2/5/19

Cuando aplazar es renunciar





El hombre no comprende -ignora tantas cosas-…

Concha Lagos

      
      Esta mañana le has dicho a un hombre joven que ibas a renunciar a algo, que has hecho siempre, porque ya está empezando a sobrepasar tu capacidad física. Él ha contestado con toda naturalidad que, claro, hay que adaptarse a las circunstancias, y tú le has dicho que esas circunstancias son limitaciones propias de la edad. Todo muy normal, muy natural. Ley de vida, como se dice siempre. Un proceso por el que pasa todo aquel que vive lo suficiente como para llegar a ello.

      Pero, parafraseando a Concha Lagos: 

      El joven no comprende -ignora tantas cosas-…

      El joven no sabe lo duro que eso resulta. Lo frustrante que es ir reduciendo tu espacio, el mundo que abarcas, porque lo que antes estaba cerca empieza a estar lejos. Todo está ya demasiado lejos. La distancia ya no se mide lo mismo. El joven no sabe lo triste que es ir renunciando a pequeños sueños (los grandes quedaron muy atrás), intuir que aplazar ya es renunciar. Por supuesto que no ignoras que él también tiene pequeños -o grandes- sueños por cumplir, pero él puede aplazar, tiene tiempo por delante. Ese tiempo que a ti te falta. Ese tiempo…

21/4/19

Domingo de Resurrección






      El domingo pasado reflexionamos sobre la Cuaresma con palabras de un poeta que acababa de conocer en una hoja parroquial. Este domingo de Resurrección, cuando los cristianos celebramos la Vida, la de Jesús y la nuestra, me gustaría hablar de algo de lo que se ha hablado muchas veces, pero que es muy importante en nuestras vidas: La amistad. No de esa amistad de “Me mandas un guasah y nos vemos algún día”… sino de la auténtica amistad, de la amistad que es cariño y cercanía. Y aceptación por ambas partes. Lo principal, a mi juicio. 

      Y cuando hablo de aceptación estoy refiriéndome a que no basta con querer a una persona, sino que hay que aceptar como es y quererla con lo que tiene de bueno y lo que tiene de malo. A las personas no se les puede partir en trocitos y quedarnos con los que nos gustan, rechazando los que no nos gustan. Somos un todo y se nos acepta como somos… o se nos rechaza. No caben medias tintas ni condiciones. No cabe condicionar la amistad a que la otra persona cambie de forma de ser, porque eso no lo vamos a conseguir nunca y lo único que conseguiremos es echar por tierra esa amistad.

      ¿Estáis de acuerdo, Amigos? Pues a celebrar el día como Dios manda...

17/4/19

Lágrimas




      Ayer, mientras veía desolada el incendio de Notre Dame, me fijé en las lágrimas que derramaban algunos franceses. Recordé entonces otras lágrimas, las de mi padre el 31 de enero de 1994, cuando en el hospital, paralizado por un ictus y sin habla, vimos correr las lágrimas por su cara al oírnos comentar que había ardido el Liceo de Barcelona

      Él no conocía Barcelona y, por tanto, tampoco el Liceo. Siempre quiso ir, era su proyecto, pero Barcelona está lejos de Granada y los viajes no eran entonces tan fáciles como ahora, así que el viaje se fue demorando hasta que envejeció demasiado para hacerlo. 

      No se lo que pasaría por su mente aquel 31 de enero, si lloró por el sueño perdido o, simplemente, por su sensibilidad ante todo lo artístico. Yo sequé sus lágrimas y le dije: No te preocupes, papá. Verás como los barceloneses lo restauran y, entonces, iremos a verlo. Los barceloneses reconstruyeron su Teatro en tiempo récord, pero él murió seis días después de aquel incendio.
 

14/4/19

Domingo de Ramos





      Ahora, cuando acaba la Cuaresma y entramos en la Semana de Pasión, con sus procesiones, trompetas y tambores por las calles, con sus Vírgenes barrocas y sus Cristos ensangrentados, quiero copiar aquí un poema que leí el primer domingo de Cuaresma en la Carta del Domingo, que dirige Elías Alcalde y se reparte en algunas parroquias durante todo el año. No tiene nada que ver con las trompetas y los tambores, pero así son las cosas en esta Iglesia, en la que somos muchos y muy distintos. Pero cabemos todos.    


              TIEMPO DE CUARESMA

              Este es un tiempo para convencidos.
              Tiempo de entrenamiento, ejercicio y lucha;
              de mochila ligera y paso rápido. 

              Tiempo de camino y discernimiento,
              de conversión y compromiso,
              de prueba y encuentros
              en el desierto, en la estepa, en el silencio.

              Es el tiempo de los proyectos de vida,
              de las decisiones y desmarques;
              a veces, de las transfiguraciones. 

              Tiempo de humanidad rota y dividida
              que anhela el paraíso o la tierra prometida. 
              Tiempo de tentaciones, tabores y conversiones,
              traspiés, heridas y cegueras,
              perdones, restauraciones y agua viva. 
              ¡Todo en solo cuarenta días!
              Este es el tiempo de las personas nuevas,
              de las que han soltado el lastre
              de ídolos secretos y falsas vanidades
              y ya solo anhelan misericordia. 

              Florentino Ulibarri 

5/4/19

Alberto Cortez

      
        Otro que se va…




                            Me parece mentira,
                            después de haber querido
                            como he querido yo,
                            me parece mentira
                            encontrarme tan solo
                            como me encuentro hoy…

28/3/19

El grafiti


      Algunos recordaréis que he dicho muchas veces que no me gustan los grafitis. Y no estoy hablando de esas “firmas” que churretean hasta monumentos históricos, sino de grafitis realizados por artistas auténticos, que han elegido esa forma de arte callejero como medio de expresión. Pues ni aun así me gustan, pues lo mismo que mi padre decía que en una habitación le gustaba “ver pared”, o sea, que no hubiera aglomeración de cuadros, a mí en las calles me gusta ver espacios vacíos donde la vista descanse y pienso que, en ciertos sitios, donde esté una tapia encalada, que se quite el mejor de los grafitis.
      Dicho esto, y como las personas estamos llenas de contradicciones, mira por donde hoy voy a hablar aquí de un grafiti en el barrio de Almanjáyar, que ya mencioné en otra ocasión. Un barrio donde se cultiva "maría" a toneladas, donde los apagones de luz están a la orden del día, en parte por el consumo excesivo de las “plantaciones” y los enganches ilegales a la red, y en parte también porque las instalaciones de Endesa quizá no sean lo que deberían ser. Un barrio en el que se oyen disparos a media noche por los ajustes de cuentas, donde se ven Mercedes y BMV en la puerta de chabolas y a donde van los yonquis del centro a buscar su dosis, ahora más de coca que de “caballo”.
      Pero resulta que este barrio tan degradado, tan marginado, tan condenado por la gente de bien, es también un barrio lleno de gente honrada, de vecinos que trabajan (los que pueden) en negocios honrados y, sobre todo, de gente con corazón. Como nos cuenta Pilar García Trevijano en el periódico IDEAL y yo acompaño con fotos propias tomadas legalmente, para que la UE no se meta conmigo por lo del copyright.

16/3/19

Pepe Guevara




              Todas las tardes en Granada,
               todas las tardes se muere un niño.

      Decía García Lorca en Gacela del niño muerto

     Ya, afortunadamente, no mueren niños todas las tardes, pero sí viejos. Tardes, mañanas, madrugadas… Se mueren viejos, mis viejos, por lo que este blog se está convirtiendo en un obituario continuo. Amigos, conocidos… personas que son parte de mi vida, que son parte de mi pasado. 

      Y ahora le ha tocado a José García Ladrón de Guevara, del que ya hablé aquí y aquí. Se nos ha ido “El Buho” sin avisar. Y los que quedamos, cada día estamos más solos. Uno de esos amigos que se han quedado solos, Rafael García Manzano, ha sacado a la luz un poema que, hace pocos años, le regaló escrito a mano en un folio, después de haber estado hablando "sobre los avances científicos y la longevidad". Rogando su permiso, lo traigo aquí para que mis visitantes lo conozcan.

                       ALGUNAS DELICIAS DE LA EDAD
                       José. G. Ladrón de Guevara

                       Pastillas de noche y día.
                       Artrosis. Tos. Cagalera.
                       Tembleque. Cardiopatía.
                       Colesterol. Pulmonía.
                       La fractura de cadera.

                       La diabetes. La insulina.
                       Que no oyes. Que no ves.
                       El infarto. Y de propina,
                       el pito que desafina.
                       ¡Vaya mierda de vejez! 

      Para esto, mejor irse. ¿Verdad, Pepe?

8/3/19

Día de...



      Me repito. Esto ya lo he dicho muchas veces en tiempo de elecciones, pero esta vez va por otro lado. Me refiero a que nunca dejaré de votar. Mientras pueda ir al colegio electoral, no dejaré de meter mi voto en la urna. Aunque no sepa a quien votar, aunque tenga que taparme la nariz o me arrepienta después. Siempre votaré para no traicionar a las personas que dieron su libertad o su vida porque pudiéramos hacer lo que ahora nos parece tan fácil y que muchos desprecian. Pero, especialmente, para no traicionar a las mujeres, cuya lucha por el derecho a votar fue aun más dura. 

      Y a eso vamos hoy, Día Internacional de la Mujer. Si recorreremos la historia del voto femenino, veremos lo difícil que fue el camino para las pioneras en esa lucha. Fueron criticadas, rechazadas y hasta ridiculizadas. Yo misma recuerdo las fotos en los periódicos de las “sufragistas” que, casualmente, siempre eran mujeres maduras, feas, hombrunas, mal vestidas… desagradables de ver. Y también recuerdo que, cuando una mujer mostraba un aspecto semejante, se decía de ella: “Parece una sufragista inglesa”. 

      Pero ellas abrieron el camino y, por ellas, os pido a las mujeres que votéis, ahora que se acerca una buena etapa de urnas. Votad a quien sea. Derecha, izquierda… Lo que os de la gana. Lo que, libremente, os parezca. Porque sois libres. Somos libres y somos poder. Sí, somos poder, aunque sea, simplemente, porque somos más. 

28/2/19

Del valor objetivo y el subjetivo




Imagen tomada de Wikipedia


      En Diciembre hizo 44 años que me mudé a esta casa. Con ello estrené la experiencia de vivir en un edificio de pisos, pero es que, además, supuso para mí conocer un tipo de personas que hasta el momento no había conocido o me habían pasado desapercibidas.

      Cuando fuimos tomando contacto los vecinos, empezamos a visitarnos, enseñándonos los unos a los otros nuestros respectivos pisos… y ahí llegaron las sorpresas. Muchos de ellos habían hecho mejoras sobre lo que entregó el constructor, mejoras que probablemente les había supuesto otro tanto del precio del piso. Vi cuartos de baño a los que nos les faltaba más que los grifos de oro de los jeques orientales. Vi cocinas ampliadas con la habitación de al lado y con muebles de diseño italiano. Vi cambios de suelos a un mármol mucho mejor, paredes forradas de raso o madera… Un lujo deslumbrante en algunos pisos, que reflejaba los buenos ingresos de los que los ocupaban.

      Pero ahora viene la mayor sorpresa. En esos pisos lujosos no había un solo cuadro. A lo sumo, el tradicional –entonces- cuadro de tienda de muebles, con su lago y su ciervo. Ni un cuadro, ni un mueble importante, ni ningún otro objeto valioso. Y no solo esto. Tampoco había libros, ni siquiera los comprados por metros o por colores (seis tomos verdes, seis rojos con letras doradas en los lomos) Me dije entonces que aquellas personas no tenían nada que ver con las que había conocido hasta entonces, que la sociedad había cambiado mientras yo estaba en otras guerras.

      Como digo, han pasado 44 años y a lo largo de ellos, muchas veces he pensado en esto y hasta he mantenido discusiones sobre el valor objetivo y el subjetivo de las cosas que elegimos para que nos rodeen, para convivir con ellas.

      Me explico.

      Hay cosas que tienen un valor por sí mismas, independientemente de nuestro gusto o nuestras preferencias. Por supuesto que ese valor se lo hemos dado nosotros, generaciones, culturas, civilizaciones… pero ya es un valor objetivo, no subjetivo. Pues bien, esta premisa ahora se discute. Te dicen tranquilamente que tener un Goya “ya no mola”, que ahora se prefiere enmarcar una tela o un papel pintado. En estas discusiones, yo he puesto a veces un ejemplo, que no es del todo exacto, pero se aproxima. He dicho que un diamante siempre es un diamante, que lo fue hace un siglo, lo es ahora y lo será el siglo que viene. Independientemente de que no nos guste llevar joyas o nos vuelva locas la bisutería.  Pues ni así, ni siquiera este ejemplo las/los convence de que un cuarto de baño lujoso o una cocina “de ensueño” no son un valor en sí, entre otras cosas, porque dentro de cinco años ya están pasados de moda, ya no cumplen la misma función, ya no “sirven” y se pueden cambiar por otros fácilmente. Solo es cuestión de dinero. Mientras el Goya, dentro de cinco años es el mismo Goya. Y dentro de cincuenta y de cien. Es un valor objetivo y la cocina tiene el valor que cada uno le da. O sea, subjetivo. Y, tristemente, en este momento se le da más valor que al Goya. 

      Como decían Las Niñas en “Ojú”:

Tiempo extraño, tiempo raro,
pa la peña en este planeta.

24/2/19

Aniversario






Estos días azules y este sol de la infancia

11/2/19

Fichada





      El otro día, en un Centro Médico, una chica muy mona y bien uniformada, nada más llegar me hizo poner varias veces el dedo índice en un chisme, diciendo al final muy ufana: “Ahora tiene usted la huella digital vinculada a su tarjeta”.   Y yo pensé: Ya estoy fichada. Recordando aquellos tiempos, de los que os he contado tantas batallitas, en que nuestro principal objetivo era, precisamente, no estar fichado.
      Y si a esto le añado las fotos de frente y de perfil que me hicieron, la evocación es completa.