31/3/22

El tortazo

 


      Se habla mucho estos días del golpe que le ha arreado Will Smith a Chris Rock en plena celebración de los Oscar, a causa de una fea broma que hizo, en la presentación de la ceremonia, sobre la calvicie de su pareja. Y, claro, unos comentarios van a favor y otros en contra, más en contra que a favor. Que si violencia, que si machismo, que si las mujeres no necesitamos que los hombres nos defiendan…

      Pues miren ustedes que casualidad. Allá por la prehistoria, en el mismísimo patio de la Facultad de Derecho, bajo la atenta mirada del Padre Suárez, un chico (de cuyo nombre no puedo acordarme) recibió un golpe semejante de un antiguo novio de esta que escribe, porque el muy osado había criticado unas cosillas mías que, al parecer, le resultaban censurables. Y no fue una torta con la mano abierta como la de Will Smith, que eso casi parece propio de una mujer, sino un soberano directo a la mandíbula, a pesar de que el atacante era bastante más bajo de estatura que el atacado. ¿Y saben que pasó? Pues que esta que escribe, que siempre fue feminista, tiene que reconocer que se sintió muy orgullosa de aquello, pues que se peleen por ti dos hombres y en semejante sitio, arriesgándose a la expulsión de la Universidad, era algo que te hacía subir puntos en el baremo.

      Pasemos un discreto velo sobre la escapada que ambos contendientes iniciaron ipso facto, para que un profesor no los identificara, y también que más tarde arreglaron las cosas entre ellos y se fueron de tapas. Pero el glorioso hecho ahí quedó para la Historia de la UGR. Y para la de esta que escribe, que aun recuerda el tímido beso con que agradeció su caballerosidad al antiguo novio. Beso que, por cierto, fue objeto de otra crítica, esta vez de una amiga, pues “a santo de qué besas a quien ya no es tu novio”. Que tiempos...

 

22/3/22

El olvido

 



      La llaman la enfermedad del olvido como si el olvido fuera algo malo y no lo es. Hablamos del Alzheimer como una enfermedad terrible, pero porque la miramos desde afuera y así vemos como una persona querida se nos va sin irse, se nos muere estando viva. Sin embargo, yo he llegado a la conclusión de que el Alzheimer para los viejos es un regalo del cielo, algo inventado por la Divina Providencia para evitarnos el sufrimiento de ir viendo, poco a poco, como nuestra vida va perdiendo sentido, como pierde su razón de ser y terminamos convertidos sólo en una carga para los que nos rodean. Enfermedades, achaques, limitaciones... La persona con Alzheimer las sufre casi sin enterarse, las sufre físicamente, pero se ahorra el sufrimiento moral. Y cuando llega la muerte, entra en ella también sin miedo, de una forma natural, como mueren las plantas, como mueren los animales. Su ciclo vital ha terminado, no le duele lo que deja ni se pregunta lo que habrá después.

Dedicado a Carme Elías, aunque no me lea.

 

8/3/22

Frase lapidaria. 8M


 

Cartel de ONU Mujeres

 

Me he pasado media vida intentando demostrar que no soy tonta, a pesar de ser mujer, y ahora paso la otra media intentando demostrar que no estoy tonta, a pesar de ser vieja.    

 

3/3/22

Triste, triste Europa...

 



      Arranco hojas atrasadas de mi almanaque de taco y en una de ellas, la del 25 de febrero, encuentro dos citas de dos poetas.

 

      Es bárbara la guerra, es torpe y regresiva, es la vergüenza humana.

      Antonio Machado

      * * *

     Tristes guerras
      si no es amor la empresa.

      Tristes. Tristes.

      Tristes armas
      si no son las palabras.

      Tristes. Tristes.

      Tristes hombres
      si no mueren de amores.

      Tristes. Tristes.

     Miguel Hernández


19/2/22

Juegos de rol

 
 

Foto tomada del diario La República.es

 

      Hace ya tiempo que hablamos aquí de La Desbandá, aquel hecho terrible de nuestra incivil guerra, en el que murieron entre 3.000 y 5.000 personas. Pues bien, leo ahora en IDEAL que un informático de Granada llamado Pablo López, ha ideado un juego de rol basado en este hecho, que se podrá descargar de su cuenta en Itch el 28 de febrero, Día de Andalucía, por cierto.

      Reconozco mi desconocimiento de los juegos de rol y no se como funcionan, pues nunca he jugado a uno, pero lo que sí puedo decir es que simplemente la palabra juego ya me chirría relacionada con una tragedia semejante. Aquello fue un crimen, un asesinato masivo, en el que miles de personas murieron y otros miles sufrieron lo indecible huyendo del terror para caer en un terror mayor. Y la verdad es que dudo mucho que algo así pueda convertirse en un juego, por muy didáctico que su creador lo connsidere.

      Si alguien, más versado en juegos que yo, puede informarme de lo contrario, estoy dispuesta a rectificar.

    

10/2/22

Los invasores

 



      En todos los años que llevo con el blog, siempre he presumido de que no tengo spam, que Blogger me ha instalado un vigilante que mantiene a raya a los invasores. Sin embargo, desde hace un par de meses, se ve que el “segurata” de Blogger anda distraído y me están entrando unos comentarios, que enlazan casi siempre a salas de juego. Yo los elimino o los mando a la carpeta de spam, pero como Blogger no me avisa de su publicación, muchas veces están bastantes horas y parece ser que eso les basta, por lo que repiten y, aunque los borre, aparecen entre los últimos comentarios.

      Por esto, voy a tener que establecer la moderación por una temporada, a ver si así se cansan. Y lo siento, porque nunca me ha gustado moderar los comentarios. Es algo que he rechazado siempre, pues me parece que es limitar la libertad del que visita el blog, pero no me queda otra si quiero librarme de estos visitantes tan incómodos.

      Ustedes, vosotros, amigos, visitantes y posibles visitantes, me perdonarán y espero que pronto pueda abrir de nuevo mi puerta de par en par.

 

30/1/22

Los mayores y los bancos

 



      Se está hablando mucho de la iniciativa del valenciano Carlos San Juan a favor de un mejor trato de los bancos a las personas mayores, que no pueden adaptarse a los sistemas que se están implantando en sustitución del personal y las ventanillas tradicionales. La campaña “Soy mayor, no idiota” ha reunido ya 400.000 firmas y algunos bancos se están planteando tomar medidas en ese sentido. Cosa que está por ver.

      Yo he sido siempre sensible a este asunto, a pesar de no tener problemas con estos nuevos sistemas e, incluso, verme favorecida por ellos al evitarme visitas al banco y colas. Muestra de este interés por mi parte es que ya lo traté en este blog hace once años, cuando la digitalización de los bancos no había hecho más que empezar, pero el que sea sensible a este problema no quiere decir que esté de acuerdo con lo que este señor plantea. Y no porque no tenga razón, sino porque me parece imposible llevarlo a cabo. Todos sabemos que la Historia no mira atrás, que estas tendencias en la sociedad son un torrente imparable y dudo mucho que la bien intencionada iniciativa de este señor sirva para algo, pues los bancos no van a echarse atrás en su política de ahorro de personal y de sucursales.

      Creo, entonces, que la solución va por otro lado: que los bancos instalen en los cajeros sistemas más fáciles de utilizar, como puede ser una identificación facial o por huella dactilar, como tienen los móviles. Un anciano que está en condiciones de ir al banco, puede ser que no lo esté a la hora de recordar una contraseña o de marcarla, pero sí es capaz de ponerse delante de una cámara o colocar su dedo donde haya un dibujo que lo indica. Esto unido a que siempre haya un cajero con puertas para que el anciano se sienta más seguro durante su operación, podía remediar ya muchas situaciones, pues la principal operación que realiza una persona mayor es la de sacar el dinero de la pensión para cubrir sus necesidades.  Con eso y con recobrar uno de los cajeros antiguos, menos complicados que los de ahora, asunto resuelto. Y el resto de las gestiones, que son pocas, con cita previa mediante teléfono, que hasta puede el banco contratarlo con una empresa de call center.

      Quedan, sí, esas personas mayores que, incluso teniendo plena capacidad para adaptarse, se niegan en redondo a tener tarjeta y a utilizar hasta el sistema más simple de "una máquina". A esas, siento decirlo, habría que ponerles las cosas aún más difíciles para que no les quede otra que pasar por el aro. A no ser que se apunten a un curso de alfabetización digital, que sería otra opción muy válida.


20/1/22

Mariluz Escribano

 

Cuando me vaya

Dejaré un silencio en el recuerdo,
sonidos de una voz que fue muy joven,
y un aroma de sándalo y cipreses
para que no me olvides.

Y ahora, cuando el sol desaparece,
y hay promesa de una noche clara,
las estrellas se esconden
y están muertas de tanta nívea luz.

Dejaré abierta la ventana.
Un gorrión divulgará mi huida,
y un frescor de mañana
anunciará mi marcha,
con trémula voz para llamarte.

Cuando me vaya
perderé las praderas,
los bosques encendidos de noviembre,
el verde del jardín en primavera,
la tenue luz de los planetas,
la sonrisa de un niño,
el calor de un amigo,
lágrimas de dolor por los caminos
que transité tan alta,
la caricia de un perro
que dio fuego a mis manos.

Cuando me vaya
habré perdido tantas cosas,
que creceré en trigal
por no morirme.

Mariluz Escribano Pueo




      Una de las cosas que me hacen reparar en lo mayor que soy es que ya tengo amigas y conocidas con estatuas en esta ciudad. Elena Martín Vivaldi lleva ya mucho tiempo en la Avenida de la Constitución y ahora se ha aposentado Mariluz Escribano en el Parque García Lorca, muy cerca de la casa del poeta que, al parecer, ella frecuentó ya después de la guerra. A Elena la traté más, pero a Mariluz también la conocí por amigos comunes y esta Navidad he ido a ver su estatua que, por cierto, no me ha gustado. Se parece, eso sí, pero creo que es demasiado grande para ser un busto y para estar a esa altura. Reconozco, sin embargo, que está bien situada, cerca de la casa, pero sin mancillar su encanto.

      Y lo que no me parece de recibo es que, tanto a Elena como a Mariluz, las hayan perpetuado en su vejez, con su físico ya hecho una pena, mientras a reyes, políticos y hombres famosos en general los vemos, subidos en sus pedestales, eternamente jóvenes y fuertes. Así que, si a alguien se le ocurriera levantarle una estatua a esta que escribe, que lo haga basándose en una foto de hace 20 años. Como mínimo…