Imagen tomada de IDEAL.es
Sabéis que no me gusta mucho tratar aquí temas políticos, pero este no lo es aunque vayamos a hablar de políticos, sino que es más bien sociología de vía estrecha, a la que soy tan aficionada, o también memoria histórica.
Y me voy a referir al revuelo que se ha armado estos días con la sesión constituyente del Congreso tras las elecciones, al show de Bescansa y su bebé lleno de lazos, a las rastas de uno y la ropa informal de “los nuevos”. Pero resulta que viendo todo esto en la tele y leyendo prensa, me digo: Esto ya lo he vivido. Y así es.
En las primeras Cortes Generales de la Democracia, aparecieron en el hemiciclo las chaquetas de pana de socialistas y comunistas, las camisas de cuadros y el sincorbatismo, y se armó el mismo revuelo que ahora, la misma expectación. Comentarios en los periódicos, la gente en la calle que hablaba de que eso no era forma de estar en el Congreso y Emilio Romero diciendo sorprendido en su columna que Felipe González hablaba bien, en gitano, pero bien. O sea, en andaluz, que al parecer era un idioma extraño en la Carrera de S. Jerónimo.
Pero pasó el tiempo, las chaquetas de pana se les fueron quedando estrechas, las camisas de cuadros demodés y pasamos a ver trajes y corbatas. Y hasta Camacho, “el metalúrgico de hierro” abandonó los jerseys gruesos de cuello alto que le tejió su mujer para no pasar frío en la cárcel.
¿Qué quiero decir con esto? Pues que si la vida me da margen, estoy segura de que veré a Coletamorada con traje oscuro y corbata, igual que ya he visto a Ada Colau acompañando a la Preysler con una ropa tan formal y tan de vestir que no creo que la llevara así ni en su boda.
Al tiempo.









