonces no existían. Ni siquiera invitaban a los padres a las funciones que hacíamos y los míos se quedaron sin verme vestida de santa Inés unas cuantas veces...

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    2. Está claro que hablamos de dos colegios diferentes. Las cosas habían cambiado mucho cuando yo estudié allí!

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    3. Serían otras teresianas y otros criterios. Algún día tenemos que recordar las que tuvimos, para ver si alguna de las de mi época estaba todavía en la tuya.

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    4. Encantada, además conozco a una señora, la hermana de una de mis amigas del colegio, que debió de estudiar contigo!

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    5. Te escribo un día de estos o escríbeme tú a mí contándome lo de esa hermana de tu compañera, que no sé quién puede ser.

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  6. He recordado una anécdota que da también idea de cómo eran algunas teresianas. Había por entonces una colección de novelas "rosa" que se llamaba "Chicas" o "Mis chicas" y se suponía estaban destinadas a las adolescentes. Un día, en el recreo, una teresiana nos cogió a una compañera y a mí intercambiando uno de aquellos libros y nos dijo: "No deberíais leer eso". Yo se lo alargué diciendo: "Mírelo, es de lo más inocente". Y ella contestó: "Ya lo sé, pero estas novelas os dan una visión de la vida falsa, en la que las secretarias se casan con el jefe o la chica pobre con un millonario y ya tiene la vida resuelta. Y a eso no tenéis que aspirar, así que dejaros de tonterías y a estudiar, que es lo vuestro".

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  7. No creo que haya que etiquetarte de nada por haber asistido a un colegio privado, menos aún si consideramos todas esas ventajas que mencionas. Suerte que tuviste de tener unos padres que se interesaban por tu educación. Yo volví al mío durante años, pero ahora hace mucho que no lo hago. Intenté contactar con uno de mis mejores profesores, que justo vive en Granada, pero el teléfono que me dieron no lo coge nadie. Esos suponiendo que siga vivo, porque me dio clases hace cuarenta años y no sé nada de él desde hace dos años.

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    1. Sí que tuve suerte con el colegio, es de las pocas cosas con las que he tenido suerte en la vida. Ya no voy allí porque, como digo, está cerrado desde antes de la pandemia, pero sigo en contacto con algunas teresianas, no de mi época, pues todas mis profesoras estarán "criando malvas", como es lógico por la edad, sino con las que conocí en sus actividades culturales posteriores. Como colegio, cerró hace muchísimos años, pero siguió el Colegio Mayor y , posteriormente, crearon allí el Centro Cultural Dari, donde pude asistir a conferencias muy interesantes, conciertos, recitales, etc. Ahora, estas actividades se están celebrando en el Colegio Mayor Cisneros de los franciscanos y se retransmiten por YouTube, por lo que alguna vez asisto de esta forma, pero poco, pues ya no me apetece tanto como entonces.

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