El DLE define la palabra DIÁLOGO como: Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos y es una de las definiciones de una palabra más exactas que yo he encontrado. Fijémonos en el dato alternativamente, que es clave para lo que vamos a tratar.
Imaginaos dos personas sentadas frente a frente en un café con unas tazas delante. Una de ellas cuenta su último viaje, la enfermedad de un familiar o la desastrosa reparación del fontanero. La otra la escucha, pero al terminar su disertación guarda silencio, recorre el local con la vista, cruza unas palabras con alguien de la mesa de al lado, quizá se levanta para ir al aseo y, al volver, abre un periódico y se pone a leer. Cuando termina su lectura, es posible que se marche sin decir nada, pero también puede ser que repare en la persona que tiene enfrente y pase a hablarle de los estudios de sus hijos, de ese dolor que tiene asentado en el estómago o de lo sucias que están las cortinas.
Me pregunto y os pregunto: ¿Es eso diálogo? Pues es lo que ocurre cuando dejamos un correo sin respuesta. Se corta la comunicación, el intercambio que había se convierte en un frustrante diálogo de sordos que solo conduce a la incomunicación de la que tanto nos quejamos. Se habla de la soledad en la sociedad moderna, pero esa soledad la estamos creando nosotros, la construimos paso a paso con estos pequeños detalles. ¿Qué es un correo entre los millones que se cruzan todos los días? Nada o casi nada. Pero puede ser un lazo que une a dos personas o un abismo que las separa. Todo depende de cómo nosotros manejemos ese medio que ha puesto en nuestras manos la técnica moderna.









