12/10/12

Migraciones


A la atención de Doña Cristina Fernández, presidenta de ese hermoso país llamado Argentina.

Muy señora mía.

Le escribo desde Granada, una pequeña ciudad al sur del norte que usted no quiso ver cuando recaló aquí en su viaje y no salió de su habitación, aunque, eso sí, obligó al hotel a instalarle una sauna para unas horas.

El motivo de la presente es que me han llegado sus palabras de que los que bajaron de los barcos hace poco más de 100 años lo hicieron muertos de hambre y la primera duda que me asalta es si incluye a sus antepasados entre esos hambrientos, pues su apellido es de lo más español y el adoptado bien europeo. Pero dejando aparte este detalle, me voy a centrar en esos muertos de hambre de los que usted habla, los gallegos en cuanto a mí me atañe como ciudadana de un país pobre que ha emigrado siempre. Pero, ¿sabe que le digo? Pues que la emigración es buena para el país que emigra y para el que recibe los inmigrantes, que con ella hay intercambio de culturas y enriquecimiento por ambas partes. Como han dicho mejores plumas que la mía en su propio país, esos hambrientos que llegaron crearon con su trabajo un país rico y próspero (que, por cierto, no es el que usted va a dejar cuando algún día se vaya), esos muertos de hambre crearon la clase media que sostiene en pie todos los países del mundo.

Pero como desconozco las interioridades de su país y los emigrantes de hace cien años están ya muy lejos, voy a centrarme más en esos europeos que llegaron posteriormente buscando el pan o huyendo de guerras y persecuciones, y, concretamente, en los españoles que se exiliaron allá perseguidos por la dictadura. ¿Ha oído hablar de Rafael Alberti, Francisco Ayala o Rosa Chacel? ¿Conoce la música de un tal Falla que murió en
Altagracia? Allí llegó desde Granada para no convivir con los que habían matado a sus amigos y los granadinos supimos que nuestro músico fue bien recibido y que allí vivió contento, aunque añorando su Carmen de la Antequeruela. ¿Realmente piensa que estos muertos de hambre no aportaron nada a su país, que solo se beneficiaron de él?

Seguimos avanzando en el tiempo y llegamos a años recientes, cuando la dictadura de los militares, el corralito y otros desmanes de políticos como usted también empujaron a sus paisanos a emigrar y, entonces, fueron los argentinos los que cruzaron el mar quizá no muy sobrados de bienes. Por si no lo sabe, Andalucía es pobre y Granada mucho más, pero aquí llegó la familia Neuman procedente de Buenos Aires, nos dieron su música en la Orquesta Ciudad de Granada y nos han dejado a un escritor, Andrés Neuman, del que los granadinos estamos orgullosos. De la Córdoba de allá llegó también Tato Rébora, que creó un local referente de la cultura granadina y un festival de tango que va a cumplir 25 años. Y de otros puntos de Argentina llegaron gentes anónimas cuyo acento se advierte en tiendas, autobuses y espectáculos. Están aquí, han aportado a Granada su trabajo y su cultura y Granada los ha hecho suyos sin preguntarles como llegaron, de que hambre venían o qué les empujó a emigrar.
 
Resumo, señora presidenta, pues quizá tenga cita con la “esteticién”. La emigración puede ser una necesidad, pero es buena para los países, enriquece y crea personas mestizas en lo racial y lo cultural. Le cuento un detalle que quizá no sepa. Nosotros tenemos desde hace unos años la inmigración africana, multitud de marroquís y subsaharianos que en estos tiempos pasados de prosperidad han hecho los trabajos que rechazaban los españoles, pues ellos sí que venían del hambre. Ahora, con la crisis y la falta de trabajo, son un problema, pero ¿sabe que le digo? Pues que yo creo que cuando pasen los años Granada, la ciudad de las tres culturas, añadirá a la cristiana, la árabe y la judía, otra cultura más: la africana. Y a mí me parece muy bien, que quiere que le diga. Hay ya por ahí niños morenitos que en el futuro nos pueden dar muchas satisfacciones.

Agradeciendo su atención se despide amablemente la que firma más abajo.


5/10/12

Sola en la playa o el dinero no da la felicidad



Hace muchos años, en una playa de nuestra costa, conocí a una chica que me llamó la atención desde el principio. No tendría muchos más de 20 años y estaba allí sola, el apartamento era suyo y en el buzón de correos no aparecía más que su nombre. Como yo también iba sola a la piscina, un día entablamos conversación y me contó que acababa de terminar la carrera y su padre le había regalado ese apartamento como premio, y allí estaba esperando a septiembre en que iría a ampliar estudios a otra ciudad. Hicimos algo de amistad y en nuestras conversaciones salió a relucir que yo conocía a una tía suya en Granada, por lo que a mi vuelta, pude enterarme por ella de la historia de esta chica.

Había perdido a su madre de niña y su padre se volvió a casar formando otra familia en la que, al parecer, no había sitio para ella, por lo que el padre la compensaba con dinero. Colegios en el extranjero, luego universidades distantes y,  en los veranos y las vacaciones, curso tras curso de idiomas también en el extranjero. Y, como remate, ese apartamento para que ya tuviera siempre donde vivir si algún resquicio le quedaba entre curso y curso.

No he vuelto a verla y hace ya muchos años que murió su tía, pero muchas veces a lo largo de mi vida me he acordado de ella y he deseado que encontrara alguien con quien compartir su vida, alguien que borrara de sus ojos y de su sonrisa la soledad que se veía a distancia.
  

28/9/12

Las simples cosas


Con la muerte de Chavela Vargas han salido a relucir las canciones de su repertorio y he recordado una que me gustaba mucho hace años, pero en la versión de Mercedes Sosa más que en la suya. Es un bonito bolero con una letra magnífica del argentino Armando Tejada Gómez y música de César Isella, también argentino y autor de la muy conocida Canción con todos.

Canción de las simples cosas

Uno se despide, insensiblemente, de pequeñas cosas,
lo mismo que un árbol, que en tiempo de otoño, se queda sin hojas.
Al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas,
esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón.

Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida,
y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas.
Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.

Demórate aquí, en la luz mayor de este mediodía,
donde encontrarás con el pan al sol la mesa tendida.
Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.






Que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo....


22/9/12

De nuevo, la palabra


El escritor Gregorio Morales, en su columna de los martes en IDEAL, ha escrito este párrafo que  copio a continuación y que me parece perfecto. No importa sacarlo de contexto porque tiene valor y sentido en sí mismo, pero puedo añadir que en el artículo habla del poder de una palabra, de la palabra función aplicada a las fiestas de un pueblo de la provincia.  El párrafo dice así:
Lo más bello de esta vida es gratis: la amistad, el amor, las montañas, el lenguaje. Justamente por ello requieren atención y esfuerzo: la amistad hay que cultivarla, el amor exige reciprocidad, las montañas deben ser ascendidas, el lenguaje ha de ser escuchado y leído. Cada vez que uno rescata una nueva palabra o una nueva acepción es como si alcanzara una cima o lo embargase un nuevo amor. El resultado son la plenitud y la dicha.
¿Que os parece? ¿Se puede decir más en menos espacio?

15/9/12

Robo



Casualmente, he visto ahora que hace un tiempo que no puedo precisar sufrí un robo a mano armada en el blog. Hasta ahora me habían robado fotos –todas- y me habían copiado algún fragmento de poema, pero no un post completo con su imagen, su título, su firma y hasta la fecha. Y no han copiado los comentarios porque hubiera sido demasiado largo. Y para más inri, lo han puesto centrado, tipo árbol de Navidad.

No tendría importancia y hasta me sentiría halagada si se lo hubieran llevado a un blog o una web sin ánimo de lucro, pero es un sitio comercial en el que, además, se venden cosas con las que estoy en total desacuerdo. ¿Qué hacer? Yo creo que nada, pues hay una dirección, pero yo no dejo ahí la mía ni loca. 
 

10/9/12

Fresco, frescos y frescas.





¿Sabéis lo que me ha estado molestando todo el verano? Es una cosa muy tonta, un simple detalle, pero que demuestra que nuestra clase política sigue sin enterarse de nada a pesar de “la que está cayendo”.

Se trata de que se ha visto una y otra vez en los informativos como las señoras políticas estaban en sus reuniones oficiales o de partido bien abrigaditas con echarpe, fular o chaqueta, demostrando así que el aire acondicionado funcionaba a tope. Y en un país en el que tanta gente ha soportado temperaturas de más de cuarenta grados a pelo, con un simple ventilador o, en el mejor de los casos, tratando con tiento el aire acondicionado por miedo a la factura, no es de recibo que ellos lo malgasten alegremente, cuando resulta que somos nosotros los que lo pagamos. Ellos pueden, si les apetece, convertir sus casas particulares en el glaciar Perito Moreno, pero con su dinero, no con el muestro.    
 

3/9/12

Discriminación





Hace poco me tocó aguantar una larga espera en una oficina bancaria y, estando sentada cerca de un cajero automático de esos interiores para operar con tarjeta, me entretuve observando a las diversas personas de todas las edades que pasaron por él, hicieron su operación (casi siempre sacar dinero) y se fueron. Hasta que llegó una chica joven que se quedó atascada no sabiendo realizar la operación, por lo que un empleado se acercó a ayudarla. La chica no tenía ni idea, sus preguntas eran totalmente absurdas, no entendía lo que le decía el empleado y se equivocaba continuamente al marcar el pin. Pero, a pesar de esto, todo se desarrolló en un clima distendido y hasta de diversión.

Me pregunté entonces que hubiera ocurrido si la que se atascara en el cajero fuera yo o alguien de mi edad. Probablemente también hubiera acudido el empleado porque es su obligación, pero dudo mucho que hubiera tenido tanta paciencia y que su talante fuera el mismo que con la chica, pues se le notaría en el gesto que estaba pensando: Estos viejos, que se empeñan en usar lo que no entienden…


25/8/12

Cuando un amigo se va


Cuando se pierde un amigo o amiga siempre viene a la memoria esa canción de Alberto Cortez, pero hay otra, más local y menos conocida allende los mares, que expresa el mismo sentimiento. Se trata de las Sevillanas del adiós y, aunque no me gustan las sevillanas ni tampoco se bailarlas, tengo que reconocer que estas las he oído muchas veces. Traigo aquí ahora dos versiones, una solo vocal de sus intérpretes más conocidos, los Amigos de Gines, y otra bailada de forma casera, poco profesional.


 
 
Dedicado a una amiga que se fue tal día como hoy hace dos años, a las preguntas que me hice, me hago y me haré mientras viva.



ACTUALIZACIÓN (29-8-2012)

Hay amigas que se van y una conserva la esperanza de que vuelvan, les dedica un post, sube un vídeo de sevillanas y aguarda. Pero hay otras que se van definitivamente y el pañuelo de silencio sirve para enjugar el llanto.  Adiós, amiga, que tus ángeles te acojan amorosamente.

 

19/8/12

Moras, moritas, moras....



No hace muchos días, una foto de esta_ahi en Flickr me hizo recordar los veranos de mi infancia cuando, en las calurosas siestas, nuestros padres nos obligaban a acostarnos mientras ellos hacían lo mismo y el silencio se apoderaba de los patios, las calles y las casas. Y en ese silencio, de pronto, llegaba de la calle el pregón que me hacía saltar de la cama
¡Moras, moritas, moras!
Sin atreverme a molestar a mi madre, rebuscaba por la casa y en mis guardados ahorros una moneda que pusiera en mi mano aquel cucurucho formado con una hoja de parra que, por milagro de la Física (o del recuerdo), mantenía frescas las moras. Por los mismos días o quizá un poco más tarde, el mismo hombre traía otro pregón
¡Avellanas frescaaaas!
Y esta vez no se trataba de temperatura, sino que las avellanas estaban cogidas antes de tiempo y tenían aun sus hojitas verdes y el fruto casi lechoso dentro.

Ahora, cuando los veranos son ya muy distintos, cuando aquella casa se perdió en el tiempo y la calle es ya una calle cualquiera camino de cualquier parte, cuando los que estaban conmigo entonces hace ya mucho tiempo que me faltan y el paisaje humano de aquella calle es también otro, el poder evocador de una foto me ha traído a la memoria todo aquello y me he visto niña con toda la vida por delante y un único objetivo: encontrar una moneda para moras o avellanas frescas.

Foto cedida amablemente por Leodegundia 


10/8/12

Citius, Altius, Fortius



Nadie les ha advertido de que aquí ya no hay pan para ellos, que ni siquiera podrán ser manteros porque no habrá quien compre su mercancía. No han visto que algunos como ellos han humillado su soberbio porte y están sentados en un escalón pidiendo limosna y, ajenos a lo que les aguarda, siguen embarcando en frágiles pateras su ilusión por una vida mejor para ellos y sus hijos, siguen enfrentándose a la hazaña de cruzar el Estrecho en noches tenebrosas donde su piel se confunde con la oscuridad.

Un poco más al norte, en un país con desconocida lluvia, deportistas de élite se esfuerzan en ser más rápidos, llegar más alto y ser más fuertes. 


6/8/12

Una mujer





No hace mucho, viendo en el televisor las imágenes sin sonido de El señor de los anillos, me acordé de ella, de lo que le hubiera gustado esta película y otras de ese estilo que se han proyectado cuando ella ya no está.
Era una mujer inteligente, que conservó su lucidez hasta el último momento de su vida. Era fuerte, tomaba decisiones rápidas y acertadas. Era entregada y nunca escatimó trabajo ni esfuerzo para atender a los que quería. Su pasión era las novelas policiacas, que llamaba de misterio, y de las que llegó a tener una gran colección, pero sobre todo le gustaba Agatha Christie y tenía todos sus títulos, que leía y releía a pesar de conocer ya quien era el asesino.
En el cine sus gustos iban en el mismo sentido y su director favorito fue –como no- el gran Alfred Hitchcock, cuyas películas llegamos a sabernos de memoria. Pero también disfrutaba mucho con toda película en la que estuviera presente la fantasía y ahí asomaba la niña que llevaba dentro. Su último deseo, iniciada ya la recta final, fue ver Parque jurásico, cosa que no pude conseguirle por no estar aun la película en las tiendas o en los videoclubs.
Supo que iba a morir y dejó sus cosas preparadas y dispuestas. Era una mujer de cuerpo entero pero también era una niña. Y era madre, mi madre. Y hoy hace 18 años que no está conmigo.
 

1/8/12

Conclusiones



Y los otros cuatro, muertos o en el hospital.