Como, en la anterior entrada, hemos hablado abundantemente del tema, he recordado este poema de Manuel Alcántara, que podemos oír de su propia voz y en la de Mayte Martín, autora también de la música.
Blog de Senior Citizen
Como, en la anterior entrada, hemos hablado abundantemente del tema, he recordado este poema de Manuel Alcántara, que podemos oír de su propia voz y en la de Mayte Martín, autora también de la música.
En esta semana que ahora termina, se han cumplido 30 años de la muerte de mi madre. Muchos años, mucho tiempo, pero no el suficiente como para que dejara de pasar por mi cabeza "la película" de aquellos días, los flash back que se te quedan fijos en la memoria para siempre. Y recordé cuando, un par de días antes de morir, tuvieron que cambiarle el suero de sitio y la enfermera le pinchó repetidamente sin encontrar la vena, como suele ocurrir con las personas en su situación. La enfermera tiró la toalla y dijo: Voy a llamar a uno del quirófano. Un rato después, llegó un chico vestido de verde que dio con la vena a la primera. Mi madre musitó un débil "gracias” y el chico vestido de verde me miró con los ojos llenos de lágrimas. Se había emocionado porque una mujer anciana, moribunda pero consciente, le había dado las gracias por acertar con su vena al primer pinchazo.
Cuando era niña, la siesta en el verano era sagrada para nosotras. No era obligatorio dormir, pero sí estar en reposo, pues nos decían que beneficiaba nuestra salud y nuestro crecimiento y estaban muy mal miradas las familias que dejaban a sus hijos jugando en la calle o en el patio. Nuestra sospecha era siempre que, detrás de esa preocupación por nuestra salud, estaba el deseo de los mayores de echarse una siestecita tranquila, pero era comprensible si ellos trabajaban y habían madrugado, así que una niña buena como yo comprendía la situación y se tumbaba en la cama turca un par de horas. Y como no tenía ningún sueño, en ese par de horas leía todo lo que tenía a mi alcance, empezando por los cuentos o los libros de Celia y variando mis lecturas conforme aumentaba mi edad.
En uno de esos veranos me tragué la colección completa de Salgari, en otro la de Verne, en otro le metí mano a la biblioteca de mi abuelo recién llegada a mi casa tras su muerte, incluidos los libros que mi padre me señaló como "no apropiados para mi edad", y en otro me leí las obras completas de García Lorca. Recuerdo que cuando llegué al teatro, cada tarde era una obra. Amor, amor, amor y eternas soledades decía Marianita poco antes de que mi madre se levantara a poner la merienda.
Pienso ahora lo que contribuyeron a mi cultura aquellas pesadas tardes del verano, aquellas no-siestas de mi infancia y adolescencia. Mi estatura física no se desarrolló tanto como nos decían, pero aquellas lecturas fueron conformando la mujer adulta que luego fui.
Pienso ahora que pude hablar con ella, que incluso pudimos llegar a ser amigas, que podría tener ahora fotos de las dos juntas, pero nada de eso ocurrió. Y no me importa, porque aquellas miradas cómplices que cruzamos son suficiente como para que ahora pueda decir: Descansa en paz, Carolyn, y ahora que tus cenizas han venido a unirse a las del hombre que amaste y acompañaste, ten por seguro que haré lo imposible para visitaros a los dos en el limonero que ya debe haber crecido y dar sombra.
Últimamente se está hablando mucho de MUFACE, tanto en la prensa escrita como en los periódicos digitales, debido a que este año termina el concierto con las entidades aseguradoras, que están ejerciendo presión para que el Gobierno haga una mayor aportación económica, ya que según ellas, con la actual están perdiendo dinero y no pueden continuar así.
No voy a entrar en la controversia sanidad pública/sanidad privada, tema que ya hemos tratado aquí en otras ocasiones, sino que me voy a limitar a poner de relieve la cantidad de información falsa que estamos recibiendo, de lo que es un magnífico ejemplo lo que estoy leyendo día sí y día no sobre MUFACE. Y digo información falsa por ser benévola, pues lo que se lee son auténticos disparates. Como que MUFACE paga a los funcionarios mejores pensiones que la Seguridad Social, cuando sabemos que las pensiones no las paga MUFACE sino el propio Estado mediante el Régimen de Clases Pasivas del Estado, al cual cotizaron esos funcionarios durante toda su vida laboral.
Esto pone en evidencia el desconocimiento del tema, pero hay algo mucho más sangrante. He leído también en varios sitios que los mutualistas tienen "mejores tratamientos y mejores medicamentos, con lo que se benefician económicamente" (Véase aquí el "emoji" de los ojos muy abiertos)
Y lo grave es que la gente se traga estas cosas, incluso los que deberían conocer el tema, pues en la farmacia donde compro, cuando, finalizando la pandemia, comentaba lo difícil que me estaba resultando que el SAS me vacunara de COVID, uno de los chicos que trabajan allí y que es farmacéutico, me dijo: Pero con MUFACE tenéis otras ventajas, tenéis mejores medicamentos. Yo abrí los ojos como el "emoji" y le contesté: Dime algún medicamento que me hayas dado a mí y no se lo des a un pensionista de la Seguridad Social. Con la diferencia de que yo te pago el 30% sin tope alguno y el de la Seguridad Social se lo lleva gratis o por un mínimo precio". Y no pudo contestarme.
Cómo veis, esa imagen de arriba es de hoy, un día cualquiera y solamente con parte de la medicación que tomo. Decidme si hay muchos pensionistas de la Seguridad Social que paguen esto, porque yo lo que veo en esa farmacia es que la mayoría se van de ella con sus medicamentos y sin tocar el monedero.
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García Montero con Gioconda Belli en la Huerta de San Vicente
Pongo en Google la palabra soledad y me sale de todo. Empezando por la Wikipedia y la definición de la RAE, me sale de todo. Desde consejos/anuncios de psicólogos, a una funeraria o un negocio de venta de neumáticos. Canciones, nombres de mujeres más o menos conocidas, libros, muuuchos psicólogos que nos aconsejan como convivir con la soledad y hasta la Cruz Roja y el Teléfono de la Esperanza.
Pero sigo con el dedo hacia abajo y me salta a la vista algo sorprendente: Luis García Montero mencionando un poema de José María Pemán, titulado precisamente Soledad y que creo recordar traje aquí hace años.
El artículo de García Montero es de la pasada Navidad y habla de lo que muchos hablamos por esas fechas: de las ausencias, de las pérdidas. La suya bien grande, ya lo sabemos. Curiosamente, no había leído ese artículo y es raro, pues suelo seguir lo que escribe el paisano. Mi primera intención al leerlo, ha sido guardarlo para una entrada de la próxima Navidad, pero como resulta que a mi edad eso está demasiado lejos y no sé si para entonces estaré yo o estará el blog, mejor lo enlazo ahora, pues lo creo válido en cualquier época del año. Y añado lo que le hubiera contestado si no me diera pereza tener que suscribirme. Algo que escribí hace mucho tiempo.
Porque decir "nosotros"
es nombrar un sueño.
No hace ni un mes que escribí aquí la despedida a un amigo de muchos años y ahora tengo de nuevo que despedir a otro, a un amigo que empezó siendo virtual, pero que luego hablamos con frecuencia y terminó una tarde sentado en este sillón desde el que ahora escribo. Y me estoy refiriendo a Unjubilado, el amigo Jubi, que se nos ha ido sin pedir permiso, sabiendo que no se lo íbamos a dar.
Nos queda su última entrada, ese “beso volador” que ahora parece un presagio. Un beso de despedida, que nos envía desde lejos y al que respondemos los que aun seguimos aquí... por el momento.
Descansa en paz, Emilio. Nos vemos...
Granada, primeros años 40, plena posguerra. Llega el Día de la Cruz y ni mis amigas ni yo tendremos traje de gitana para ir a las pocas cruces que hay en los patios. Así que nos conformaremos con montar nuestra pequeña cruz de celindas, vestidas como todos los días. Sabemos que hay niñas que sí tienen preciosos trajes de gitana, son niñas de las familias que se enriquecieron cuando el boom de las azucareras, construyeron la Gran Vía, alquilaron los pisos y ahora viven de las rentas, pero nuestro barrio es de clase media, no hay hambre como en otros, pero tampoco lujos. Y un traje de gitana es un lujo asiático en aquel momento, pues, además, con las cartillas de racionamiento solo dan últimamente tela de sábanas y "vichí" de cuadritos para hacer delantales. Ni de lejos un percal rojo con lunares, que era nuestro sueño.
El 22 de marzo, Viernes de Dolores para más señas, se me fue otro amigo entrañable, Francisco Gil Craviotto, y he necesitado dejar pasar el tiempo para poder hablar de él. Para recordar cuando le dediqué la primera entrada, cuando le pedí permiso para publicar un artículo suyo, cuando lloramos juntos la pérdida de Nono Carrillo y la de José Antonio Mesa. Ahora ha tocado despedirlo a él y arrastro el dolor de no haber podido hacerlo por circunstancias personales.
Con él se va el pasado, se cierra el círculo de todos aquellos que, hace muchos, muchos años, éramos jóvenes y teníamos la vida por delante. Todos se han ido. Queda la soledad, queda -Manuel Alcántara dixit- no tener a quien decir: ¿Te acuerdas?
Descansa en paz, Paco. Allá donde estés florecerán los almendros en los días azules de la infancia.
Mi periódico Ideal me ha recordado que ayer fue el Día Internacional del Pueblo Gitano y que los gitanos granadinos lo celebran en el Genil, arrojando al agua pétalos de flores rojas y depositando desde el embarcadero pequeñas velas encendidas que flotan en ella. Es la Ceremonia del Río, se celebra desde el año 2000 y yo acudí los primeros años, porque es muy bonita. Según leo, se desarrolló como es habitual: lectura del Manifiesto Gitano, petición de los deseos por parte de niños y niñas, y la interpretación del himno Gelem, Gelem (Anduve, anduve) por Macarena Fernández. Hubo luego una actuación flamenca, que terminó con la Ceremonia del Agua.
Durante esta cuaresma, el periódico IDEAL nos ha estado obsequiando con una colección de láminas titulada Miradas. La Semana Santa de Granada según sus fotógrafos, que me llegaban los jueves puntualmente.
Creo que fue en la segunda entrega, cuando vino esa imagen que veis arriba, en una reproducción no muy buena al tratarse de la foto de una foto. Antes de nada, tengo que advertir que no soy "semanasantera" en absoluto, es más, en muchas ocasiones me crea problemas como el que ahora voy a exponer.
La foto, de Luis Javier Quesada, recoge el paso por la calle San Matías del Señor de la Humildad, mas conocido como De la Cañilla, una talla de 1689 atribuida al círculo de los Mora y, si os fijáis, el fotógrafo ha estado acertado en el momento de hacerla, ya que la imagen lo tiene todo, no le falta un detalle. Veamos.
Un paso valioso, un trono adornado, una calle antigua, la torre asomando, el capataz de la cofradía, la banda de música con cascos de plumas, gente en los balcones y en la calle, niños, colgaduras, cirios encendidos... Por tener, tiene hasta dos guardias civiles con tricornio.
¿Y SE APLAUDE?