17/5/18

Analizando






      Desde hace algún tiempo, Google Analytics me viene enviando unos largos correos, en inglés o en español, avisándome de no se que asunto relacionado con mis datos y con el 25 de mayo, pero como se da la circunstancia de que yo no he entrado ahí desde hace años, no le he hecho ni caso y ni siquiera he leído despacio lo que me dice. 

      Y es que el servicio que nos da Google Analytics podrá ser interesante para las empresas, para quien tiene publicidad en el blog o para muchas personas que buscan con su blog algo que yo no busco. A mí no me importa nada las visitas que tiene ni de donde son, me trae sin cuidado si tropecientas personas entran en mi blog sin que yo me de cuenta. Mi blog es mi casa y si alguien entra, mira los cuadros y se va sin decir nada… casi que me molesta. Así que prefiero no enterarme. Mi blog no es una web informativa, donde se pueden encontrar las últimas noticias, el horario de autobuses o la apertura de los museos. No. El Macasar es lo que se llamaba antes un blog personal, una bitácora, un diario de a bordo, donde está lo que pienso, lo que siento y lo que me pasa. Y lo que se, las cosas que he ido aprendiendo a lo largo de una vida ya larga, o que llegan a mi conocimiento ahora y me llaman la atención. Con todo esto, yo mantengo un sitio, una casa, con la puerta abierta para que entre quien quiera compartirlo conmigo. Pero que entre y salude. Y se siente un rato, y hable conmigo y con las demás personas que hayan entrado. Y en esto, Google Analytics no tiene nada que ver, nada que ofrecerme. 

      Añado de paso que, cansada de los avisos, he intentado entrar para cancelar la cuenta… y no me ha dejado. Usuario y contraseña correctos, pero no los reconoce. Pues muy bien. Ahí te quedas Google Analytics. Que te vaya bonito el 25 de mayo. Sea lo que sea ese día. Pase lo que pase. 

7/5/18

Rendir cuentas


Sala de exposiciones del Cuarto Real de Santo Domingo

      Hay personas que se quejan de que tienen que rendir cuentas a su entorno familiar –marido, mujer, padres, hijos-,  que tienen que contar lo que hacen, a donde van, a que dedican su tiempo libre. Piensan que eso va en menoscabo de su libertad y muchas veces se resisten a hacerlo.

      Sin embargo, yo les puedo decir que lo contrario es peor, que es peor pasar todo el día haciendo cosas, yendo a sitios, viendo algo que te gusta o te desagrada… y no poder comentarlo con nadie. Supongo que tiene algo que ver con lo que alguien llamó “la emoción de compartir”, pero también puede ser simplemente aquello que decía Luis Miguel Dominguín de que lo mejor de hacer el amor con Ava Gardner era contárselo a los amigos. O algo así.

28/4/18

Lorca, Ian Gibson y yo




      Llevamos ya más de una semana de Feria del Libro y esta noche, en el Parque García Lorca, delante de la casa del poeta, se ha celebrado un acto titulado: “Lorca, muerte de un poeta”. Episodio final y mesa redonda con Ian Gibson, Nickolas Grace y Alberto Conejero. Por si alguien no lo recuerda, se trata de la serie dirigida por Juan Antonio Barden y estrenada por TVE en 1987, y cuyo protagonista fue el mencionado Nickolas Grace, que estaba hoy presente. El acto prometía, me venía cerca y, sobre todo, me hacía ilusión fotografiar a Gibson delante de la casa de Lorca, delante de esa puerta que he fotografiado tantas veces. También, si había ocasión, podría decirle que leí su primer libro sobre el asesinato de García Lorca cuando la censura de Franco lo tenía prohibido, cuando, publicado por Ruedo Ibérico en Francia, nos lo trajo J.A. y nos lo pasamos de mano en mano, forrado para que no se viera la portada.

       Así que, con bastante anticipación y aunque la tarde estaba un poco revuelta y se levantaba viento frío, me voy al parque con mi cámara. Pero cuando llego me encuentro a Ian Gibson tal como lo podéis ver en la foto: dedicando libros y rodeado de jóvenes que se hacen selfies con él uno detrás de otro. Gibson que se sienta a escribir, Gibson que se levanta para hacerse la foto… y se sienta de nuevo. Y yo, que no encuentro el momento de cumplir mi plan porque, quizá por primera vez en un acto de estos, me siento fuera de lugar, fuera de tiempo, fuera de todo. No encajo allí. Una mujer de mi edad allí sola, anocheciendo en el parque, con su cámara en la mano, solo con estar dando vueltas entre la gente ya llama la atención. Noto que me miran con curiosidad, dudando quizá de que esté en mis cabales, y me siento en una silla a esperar que Gibson cambie de lugar y su corte de jóvenes se disperse. Pero no, pasa el tiempo, llega la hora de comienzo del acto, avanza hacia la mesa presidencial, yo hago con el móvil la última foto del recinto lleno de público… y me vengo a mi casa. Me ducho y me pongo a cenar en pijama y bata. Lo que me corresponde, lo que es propio de una anciana a las diez y media de la noche. De una fría noche de primavera, en la que no muy lejos, en el parque que he convertido en el jardín de mi casa, se habla de un poeta que terminó sus días cuando yo iniciaba los míos.


19/4/18

A su amor






     El otro día y no se por qué –o sí- me vino a la memoria una frase que decía mi madre con frecuencia y que yo tenía olvidada: Dejarlo a su amor. Una frase que podía aplicarse tanto a personas como a cosas, pues se podía “dejar a su amor” a alguien que se había enfadado para que se le pasara el enfado, o también a una planta recién sembrada que no terminaba de arraigar. Déjala a su amor, no intervengas, no la fuerces, que ella sola borre de su corazón el rencor  o vaya introduciendo sus raíces en la tierra. 

     Recordando ahora esto, pienso lo bien colocada que estaba ahí la palabra amor cuando se refería a las personas, pues es el amor, el cariño, los afectos, los que, a fin de cuentas, lo mueven todo, lo resuelven todo. Y su antagónico, el odio, el que lo enturbia todo, lo destroza todo. 


11/4/18

A mi juicio



Foto de EFE en El Correo.com

     Hace muchos años, al inicio de la Democracia, en una conferencia y sin que viniera muy a pelo, el conferenciante dijo de paso: “Y entonces, el enano Carrillo”… La conferencia estuvo bien, era un catedrático de la UGR y aunque no recuerdo el tema concreto, supongo que trataría de la asignatura que impartía: Literatura. Al final, en el coloquio, me atreví a decirle que su conferencia me había gustado, pero me había dejado un mal sabor de boca la mención a Carrillo, porque “se empieza llamando enano a un hombre bajito y se termina quemando judíos”. Y es que yo pienso que se puede descalificar a una persona por lo que hace, por lo que dice y hasta por lo que piensa, pero nunca por lo que le viene dado y de lo que no es responsable. Y a Santiago Carrillo se le podían criticar cosas de su pasado y su presente, pero nunca su estatura.  

     Esto viene a que, desde hace tiempo, vengo viendo en las redes sociales y en los memes que nos llegan al móvil, menciones risibles y despreciativas a una de las hijas del rey Juan Carlos, poniendo en duda sus dotes intelectuales, mientras –curiosamente- se menciona mucho menos a la otra hija y su “No se”, “No me enteré”, “No recuerdo”.  O sea, se critica y se ridiculiza lo involuntario más que lo voluntario. Y eso no. A mi juicio, claro.

3/4/18

Un mundo tecnológico







     Jueves Santo a las cinco de la tarde. Me dispongo a programar la grabación de una película en el disco duro de mi DVD, para no confiar en que la memoria me avise a tiempo de darle al REC en el momento justo.  Enciendo el televisor y me encuentro con que no hay señal de TV. Nada. Ninguna cadena. Solo el clásico “empedrado” blanco y negro.  Lo primero que pienso es que el televisor ha palmado, nada extraño dados los años que tiene, pero no, compruebo que reproduce lo grabado en el disco duro y en un disco. O sea, que toca preguntar a los vecinos si ellos también tienen el mismo problema y, como ahora nos ampara la tecnología, no es necesario ir de puerta en puerta ni telefonear, que es más inoportuno, sino que envío una circular a los que tengo en mis contactos de Whatsapp, que son, como es lógico, los que más trato.
  
     De principio, excluyo al 5ºC porque se que está ausente.

     El 5ºB me responde casi inmediatamente diciendo que no se encuentra en Granada y se interesa por el tipo de avería que detecto.
  
     El 3ºA debe tener el móvil apagado o estar en un lugar donde no pueda usar el programa, ya que no le llega el mensaje. Solo una “palomita” en gris oscuro.

     El 4ºA me dice que está en la calle y volverá tarde. O sea, que está de procesiones.

     El 2ºB no contesta ni ve el mensaje. Dos “palomitas” en gris.
  
     Desisto entonces, por el momento, de programar la película y apago el televisor.

     Un rato después me llega la respuesta del 2ºB diciendo que también está fuera de la ciudad.

      Hora y media más tarde vuelvo a encender el televisor y ha vuelto la señal. Programo la película. La tecnología responde. Viva la tecnología.
  
     Pero en ese tiempo he comprobado que estoy sola.

25/3/18

La firma






     Hemos dejado atrás (aunque no del todo) la época de las preferentes y demás “productos” que los bancos colocaron a quien se puso a tiro, y de ella hemos sacado un poco de más experiencia y mucha pérdida de tiempo en las gestiones bancarias, ya que se han multiplicado los documentos que tenemos que firmar para cualquier trámite que hagamos.  Que si el contrato de servicios, que si el test de idoneidad, que si otro contrato para operar on line… Contratos y test que se dice que son para más seguridad del cliente, aunque en realidad están cubriendo la espalda al banco. 

     Pero no es de eso de lo que voy a hablar, sino de la firma que estampamos en estos documentos dando nuestra conformidad con lo que aparece escrito en ellos. Y yo me pregunto: ¿De verdad es así? Porque lo que estoy experimentando es que dejo mi firma en una tableta en la que solo aparece el casillero para esa firma y, como mucho, otro para la del director o empleado.  ¿Cómo se, entonces, lo que estoy firmando?  Más de una vez lo he dicho al firmar y he hecho que me impriman el documento con mi firma debajo. Que es lo que deberíamos hacer siempre, pues este sistema, a la larga, va a traer consecuencias similares a aquellas por las que ya hemos pasado estos años atrás.
  

15/3/18

Los mayores y la informática





     Hace unos meses, tuve que llevar a reparar el portátil y, como pesa bastante (al menos para mí) me acompañó un amigo joven que cargó con él. Tomamos el Metro, llegamos a la tienda, entramos, mi amigo con el portátil, que deja en el mostrador, y el chico que atiende se dirige a él preguntando que le ocurre. Mi amigo se aparta, se pone a mirar los artículos de la tienda y, entonces, al chico no le queda otra que dirigirse a mí, que le explico el problema del ordenador.
     ¿Qué ha ocurrido? Pues lo de siempre. Que entre una mujer mayor y un hombre joven, el de la tienda da por supuesto que yo voy de acompañante. O, como mucho, que el ordenador es mío, pero como no tengo ni idea, el joven me acompaña para dar la cara y explicar la avería.
     Cuando lo comentamos después, mi amigo está un poco cortado, como si pensara que yo voy a ofenderme por eso o que me puede haber molestado que él tuviera que apartarse para que me atendieran a mí, pero yo le digo que es “normal”, que siempre ocurre así y lo tengo asumido. Tengo asumido desde hace muchos años que, si entro en una tienda de informática, me miran como diciendo: Señora, el supermercado está más abajo… Pero lo que sí me molesta es cuando atienden a todo el mundo antes que a mí, dando por supuesto que yo no compro, que solo miro por curiosidad aquellos chismes que no se ni lo que son. Eso sí me ha hecho salir de una tienda y no volver nunca.  

6/3/18

Me Too




     Hace unas semanas, el amigo Tawaki publicó una entrada un tanto polémica en la que no comenté porque no tenía clara mi opinión sobre el tema que planteaba.  Hoy, mirando en televisión (que no oyendo) un resumen de la ceremonia de los Oscar, he notado que algo no me encajaba cuando he visto una señora -que no se quien es- pronunciando un discurso muy aplaudido sobre todo por las mujeres, he leído un rótulo que decía: Reivindicación del Me Too y, a continuación, he visto posar en la alfombra roja una deslumbrante pléyade de actrices vestidas con modelos de alta costura, supermaquilladas y con el último retoque de cirugía estética reciente, dando vuelta y vuelta ante las cámaras para mostrar bien el escote de la espalda o su buen trasero. 

     Me he acordado entonces del post de Tawaki y me he preguntado si, puestas a reivindicar su papel de mujer-no-objeto-sexual, no hubiera sido más efectivo que el discurso acudir esa noche a la entrega de los Oscar en chándal, zapatillas de deporte y sin maquillaje.

18/2/18

Machado, Trump y una otitis



     Mis padres me contaban que fui una niña muy buena, que no lloraba nunca. Solo, a poco de nacer, cogí una otitis y berreé durante varios días (y noches, que es peor). Ahora, por los mismos días pero muchas décadas después, vuelve la otitis y compadezco a aquella criaturica y aquellos jóvenes recién estrenados como padres. 

     Y como, en estas condiciones, una no da para mucho, me limito a copiar un artículo que he leído hoy en IDEAL y que me ha gustado. Lo firma Alejandro Pedregosa y se titula

MACHADO VS TRUMP

     Me ocurrió el martes pasado. Iba yo paseando mis pensamientos por la calle cuando de pronto me encontré rodeado por un grupo de niños con uniforme escolar. Me estaba echando mano al bolsillo para comprar la papeleta de turno cuando una niña, algo ruborizada, tomó la iniciativa y me tendió un papel enrollado. “Queremos regalarle un poema”, me dijo. Quedé atónito. “Es por San Valentín”, me aclaró. Les agradecí mucho el regalo y les propuse que leyéramos juntos el poema. Hubo revuelo de risas y achuchones, hasta que finalmente nos sentamos en un banco de la Carrera de la Virgen. Supuse que se trataría de un acceso juvenil de romanticismo (y estaba dispuesto a alabarlo fuera cual fuera su calidad), pero para mi asombro los chavales se descolgaron con un delicado poema de Antonio Machado, concretamente aquel que empieza: Soñé que tú me llevabas/ por una blanca vereda… Estuvimos un rato hablando de Machado y les recité algunos poemas que llevaba en la memoria: Era un niño que soñaba/ un caballo de cartón… Cuando nos despedimos todos estábamos de acuerdo en que habíamos compartido algo importante. Algo parecido a una emoción. 
     Ese mismo día, muy lejos de la Carrera de la Virgen (en una ciudad pequeña del estado de Florida), un chaval llamado Nikolas Cruz entró, escopeta en mano, en su antiguo colegio y celebró su particular San Valentín asesinando a diecisiete personas y dejando malheridas a otra decena larga. Sabemos sin género de dudas (mientras los familiares entierran a sus muertos), que no va a ser el último caso y que en los próximos meses más gente va a morir en los colegios americanos por arma de fuego. A lo mejor a usted (como a mí) le parece aterrador que un adolescente de diecinueve años guarde en su casa un arsenal, pero es que ni usted ni yo entendemos de esto un carajo. Lo inteligente, lo adecuado, es precisamente lo contrario, que todos los chavales acudan al instituto con sus propias armas, para así poder defenderse en caso de asalto. Y es que para muchos estadounidenses la libertad se cifra precisamente en la posibilidad de tener un arma de autodefensa que, según te haya sentado el batido o la hamburguesa, se puede convertir en arma de ataque, porque total, también hay algo libérrimo y personalísimo en saltarle los plomos al vecino de enfrente. 
     Dice Trump que la cosa no es para tanto. A lo mejor si el asesino hubiera sido negro sí ponía el grito en el cielo (en su cielo de rubios, lechosos y cristianos, claro está) Los problemas del mundo son complicados, pero la vida por lo general es muy simple. Se trata de darle a los chavales un poema o un arma. Elegir entre Antonio Machado o Trump. A lo mejor  usted y yo lo tenemos claro, pero ¿sabe cual es nuestro problema? Que usted y yo en el mundo que se avecina, empezamos a ser minoría.  
   

6/2/18

Un hombre





     Cuando pienso en él, la primera palabra que me viene a los labios es honradez,  pues eso era: un hombre honrado, íntegro, cabal. Un hombre que, en los cargos que ocupó, tuvo ocasiones de sacar dinero extra y nunca lo hizo, porque su conducta era siempre una línea recta que no dejaba lugar a dudas. Lo que tenía se lo ganó con su trabajo, trabajando muchas horas al día y muchos días al año. Y trabajando bien, poniendo perfección y arte en todo lo que hacía, desde el más complicado plano para cuando el gobernador de turno se quería lucir ante un ministro, hasta las florecitas de la lámpara de un dormitorio infantil.
     Pero es que, además, era amigo, le dio siempre mucha importancia a la amistad y, a pesar de su mucho trabajo, de sus muchas ocupaciones, siempre encontraba tiempo para los amigos. Hasta que se fue quedando solo con el paso de los años y, cuando daba su paseo de jubilado por el centro, decía amargamente: Voy a Puerta Real y no conozco a nadie. Tengo ya más amigos en el cementerio que aquí
     Y tenía aficiones, todas relacionadas con el arte. Las exposiciones, los museos, la fotografía principalmente. Parece que lo estoy viendo cuando salía a hacer fotos con su cámara –que él llamaba “máquina”- colgada,  y el telémetro y fotómetro, que acompañaban entonces a las cámaras analógicas.
     A veces pienso que su día tenía más de 24 horas, pues a pesar de todo lo anterior, no recuerdo que jamás desatendiera a su familia. Ni a la mujer con la que compartió su vida durante 59 años ni a su hija. Que, por cierto, era yo, pues este hombre honrado, trabajador y artista del que hablo fue mi padre. Y  hoy hace 24 años que no está conmigo.

Actualización.

     Gracias a la amabilidad del amigo Landahlauts, tengo una foto del cuadro completo que, aunque él dice que es “regular” nada más, es infinitamente mejor que las que yo saqué. Pero como si la pongo en el lugar de la mía se queda sin sentido alguno de los comentarios, mejor la añado aquí abajo para que los que volváis por aquí podáis verla.