11/10/16

Alepo



Foto de Ahmeer Alhalbi (AFP) en EL PAÍS

     
     Como sabéis, no acostumbro a subir aquí noticias de actualidad, pues creo a mis visitantes lo suficientemente informados como para que yo pueda aportar algo, pero anoche leí una noticia que me dejó KO y quiero comentarla con vosotros. 

     Parece ser que, como hay gente pa tó (El Guerra dixit), hay quien se dedica a indagar lo que buscamos en Internet mientras está sucediendo algo señalado y la noche del mano a mano de Clinton con Trump, Google echaba humo con los usamericanos que buscaban Lepo y ¿Qué es Lepo? O sea, que habían oído en el debate mencionar Alepo y no sabían que es, ni donde está y ni siquiera como se escribe. 

     Sin comentarios por mi parte, pero esperando los vuestros… cuando dejéis de llorar.

6/10/16

Lo que va de ayer a hoy





     Me encuentro una amiga, más o menos de mi edad, que me cuenta que ha pasado unos días en un balneario cercano al que yo iba con mis padres cuando era muy joven. Hablamos de su estancia allí y se me ocurre preguntarle qué se hace en ese sitio a nuestra edad, pues lo que yo recuerdo de las últimas veces que estuve allí es que nuestro plan consistía en pasar las mañanas en la piscina, las tardes paseando en grupo y ligando* lo que se podía, y las noches en la sala de fiestas con la misma intención. 

     Entonces ella, con sentido del humor, me contesta: 

Pues mira, si dejamos aparte la sala de fiestas, que ya no está, el resto es aproximadamente lo mismo. Mañanas en la piscina si te has levantado medio bien y si el agua está caliente, y tardes paseando con sobrinos y sobrinos nietos. Lo mismo… ya ves que no hay diferencia.  Y el mismo fresco por las noches que cuando íbamos en moto desde aquí a la sala de fiestas y volvíamos a las cuatro de la mañana helados al pasar por Dúrcal. Igual, prácticamente igual, como si no hubiera pasado el tiempo... 


* Se advierte al público que el verbo ligar tenía entonces un sentido más inocente del que tiene ahora. Vayamos a historias…

28/9/16

El desafío





     Allá por mi prehistoria, cuando tenía 14 o 15 años, se me metió entre ceja y ceja subir a la Alhambra sola, de noche y en invierno. No a la Alhambra en sí, que estaría cerrada a esas horas, sino al bosque por el que se pasa para llegar. Era algo así como una aventura, un desafío para mí misma y estuve pensándolo un tiempo hasta que encontré el momento adecuado. Dije en mi casa que me quedaba en el colegio hasta más tarde para preparar una función y a las 7:30,  cuando salíamos, (atención al dato enseñantes y padres actuales), con mi uniforme negro de cuello blanco, mi abriguito negro encima, calcetines altos y zapatos “Gorila”,  salgo corriendo hacía la Cuesta de Gomérez. Subo la cuesta, Puerta de las Granadas, paseo central, giro a la izquierda y me encuentro ante el Pilar de Carlos V. Allí me siento en el poyete y disfruto casi en completa oscuridad de haber conseguido mi objetivo. Pero hete aquí (entonces los libros decían eso, no os extrañéis) repito, hete aquí que aparece un guarda y se me queda mirando a la entrada del pilar, no se acerca, pero sigue sin quitarme ojo y, como la aventura había culminado satisfactoriamente, veo que ha llegado el momento de hacer mutis por el foro y me voy escapada cuesta abajo.

     Aventurera que era una en aquellos tiempos. Aventurera y romántica, que el paseo tenía más de eso que de otra cosa. 

18/9/16

El espejo y la Alhambra Especial





     Hoy me he mirado al espejo y me he visto vieja. Más que ayer, que anteayer, que la semana pasada. He visto las comisuras de mis labios hacia abajo, la seriedad en mis ojos, la tristeza en mis ojos, la soledad en mis ojos. Pero también la aceptación en mis ojos que han visto ya muchos adioses, muchas pérdidas, muchas soledades y muchos silencios. 

     Luego me ido al frigorífico, he sacado cuatro botellas de cerveza Alhambra Especial de tercio, las he abierto y las he ido tirando una a una por el fregadero. Despacio, mirando como la espuma se iba por el desagüe. Y he metido los envases en la bolsa del cristal para reciclar. 

     ¿Qué tienen que ver las Alhambra Especial con el espejo? Nada de particular, son cosas de vieja nada más. Así que no me hagáis caso y pasad de largo por esta entrada, que hoy tampoco va a tener comentarios.

8/9/16

Las víctimas de la guerra




Fotografía en IDEAL de Ramón L. Pérez

     Por hablar seriamente en el mes de julio de aquella tragedia en forma de guerra fratricida que asoló nuestro país, hemos pasado por alto la otra guerra mucho menos cruenta que se desarrolla en nuestras costas verano tras verano. Menos trágica, nada cruenta, pero que también deja sus víctimas. 

     Y estoy hablando de la ya conocida Guerra de las Sombrillas, este año con algunas novedades, ya que, en vez de requisarlas, el Ayuntamiento de Almuñécar se ha limitado a precintarlas a modo de advertencia. Sí, habéis leído bien, precintarlas. ¿Qué como se precinta una sombrilla? No me preguntéis porque no lo he visto, pero en este sur tenemos mucha imaginación y, como ya sabéis que todo es posible en Granada, y Almuñécar está dentro de la provincia, seguro que han inventado un método efectivo que probablemente se patentará en años venideros. 

     Quedamos entonces en que la sombrilla, abandonada en la playa a horas tempranas para coger sitio, se precinta como aviso de que después llegará su retirada y con ella una multa de 30 eurillos, que no son ninguna tontería en estos tiempos de crisis. Y, claro, el personal no está por la labor y decide que alguien se tiene que quedar guardando la sombrilla, pero resulta que la madre de familia tiene que hacer la compra y preparar la comida, el padre de familia ir a por el periódico y los churros, los niños están durmiendo a esas horas y, ¿quién queda?  Pues el abuelo/a que llevaron a la playa por la sencilla razón de que no había con quien dejarlo/a y, mira por donde, va a servir para algo. Así que a bajar al ser de día la sombrilla, el abuelo/a y un sillón para sentarlo/a, pues si lo sientan en la arena luego no hay quien lo levante. Y allí tenemos al abuelo/a dando cabezadas frente al mar, horas y horas sentado en un sillón que se le clava en salva sea la parte, achicharrado/a con el resol y acordándose de lo a gusto que estaría  en el apartamento viendo la tele. O en su casa de Graná con los colegas de banco. Que esa es otra.
     

28/8/16

El operador






     Como llevamos todo el mes de agosto con el blog “más triste que un entierro de tercera”, vamos a ver si cambiamos de tercio y lo terminamos un poco más alegre, con una anécdota que recordé no hace mucho hablando con un amigo. 

     Algunos sabréis que durante muchos años existió lo que se llamaba la Milicia Universitaria o IPS, que era el servicio militar de los que estaban estudiando una carrera y consistía en dos veranos de campamento y luego, al terminar la carrera, las prácticas, seis meses de sargento o alférez, según la graduación que consiguieran en el campamento.

     Pues bien, el campamento correspondiente a este Distrito Universitario, estaba en Montejaque, en la provincia de Málaga, y allí se nos iban en verano los novios y amigos de todas las chicas, con lo que los sucedidos en ese campamento estaban a la orden del día y circulaban entre nosotras. Y uno de esos sucedidos le ocurrió a una amiga mía, que lo contaba mitad molesta, mitad divertida. 

     Como las comunicaciones telefónicas entonces eran tan rudimentarias y en aquel campamento aun más, las llamadas telefónicas pasaban por operador, uno de los “milicios” destinado a ese puesto, que allí pasaba sus horas metiendo clavijas y poniendo en contacto a sus compañeros con el mundo exterior. Relativamente, pues aquellas conferencias funcionaban fatal, se cortaban, había ruidos que impedían oír, no se entendían los que hablaban, etc. Y un día que a esta amiga la había llamado el novio, se desarrolló la siguiente escena cuando se estaban despidiendo: 

     Ella- Adiós, cariño, te quiero mucho. 
     Él- ¿Qué dices? 
     Ella (un poco turbada por tener que levantar la voz)- Que te quiero mucho…
     Él- No te entiendo. Hay ruidos.
     Ella (ya sofocada y viendo que en su casa la están oyendo hasta los vecinos)     
     -Que digo que teee quieeero mucho…
     Él- ¿Qué? 

Y entonces, aparece la voz del operador que les dice a los dos: 

Joé…Tu novia te está diciendo que te quiere mucho.¡¡¡Idiota!!!     

20/8/16

Jacques Brel



     En la vieja tradición de los hombres feos que amé o, simplemente, me gustaron. Y en recuerdo de cuando yo también dije:

                                       Ne me quitte pas
                                       Ne me quitte pas

                                       Por favor, no me dejes

     La canción de amor más bonita que se ha escrito. 

     Letra y música: Jacques Brel






12/8/16

Isabel de Torres


     Hoy hace diez años que te fuiste, Isabel. Mejor dicho, que te llevaron, te arrojaron fuera de este mundo donde ocupabas un gran espacio. Eras joven todavía, tenías muchos proyectos por llevar a cabo, muchas cosas  iniciadas que no te dejaron terminar, mucha vida que te arrancaron de las manos despiadadamente.  Te fuiste, y yo te dije adiós al día siguiente en el cementerio, sin creerme todavía lo que había pasado, con las letras de tu nombre en la esquela hiriéndome detrás de los ojos. Y por la noche, aquí, antes de borrar tu dirección de mi agenda, te envié un correo. Sí, no te rías, lo envié y tú, tan racional, tan cartesiana siempre, lo recibiste y pensaste: Si es que no tienes arreglo… Sentimental hasta la muerte.

     La tuya, Isabel.  

7/8/16

Silencio


     Seguimos en agosto, pero hoy no hay música sino poema. Mío, para más señas. Pero como está escrito hace muchos agostos (y a saber si fue  agosto o diciembre cuando garabateé ese papelito perdido en un cajón) os voy a librar del compromiso de decirme que es buenísimo, que soy el no va más como poeta, así que cierro los comentarios y esta semana os doy vacaciones. Y me las doy yo, de camino, que así no tengo que echar mano de la falsa modestia para contestarlos. Ahí va, yo me lavo las manos y que sea lo que Dios quiera.

     Hay un silencio espeso en todos los rincones
     de mi casa,
     un silencio viscoso
     que cuelga de las lámparas,
     que me envuelve y me ahoga,
     que ata mis tobillos con pesadas cadenas 
     a la cama. 
     No hay una voz, ni un grito
     que pronuncie
     mi nombre, ni unos ojos
     que reflejen mi cara.
     El aire se ha hecho denso, 
     apaga mis palabras. 
     Ya ha llegado la noche, ya hay un silencio oscuro
     allí donde tú estabas. 
   

1/8/16

La soledad


     Empieza agosto y empezamos con la música. Y lo primero que me viene a la memoria es esta canción de Alberto Cortez, que he recordado mucho últimamente, pues verano y soledad son para mí dos palabras siempre muy unidas.

     Letra: Patxi Andión y Alberto Cortez
     Música: Alberto Cortez



                                                     
                                                                             Luego queda
                                                          la soledad de siempre, la sedienta
                                                          y ansiosa soledad de mis horas.


                                 

26/7/16

La otra cara de la guerra






     Un oportuno comentario de unjubilado en la entrada anterior, supuso un giro al tema que estábamos tratando de una forma tan negativa, olvidando que también durante aquella guerra cruel se dieron innumerables casos de solidaridad y de ayuda de personas de un bando hacia los del otro. No todo fue odio entre rojos y azules, muchas personas siguieron pensando que todos eran españoles, eran hermanos, y aunque la situación los hubiera colocado en distinto bando, no olvidaron su parentesco, su filiación. Yo conocí muchos casos que nos contaban de niños, supongo que para mitigar la visión negativa que teníamos de los años pasados, para que creciéramos sin odio ni rencor, para que olvidáramos un país dividido en dos bandos.

     Pero no voy a hablar de estos casos que conocí, sino de algo concreto que ocurrió en mi familia.

     Poco antes de la guerra, la empresa en la que trabajaba mi abuelo lo destinó a una ciudad cercana y allí se fue con toda la familia, quedando mi madre, que era la única casada, sola aquí con mi padre y conmigo recién nacida. Pero estalla la guerra y esa ciudad y Granada quedan en distinto bando, totalmente incomunicadas y, por tanto, mi madre sin saber nada de su familia ni ellos de mi madre. Un mes y otro, un año quizá. Hasta que el ingenio o la necesidad de tantas familias separadas buscan un modo de comunicarse a través de personas que se prestan a ello. Y así mi madre escribe una carta dirigida a su padre, esa carta se mete en otro sobre más grande y se envía a una persona en Argentina, esa persona la recibe, saca el sobre que lleva en su interior con unas señas, le pone unos sellos, lo envía, la carta cruza el charco de nuevo y llega a mis abuelos, que se enteran de que su nieta ya anda  y hasta ven una pequeña fotografía de una niña gordita y sonriente. Luego mis abuelos siguen el mismo sistema y, pasado el tiempo, mi madre sabe que están todos vivos aunque pasando muchas calamidades. Como se puede suponer, aquello era tremendamente lento y podían pasar muchos meses entre que la carta se enviara y llegara la respuesta, pero gracias a eso las familias se comunicaron mínimamente y pudieron saber los unos de los otros hasta que aquel infierno acabó. Muchas veces me he preguntado que persona de Argentina sería la que hizo posible esto en el caso de mi madre y he pensado que quizá mi simpatía por ese país venga de ahí. 

18/7/16

80 años



     18 de julio. 80 años ya de aquel día que en España se desencadenó un infierno de terror y sufrimiento. Cuando escribo esto todavía no he leído lo que se ha publicado en otros blogs, en la prensa o en ese avispero que son las redes sociales, pero tengo en mi memoria uno de esos textos que guardo en libretas perdidas por los cajones y que no necesito consultar. Pertenece a un relato –cuento se le llamaba entonces- de Francisco Alemán Sainz titulado La guerra empezó ayer tarde, es su principio y dice así: 

Cuando pisó la calle llegó el miedo. Se dice “llegó el miedo” y parece que no se ha dicho nada o que se ha dicho todo. Pero dentro de la cabeza las cosas tienen otro destino. Crecen aisladamente, como islotes. 

     Ese miedo duró tres largos años y dejó su huella en los que lo vivieron, en sus hijos y los hijos de sus hijos. Dicen que son necesarias dos generaciones para superar una guerra civil. Yo no lo se, no se el tiempo que tardaremos en superar y olvidar el horror de aquellos años. Solo quiero por mi parte añadir otro texto guardado en la memoria

Isaías, 11,6-9

     Habitará el lobo con el cordero
        la pantera se tumbará con el cabrito, 
     el novillo y el león pacerán juntos:
        un muchacho pequeño los pastorea.
     La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas;
        el león comerá paja con el buey. 
     El  niño jugará en la hura del áspid, 
        la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. 
     No harán daño ni estrago por todo mi Monte Santo: 
        porque está lleno el país de conocimiento del Señor, 
        como las aguas colman el mar. 

     
     Desde el fondo de mi corazón: PAZ. Paz para todos. Como las aguas colman el mar.