Supongo que la mayoría habréis oído o leído esta palabra, muy presente en la Red desde hace años, aunque creo que estaba aceptada de siempre por la RAE, ya que aparece incluso en escritos de Cicerón. Y vemos que la Real Academia es muy parca al darnos la definición de esta palabra, diciéndonos solo que es DIFERIR, APLAZAR, pero, sin embargo, la Wikipedia lo amplía más y nos dice que es: la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables por miedo o pereza a afrontarlas. Y, como podréis ver en un vistazo por la Red, hasta hay quien añade que: Sin embargo, es más que postergar voluntariamente. La procrastinación también deriva de la palabra del griego antiguo «akrasia», hacer algo en contra de nuestro mejor juicio. Y en este sentido es como yo la entendí siempre.
Por eso, la primera vez que leí en Internet ese término y supe su significado, me di cuenta de que chocaba de frente con una frase que ha sido siempre para mí algo así como un lema: Lo que vas a hacer, hazlo pronto. La pronuncia Jesús, el galileo (Jn. 13,27), en la Última Cena, dirigiéndose a Judas Iscariote y sabiendo que lo ha traicionado, lo ha vendido por treinta monedas de plata (Mt. 26,16). Dice: Hazlo pronto (o hazlo en seguida, según la traducción) O sea, si eso es lo que quieres hacer, llega con tu decisión hasta el final y asume las consecuencias.
Muchas veces a lo largo de mi vida -y como la mayoría de las personas- me he encontrado con el dilema de tener que tomar una decisión difícil y, cuando he dudado, cuando he sentido la tentación de mirar para otro lado y aplazarlo, siempre he oído dentro de mí esa frase: Lo que vas a hacer, hazlo pronto. No lo aplaces, no lo demores, pues cuanto más tardes en decidirte, más difícil te será.









