29/2/16
21/2/16
Reina
Foto cedida amablemente por Landahlauts
El otro día, encontré en un cajón una bufanda tejida a punto inglés laaaarga como un día sin pan y recordé cuando la estaba tejiendo y mi madre me decía: Niña, eso te va a arrastrar por el suelo. A lo que yo le contestaba: Como la de Reina.
Reina era nuestro anarquista de plantilla. No se si era el único anarco en Granada o que iba por libre, pero el caso es que aparecía solo en todas nuestras reuniones, en nuestros actos y yo creo que hasta en nuestras misas clandestinas de CCP (Comunidades Cristianas Populares) Una presencia que entonces considerábamos un poco absurda, pero que, pensándolo bien, en realidad había bastantes puntos de contacto entre su anarquismo y nuestro seguimiento de un galileo que ponía en cuestión todo poder que oprime al hombre.
Todo lo que se de Reina lo he leído después, pues entonces era simplemente “el de la bufanda” o “el de la boina”. Uno más. Como cualquiera de nosotros, como el que llegaba despistado pensando que aquello era una novena a S. Pancracio o, incluso, como el “social” de turno que mirábamos con recelo y terminaba siendo casi amigo, a pesar de registrarnos el bolso y pedirnos el DNI.
Se dice que José Reina llegó a Granada en la Transición, pero yo creo que estaba antes, todavía en dictadura, aunque también puede ser que me falle la memoria, ya que entre la dictadura y el gobierno de Arias no hubo mucha diferencia. Y lo que vino después ya es hemeroteca. Que frecuentaba las clases de Derecho y que lo nombraron Alumno Honoris Causa, un invento granadino porque ya se sabe que todo es posible en Granada.
15/2/16
Encuesta
No se si habéis reparado en que las dos anteriores entradas tienen la letra más pequeña, cosa que no ha sido voluntaria, sino que al cambiar de sistema operativo, no se por qué arte de magia no he conseguido el tamaño anterior.
Hasta ahí algo normal en Blogger, que ya sabemos que tiene vida propia y sus caprichos, respetables por aquello de la gratuidad. El asunto es que esto me ha hecho plantearme si habría que cambiar a un tamaño mayor dado que ahora casi todos vemos y leemos los blogs algunas veces en dispositivos mucho más pequeños, en tabletas, móviles, etc.
Así que os propongo una especie de encuesta sobre el tema. ¿Cómo lo veis vosotros? ¿Esa letra más pequeña? ¿Esta que ha salido hoy también por arte de magia?
¿O mejor esta?
Al fin y al cabo, ya sabemos que el cliente siempre tiene razón.
7/2/16
Un día de febrero
Cumples años, una cifra redonda, y te preguntas como llegaste ahí. Miras atrás y te parece que hace nada eras una niña con sonrisa de pájaro y estrella, que hace un rato eras una joven con tu ausencia en las manos hecha verso, que fue ayer cuando estalló tu sonrisa en todos los rincones. Incluso que hoy, hoy mismo, esta mañana, has sentido un peso despiadado en la cintura, un cuajarón de sal en la garganta. Abres la agenda de tu vida, esa agenda llena de nombres olvidados, de nombres que se fueron, de nombres…
Y te preguntas si realmente eres tú la que está escribiendo esto en un blog.
Y te preguntas si realmente eres tú la que está escribiendo esto en un blog.
31/1/16
Creímos que todo estaba...
Creímos que todo estaba
roto, perdido, manchado…
—Pero, dentro, sonreía
lo verdadero, esperando—.
roto, perdido, manchado…
—Pero, dentro, sonreía
lo verdadero, esperando—.
¡Lágrimas rojas, calientes,
en los cristales helados...!
—Pero, dentro, sonreía
lo verdadero, esperando—.
en los cristales helados...!
—Pero, dentro, sonreía
lo verdadero, esperando—.
Se acababa el día negro,
revuelto en frío mojado…
—Pero, dentro, sonreía
lo verdadero, esperando—.
revuelto en frío mojado…
—Pero, dentro, sonreía
lo verdadero, esperando—.
Juan Ramón Jiménez. (Tomado de «Rosas de septiembre», en Olvidanzas, 1906-1907)
Me gusta Juan Ramón Jiménez y lo he leído bastante, pero siento no estar de acuerdo con él en este poema, ya que a lo largo de mi vida, siempre que he creído que algo estaba roto, perdido y manchado… efectivamente lo estaba. Y no había nada verdadero esperando para poder sonreír.
24/1/16
Al alba
Foto cedida amablemente por Landahlauts
El jueves, día 22, actuó en concierto en Granada Luis Eduardo Aute y cantó Al alba, una de sus canciones más antiguas y una de las mejores. Yo no estuve en el concierto, pero un amigo me ha contado que había muchos jóvenes entre el público y me pregunto si estos jóvenes, que no habían nacido cuando se escribió esa canción, saben su historia y si, en el caso de que la hayan leído, serán capaces de captar de verdad lo que fue la noche que tan poéticamente describe Aute.
Como sabéis, esta canción la escribió en protesta por las ejecuciones llevadas a cabo el 27 de septiembre de 1975 por un régimen y un dictador agónicos, que morían matando. Pero no voy a entrar a juzgar si aquellos hombres eran culpables ni a iniciar un debate sobre la pena de muerte. Solo quiero recordar lo que fue aquella noche para muchos de nosotros, los de entonces, que seguimos siendo los mismos aunque peinemos canas. Como el autor, por supuesto.
Cuando ya se vio que no había remedio, que el gobierno de Franco estaba decidido a ejecutarlos, a pesar de las protestas y de la campaña internacional que presionaba, circuló entre nosotros la consigna de que aquella noche había que pasarla en vela. En grupos o individualmente, pero había que velar, rezando para que llegara el indulto en el último momento como en las películas americanas. Pero no llegó. Los dictadores no habían visto esas películas y dormían plácidamente en sus camas, satisfechos del deber cumplido. Mientras, muchos vimos amanecer sabiendo que aquella luz apagaba cinco vidas.
Hoy, cuando esa canción se canta como una canción bonita más, como una canción de amor, quiero recordar que no lo fue, que fue terrible porque terribles y trágicos era los momentos. Momentos que ahora hemos olvidado en este afán de borrar la Historia, de banalizarla, de reescribirla.
17/1/16
La Historia -siempre- se repite
Imagen tomada de IDEAL.es
Sabéis que no me gusta mucho tratar aquí temas políticos, pero este no lo es aunque vayamos a hablar de políticos, sino que es más bien sociología de vía estrecha, a la que soy tan aficionada, o también memoria histórica.
Y me voy a referir al revuelo que se ha armado estos días con la sesión constituyente del Congreso tras las elecciones, al show de Bescansa y su bebé lleno de lazos, a las rastas de uno y la ropa informal de “los nuevos”. Pero resulta que viendo todo esto en la tele y leyendo prensa, me digo: Esto ya lo he vivido. Y así es.
En las primeras Cortes Generales de la Democracia, aparecieron en el hemiciclo las chaquetas de pana de socialistas y comunistas, las camisas de cuadros y el sincorbatismo, y se armó el mismo revuelo que ahora, la misma expectación. Comentarios en los periódicos, la gente en la calle que hablaba de que eso no era forma de estar en el Congreso y Emilio Romero diciendo sorprendido en su columna que Felipe González hablaba bien, en gitano, pero bien. O sea, en andaluz, que al parecer era un idioma extraño en la Carrera de S. Jerónimo.
Pero pasó el tiempo, las chaquetas de pana se les fueron quedando estrechas, las camisas de cuadros demodés y pasamos a ver trajes y corbatas. Y hasta Camacho, “el metalúrgico de hierro” abandonó los jerseys gruesos de cuello alto que le tejió su mujer para no pasar frío en la cárcel.
¿Qué quiero decir con esto? Pues que si la vida me da margen, estoy segura de que veré a Coletamorada con traje oscuro y corbata, igual que ya he visto a Ada Colau acompañando a la Preysler con una ropa tan formal y tan de vestir que no creo que la llevara así ni en su boda.
Al tiempo.
9/1/16
Niños
En la mesa de al lado de la cafetería, había una pareja con una niña rubia, gordita y sonrosada de unos 4 o 5 años. Le habían pedido un zumo, pero lo probó y dijo que lo que quería era una coca cola. Mientras, había aparecido un paquete de almendras que repartió por la mesa jugando, luego uno de ganchitos que no le gustaron porque eran blancos y ella los quería de color naranja, una gran bolsa de palomitas, gominolas, un chupa-chup y por fin la coca-cola, de la que bebió un sorbo y rechazó también.
No se por qué –o sí lo se- me vinieron a la memoria esos niños africanos famélicos, llenos de polvo y moscas, que quizá en su vida tengan ocasión de tomar un zumo, ni una coca-cola fresca, ni ganchitos de colores, ni gominolas, ni….
1/1/16
Año Nuevo
Esta costumbre de colocar la fachada de mi Ayuntamiento para felicitaros el Año Nuevo, está en un momento en que no es todavía una tradición arraigada e indiscutible -como pueden ser las uvas o las campanadas- y se queda en una pesadez. Pesadez para vosotros, que veis lo mismo año tras año, y también para mí, que tengo que resistir la tentación de poner la foto de hace tres años, ya que nadie iba a notarlo, y encaminarme a la Plaza del Carmen pasando frío (no mucho este año), esperar entre gente que hace cola para ver el belén a que los barandas que nos administran se decidan a encender las iluminaciones, buscar la loseta donde se que me tengo que colocar y enfocar con suficiente cielo por encima del caballo como para que luego me quepa un luminoso
¡FELIZ AÑO NUEVO!
30/12/15
A veces llegan cartas
Tal día como hoy, hace 21 años, se me fue del todo una persona que escribía muchas cartas. Eran cartas largas, de muchas cuartillas escritas por ambas caras y con una letra que me hizo decirle cuando recibí la primera que un hombre con dos cosas bonitas –la letra y la voz- podía llegar lejos. Frase memorable donde las haya, que no dice mucho, pero que consiguió que el propietario de la letra y la voz siguiera escribiendo hasta su último aliento y yo recuerde aun su voz cuando las leo.
Hoy, 21 años después de que faltaran definitivamente aquellas cartas, me llega una muy distinta y en unas circunstancias muy distintas. No es un abultado sobre lleno de cuartillas, sino un “christmas” de felicitación, y no viene de muy lejos, sino de ahí al lado, como quien dice. Pero también, como aquellas cartas perdidas en el tiempo, ha iluminado de esperanza una Navidad triste como todas las navidades habidas y por haber. Y con ella, además, he pensado que, con tantos medios informáticos, hemos perdido la emoción de sacar de nuestro buzón del portal un sobre con una dirección y un sello, abrirlo sin saber lo que contiene y experimentar el milagro de que una presencia virtual se haga física y real en forma de papel y firma.
24/12/15
El nacimiento
Yo tenía un gran nacimiento cuando niña. Me lo hizo mi padre, un artista de pies a cabeza, y consistía en una estructura fija en forma angular, que se guardaba de un año para otro en una de las habitaciones de trastos que había en el piso superior, para lo cual había que subirlo entre dos por la escalera dificultosamente. Representaba un paisaje del Sacromonte, con sus cuevas, sus “vereas” y sus pequeñas placetas. Y en el centro, en la cúspide del ángulo, estaba la cueva más grande y visible con el Misterio: José, María y el Niño. Y ese añadido habitual del buey y la mula, con lo que ya empiezan las incongruencias.
Sí, las incongruencias, pues el paisaje sacromontano tenía unos agujeritos donde se introducían una especie de abetos pinchudos que le traía de la sierra a mi padre un peón caminero junto con el musgo blanco y verde, que parecía nevado. Ni musgo ni abetos iban mucho con el paisaje del monte sacro, pero no vamos a andar con exigencias tratándose de un belén donde también había un río de celofán que ya hubieran querido para ellos los supuestos habitantes de esas cuevas.
Pero a lo que vamos. Que en la cueva principal, en el pesebre, estaba el Niño desnudo, otra incongruencia, pues ya nos dice bien claro el evangelista que lo envolvieron en pañales, cosa lógica en unos padres responsables y sabiendo que en Belén hace por esta época el mismo frío que aquí. Y como yo he tenido mucha lógica desde pequeña, eso de que el Niño estuviera desnudo me resultaba intolerable y lo tapaba por la noche con una mantita diminuta que me había hecho mi madre. Blanca, con pelito por dentro, un primor de manta, que yo colocaba todas las noches con delicadeza para no cargarme ningún pastor de camino. Pero que trajín con aquello, la de veces que se me olvidaba al acostarme y tenía que bajar a oscuras, aterida y muerta de miedo, a colocar la dichosa manta, pues no podía dormirme pensando que el Niño iba a coger una pulmonía en un cuarto de estar con el brasero ya apagado.
¿A que viene esta tierna historia de mi infancia? Pues a que en esta Navidad tenemos muchos niños pasando frío en inhóspitos campamentos de refugiados, en improvisados albergues, en carreteras, en barcos a la deriva… Niños que como ese del pesebre están en tierra extraña, no tienen casa y en la pensión de este mundo no hay sitio para ellos. ¿Podremos dormir sin cubrirlos con una manta?
¡FELIZ NAVIDAD! ¿PARA TODOS?
19/12/15
Quince años
Hoy hace 15 años que se nos fue Carlos Cano y estoy desde esta mañana pensando en subir algo aquí, pero sin decidirme porque lo he mencionado tantas veces en este blog que ya todo es repetido. Sin embargo, hace un rato me ha llegado al móvil el guasap de un amigo con el enlace a este video del Carlos Cano primero, aquel que no se sabía como podía peinarse, y, aunque me gustan más otras canciones suyas, lo traigo aquí en recuerdo de alguien a quien nunca vamos a olvidar.
Con ustedes, Carlos Cano cantando algo que, por desgracia, sigue siendo actualidad.
Sacabe el paro y haiga trabajo,
escuela gratis, medicina y hospital,
pan y alegría nunca nos falten,
que vuelvan pronto los emigrantes
haiga cultura y prosperidad
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